viernes, 23 de enero de 2026

Todos los incendios, el incendio de Chile: retornan los hacedores del fuego.

I El fuego, el morador implacable

El fuego vuelve a Chile como un morador implacable. Su combustión atraviesa la misma historia y sus reminiscencias. Hace dos años, el 2024, pasó raudo por gran parte de Viña. Durante el 2023, los siniestros avanzaron desde Quirihue a Temuco, sin contemplaciones. Hace casi doce años, el 2014, le tocó a Valparaíso sufrir la embestida de un mega incendio. Y mucho tiempo atrás, yo mismo sufrí la pérdida de mi antigua casa, producto de unas llamas inexplicables que lo abrasaron todo de manera fatal. Vienen a mi mente aquellos videos tétricos de Conaf de los noventa. El efecto psicológico sobre la audiencia fue profundo. Todos recordamos lo bizarro de aquellas producciones, que ahora nos parecen soberbias en su dimensión analógica y en su crudeza visual. Lo más terrible de todo es que aquellas creaciones, al parecer, no tuvieron el efecto propagandístico que se esperaba: acabar con los incendios forestales y crear conciencia mediante una operación de choque. Nos quedó el trauma, pero Chile volvió a ser quemado, una y otra vez.

La conciencia regresó hecha una pira. Grandes hectáreas de bosque y campo fueron arrasadas en el sur (30.000 a la fecha) junto a diversos asentamientos y localidades. Más de veinte muertos, otros tantos heridos, testigos, víctimas de los hechos incendiarios. Sumarle a eso la tremenda pérdida material, social y humana, la gran tragedia existencial que todo ello supone. Lo que se destruye tras cada incendio no es solo el espacio físico: se destruye el mundo arraigado a dicho terreno. Lo sé por conocimiento de causa. Hay un impacto psíquico y simbólico brutal tras cada elemento chamuscado, tras cada ceniza que persiste y cada llama que revive en el borde. Todo el andamiaje, toda la estructura del país se resiente. La legitimidad del propio poder acaba siendo interpelada en su completa incompetencia e indolencia. Con la grave certeza de lo ocurrido, viene el deseo de hacer justicia, la urgencia por encontrar a los responsables de semejante calamidad, porque, a todas luces, se trata de acciones intencionales, subrepticias, realizadas de manera más o menos coordinada, en distintos puntos que van desde Quirihue, pasando por Tomé, Chillán, Concepción, Los Ángeles, Cañete, Angol, Lirquén, Victoria, Contulmo hasta llegar a Temuco.

¿Quiénes serán los verdaderos agentes detrás de todo? ¿Y por qué se han enseñado con esa zona del sur de Chile? Son las preguntas que aún resuenan y que reavivan el mismo dolor amplificado desde aquellos incendios de años anteriores. Nada ha sido restaurado del todo. La memoria persiste como si fuera una estructura carbonizada, un humo denso y espeso que nunca dejó del todo el sitio de la devastación. Pero, con el ciclo dantesco, vuelve también el espíritu de la resistencia en medio de la catástrofe. Se trata de buscar al Nerón escondido detrás de las cortinas de humo. Y, producto de esa inquietud, se han apuntado a diferentes implicados, siempre desde una mirada parcial, influida más por la urgencia que por el pensamiento dialéctico. ¿Pero qué el juicio cabal y razonado cabe en medio del desastre? Es totalmente comprensible. Por lo pronto, solo se cuenta con indicios y conjeturas, unas más rocambolescas que otras. Ante la incertidumbre, no se puede descartar ninguna posibilidad y ningún escenario. El devenir de las cosas del mundo, de un tiempo a esta parte, nos ha demostrado que el curso de la historia puede sorprendernos con giros increíbles, muchas veces dramáticos, otras veces crueles.

II ¿Quién será el Nerón que no termina de revelarse?

A esta hora, se detuvo al supuesto iniciador de los incendios que habrían comenzado en Trinitarias, para propagarse pronto hasta Penco y Tomé (debido a una cocina a leña en mal estado, según consta en los medios). También se detuvo a otro sujeto en un sector rural de Perquenco que habría sido descubierto con fósforos y líquido acelerante. Estas detenciones, lejos de tranquilizar a los afectados y a la opinión pública, solo han acentuado aún más las sospechas sobre el curso de los acontecimientos. Ya han sindicado a los supuestos iniciadores como simples chivos expiatorios. Así, la verdad detrás del fuego se difumina entre rencillas políticas que, cada tanto, afloran en momentos de profunda división y caos. Gran parte de la derecha no ha perdido la oportunidad para acusar a sus enemigos, sacando en cara los desafortunados dichos de Fabiola Campillai: “quemémoslo todo”, y señalando directamente al terrorismo en la Araucanía, movido por motivos políticos, como uno de los principales sospechosos. Así dejan entrever que todo se trataría de una venganza planificada contra el próximo gobierno de Kast, o una voluntad incendiaria similar a la “octubrista” (“llegaron incendiando y se van incendiando”, comentaron por ahí).

Por otra parte, un amplio sector de la izquierda denuncia, en su mayoría, que los incendios en el sur de Chile pueden deberse a ataques encubiertos con miras a despoblar zonas estratégicas llenas de recursos, tales como las llamadas “tierras raras” descubiertas en Penco. En ese sentido, la Minera Aclara fue señalada de manera directa tras la existencia de un reciente proyecto de extracción, en un yacimiento ubicado cerca de aquella zona, justo cuando se rechazó la ley que prohibía el cambio de uso de suelo en áreas siniestradas. También se mencionó a Estados Unidos (era que no) como posible actor interesado en estos recursos valiosísimos, del cual podría extraer suministros para su avanzada bélica o, en su defecto, para su muy afinado sentido de los negocios. Eso fue sugerido luego de los dichos del embajador yanqui en Chile, Brandon Judd, respecto de la extracción de cobalto en el país y su gran beneficio para la seguridad de la nación norteamericana. Ahora algunos chilenos se vuelven a preguntar, con razón, si no habrá agentes de la CIA involucrados (para variar) en estos asuntos internos de interés mundial. No sería nada extraño, de todas maneras, a juzgar por la historia oculta.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, ha resurgido una teoría todavía más audaz, una que no está siendo comunicada por ningún medio convencional, pero que se deja ver con suficiente fuerza en redes sociales alternativas: la posibilidad de que todo se trate de un ataque coordinado por parte de agentes israelíes para despoblar gran parte de la zona sur y apropiarse de la Patagonia. Esa idea habría resurgido luego de viralizarse un video en el que un turista israelí prendía un cigarrillo cerca de unos pastizales. Se dice además que, de acuerdo a la Conaf, un 73% de los turistas expulsados por haber encendido fuego en esas zonas protegidas eran efectivamente israelíes. Habría un patrón repetido en esos eventos que se remonta al año 2011 o 2012, cuando un sujeto llamado Rotem Singer provocó un incendio que destruyó miles de hectáreas de bosques en Torres del Paine. Otro argumento que sostiene la teoría dice relación con el acuerdo entre la empresa de agua israelí Mekorot y el Gore de Bío Bío, firmado en el año 2023. Han reflotado severas críticas a dicho acuerdo por falta de transparencia y acusaciones de “apartheid hídrico” en ciertas comunidades palestinas, o sea, en definitiva, apropiación del agua como otra forma de extorsión. En consecuencia, se denuncia que Mekorot sería no solo una empresa de agua potable, sino que otro enclave de inteligencia del Estado de Israel, en función de sus intereses geopolíticos en la Patagonia. Para muchos, ninguna de estas cosas sería casualidad y todo estaría conectado. Más bien, se trataría de una muy calculada causalidad, y no sería para nada raro que, de acuerdo a esta perspectiva, los “sionistas” quieran redoblar los esfuerzos y encontrar en la Patagonia argentina y chilena su Tierra Prometida.

Una verdadera locura la que está ocurriendo. De esa forma, vuelve al mapa de las oscuras conspiraciones el llamado “Plan Andinia”. ¿Y en qué consistiría este plan? Se trataría de un plan encubierto organizado en el Primer Congreso Sionista de Basilea, Suiza, de 1897, a manos de Theodor Herzl, conocido como el creador de lo que entendemos como sionismo. Lo que pretendían en sus orígenes era crear un nuevo hogar para los judíos, una nueva “tierra santa”, aunque luego fueron tomando un marcado carácter nacionalista, en el peor sentido del término. Se dice que Herzl, en su libro El Estado judío mencionó a Argentina y a Palestina como posibles localidades para la colonización, pero finalmente se decantaron por el territorio del Medio Oriente. ¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción hay en esta vieja narrativa? No se puede saber con certeza. Sí se puede afirmar, sin duda, que existen inversiones israelíes en muchos países de Hispanoamérica y que existe una estrategia sionista de invasión económica y militar a nivel planetario. Lo peligroso, eso sí, radica en el desvío de la atención mediática y en el hermetismo del propio relato. Cuando damos por hecho determinada verdad, entonces puede ser usada perfectamente como arma arrojadiza para azuzar otro fuego allí donde la realidad de las brasas sigue cobrando vidas. Mientras tanto, se sigue avivando la llama de la disolución sin contrapeso suficiente.

III Chile está bajo ataque ¿cuál será su destino?

Siempre ante el caos reinante, zozobran también los discursos que intentan recuperar el orden perdido. Frente a la desesperación, se buscarán respuestas satisfactorias que calcen con nuestras propias agencias. Cuando todo eso falla, vienen los enfrentamientos y las disonancias cognitivas. Luego, se pierde la prudencia, la serenidad, y se crea el caldo de cultivo perfecto para la guerra. Una operación psicológica del más alto nivel, impulsada con el combustible del miedo y la incomprensión. Cada quien invoca a sus propios demonios y proyecta en el otro, su adversario, el peor de los males.

Chile se ha visto golpeado por muchos males, de un tiempo a esta parte. Ha visto encarnar en sí mismo la sombra, la penumbra, el humo tóxico de las divisiones, el grito chamuscado de las invectivas, la tempestad y los aluviones del rencor, que no parecen acabar, el cataclismo de las emociones y, hoy por hoy, los ataques incendiarios de ciertos esbirros manejados por fuerzas ocultas a la ciudadanía. ¿Estamos ante unas élites de pirómanos?

Repito lo mismo que hace dos años, porque la situación rebrota como nunca y el descalabro se ha hecho más agudo. Chile está bajo ataque, eso es un hecho. Sin embargo, sus responsables, sus verdaderos responsables, siguen sin mostrar la cara. Solo resta la calamidad como el rastro de los hacedores del fuego. Y yo me pregunto, esta vez más escéptico que antes: ¿podrá Chile, su espíritu, reintegrarse de manera estoica, volver a levantarse digno contra sus enemigos internos y externos, y protestar contra el nuevo Nerón de las naciones? Porque ese es uno de los enemigos sin rostro que enfrentamos: el que nos quiere balcanizados y fragmentados. ¿Podrá Chile, como dijo Miguel Serrano en Quien llama en los hielos, reencontrar su alma en medio de la tempestad o de la guerra, y redescubrir su fe en el destino?