Anotación brevísima a Paul Tilich: para ser hay que tener coraje, pero para no ser, todavía más.
jueves, 15 de enero de 2026
A un siglo de la "Metrópolis" de Fritz Lang: la vigencia futura de la "Máquina Corazón".
Fritz Lang dirigió su aclamada Metrópolis en el año 1927, hace casi un siglo, y en la película se representa cómo sería el mundo para el año 2026, es decir, nuestro presente. ¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción resultó ser posible? Lang y su coguionista Thea von Harbou se imaginaron una ciudad al estilo Nueva York en clave gótica futurista. “Miré las calles —las luces deslumbrantes y los altos edificios— y allí concebí Metrópolis”, dijo el director. En ella, amplios bloques gigantescos se elevaban hasta el cielo, algunas calles pasaban arriba entre los edificios, había mucho humo, dándole a la atmósfera un tono oscuro, con un color gris perpetuo, y lo que es más importante: los autómatas humanoides se abrían paso en ese escenario. El robot Maschinenmensch (Hombre-Máquina) creado por el científico Rotwang, tomó la forma de un personaje femenino, María, un "ginoide" y fue concebido con un solo fin: la manipulación de los obreros de la ciudad y su rebelión en contra del líder Joh Fredersen para justificar un Estado represor y absoluto, en un claro antecedente del Gran Hermano orwelliano.
En cierta manera, más allá del plano estructural y arquitectónico del mundo en Metrópolis, dos lógicas sobreviven poderosamente al día de hoy: la lógica del poder vertical, influido por otros poderes en las sombras, que crea las condiciones para el problema y luego él mismo propone una solución abrupta consistente en mayor control y menor libertad de conciencia; y la lógica transhumanista de mejoramiento y perfeccionamiento del ser humano a través de la tecnología, y que revive en clave postmoderna la vieja disputa entre vida-artificio o entre creador-creación, la cual constituye uno de los conflictos más candentes de la ciencia ficción contemporánea (que resultó tener mucho más de pronóstico y de anticipación).
La genialidad de Metrópolis recae en su capacidad visionaria y en la potencia de su mensaje que podría parecer retrofuturista: “mediando entre el cerebro y la mano ha de estar el corazón". La clave está en responder quién o quiénes son el cerebro, la mano y el corazón en todo este juego. En el filme, la reconciliación entre María, Freder y los representantes de los obreros, crea el espacio para la restauración política corporativa (superada años después por la propia caída de la Alemania Nazi). La "Máquina Corazón" no fue realmente destruida, solo fue sofisticada y preparada para el nuevo orden que vendrá ¿uno transhumano? ¿multipolar? ¿postcapitalista? todo dependerá de lo que le diga su intuición y su lectura de la realidad, aún orgánica.
La experiencia me ha enseñado que es mucho más efectiva y sincera una confianza en uno mismo y en tus cercanos que una esperanza ilusoria en la humanidad como conjunto. A eso le sumo una perspectiva estoica: lo que está fuera de nuestro control no tendría que preocuparnos. Cualquier creencia en un futuro mejor (o en un sistema ideal de corte teleológico) fracasa y fracasará rotundamente por el simple hecho de que somos falibles. No hay un fin de la historia, por la sencilla razón de que nada acabará. Todo seguirá su curso a pesar de nosotros.
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