jueves, 7 de noviembre de 2024

Catástrofe de la ilusión (poema)

Nuestras palabras dichas en el vacío

ese montón de energía funeraria

¿Tuvo, alguna vez, un sentido para nosotros?



Lo aún no escrito es herida e incendio

Se cava en la palabra como se excava en la sombra

arqueología esotérica, pervertido deseo milenario



Porque escribir ya no me vale

para escapar de la lápida del olvido

para escarbar un lapidario testimonio.



A la sombra de esta jornada, la muerte será

lo único que no podremos escribir

Aunque la palabra futuro suene a mitología,

y las palabras nunca dichas

vengan a reclamar su imperio más íntimo.



Al filo de la pluma y la navaja

la tinta seguirá doliendo

tanto como la vena

y ya no habrá significancia

tras la catástrofe de la ilusión.

lunes, 4 de noviembre de 2024

Y yo me pregunto: ¿Qué gracia tiene ser seleccionado para una antología de cuento o de poesía en la que tengas que pagar igual por publicar, a pesar de haber ganado? Lo digo con respecto a algunas editoriales que hacen convocatorias en línea y luego te cobran un dineral y ni siquiera ese monto te garantiza un ejemplar del libro en cuestión. En uno de los tantos correos que me mandaron, incluso decían: "no tenemos ejemplares hasta la campaña de preventa". O sea, te instan a concursar, te eligen, tienes que pagar para estar dentro y luego no hay retorno ni de la inversión ni de las regalías por libro vendido. Un mal chiste. Insisto: mejor autoeditarse y luego vender de mano en mano, físico o digital. ¿Para qué seguir costeando negociados ajenos a tu proyecto vital de escritura?

domingo, 3 de noviembre de 2024

Cautiverio (poema)

Cierto en su ambigüedad

La llave de lo que está caído

Llora con el rocío atomizado

Fluye en la banca, entre techos

Ahíto de insolencia e intemperie.



La bóveda se doblega sobre sí misma

La voz del sótano asciende

Un secreto enclaustrado

Mira por la entrepuerta, sin pasar

No encontrarás nada que abra

Lo que permanece en ti hermético

Carente de sustancia

Carente de sangre.



No habrá salida para el que añore

la verdad, sin haber franqueado el ocaso

de todas las cosas perecederas

de todos los seres y sus barrotes

animales retóricos, sedientos de signo.

Comentario a “Faith No More y Chile. Una historia oral de sus treinta años de amistad” (2024) de Jocelyn Jara.

Muy entretenido el libro de Jocelyn Jara, "Faith No More y Chile: una historia oral de sus treinta años de amistad”. Hay pasajes reveladores sobre la relación de la banda con el contexto sociopolítico y cultural del Chile de principios de los noventa. Para algunos, era algo que no tenía nada que ver, una salida de madre. Para otros, en cambio, se trataba de una cuestión orgánica, inscrita en el ethos cultural y musical "taquillero" de la época. Lo bueno es que, como dijo el propio Fuguet, no establece ninguna verdad oficial. Antes bien, despliega relatos de boca en boca que funcionan más como un concierto coral y que ayudan a reforzar ese efecto de "mito" sobre la historia de los californianos en nuestro territorio. Comparto fragmentos sobre las entrevistas hechas a Fuguet y Rolando Ramos, alusivos al período del debut de Faith No More en el Festival de Viña de 1991:

“Alberto Fuguet: Creo que justo para el primer Festival de Viña de la democracia, lo que Mike Patton hizo y dijo, provocó, rompió esquemas y dividió a la gente, y la polarizó a nivel cultural. Y ahí se demostró que Chile también es un país que polariza y que, por lo menos durante muchos años -quizá ahora la cosa está cambiando-, era como blanco y negro; derecha-izquierda; moral-no moral, o algo por el estilo.
Y a nivel cultural eso no ocurría tanto y Mike Patton, viniendo del rock, produjo un grave rechazo como nunca un rockero había producido en Chile, porque claramente la música de los Quilapayún y de la Nueva Ola, o de Los Huasos Quincheros incluso, quizá no les gusta tanto a todos los chilenos, pero nunca fueron figuras tan divisorias. En cambio, Mike Patton esa misma noche dividió las aguas, y alguna gente, incluso, periodistas más o menos importantes, dijeron cosas como: “Please no more, ¡que se vayan! Esto no es música, esto no es arte.
Rolando Ramos: Lo entretenido del retorno de la democracia en Chile para mí es que la gente tenía ganas de ver y escuchar cosas distintas, y tenía la tolerancia suficiente para ser receptiva a todo tipo de cultura o de manifestación artística distinta. Así que, en ese sentido, Faith No More o el rock en general, tenían mucho que ver con ese Chile muy abierto a ser un país disruptivo, positivo, algo así como que la alegría llegó. Con muchas expectativas. Y como posiblemente no había una cultura de ser reaccionario frente al sistema, yo creo que lo que más les importaba era divertirse, y este tipo de manifestaciones era lo más tangible.
Todo lo demás era algo que estaba en desarrollo, y medio lejano de la gallada. Pero yo te diría que más era un tema de una gran explosión que finalmente se tradujo en una aceptación bastante masiva de este tipo de manifestación artística. Así que sí, yo creo que Faith No More y el retorno de la democracia en Chile era algo que ayudó bastante a que luego, proyectos como lo que hicimos en La Red, con Ritmos de la Noche, o después Rock & Pop, se fueran construyendo y siendo lo masivo que fueron en su momento. Lamentablemente no duró más allá de cuatro o cinco años y luego nuestro Chile cambió, y hemos llegado a lo que tenemos ahora”.

sábado, 2 de noviembre de 2024

La otra cara del espejo & el día menos pensado: la "dimensión desconocida" de nuestra televisión criolla

Los comienzos del año 2000 marcaron un hito dramático para la parrilla televisiva, porque fueron transmitidos dos programas que crearon tendencia al enfocarse en el misterio, el terror y lo paranormal. Se trata de La otra cara del espejo y El día menos pensado. El primero no es tan conocido y estuvo a cargo de Herval Abreu, siendo transmitido por Megavisión. El segundo, en cambio, ha sido recordado ampliamente, cortesía de TVN, al estar dirigido por Carlos Pinto, “nuestro Hitchcock criollo”, responsable de la ya mítica “Mea Culpa”, patrimonio nacional del drama delictivo.

“La otra cara del espejo” era, en cierta medida, una especie de “El día menos pensado”, aunque sin rescatar historias reales y solo concentrado en ficcionalizar mitos y leyendas chilenas. El éxito del programa hizo que estuviera vigente durante más de seis años a lo largo de tres temporadas. Su formato consistía en episodios autoconclusivos narrados por sus propios protagonistas.

Pese a lo acotado del presupuesto y a la inexperiencia de ciertos actores al momento de debutar en escena, la serie salió bien librada al aprovechar al máximo sus escasos recursos y sostener su peso en el misterio detrás de cada historia. En resumidas cuentas, el fuerte de la serie no era tanto el apartado técnico ni el virtuosismo de sus interpretaciones como el trasfondo, digamos, su carácter íntimo, su capacidad para envolver al espectador y otorgarle una experiencia subjetiva sobre el mito y leyenda representado.

¿Quién no recuerda, por ejemplo, al hombre Cabeza de Chancho, aunque no tenga la menor idea sobre de qué iba su relato y su origen? Por cierto, su leyenda se repite en Talagante, en Cerro Renca, pero, sobre todo, en Valparaíso. Cada zona tendría su propia versión de la leyenda. Así, en el puerto, se decía que el “Cabeza de Chancho” aparecía en varios rincones de la ciudad, a una hora indeterminada, bajo un aterrador gruñido.

“La otra cara del espejo” buscaba en los miedos locales, explorando los sitios desolados, los relatos del boca a boca, historias de misterios sobre cosas que, alguna vez, pudieron haber ocurrido o alguien dijo que pasaron, pero lo transformaban en una ficción con un sello propio, atrapante y envolvente. Una propia versión sobre esos relatos, que, dada su imprecisión y su carácter neblinoso, tienen un enorme potencial narrativo.


Sin duda, un programón de culto que quedó enterrado para siempre, tras el auge de los reality show y un desfile redundante de irrelevancia. ¿Por qué no apostar por una nueva temporada? Al parecer, no ha corrido con la misma suerte que el otro programa legendario que nos ocupa: “El día menos pensado”. Confieso que, al ver algunos episodios de niño, no fue tanto el terror lo que me atrajo, sino que una temprana fascinación por lo oscuro, lo que no tenía una explicación racional.

Carlos Pinto y TVN buscaron replicar la tónica de Mea Culpa, pero reemplazando los casos criminales por casos paranormales, los cuales, si bien no causaron un revuelo nacional, como sí lo hicieron algunos casos de Mea Culpa, representaban situaciones en las que se podía contar con testigos directos de los fenómenos allí descritos. Al final de cada episodio, de hecho, se les realizaba una breve entrevista para contar los detalles más escabrosos y tratar de armar el puzzle detrás de los sucesos.

Un elemento gravitante era la banda sonora. El tema de la serie resulta inconfundible para quien la haya visto, emulando, de esa manera, el mismo acierto de un clásico del terror como “El exorcista” y un clásico del misterio como los “Expedientes secretos X”. “El día menos pensado” consigue ese mismo efecto en su audiencia más ferviente, al igual que en el caso de “Mea Culpa”. ¿Cómo no sentirse atemorizado con solo escuchar ese “jingle” de noche y a solas, en tu pieza?

Los casos más extraños abarcaban milagrosas salvaciones, brujerías, apariciones fantasmales, posesiones demoniacas y, por supuesto, diversos temas paranormales que rodearon la mágica isla de Chiloé. La serie atrapaba al espectador desde la intro, tal como Mea Culpa.

Quizá la más icónica sea aquella intro en la que se vio a Carlos Pinto caminando dentro de un túnel con una luz al fondo y avistando a diversas personas a su alrededor, clara referencia al umbral entre la vida y la muerte. ¿Eran personas los muertos del más allá, que acompañaban a Carlos Pinto en su viaje paranormal? Le queda al espectador su propia interpretación sobre el misterio subyacente en esa simbólica escena.

La fuerza de la serie, sin duda, radicaba en su poder de evocación. Las personas que acompañaban a Carlos Pinto en el túnel eran personas religiosas, doctores, enfermeras, familias, obreros y profesionales, dando a entender que todos, independiente de nuestro distinto pelaje, podemos vivir algún fenómeno paranormal sin buscarlo, lo que podría ocurrir, precisamente, “el día menos pensado”.

Debido a su tremendo éxito y a la calidad de su visionado, la obra de Carlos Pinto se extendió desde el año 1999 hasta la actualidad, a través de trece temporadas. Incluso, este 2024 sacaron otra que promete ahondar en nuestra propia “dimensión desconocida”, tras años de pandemia y convulsión país. Dicho escenario, en efecto, disparó los niveles de audiencia de la serie.

El encierro, la incertidumbre y el temor a lo desconocido fueron el clima psicológico propicio para la invasión de lo paranormal a través de la pantalla. El poder y la amenaza patológica se encargaban de mantenernos a todos sugestionados, mientras la realidad, con todos sus espíritus y fantasmas, hacía lo suyo.

Al día de hoy, “El día menos pensado”, baluarte de nuestro imaginario paranormal, sigue al aire, conservando su aura misteriosa y terrorífica, alejándose del efectismo barato y dotando a cada episodio de una trama intrigante y de una atmósfera acorde, muy pulcra en su desarrollo y sus actuaciones.

Todo indica que la tendremos para rato. Sin embargo, ¿para cuándo “La otra cara del espejo”? La antigua serie podría resurgir en un contexto de mediocridad televisiva y de proliferación de leyendas, impulsadas, sobre todo, con el mecanismo viral de la red. Pero, lamentablemente, no hay ninguna iniciativa para sacarla del sótano. Por lo pronto, solo nos queda recorrer el mismo túnel oscuro que recorrió alguna vez Carlos Pinto, aunque nos lleve de regreso a un Chile habitado, en su totalidad, por fuerzas enigmáticas.

viernes, 1 de noviembre de 2024

El Trauco (versión 2024)

La luna llena vino a posarse lubricante

en los andares del polizón, con aliento y estaño.

Las cortesanas del burdel lo han contemplado

y su mente las conmueve en rígidos vellos.

Reciban al distinguido anfibio, galán nocturno

a través de la alfombra rojo sangre

ceremonioso y ermitaño.



Entre bosques repletos de maleza

se auxilia de las zorras y se esconde

de las linternas de los suegros

acecha como rapiña entre pinos verdes

hasta que encuentra su lugar

rasga la malva y savia del amor

y como aguardiente se la sirve.



Las dotes de la coronada para recreo de sus multiojos

tima incluso a la dama de hierro

con su sonsonete seductor.



Se hizo la noche.



Cuando llegan los suegros, hacia el llano profundo

la disfuncional criatura ya roba

el azahar de sus princesas como fetiche.



Con increíble mística, virtuoso de las aguas negras

con la exorbitante fuerza hercúlea, las hace suyas

y ellas reciben la nuez de Adán, a cambio de su cuerpo.



Su aliento lo dice todo, y no restan despojos

entre la yugular y el fruto final de los gritos

y la petulancia de los vientos peina

la exhibición de los que osan montarse agrios

por encima y masoquistas

¿hacia donde buscará llevar a esas ninfas?

Atormentado, lleva sus escasas prendas

con el rostro y su frío de plata.



El varón espectral con lujuria planea

la venganza del lago de los secretos

y esta vez no será un talón

el que será marginado

del prostíbulo del Creador.



Solo camina al bosque y entra

a su aposento romántico

galería de beldades, cientos de beldades

laberinto y museo en uno

beldades disecadas en júbilo

por recibirte con vientre llano

cosido y dispuesto con alfiler a mano

espectáculo de herencias

ya pasado el toque de queda nocturno.



El ogro te invita a concurrir al altar de mármol

prestigioso aquel que ve con sus ojos

una infante de carbón, en lugar de una res dorada

imágenes que si se aprecian en un cuadro grotesco

lucen tal como obras de la Tríada.



Mientras, en época de haciendas, era común

el tributo de las divas a los ricos cerdos

esta criatura solía viajar a la capital

cerca de la hora de las velas

aguardando el último viento.



En mansión del comendador,

como fino caballero, experto en clases

pide la mano de las señoras y señores

con la última espina de la rosa arrebata

lo escarlata de los labios de la doncella.



Festival orgásmico han de apreciar

dentro del organismo de dicha joven

y con el canto de los gallos

el comendador contempla la obra maestra

en lo más hondo de los bosques:

¡Su hija abierta de carnes

dibujando poéticamente

el símbolo de Venus!



Ultrajada la belleza final

en la mazmorra del macabro yerno

el motín de la gran isla ha revivido la leyenda

a través del círculo de fuego que él originó

se hizo la noche nuevamente.



Los burgueses suegros acuden temprano

hacia la húmeda morada del Trauco

con luces y cámaras, acuden con la prensa rosa

extrayendo las irreconocibles beldades

que bosquejan todas las piezas

de aquella galería estéticamente exótica.



Los cuerpos sin vida de las doncellas

como en una luna de miel maldita desechas

como en un festival de locura poseídas

como en una siniestra fábula ultrajadas

bajo la influencia del serafín resentido de los Sures

imbatible es su semblante

inmortal del embrujado Chiloé.



Un mito que progresa, desde la mirada viril

alumbrada durante los años de conquista

y muchos siglos y feudos hacia el futuro

mientras la criatura permanezca errante

ni las coplas venusianas saciarán su despecho.



El protector del concúbito imperfecto

con poder de Hércules, el oasis de las castas



a imagen y semejanza del Trauco saldrán los primogénitos.


2007

El Trauco, imagen de Feig, 2017

jueves, 31 de octubre de 2024

Panegírico a "la noche de los muertos"

A esta hora, se escucha a algunos chiquillos repetir el clásico “dulce o truco”. Lo hacen de manera entusiasta, coral. Se alcanza a ver a uno con el disfraz del Guasón y a otro con una capa negra y un par de cachos. Podrá parecer una travesura inocente, pero la verdad, carísimo lector(a) es que hay un secreto detrás de todo.

En el Halloween de hoy en día existe un pacto simbólico que se resume en la pregunta: ¿truco o trato? Se puede traducir también como “dulce o truco”. Los niños que recorrieron las calles, vestidos de diferentes personajes oscuros, la repiten puerta a puerta, haciendo suyo el enigma. Quien recibe a los niños, debe enfrentarse a la pregunta como Edipo se enfrentó a la esfinge, o como el incrédulo se enfrenta a una proposición extraordinaria, fuera del orden conocido por su limitado reducto.

En el mundo celta, los sacerdotes y sacerdotisas eran los que recogían las ofrendas por las casas, y posteriormente, aparecieron otras personas disfrazadas que se hacían pasar por los espíritus, para recibir toda clase de ofrendas en su nombre. Incluso se dice que personificaban a los espíritus del invierno que exigían una recompensa a cambio de un buen augurio.

El truco o trato, el “dulce o truco” repetido por aquellos niños refleja un diálogo entre el mundo visible y el invisible, entre la casa que representa la zona segura, nuestro terreno firme, y lo que aparece afuera de ella; algo que, de alguna u otra forma, escapa a nuestro control y nuestra comprensión. Así, la puerta de la casa se vuelve un umbral hacia lo desconocido, una invitación a lo oculto. El umbral representa la frontera límite entre los mundos. Como decía Mircea Eliade: “el umbral es, a la vez, el hito, la frontera que opone dos mundos. Son muchos los ritos que acompañan al franqueamiento del umbral doméstico”.

Desde lo simbólico, nos habla de la voluntad de pactar con aquellos espíritus extraños dándoles un pequeño tributo. Ese tributo serían los dulces, parte del rito para apaciguar a lo espíritus y canalizar su energía. Aun en el contexto desacralizado, descafeinado y comercial del Halloween actual, este gesto tiene un significado profundo, uno ritualístico, remanente de las viejas tradiciones, en donde el sacrificio era necesario para restablecer el orden y no sucumbir ante el caos que sucede a la realidad.

Para la psicología profunda, la interacción en el umbral entre el truco y el trato reflejaría el proceso interno de negociación con la sombra. El trato simboliza la integración consciente de lo oscuro en nuestra psique, entiéndase por “lo oscuro” nuestros miedos arraigados y nuestros deseos reprimidos, muy al fondo en el sótano de la mente. El truco, en cambio, encarna la manifestación de la sombra en nuestra vida cotidiana, su carácter disruptivo. Como señalaba Carl Jung: “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”.

Así que cada vez que vea a algún niño o niña chica por las calles, repitiendo aquella fórmula a viva voz, resguardados por sus padres, de noche, como pequeños monstruillos, piense en cada uno de estos elementos, banalizados por la mercadotecnia y el dogmatismo de ciertas doctrinas. Vea una buena película de terror o lea un buen cuento de misterio y suspenso y disfrute la velada, sin miedo, invitando a los espíritus en son de paz, para sumarse a la fiesta.

lunes, 28 de octubre de 2024

Penumbra de provincia: Veritas Omnia Vincit

"¿Quién te trajo? ¿Qué impulso misterioso
Te arrojó a mi camino? ¿Qué potencia
Infernal te mostró mi obscura vida
Y te dijo: Ahí está, tómala y hiérela?"

Implacable, Amado Nervo.


El sonido de las teclas resonaba en la pequeña habitación. Ángel se sumergía en el fondo de su nueva novela. Sin embargo, aquella noche, las sombras del pasado le arrojaron un oscuro velo.

Mientras Ángel escribía, una llamada lo interrumpió. La voz al otro lado del teléfono, áspera y urgente, era la del inspector Galindo, un viejo conocido de los días en que Ángel realizaba periodismo de investigación.

—Ángel, necesito que vengas a la comisaría. Hay algo que necesitas ver —dijo el inspector, con tono grave.

Intrigado, Ángel se apresuró a vestirse y salió al centro. Al llegar a la comisaría, el inspector lo condujo a una sala donde había un tablero repleto de fotografías y documentos. Entre las imágenes, Ángel reconoció a una mujer que lo dejó sin aliento: Miranda

—¿Qué está pasando, Inspector? ¿Por qué tiene fotos de ella aquí? —preguntó Ángel, exaltado

El inspector le explicó que Miranda, la mujer de la foto, estaba siendo investigada por un crimen ocurrido en misteriosas circunstancias. Las sombras de la tragedia se cernían sobre la ciudad y Ángel se encontró atrapado en una red de intrigas que amenazaban con desentrañar su propio mundo.

Decidido a descubrir la verdad detrás del crimen, Ángel se sumergió en la investigación, desentrañando los hilos de un oscuro pasado que había guardado celosamente. Cada rincón se convirtió en una pista, y cada rostro conocido se volvía sospechoso.

Entre calles adoquinadas y callejones sombríos, descubrió conexiones entre la vida de Miranda y oscuros secretos que se remontaban al período previo al 18 de octubre de 2019.

El misterio del crimen se entrelazaba con la trama de su propia novela, y mientras las sombras del pasado se disipaban lentamente, Ángel comprendió que la verdad podía ser más oscura y retorcida de lo que jamás hubiera imaginado.


Esa misma noche, el inspector Galindo, tras seguir una pista relacionada con el pasado de Miranda, descubrió el cuerpo de un hombre desconocido. El rostro estaba machacado, y un papel arrugado con un mensaje críptico yacía cerca de la escena del crimen.

El mensaje decía: "Veritas Omnia Vincit".

Ángel y Miranda, ajenos al descubrimiento del inspector, continuaron su búsqueda personal.

Días después, mientras Ángel seguía explorando pistas entre versos y anotaciones de sus libros, el inspector Galindo llamó a su puerta. La expresión seria del inspector y su tono grave indicaban que la verdad que ambos amantes temían enfrentar había llegado.

—Ángel, necesito que vengas a la comisaría. Hay algo que debemos discutir —dijo el inspector, consternado.

En la comisaría, rodeados de fotografías y documentos, Ángel y el inspector se enfrentaron a una revelación impactante: el hombre asesinado era un antiguo editor de Miranda

...

Miranda soltó una risa amarga, como si la ironía de la situación se desplegara ante sus ojos.

—Ángel, siempre fuiste un espectador, un observador inocente que creía en la magia de las palabras. Pero Valparaíso no es lo que crees-.

El detective intervino, tratando de desentrañar la verdad ante la acusación.

—Miranda ¿qué quiere decir? ¿Cree que Ángel fue testigo directo, o algo así? Explíquese. 

Ella se levantó. La expresión en su rostro revelaba una mezcla de dolor y determinación.

—Ángel ha sido testigo de lo que Valparaíso quería que viera. Pero, al igual que yo, ha sido manipulado por fuerzas que ninguno de nosotros comprende-, afirmó Miranda.

Ángel también se levantó, desconcertado. -No, no puede ser, es imposible. Muéstrame que no es verdad. Que todo lo que has dicho en todo este tiempo no es más que una invención de tu alma enferma. ¡Dilo!-, exclamó.

...

La tensión se apoderó de la sala de interrogatorios. Ángel y Miranda se encontraban frente a frente, pero el abismo entre ellos era más profundo que nunca. La sala estaba iluminada por la fría luz de un único foco.


Ángel miró a Miranda fijamente. Cuando se sumergió en su inmensa mirada y en su sonrisa irónica, supo que había llegado al punto de no retorno, a ese punto que siempre temió en sus evocaciones poéticas.


El detective los observaba desde la esquina de la sala, con una expresión impasible. El silencio pesaba como un lastre, interrumpido solo por el sonido metálico de unas cadenas afuera, en el pasillo.


—Miranda, Miranda, no puedes seguir negándolo. Habla ya—dijo Ángel. Su voz resonó con una mezcla de dolor y determinación.


Miranda desvió la mirada. Sus ojos evitaron encontrarse con los de Ángel. ¿Cómo volverlo a mirar a la cara, después de todo lo ocurrido? De un momento a otro, ante la presencia inquisidora del detective, Miranda lo enfrentó.


—Tú deberías saber perfectamente todo—dijo Miranda, desafiante.


El detective interrumpió la conversación, llevando consigo la frialdad de la ley.


—Ángel, tenemos pruebas que sugieren que tú y Miranda han estado involucrados en un asesinato y todo indica que ustedes se encuentran en el epicentro de todo-.


Ángel apretó los puños, luchando contra las emociones que rugían en su interior. No quería delatarlo, pero no podía evitarlo. Era demasiado el odio, la rabia contenida. Miranda adivinó el gesto de Ángel, y su expresión se volvió hermética.


Un par de noches atrás, en un rincón de la ciudad, próximo al bar donde solían juntarse para asistir a las viejas lecturas de poesía, un carabinero de civil descubrió el cuerpo de un hombre desconocido. Se apersonó el inspector Galindo a la escena del crimen y dio con un papel arrugado con un mensaje críptico, en el bolsillo derecho del pantalón del occiso.


El mensaje era una frase de Louis Ferdinand Celine. Decía: "Mi corazón, ese conejo tras su pequeña reja de costillas, agitado, encogido, estúpido". Pertenecía a Viaje al fin de la noche.


Galindo no había leído nunca a Celine, pero esa frase lo dejó intrigado. Ya tenía a dos sospechosos. Esa pista literaria podía decirles algo. Podía, incluso, conmover sus corazones y, de paso, sus consciencias.


Ángel y Miranda, luego del interrogatorio, continuaron en su búsqueda personal, ajenos al descubrimiento del inspector.


Días después, Ángel seguía debatiéndose en su habitación, en un ejercicio autocomplaciente, tratando de analizar los pasos que lo llevaron a enredarse en este fatal evento. Mientras eso sucedía, Miranda buscaba la forma más sutil y serena de salir bien librada.


Una noche, el inspector Galindo volvió a llamar a la puerta de Ángel. La expresión seria del inspector y su tono grave sugerían que había avanzado en su investigación, lo suficiente como para decidirse a llamarlo de regreso.


—Ángel, necesito que vengas a la comisaría. Hay algo que debemos discutir —dijo el inspector. Ángel lo acompañó, angustiado, con premura.


En la comisaría, se encontraba Miranda. También había sido llamada. Estaba sentada a una mesa rodeada de fotografías y papeles.


- ¿Reconoce a este hombre? -, preguntó el inspector. Se refería al hombre asesinado. Miranda miró directamente a Galindo, y con un tono tranquilo se dirigió a él.


-Sí, claro. Era Salvador, mi amante-, dijo.


Ángel quedó impactado. Recordó aquella visión en que quedó medio muerto de un golpe en la cabeza y veía cómo Valparaíso se derrumbaba a pedazos. Visiones de aquella pareja misteriosa del pasado, aquella pareja enfrentada hasta la muerte.


—Miranda, ¿Es cierto? ¿Por qué lo ocultaste? ¿Qué es lo que tramas? — le preguntó Ángel, desesperado.


- ¿Recuerdas aquellos versos que me leíste? ¿Aquel libro? ¿Tiene que ver con nosotros? -, volvió a preguntar.


Miranda finalmente alzó la mirada, y en sus ojos se reflejaba la noche de un secreto.


—Ángel, hay cosas que nunca sabrás entender. Por eso dejé que lo descubrieras. No quería contártelo-.


Miró al inspector, cigarrillo en mano, y luego volvió la mirada hacia Ángel.


-Entiende que hubo algo real entre nosotros. Pero el amor es impredecible. A veces, el precio del amor es enfrentar la verdad, incluso si esa verdad significa hundirnos para siempre.


La sala de interrogatorios quedó sumida en un silencio denso. La sombra de una ruptura se volvió una conspiración. La visión onírica de aquellos poetas deseándose la muerte luego de haberse amado con locura se volvía el reflejo fatal de la traición.


¿Quiénes eran? ¿Por qué afectaban sus vidas? La narrativa invencible de aquel crimen se volvió una elegía nocturna para los interrogados, superando el velo detrás de sus pretenciosas palabras. Nada podían hacer ante la ominosa barbarie del corazón, volviendo un mito su propia historia.


domingo, 27 de octubre de 2024

Caso Monsalve: el sentido de la verdad y el poder de la ficción.

Más allá de las circunstancias del caso Monsalve, que son materia de estricta investigación judicial, resulta increíble su efecto en el terreno político, es cosa de leer las declaraciones de los agentes del oficialismo al respecto, y las férreas críticas de parte de la oposición.

No quisiera hacer un comentario sobre un tema que copa la agenda pública y que ya está sobresaturado, demasiado relevante, aunque también, en exceso trivializado, al punto de convertirse en un meme o en materia de cahuín digital. Antes bien quería remarcar un hecho no menor: la capacidad de los hechos para producir relatos, o la creatividad inusitada de los relatos para representarlos, por medio del aparato discursivo.

En esa maraña de relatos, el significado de la verdad figura difuminado, (¿existirá algo como la verdad, independiente de la verdad jurídica, en este punto?), por lo que su búsqueda, para el interesado, resulta una tarea titánica, si no dantesca, dado el escenario político nacional y global.

En ese proceso de búsqueda, se puede caer en tergiversaciones manipuladoras, en miradas obtusas, pero también en figuraciones que van un poco más allá de lo evidente. Es ahí en donde entra el papel de la ficción como mecanismo generador de sentido, el terreno donde todo puede ser posible, en la medida que pueda ser ficcionalizado.

Por ejemplo, el otro día, un compadre me comentó una posible trama conspirativa a raíz del tema: la posibilidad de que lo de Monsalve pueda convertirse en un thriller político con toques de terror, en donde el elemento de discordia sea precisamente el pisco sour. Una vieja disputa sobre la nacionalidad peruana del trago saldría a flote con el caso, con efectos geopolíticos y consecuencias dramáticas para todos los personeros involucrados.

A los agentes de la ley y a los investigadores les compete el esclarecimiento de los hechos, para, al menos, llegar a cierta certeza, más allá de toda duda razonable, sobre todo en cuestiones relativas a crímenes. A nosotros, en cambio, y sobre todo a nosotros, los creadores, los analistas de la realidad, no nos queda más que la lectura razonada de la situación y su efecto para el estado país, además de otro argumento para su recreación a través del aparato de la ficción, lo que, a la larga, le permitirá a la narrativa sobrevivir a lo anecdótico, trascender el tiempo; y a la verdad, no darse de inmediato por zanjada.

sábado, 26 de octubre de 2024

Artaud y Arenas: los renegados del surrealismo

A cien años del Primer manifiesto surrealista escrito por André Bretón (1924), con el cual se consolida el surrealismo como vanguardia, urge rescatar a un par de voces que, en un principio, formaron filas en dicho movimiento o bebieron de sus fuentes para luego desmarcarse y seguir una senda propia. Conocido es el nombre de Antonin Artaud, quien ingresó al Círculo Surrealista en 1924. Su aporte fue decisivo al indagar en un “nuevo orden pasional” que recobrara en el hombre su voluntad poética.

Para Artaud, la poesía era una forma de conocimiento y de búsqueda interior. Veía en el surrealismo una posible respuesta de la libertad literaria, que se traduce finalmente en la libertad de consciencia, en la libertad humana.

El cisma definitivo se dio tres años después de su ingreso al círculo, en 1927, cuando Artaud publicó A plena noche o el bluff surrealista, en el cual explicó las razones de su divorcio con la vanguardia. Básicamente, se trataba de su renuencia a unirse a las filas del Partido Comunista Francés y, peor aún, de trasvasar la revolución poética, aquella “metamorfosis de las condiciones internas del alma” a la revolución política desde una estricta y doctrinaria mirada comunista y marxista.

“El surrealismo ha muerto” —dijo— al abrazar la realidad y “olvidar el deseo”. Al supeditar los principios surrealistas a la causa de la Revolución, Artaud constató que sus antiguos camaradas habían traicionado el verdadero fin del surrealismo. O es que, quizá, el surrealismo nunca fue lo que pretendió ser, realmente. “La belleza será convulsiva, o no será”, decía Bretón, y todo indicaba que, más bien, era: “La belleza de la Revolución será convulsiva, o no será”.

“De hecho, ¿Hay todavía una aventura surrealista? ¿No murió el surrealismo el día en que Breton y sus adeptos creyeron que debían unirse al comunismo y buscar en el dominio de los hechos y de la materia inmediata, la culminación de una acción que normalmente solo podría desarrollarse en los entornos íntimos del cerebro?”, sentenció Artaud, contundente, asqueado del galopante materialismo dialéctico de sus antiguos compañeros que no entendían que la poesía, verdaderamente, estaba en otra parte, no en el campo dialéctico del poder.

El otro renegado del surrealismo es, orgullosamente, chileno. Se trata de Braulio Arenas, escritor reputado y vilipendiado por partes iguales, que, en su tiempo, también adhirió a la poética surrealista. En 1938, junto a Teófilo Cid, Enrique Gómez Correa y Jorge Cáceres, fundó el grupo surrealista La Mandrágora. Se consideraban dignos herederos de Huidobro, por ende, del creacionismo. Se proponían “buscar lo desconocido y penetrar en el misterio”, premisa que indaga en una búsqueda interior, muy similar a la propuesta por Artaud.

Un hecho muy provocativo marcaría para siempre la reputación de Arenas. Durante un homenaje a Pablo Neruda en el salón de honor de la Universidad de Chile, el poeta se levantó e, imbuido de un carácter rebelde, enfrentó al famoso vate, le quitó de la mano su discurso y lo rompió en su cara. En ese momento todos quedaron paralizados. Se encontraban además los otros integrantes de la Mandrágora. Tras el incidente, Teófilo Cid y Gómez Correa fueron expulsados del salón, por los miembros de las Juventudes Comunistas que organizaron la ceremonia.

El poeta Arenas había hecho carne el lema surrealista: “escandalizar a la burguesía”, pero llevado a otro nivel. ¡Había enfrentado a una vaca sagrada! Neruda, quien llegaría a ser amigo de los surrealistas Paul Éluard y Louis Aragon. ¡Tremendo sacrilegio! Un poeta chileno envalentonándose con otro poeta amigo de los poetas franceses. Surrealismo a la chilena, en estado puro. La choreza será convulsiva o no será.

—No hay surrealistas en Chile —fueron las duras palabras de Elisa Bindhoff, la viuda de Breton, pronunciadas muchos años después, cuando Arenas llegó a París buscando al padre fundador del surrealismo. ¿Realmente no había surrealismo en Chile? ¿Y qué fue entonces de la Mandrágora? El peso de la realidad de los hechos y de la propia tradición literaria les detuvo el automatismo psíquico. ¿Qué fue de Braulio Arenas? Acabó siendo relegado de todos los círculos, tras su desafío al olímpico Nobel de Literatura.

Quien apoyara la causa allendista, durante el gobierno de la UP, luego se volcó en favor del Régimen Militar, dedicándole incluso un himno a la Junta, llamado “Chile es así”: "Era la angustia por doquier,/ era el hampón y era el terror,/ el tribunal al que se dio/ falsa etiqueta popular (…) / Chile es así:/ no tiene nada que ocultar,/ aquí no hay Muro de Berlín". ¿El surrealismo de Arenas acabaría por avivar el fuego amigo? Fueron estos hechos los que marcaron para mal la reputación de Arenas en el medio literario. Gonzalo Rojas, uno de sus más amigos, le escribió unos versos: "Dios pronto le dé ese Premio / Nacional a Braulio y el de Estocolmo si es posible / para que acabe de una vez / con su rencor de payaso pobre".

Lo realmente surrealista pasó años después, en 1984. Contra todo pronóstico, y pese a la “mala leche”, Braulio Arenas recibió el Premio Nacional de Literatura de parte del mismísimo Pinochet. Esa pura anécdota catapultaría para siempre su imagen a la sombra del circuito literario dominante, más afín a la izquierda política. ¿Será que al aceptar ese Premio Nacional había sucumbido a la tentación del poder, traicionando los propios principios surrealistas? ¿O, en realidad, al ser galardonado por el principal enemigo de sus antiguos camaradas, estaba propiciando el cisma dentro de su propio nicho ideológico, “escandalizando” a sus propios compañeros, desafiando el horizonte de sus consciencias, volviéndose, a propósito, un paria, un sujeto incómodo, “cancelable” (de acuerdo al prisma vigente) para inaugurar con eso su poética surrealista definitiva: la poética de la discordia?

Tal vez, con ese gesto, Arenas estaba demostrando, a su manera, un espíritu similar al de Artaud: un gesto de repulsa. A fin de cuentas, su renuencia a dejarse encasillar los hizo encarnar un auténtico surrealismo, un surrealismo sin militancias definidas, un surrealismo abocado por completo a la libertad de la consciencia, a toda prueba y a rajatabla. En definitiva, los verdaderos traidores, los verdaderos asesinos del surrealismo fueron los que lo sometieron al mundo de los hechos y al terreno de la sucia política.

Como mencionó Enrique Gómez Correa, citado por Stefan Baciú: “La misión de la poesía es difícil. Ella no se mezcla con los acontecimientos de la política, con la manera como se gobierna un pueblo, no hace alusión a los periodos históricos, a los golpes de Estado, a los regicidas, a las intrigas de cortes. Ella no habla de las luchas que el hombre emprende y, solo por excepción, con él mismo, sus pasiones”.

“Manteneos puros, libres de todo compromiso, de toda contaminación. Buscad lo desconocido. Penetrad en el misterio”.