martes, 18 de junio de 2024

Gramática (poema)

Tras la proliferación de la mentira,
tras nuestra muerte prematura y anticipada,
tras la noticia falsa de nuestras desapariciones,
tal vez sea el lenguaje lo único que nos sobreviva,
sintaxis articuladora, significante que funda
y se funde en la letra, cuerpo crepitante
en la gramática infinita de la desesperación.
Si lo pensamos en detalle, la Gramática Generativa Transformacional puede explicar el hecho de que un sencillo enunciado como "Chomsky ha muerto" se transformó y generó, a su vez, un número potencialmente infinito de enunciados en el mismo tenor, pese a su falsedad. En estricto rigor, el potencial transformativo de ese modelo de gramática, viene dado por su capacidad de asociación sintáctica, aunque su contenido no se corresponda con la realidad que pretende describir. La sintaxis hizo posible que el enunciado sobre la muerte de Chomsky fuera verdad en la mente de sus interlocutores. A su vez, la propia sintaxis hizo posible, también, que el mismo enunciado fuera desmentido. La vida y la muerte de Chomsky fueron posibles por obra y gracia de la sintaxis, cortesía del lenguaje, su facultad innata.

Comentario al texto panegírico de Lucy Oporto, escrito por Rodrigo Norambuena

Lucy Oporto se ha vuelto, sin duda, por mérito propio, una de las grandes intelectuales chilenas a contracorriente del "ultrismo" vigente en la academia de Humanidades y en el ideario ideológico de la izquierda progresista. Por tal motivo, ha sido cancelada por los mercenarios de dicha corriente, cuestión que, a estas alturas, resulta garantía de autonomía intelectual. Lucy fue una de las pocas que se atrevió con un artículo sumamente crítico en plena "asonada", aquel artículo llamado "Lumpenconsumismo, saqueadores y escorias varias: tener, poseer, destruir", en donde denunciaba el espíritu de disolución visible en los saqueadores en medio de la revuelta y justificado, bajo un discurso refundacional, por ciertos personajes, de la "talla" de Atria o Joignant. Oporto decía sentirse conforme con el buen recibimiento de sus lectores, sus pocos lectores fieles, pese al ataque de sus opositores, tanto en la academia como fuera de ella, un conglomerado radical que adhiere de manera acrítica a los relatos deconstructores de los feligreses del "Octubre negro".
Desmienten muerte de Chomsky, y aclaran que se trata de una noticia falsa. La pregunta que sigue es: ¿fue condoro periodístico o fue a propósito para probar nuestra capacidad de sugestión? Irónico que sea el mismo lingüista que hablaba sobre las estrategias de manipulación de la información. Cayeron redonditos.
En este preciso momento, los cabros de cuarto medio juegan un campeonato de FIFA en la sala. Otros, van a buscar los campeonatos de Taca Taca, Ping Pong y gallito que están haciendo en el colegio. Los más cinéfilos fueron al auditorio a ver una película por Netflix. Yo, en tanto, me tomo un café tranquilamente, mientras observo todo. Se respira el aire de fin de semestre. Un muy pedagógico y lúdico último día de clases.

lunes, 17 de junio de 2024

Colérica poética (poema)

Cuando todo cae, cuando lo que creías intocable figura oxidado, manchado por acción de la insania

la avasalladora tempestad de la turba, la sombra junguiana detrás de las caretas hipócritas

el reverso de la pálida belleza, redundante, demacrada por su propio origen traicionado

anatema de la raíz, vileza del tronco, ramas sin arraigo, viento que corona el despojo

ascienden del infierno los santos enterrados, las plegarias negadas al espejo de lo real

trizado cual espacio yermo de la soledad en crudo.



Las emociones ebullen del frío contacto, las presencias y ausencias fornican sin vergüenza

Ante nosotros, bebiendo del tiempo, ebrias, empujan la conspiración tras bambalinas

Tejen y destejen la hebra de los acontecimientos, repletan de veneno e intriga los intersticios

Procuran el ruido entre los espacios vacíos, entre las fosas de las palabras desarticuladas,

Por efecto de la carne y de la sangre invernal, por efecto de la baba que no sobrevivió

Y el fluido calenturiento que presidió las imprecaciones e imputaciones más abyectas.



La traición sirvió de contrapunto al lirismo de la imaginación, los decires que sobrevivieron

Al escandaloso misterio de un romance visceral, fueron carne y nata de voyeristas y conventilleros

Masturbándose ante la idea del mal en las letras, el peligro detrás de la creación de la palabra,

El flujo sanguíneo corriendo presuroso a la luz y penumbra de cada metáfora y figura retórica

En un cauce de fuego le daban caña a la moneda calumniosa,

En una patética apuesta subastaban el honor, el precio y la cabeza de los involucrados

Sus propios cómplices, sus propios contertulios, moribundas estrellas de la noche.



Insectos, criaturas rastreras, doblemente insectos,

Solo son humanos sus miembros, inverosímil la jeta con la que balbucean

Un relato, una narrativa, apenas un remedo de un discurso relamido,

Una trama grotesca, perversa en su meollo,

Funcional a los mercenarios literarios, a los saltimbanquis verborreicos

Amantes de la chimuchina y feligreses del chivo expiatorio

Que excavan en los corazones, sin medida ni escrúpulo

Y extraen, para regocijo moral, el oro negro del odio,

Cínicos, mascotas del titiritero, zalameros del caos.



Cuando todo cae, y lo que denotaba solemnidad se revela cual careta ruidosa, profana en su manierismo

Y los gruñidos de los energúmenos se confunden con las palabras inocuas de los biempensantes

Entonces los sueños y los deseos de trasnoche se vuelven una leyenda infame

Una locura material, negación de la negación, mera idolatría de las heridas y fetiche de la angustia.

Lo negro les arrulla el nervio sensible, se dejan encandilar por el demonio de la consciencia

Que les susurra el rumor de la belleza transmutada y disuelta para alimentar la hybris

De unos cuantos idiotas que abrigan la causa de la disolución y sacralizan el nihilismo del paria.



Asaltan las cabezas de las ilustres estatuas para regocijo de su cloaca histórica,

Su pandemonio de rencores, enconos y odiosidades, ante la sombra del teatro del pánico,

Espectáculo esperpéntico, destellante de magia negra, chapoteando en bilis y úlceras

Amor y obra de iluminados, vanguardia travestida, a la usanza del nuevo orden

Espacio indeterminado, abismo sin fondo en el que habitan sin habitar

En el que fluctúan al ritmo de la deconstrucción y de la relatividad del ser

Maniobrada por poderes fácticos y fuerzas convulsas

Ilegibles para su léxico mediocre, en el ocaso de las miradas y las perspectivas.



Lástima que su imaginario se limite solo a las excrecencias de la calle y su abulia

Una pena que el horizonte de creación se achate al tamaño de una barricada

Que el pirómano se vuelva el nuevo Prometeo,

que el ácido sea mezclado en el elixir,

que el fuego no denote otra cosa que el incendio

y no purificación, y no regeneración

que en sus mentes una llanta y un neumático improvisen la sinapsis.

Sus atropelladas intentonas son carruseles de adrenalina, movimiento animal

llama inescrupulosa del ímpetu y del hábito, colisión y persecución.

Lo siniestro no se detiene, la Hidra chapotea en el sino,

las cabezas de los malditos alimentan el egregor

cierran los cuartos, afilan los cuchillos, despliegan las escuadras

golpean con cinceles la bruta piedra del hombre, temen al golem

porque el golem es la metáfora de su monstruosidad,

menos ser que el ser, pura potencia, promesa altiva

lujuria de una arquitectura fúnebre, demonios en inviernos.



La real cólera los pillará solapados, cual topos sin madriguera, masticando el polvo

La real cólera los asechará, a medio camino entre ameba y humano

Hará que se odien a sí mismos, en la evaporación completa de su máscara

Odiarán el teatro que han montado, y no pararán de odiar hasta que la cólera sea el absoluto

Y el absoluto los engulla en fauces de constelaciones.

Contarán una a una las palabras afiladas en la batalla de los egos

A cambio de voces falsarias, repetidas en el inconsciente, tendidas cual ropa sucia

Babean en el piso mientras la bruma envuelve su agitación, su pequeñez legendaria

La palabra futuro ahora suena a mitología, la inocencia algo que se paga caro, en cuotas poéticas

Y en labios de poeta indignada, revolcándose en la basura de las omisiones y las decepciones

Constantes proyecciones de su propio ser miserable y carente.



La mercancía de la sombra se ha vuelto la regla, la ley interna, el martillo y el compás

La manía del progreso ha redundado en la prostitución del espíritu

El verdadero sentir del animal humano se esfumó junto con lo sólido

Como hueso enterrado en la arqueología del olvido,

La historia patas arriba, alumbrada por un Sol mercenario

De instinto egoísta, la mitad del hombre la mitad de lo que solía

Y de lo que quería, sin tapujos, sin concesiones, acaso sin otra frontera que su pescuezo.

El magnífico miedo sigue moviendo montañas, espectro abarcador

Dinamita las realidades y conspira debajo de las camas de sus infancias

Lo enfrentan sin armas, doblega sus fuerzas, revela la llave del ultimátum

Se niegan a acabar, pero los acaba en el acto, sin la palabra, con la violencia, con la mentira

La sensual mentira de aquella, el dulce y frondoso miembro de la maquinación.



Tras una historia con dolorosa trama, herida supurante, sin clímax

El amargo desencanto alcanza proporciones bíblicas y parte aguas,

Y parte el ascenso, y parte el descenso, porque ya no resta purgatorio

Y el puerto es todo lo que queda, el puerto herido de muerte, saboteado por un cadáver hediondo

Que sobrevuela sus rincones, esquinas e imaginarios, de manera impune

Que despliega a sus emisarios y procura manchar la tiniebla refinada

De sus adoquines, de sus edificios, de sus aceras

Sobre ellas restan los versos y los cantos extintos

Convertidos en sangre contra el pavimento, a merced del golpe

A merced del golpe furioso de la historia, la histeria vuelta creación activa,

Poiesis fatal, oro negro del odio,

versos perros, elegías y rabias.

domingo, 16 de junio de 2024

El poeta Enrique Moro, recuerdo que una vez dijo, en una entrevista: “me gustaría que Valparaíso volviera a ser la Grecia de América, con teatros y óperas en los cerros”. Comparto su moción. Me considero, por eso mismo, un retrómano convencido, un nostálgico de una época que no alcancé a vivir plenamente pero que atesoro celosamente en mi imaginación, un romántico de un Valparaíso pintado a la vieja usanza, la de mis viejos, la de mis tíos, la de mis tatas, un cronista de lo cotidiano, pero también, de lo posible. Que vuelva, por eso, el Real, el Imperio, el Velarde, el Mauri, y tantos otros. Sin duda, abajo el abajismo.

sábado, 15 de junio de 2024

El caso de la Miau Astral me parece tan fascinante como aterrador. Se le compara con Bebé Reno, aunque son distintos los antecedentes. Hay un acoso psicológico -me consta- que es brutal, que no golpea, que no marca, pero que se incrusta en el alma, que evoca la sombra. Solo puede ser sublimado con cariño, entereza, voluntad y mucha imaginación.

Apuntes al vuelo sobre un Valparaíso necrótico (tanatología porteña)

Una mini crónica roja, sobre Valparaíso y sus recientes asesinatos.

Hace casi un mes, encontraron una cabeza humana en una bolsa, en el sector El Pajonal del Cerro Merced. Aún no se determinan los responsables. Terrorífico sicariato, de seguro. En otras circunstancias, el solo hallazgo de la cabeza habría sido alerta nacional, como lo fue el caso de Hans Pozo. 

Durante junio, por otro lado, se descubrieron dos cuerpos: uno, con muchas heridas de golpes y arma cortopunzante, en el sector de Playa Ancha, próximo a la Plaza Bilbao; otro, con un traumatismo craneoencefálico, arrojado en el edificio abandonado que se encuentra a un costado del Parque Italia. Este último crimen aún se investiga, y es muy probable que también se trate de un asesinato. 

Ya no solo algunos cerros de Valpo, que gozaban de “mala fama” entre los propios porteños, anidan la muerte. También el plan de la ciudad está sufriendo el embate de la sangre y la enajenación.

¿Cómo es posible que se llegue a esos extremos, y a la vista de todos, con tanta displicencia? Hay quienes han contribuido a levantar una imagen demacrada de Valparaíso. Un Valparaíso necrótico, marcado por una tanatología subterránea y clandestina, como si un cadáver hediondo sobrevolara sus rincones y su imaginario, infestando con su descomposición la psiquis de los porteños, de manera impune. 

Sin duda, estos asesinatos, entre otros, le dan el toque preciso de indefensión y de despojo a la ciudad. A tal punto se ha relacionado el deterioro orgánico con la percepción de anomia, que han visto en Valparaíso incluso un escenario distópico al uso, sobre todo, cuando la permea el narco y el hampa nihilista. ¿Mad Max? Simple pelada de cable, simple referencia cinematográfica, sin pies sobre el asfalto del patrimonio vencido.

De acuerdo al discurso de algunos afuerinos, cruzar y habitar Valparaíso, hoy por hoy, equivale a invocar una sombra jungiana, realizar un auténtico viaje fáustico, pese a su historia, pese a su tradición. Hay algo en Valpo, una mala fama, un “ánimo visceral”, una cuestión de “chipe libre”, de “vale todo”, que alimenta esa percepción de profundo miedo y desconfianza. ¿Cómo siquiera exponerse, ante la posibilidad de encontrarse al próximo (o la próxima) psicópata en la esquina? 

“Mejor guardarse, mire que por la noche salen las bestias”, recuerdo que dijo una señora de un negocio cerca de donde vivo. Y lo peor es que esas bestias lucen tan humanas como el porteño de a pie. La deshumanización se ha hecho parte del paisaje, o su reverso. Conviene tomar distancia y conservar un poco de luz para la amanecida. El desafío consiste también en atravesar esa pesadilla insomne llamada realidad y llegar entero al otro lado de la acera, para articular una palabra temeraria.

viernes, 14 de junio de 2024

Reflexión de hace más de diez años, que vuelve a tener sentido:

Quizá la única forma en que el hombre se olvida a sí mismo: cuando mira al cielo y ve cómo todo cae, cómo la lluvia arrasa con sus problemas y pensamientos más estancos. Frente a la inclemencia del tiempo, su existencia parece una pura anécdota. Todos sus asuntos se asemejan a gotas dentro de un océano, siendo el origen y el fin, por ejemplo, en los antiguos que celebraban el crecimiento del jardín, en los militares que, contra todo pronóstico, marchaban en honor de la patria, y en los románticos que lamentaban la pérdida de un amor irrenunciable.
Sé que he comenzado a vivir porque he visto caer la lluvia sobre mi cabeza. Sé que he comenzado a morir porque la he visto inundando la ciudad. También la voluntad invita a pasar por el oasis de la ficción para beber un poco de agua, sigue por el desierto de su realidad y, a medida que tiene sed, va encontrando más preguntas en el camino. Por eso, no hay causa visible para ninguna acción, solo brota como el pasto, cuando la sentimos venir. El agua cae, sigue un proceso, pero es arrojada, sin sobresaltos. Se trata acaso de una indeterminación sin límites, que crece sin por qué, y que inquieta en su incógnita.
Del otro lado del mundo, tampoco deja de llover. Quizá esa lluvia sea otra sin razón. Se arrojó simplemente en el momento en que buscaba ser explicada. Entonces, ese arrojo no ofrece garantía. La lluvia dejará de caer, pero algo en nosotros seguirá lloviendo. Que no deje de llover, y así me preparo para salir a la calle, como quien busca una moneda perdida en el fondo de una poza.