martes, 25 de junio de 2024

Me doy el tiempo de editar los poemas de un amigo poeta del puerto. Ya me confió su primer libro para prologarlo. Más tarde, me pidió que le prologara una antología de poesía, organizada por él mismo. Ahora, vuelve a la carga con un segundo libro. También quiere que se lo prologue. Reviso el estilo, la redacción y la ortografía de los textos, sin ahondar en su contenido, con alguna que otra sugerencia.

Hay algo en el trabajo de edición que lo vuelve íntimo. No me considero un profesional en la materia, aunque sí un aficionado. Y hay algo en esa calidad de aficionado que te involucra libremente con el trabajo del otro. Luego, ese trabajo se siente como propio, no en el sentido de apropiación, sino que de compromiso. Ahí no media el mero interés económico, ni las ganas de figurar, únicamente la confianza en la palabra empeñada y un gesto de apoyo genuino en el proyecto, porque se cree necesario, porque se siente necesario.
Reviso en una página llamada "Litteratura", las bases de un concurso de narrativa de Ciencia Ficción y Fantasía, convocado por una Asociación Venezolana. En ellas hay un elemento nuevo, que nunca había leído antes en una convocatoria de este tipo: "serán rechazados aquellos relatos creados de manera parcial o total con herramientas de Inteligencia Artificial (IA)". Para poder identificarlos, se plantea que un Comité usará herramientas a su disposición. Insólito cómo el avance de Chat GPT ha llegado al punto de tener que establecer diferencias entre la escritura, digamos, enteramente orgánica, humana, y la escritura intervenida con IA. Y se ha vuelto algo urgente, porque hay textos que presentan evidentes rasgos de "artificialidad gpteana"; y, en cambio, otros en que se hace cuesta arriba determinar la frontera entre el pulso humano y el artificial. ¿Cuáles serán las herramientas que usará este Comité y otros tantos, en las futuras convocatorias de literatura? También allí hay otro punto de inflexión. Me temo que, en un futuro, ante la evolución inusitada de la IA en materia literaria, exista un nicho no menor de escritores "gpteanos" que intentarán pasar colados, y otro nicho no menor de críticos literarios dedicados a identificar el grado de artificialidad de las futuras obras circulando en el medio. Si se me permite la asociación, algo así como "Blade runners" de la literatura, en busca de autores replicantes o híbridos.
Julián Assange llegó a un acuerdo con el gobierno estadounidense y recuperó su libertad. Se declaró culpable de transgredir una ley de espionaje, pero su condena se cumplió con el tiempo que pasó encerrado en Reino Unido. Assange vivió una verdadera saga judicial digna de Kafka, siendo perseguido, difamado y encarcelado por más de una década, luego de haber filtrado y publicado en Wikileaks muchísimos documentos, incluidos informes oficiales confidenciales de Defensa Nacional, relacionados con crímenes de guerra y corrupción. Sin duda, la liberación de Assange supone un paso adelante en materia de justicia, una jugada maestra, aunque hay que estar atentos. No hay que cantar victoria antes de tiempo. Todavía queda que llegue a Estados Unidos, que enfrente el aparataje mediático y algún posible subterfugio legal. Lo hará, está vez, con la frente en alto.

lunes, 24 de junio de 2024

La literatura, "el laboratorio filosófico". Breve conversación con el escritor Jorge Collao.

J.C: Los mitos son reales en tanto mito.

Yo: No entran en la lógica de lo verdadero y lo falso. Su fundamento no está en la comprobación empírica. Reside en su carácter fundante y dador de sentido. Extrapolemos eso mismo a las religiones.

J.C: Pero el riesgo ahí está en el mito institucionalizado. En institucionalizar el mito.

Yo: Creo que es parte del devenir humano. Desde el comienzo de la civilización que han existido los conflictos y las guerras. La paz perpetua es solo una utopía. Un asunto complejo y fascinante. Da para largo.

J.C: Pero para eso tenemos la literatura, nuestro "laboratorio filosófico", como diría Ted Chiang.
Si hay algo que me hizo desconfiar profundamente de las ideologías modernas es su excesivo materialismo y su distorsión o negación del aspecto mitológico y trascendente de la existencia. Llegué a esta epifanía luego de un proceso de reflexión muy personal. Encuentro que su matriz filosófica está limitada a lo inmanente, a lo terreno, a lo observable. En ellas, no encuadran los sueños, los planos sutiles, los dioses, los espíritus y prácticamente ninguna cosa que no sea tangible. Todo es superchería para el dogmático materialista. Aun la ciencia antigua, premoderna, no estaba reñida con el mito y se abría a la posibilidad de lo fantástico e inconmensurable.

domingo, 23 de junio de 2024

Pensamientos sobre La noche de San Juan.

Se dice que esta noche es pagana, que las hogueras fueron encendidas para honrar al Sol, pero luego las mismas hogueras honraron la figura de Juan Bautista, hijo de Zacarías, profeta de Jesucristo. De todas maneras, el fuego en tanto fuego volverá a arder, una vez más, ante el ocaso, quemante y purificador.

La noche de San Juan invita a reencantarse con el misterio, a vivir en sí el misterio, aquel aspecto mágico y oculto que integra nuestra rudimentaria existencia. Mircea Eliade lo retrató a la perfección, en su novela homónima. Se trata de ir más allá del Tiempo y de la Historia, como quiso Stefan, el enamorado protagonista, con fervor. Pero el tiempo y la historia son necesarios para el encuentro consigo mismo. El rito es fundamental en la búsqueda. El rito es la vida y también la muerte, bailarinas de lo eterno.

Hay que estar dispuesto a despojarse de ciertos prejuicios, dejar atrás los "metales pesados", ciertas miradas obtusas, perder el miedo a lo oculto y desconocido, si se insiste en el significado, en la trascendencia, en la reivindicación, porque "solo renace lo que ha muerto, solo despierta lo que está soñando, y solo sale del abismo aquel que ha caído en el abismo".

 Tras la lluvia que anegó los rincones, que limpió las aceras y que repletó los cauces, sale la gente a aprovechar el sol, atravesando el frío emergente. La feria se vuelve a instalar y la ropa vuelve a colgarse en las barandas. Surge un nuevo hacer y un nuevo decir. Lo mismo con la escritura. Tras la tormenta, hay una sensación de desbordamiento que decanta y adquiere luego la forma de una nueva mirada, una nueva intuición como luz que atraviesa las nubes.

sábado, 22 de junio de 2024

"A mí me gustan los físicos que follan, porque también es una forma de inteligencia. No hay nada peor que tener toda la energía puesta en la cabeza. No hay nada peor que vivir solamente según tu razón. ¿No? No podemos estar tan desconectados. La literatura, sobre todo. Esto lo demostró Bolaño, Borges. La gente cree que lo que escribe Borges era porque era un viejito tierno, ciego. No. Era un hombre enamorado, tanto que sus penas de amor lo llevaron a intentos de suicidio. Apasionado. La literatura es una cuestión apasionada, por lo mismo, implica mucho dolor, implica hacer el ridículo, como lo hacía Feynmann". Benjamín Labatut. Y concuerdo.
Hay una cosa muy cerebral en el ejercicio consciente del oficio, cosa con la que me llevo muy bien. Hay algo muy de mente en el estudio de otros autores, en la correcta comprensión de las poéticas y narrativas que andan circulando, en la labor tortuosa de la edición, la relectura y la reescritura. Sin embargo, la materia prima, la vida, sus vivencias, las circunstancias, las disyuntivas, se viven a concho, con la guata, con las tripas, con el sexo, con los órganos, con el corazón abierto a tajos. Son lo más genuino que se tiene, y lo más personal, y con lo único que verdaderamente se cuenta y con lo que se puede trabajar a fondo. Me permito una asociación con el fuego. Hay un magma incandescente que revuelve las pasiones, que son las emociones mismas. Te pueden desbordar y acabar contigo, quemarte, o bien, puedes sobrevivir a la erupción y forjar tu palabra con ese material candente.
Encerrado en casa con la excusa de la lluvia, y en completa tranquilidad y recogimiento, se vive como en un estado monástico, leyendo y tomando apuntes, pese al goteo incesante afuera en el pasillo. Ese goteo molesto es lo más parecido al goteo de la realidad. Puertas adentro, persevero en el estudio y la lectura. El invierno invita a la calmada introspección, sin agenda, sin currículum, sin otro regocijo que sí mismo.

Inventario crítico

"Hay más poesía en tus crónicas", me dijo una poeta ex amiga. "Hay mucha soledad en tus crónicas", recuerdo que me dijo otra que ya no recuerdo. Y ya no sé si aquellas reputadas damas, tras el caudaloso torrente de los acontecimientos y el devenir tormentoso de las contradicciones, me estaban elogiando o me estaban criticando, o una mezcla solapada de ambas cosas, cuestión que, merced al tiempo, suma una bella nota al inventario de la desilusión.