miércoles, 15 de mayo de 2024

La lectura de Alex Mirez

Le pedí a los cabros de cuarto que realizaran un trabajo de investigación sobre algún autor o autora, cualquiera fuera su origen y su época. Para mi sorpresa, eligieron nombres bastante buenos, sin siquiera sugerirles nada: Poe, Julio Verne, John Boyne, Oscar Wilde, Cervantes, Charles Perrault, Daniela García "Elegí vivir" y Alex Mirez. Esta última no la ubicaba para nada. "¿No la conoce, profe?", me preguntó uno de los cabros. "Es una escritora de Wattpad. Buena la mina. Subía historias a la página y se hizo re famosa. Ahora publica los libros de esas historias y se dedica a eso". No lo podía creer. Volví a mirar la imagen Canva en la que estaba la foto de la escritora, junto a una de sus obras. "Damián", se llamaba el libro. Se me vino a la mente el clásico "Demian" de Herman Hesse. El cabro captó que estaba mirando la portada de aquel libro. "Es buena la historia. Fantástica, entera volá. Se la recomiendo. Ahí va a cachar cuando diserte", comentó el chico, entusiasmado con el trabajo. Sin tener idea de la existencia de esta tal Mirez, fue el imaginario lector de estos cabros el que permitió el hallazgo.

Recuerdo que hubo un tiempo en que era reticente a Wattpad, tal vez por el prejuicio de la literatura "contra las masas" o alejada del fenómeno de las redes sociales o de influencers, aunque, más allá de ese prejuicio o de esa categorización, en realidad todo escritor que alcanza un cierto número de lectores adquiere dicha cualidad, solo que su público objetivo puede que orbite otra clase de redes, más ligadas a la academia o a cierta crítica especializada. Pese a esto, el fenómeno de la escritura "pop" sigue ahí, campante, y había capturado la atención de algunos de mis alumnos ¿Cómo enfrentar esto desde mi perspectiva de profesor de lenguaje? A partir de la capacidad de análisis. Comprender que la literatura de esta chica, Mirez, eminentemente "pop", virtual, fuera de los circuitos académicos, puede ser la puerta de entrada para "otras literaturas" o, incluso, por qué no, una revelación por sí sola.

"¿Se podrá subir historias igual, a Wattpad?", preguntaba uno de los cabros del grupo. Le dije que claro que sí, que yo mismo había subido algunas, en un intento de novela que sigo escribiendo, de manera progresiva. Las plataformas digitales, dada su rapidez e informalidad, ofrecen esa "sensación en la Nube" de estar siendo leído, sin intermediarios, un poco como la escritura de blog, aunque de forma más pública y más viral. El cabro podría perfectamente comenzar a escribir sus propias historias, inspirado en su ídola, Alex Mirez, y recomendado por su propio profesor. He aquí donde el ejercicio del oficio trasciende la mera neurosis personal y puede provocar un impacto creativo, más allá del idealismo y la desilusión, cuestión que ya había reflexionado, con mucho más escepticismo, años atrás. Hoy ya he superado, en parte, dichas circunstancias. Leí algunas cosas de Mirez, a la rápida, que no me convencieron del todo, pero sí una frase suya en una entrevista, una frase que pudiera haber dicho cualquier escritora con el lobby suficiente y el agasajo crítico y editorial: "Un escritor no debe tener límites mentales".

Inseguridad en Chile: la emergencia del presente

Algo no anda bien en Chile, se escucha a decir a algunos compatriotas. Ya no se puede salir tarde como antes, sin el miedo a ser asaltado. Muchos centros comerciales han adoptado el hábito de cerrar temprano producto de lo mismo. Ya ni siquiera, a plena luz del día, la calle resulta segura. La sospecha ha crecido todavía más en las grandes ciudades, donde se ha vuelto insostenible seguir con el ritmo normal de la vida cotidiana. La gente se siente, poco a poco, ajena en su propio entorno y, por supuesto, traicionada por un Estado que debiera velar por la libertad de los civiles honrados.

Algo, definitivamente, no anda bien. Parece ser el mantra de los tiempos, porque la sensación de inseguridad ha crecido a un ritmo estrepitoso. La última Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana refleja la crisis vivida en Chile, con un índice del 90% en la percepción de inseguridad de la ciudadanía, la más alta de la década. (La percepción de inseguridad en Chile llega al 90%, la más alta en una década. Ana María Sanhueza). Ahora bien, ¿la percepción equivale realmente a la situación objetiva?

Es evidente que la percepción colectiva se deriva de hechos concretos y, luego, de la sensación provocada por las consecuencias de los mismos. Solo basta con remitirse a los diferentes crímenes y delitos ocurridos de un tiempo a esta parte. En su gran mayoría, se trata de delitos como “portonazos”, asaltos, robos de parte de delincuentes primerizos o reincidentes y, además, crímenes de mayor envergadura, como sicariatos, tiroteos a civiles o a Carabineros, asesinatos por encargo, ajustes de cuentas, que conforman las acciones de verdaderas “mafias locales” compuestas tanto por delincuentes connacionales como por inmigrantes.

Hay muchos analistas que coinciden en este aumento de la percepción de inseguridad y en la diversidad de crímenes que antes -durante el lapso de la última década- se veían muy poco y no con la recurrencia con la que ocurren en la actualidad. Mónica Rojas señalaba en su artículo “Inseguridad en Chile: Cómo la delincuencia está dañando la vida urbana” el impacto de la delincuencia en la vida urbana, el cómo la actividad en las grandes ciudades del país se ha visto mermada por esta amenaza de la violencia constante prácticamente en cada rincón e incluso a cada momento.

Rojas indicaba que algunos de los factores directos de esta ola de delincuencia lo constituyen los “grupos colgados de las movilizaciones del 2019, la pandemia del 2020, el regreso a una normalidad que mostró a muchos la ruina”. (“Inseguridad en Chile: Cómo la delincuencia está dañando la vida urbana”. Mónica Rojas). De ese flagelo se sucedieron luego los desastres económicos (inflación y cesantía) y los conflictos políticos (radicalización ideológica y desconexión de los problemas reales de la gente) que fueron el caldo de cultivo para la expresión de la hostilidad y la violencia desplegada en acciones ilícitas.

Por lo visto, la inseguridad y la violencia en Chile van en aumento y se han vuelto parte del escenario crítico. Pero, ¿Cuál será la relación entre la percepción subjetiva de inseguridad de las personas, digamos, su desconfianza ciudadana, y la carencia de un orden sociopolítico sólido y una estructura de Estado realmente garante del bienestar general? Para situar una idea sobre esta problemática, cabe primero explicar los conceptos claves que entran en juego. La delincuencia, en este caso, ha sido abordada desde la mirada sociológica como un fenómeno intrínseco a lo social.

Émile Durkheim señalaba que: “el crimen no se observa sólo en la mayor parte de las sociedades de tal o cual especie, sino en todas las sociedades de todos los tipos. No existe ninguna donde no exista criminalidad (“Émile Durkheim y el castigo”. Francisco M. Bompadre). Si consideramos la tesis planteada por Durkheim, la de que no existe sociedad alguna que no contenga delincuencia, ¿por qué hay sociedades con menos sensación de inseguridad en la población que otras? ¿por qué hay países que gestionan mejor el asunto de la delincuencia y que poseen una política interna más fuerte? Aquí entra el rol del Estado. Toca abordar cuál es la situación del Estado chileno respecto al problema de la delincuencia.

A partir de un diagnóstico general, muchos coinciden en que el Estado ha, literalmente, abandonado a Chile en el cumplimiento de su rol de preservar el orden y garantizar el bien común. Hay que sumarle a este abandono el contexto de la política internacional, un contexto convulso que se ha incrementado durante los últimos dos años y que ha estado marcado por la inminencia de una guerra entre las potencias de Rusia contra Ucrania y el eje de la OTAN. Se suman al concierto mundial los conflictos recientes en Gaza producto del choque entre Israel y Palestina.

Todo este escenario bélico, marcado por el ejercicio de la violencia con intereses geopolíticos, conforma un auténtico panorama de desorganización y, a su vez, de deshumanización que puede perfectamente influir en la percepción negativa de las personas sobre el estado, no solo de Chile, sino que del mundo entero. A este punto, no suena descabellado afirmar que estamos en la “antesala de una nueva guerra mundial”.

Se está ante un fenómeno muy difícil de examinar desde una sola mirada. Por eso, es preciso atender algunos factores fundamentales del fenómeno en cuestión. Uno de ellos tiene que ver con la naturaleza de la delincuencia y su ligazón con la estructura social. La Escuela de Chicago fue aquella escuela que se especializó en el tema desde la perspectiva sociológica y puede ofrecer algunas luces al respecto.

Como señala el autor Jorge A. Pérez López: “La desorganización social, como su propio nombre lo indica, correlaciona el delito con el estado de descomposición, abandono, crisis o transición de una sociedad”. (“La explicación sociológica de la criminalidad”. Jorge A. Pérez López, 6). En lo particular, la aportación de Edwin Sutherland con su “Teoría de la desorganización social” de 1924 permite establecer con bases este vínculo entre la comisión de los delitos, la configuración del sujeto delincuente y el estado de descomposición, abandono y crisis de una sociedad.

Si bien la perspectiva de Sutherland tiene algunas imprecisiones en cuanto al posible origen de los conflictos y no alcanza a dimensionar el impacto del problema en el contexto reciente, sirve para comprender el cómo se pueden desencadenar las conductas criminales dentro de un contexto hostil, propiciando el aprendizaje por imitación y por adaptación a un determinado grupo con sus propios intereses, confrontados con los del resto de la sociedad en su conjunto.

Algunos analistas chilenos han planteado que allí donde el crimen organizado ha avanzado, ha quedado en evidencia la carencia de una política pública sólida, redundando derechamente en un abandono por parte del Estado hacia la ciudadanía en general. Cualquier persona de a pie puede intuir que dicha crisis se ha acentuado en el último momento a causa de malas decisiones políticas que han derivado en fenómenos ajenos al ethos chileno, tales como la inmigración descontrolada. Los efectos saltan a la vista: aumento de gente en las calles, sujetos indocumentados y con altos prontuarios policiales, no debidamente fiscalizados, conductas delictivas propias del extranjero (como en el caso de las Maras o el Tren de Aragua).

La filósofa chilena Lucy Oporto ofrece un diagnóstico muy agudo respecto de esta crisis de seguridad en Chile durante el último tiempo. Indica en su artículo “La frontera negra del narcofascismo” que: “Según cifras de Gendarmería, publicadas por La Tercera, hasta comienzos de diciembre de 2023, existen 1282 bandas criminales, debidamente identificadas, en las cárceles de Chile. Abarcan alrededor de 4 mil integrantes y 600 líderes. Las más peligrosas son Tren de Aragua y Cártel de Sinaloa.” (“La frontera negra del narcofascismo”. Lucy Oporto). Se trata de un diagnóstico catastrófico de la sociedad chilena de acuerdo a lo que ha visto en la realidad del país.

Sin ánimo de criminalizar las manifestaciones sociales, también advierte que desde el estallido social del 2019 se ha agudizado la crisis del tejido social y poco y nada se ha hecho al respecto. Es más, la deriva sociopolítica de Chile, a raíz de la “asonada” (como llamaba ella a la insurrección) ha permitido que el crimen organizado campe a sus anchas en el contexto de una sociedad expuesta a las “fracturas” del sistema, crítica con su clase política y bajo una institucionalidad debilitada y duramente cuestionada. Queda patente, de esta manera, que una de las causas más visibles de la inseguridad pública en Chile tiene que ver con estos elementos señalados.

Oporto precisa, en otro punto, que Chile ha sido “golpeado” desde mucho antes, pero los factores más preponderantes de la crisis actual pueden ser visualizados durante la época de la posdictadura y transición a la democracia. Más allá de la avanzada del narco en territorio chileno y la ineficacia del gobierno de turno para confrontar la crisis de seguridad, ahonda en la problemática estructural desarrollada durante los gobiernos de la Concertación, en donde, a su juicio, se acumuló en cierta parte de la población una frustración a partir de demandas insatisfechas en una “sociedad de consumo”.

Sería dicha frustración el trasfondo psicológico de un malestar que luego habría “explotado” en forma de marchas y manifestaciones, aunque también en forma de saqueos, destrucción de bienes privados, mobiliario público y disturbios en las calles, lamentablemente, en sectores residenciales o comunales donde se desenvolvían trabajadores y pequeños empresarios.

Con tal de indagar un poco más en la “frustración colectiva” descrita por Oporto, conviene hablar de Robert Merton y su ensayo “Estructura social y anomia” (1962). El concepto de “anomia” resulta fundamental a la hora de analizar el estado de desorganización social que propicia las conductas delictivas a vista y paciencia de la ciudadanía, bajo un Estado inoperante y una clase política displicente.

La conducta anómala, fuera de la ley, se explicaría, para Merton como una disociación entre los fines y los medios, considerando que los fines sean las aspiraciones de los individuos; y los medios, los caminos para conseguirlos: “Cuando el sistema institucional impide que se ponga de manifiesto la satisfacción que se deriva de las metas legítimas, el escenario queda preparado para que la rebelión surja como una respuesta adaptativa”. (“Estructura social y Anomia”. Robert K. Merton. 37). Dicha rebelión alimentaría el desorden público.

La explicación de Merton sintoniza, en este caso, con el diagnóstico de Oporto respecto del estado de insatisfacción del chileno promedio, en primer lugar, como consecuencia de unas políticas públicas que han acentuado la desigualdad en varios aspectos estratégicos; y, en segundo lugar, como resultado de la creciente inseguridad pública a causa de la escalada de violencia en diversos frentes y la incapacidad del aparato político para entregar soluciones concretas.

Todo lo esbozado hasta acá sería suficiente para identificar el “germen del caos”, la sensación de falta de control y la consecuente percepción de inseguridad de parte de la ciudadanía. Pero aún queda profundizar en la influencia negativa del aumento de la delincuencia sobre la percepción general, es decir, el impacto que ha tenido en nuestra democracia, porque ¿qué sentido tiene seguir hablando de democracia en una nación donde la libertad se ve amenazada constantemente por la falta de orden y seguridad pública?

El investigador Mauro Basaure en su artículo “La delincuencia puede poner en riesgo a la democracia” señala que “la delincuencia deja de ser un fenómeno normal cuando los ciudadanos están dispuestos a sacrificar sus libertades públicas y derechos en aras de la seguridad”. (“La delincuencia puede poner en riesgo a la democracia”. Mauro Basaure). Es por este motivo que la delincuencia, cuando llega a los extremos violentos a los que ha llegado, no compete solo al ámbito de la seguridad ciudadana, sino que constituye un problema político de primer orden (o eso debería ser).

Cuando es el Estado el que ha abandonado su labor garante, le queda a la ciudadanía acogerse a la Constitución como marco jurídico. Sin embargo, al no tener los recursos y herramientas suficientes para hacer valer sus derechos, ocurre lo que ocurre: malestar ante la falta de organización, insatisfacción colectiva ante el incumplimiento y, finalmente, se abre la Caja de Pandora que desata los males de la sociedad, y que se han analizado hasta acá.

Si no se despliega el “monopolio de la fuerza” del que hablaba Max Weber en relación al Estado, para cumplir con la ley y con el orden que debiera imperar en un Estado de derecho, entonces se gesta una desconfianza legítima en la ciudadanía, una desconfianza que ataca directamente a los implicados en el aumento de los crímenes y, sobre todo, a los representantes del gobierno de turno, ya sea por omisión, abandono de deberes o, derechamente, complicidad, al no hacer valer el poder que le compete y le fue conferido por mandato soberano.

En definitiva, la inseguridad es un problema social, y su percepción subjetiva tiene asidero en la realidad de los hechos concretos. Pero la inseguridad es, ante todo, un asunto político y he aquí que la discusión está lejos de zanjarse. Lamentablemente, muchos políticos populistas y demagogos han aprovechado el tema de la inseguridad para sacar réditos políticos o para instalar medidas que solo atacan una parte de la problemática, pero que no solucionan el fondo, conservando, de esa manera, un estado de cosas sin cambios reales.

Mauro Basaure fue claro al señalar que se requiere de un “espacio de innovación” para enfrentar el problema de la inseguridad desde todas las aristas posibles, con la colaboración de toda la sociedad en su conjunto, sumando a ella la tarea de los representantes políticos, pero, además, la labor de la gente experta que pueda enfocarse en algunos puntos específicos, como, por ejemplo, los servicios de inteligencia que puedan investigar algunos casos y hechos individuales, socavar todo aquello que hace posible los crímenes para restablecer la seguridad y restaurar la democracia.

En un hipotético escenario, la sociedad está lo suficientemente organizada para contribuir al orden, y la clase política, lo suficientemente preparada para dejar a un lado sus rencillas ideológicas y unirse en torno a un bien mayor, porque, como mencionó el académico Carlos Peña: la seguridad es una tarea nacional y su existencia “es el a priori funcional de la vida”. (“La seguridad, un proyecto nacional”. Carlos Peña). Sin embargo, para que aquello ocurra, se requiere de un esfuerzo mancomunado de toda la sociedad civil y de la clase política.

Si este escenario no es posible en el mediano o largo plazo, entonces la percepción de algunos no puede estar errada y de verdad estamos ante un panorama que avizora “el final de los tiempos”. Como en el Apocalipsis, los muertos serán “juzgados de acuerdo con lo que estaba escrito en los libros, según sus obras.” Las víctimas de los crímenes y los delitos bajo la oleada de la violencia y la delincuencia seguirán clamando por una justicia que nunca llega o que llega solo en la medida de lo posible.



Referencias bibliográficas


· Basaure, Mauro (2022). “La delincuencia puede poner en riesgo a la democracia”. En: https://www.ciperchile.cl/2022/10/25/la-delincuencia-puede-poner-en-riesgo-a-la-democracia/



· Bompadre, Francisco M. “Émile Durkheim y el castigo”. Publicado: 30 Noviembre -0001. En: https://www.derechoareplica.org/secciones/criminologia/785-emile-durkheim-y-el-castigo



· Durkheim, Émile. (1895). “Las reglas del método sociológico”.



· Iglesias, Jean Paulo. (2022) “Lucy Oporto y el 18-O: “Hay en Chile un clima de descomposición y hasta de locura”. En: https://www.latercera.com/la-tercera-sabado/noticia/lucy-oporto-y-el-18-o-hay-en-chile-un-clima-de-descomposicion-y-hasta-de-locura/SFAJBKNL2JHVNHP2DP6WCDDLRM/



· Merton, Robert K. (1962) “Estructura social y Anomia”. Departamento de Ciencias Sociales. Cuadernos de la Facultad de Estudios Generales. Número 5.



· Oporto, Lucy (2024). “La frontera negra del narcofascismo”. En: https://www.ex-ante.cl/la-frontera-negra-del-narcofascismo-por-lucy-oporto-valencia/



· Peña, Carlos (2024). “La seguridad, un proyecto nacional”. En: https://www.nuevopoder.cl/la-seguridad-un-proyecto-nacional/



· Pérez López, Jorge A. “La explicación sociológica de la criminalidad”. Derecho y cambio social. Páginas 1-22.



· Rojas, Mónica (2022). “Inseguridad en Chile: Cómo la delincuencia está dañando la vida urbana”. En: https://www.latercera.com/laboratoriodecontenidos/noticia/inseguridad-en-chile-como-la-delincuencia-esta-danando-la-vida-urbana/UJVUQLBODVDHLFVKTYAIPIDUVI/



· Sanhueza, Ana María (2023). “La percepción de inseguridad en Chile llega al 90%, la más alta en una década”. En: https://elpais.com/chile/2023-11-24/la-percepcion-de-inseguridad-en-chile-llega-al-90-la-mas-alta-en-una-decada.html

martes, 14 de mayo de 2024

Tengo pensado armar una convocatoria literaria que se llame: "Reescrituras de la asonada". Básicamente, consistirá en recopilar textos, ya sea relatos, cuentos, ensayos o crónicas, que aborden el periodo del "estallido", aunque desde "otro ángulo", distinto a la romantización del fenómeno. Lista la idea, solo falta ponerla en marcha.

lunes, 13 de mayo de 2024

Miro algunos videos de Valparaíso del canal de instagram "Valparaíso por siempre" y casi todos los comentaristas coinciden en lo mismo: que la ciudad ya no es la de antes, que antes no había ni grafitis, ni ambulantes, ni flaites, ni suciedad, etc. comentarios que, pese a su redundancia, son totalmente razonables y que comparto plenamente. Sin embargo, me asalta una inquietud: ¿desde qué época exacta se podría considerar que Valparaíso se empezó a "malear", más allá de la mera percepción subjetiva? En resumidas cuentas: ¿Cuándo comenzó el "mal" de Valparaíso? Porque dicha percepción tiene que partir de una realidad concreta, pero no se sabe muy bien desde cuándo y bajo qué variables exactas se produjo aquel deterioro que acusan.

A vuelo de pájaro vi algunos videos de antiguos paseos en trolebuses que datan de los años noventa y todavía allí se apreciaba un Valparaíso "romantizado", con reminiscencias a las viejas estructuras de raigambre extranjera y la atmósfera ciudadana, quizá menos poblada y más ordenada, menos "atochada". El registro más tardío era del año 98, surcando el sector de Pedro Montt con Plaza Victoria, y luego doblando hacia el sector del Arco Británico. Después de esa fecha, no figuran videos en los que se aprecie aquella valoración de un Valparaíso perdido en el tiempo. ¿Será que dicha versión de la ciudad entró en un vórtice entrados los años 2000, durante los gobiernos de la Concertación? ¿O será que el período posterior y la época de su declaración como Patrimonio de la Humanidad coincidió con el de su progresiva decadencia?
A veces siento que sería ideal una pega puramente administrativa, ojalá con libros. Lidiar con tanta gente agota y, a veces, hasta abruma.
Catherine Camus, hija de Albert Camus, sostuvo hace poco, en una entrevista, que su padre rechazó acostarse con Simone de Beauvoir y eso provocó que ella manipulara a Jean Paul Sartre para hablar mal del filósofo y escritor argelino. La fuente para sus dichos se la debe a la editorial Gallimard. Polémica anécdota, de ser verdad. Lo cierto es que la rivalidad entre Camus y Sartre fue paradigmática para su época. Mientras que Camus cuestionaba el autoritarismo estalinista en "El hombre rebelde", Sartre le reprochaba seguir el juego de los "capitalistas burgueses" al no alinearse con el bloque soviético. Resulta un estímulo a la imaginación el reconocer que entre los grandes intelectuales existe esta clase de rencillas y de "cahuines" mundanos. Precisamente, ese "lado b" de su obra intelectual y de su vida personal los hizo más creíbles.
Hay una frase atribuida a Borges, de La ambiguedad del pensamiento, que dice: "La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce". En realidad, la cita fue modificada y figura en "La pasión del lenguaje: aproximaciones a la poesía de Jorge Luis Borges" de Mauricio Peña Davidson. La frase original dice: "Yo sé (todos lo saben) que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece", y se encuentra en el minicuento "Notas para un cuento fantástico".

sábado, 11 de mayo de 2024

Poemario "Asonada"

Poemario que he estado preparando, entre muchos otros, durante este último tiempo. Se llama Asonada. Comprende poemas que escribí en el período 2021 - 2024. Aquí una versión preliminar del poemario. (La foto de portada es provisoria)


Asonada

Salvador Galindo


“Fuego negro que arde, pero no ilumina”.
Lucy Oporto, La cifra de Dios.



La Gran Conspiración



¿Qué pasaría si te dijera que todo fue una pura mascarada y que hay mucha más opacidad tras el tejido de los sueños?


¿Que detrás de los ideales que seguimos con tanta insistencia, estaban los mismos que financiaron el sistema que combatimos?


¿Que aquellos rebeldes que creímos incorruptibles, escondían su propia agenda secreta y servían a intereses todavía ocultos al profano?



¿Que detrás de cada supuesto despertar se sobrepuso otra ilusión que procuraba mantenernos en un estado de sonambulismo, divorciados de la propia conciencia?






No hubo, no hay, no habrá




No hubo nada más utópico que nuestro pasado.


No hay nada más real que nuestro presente.


No habrá nada más distópico que nuestro futuro.






Apátridas





Progresistas y globalistas, con sumo nihilismo


Han hecho de la Bandera de Chile su propia mordaza


El símbolo de poder sobre el que despliegan su arrogancia victimizante


Forzando al país a tolerar sus exabruptos


Sirviendo a la agenda que los apátridas añoran.





La fiesta






Mucho antes de la peste,


La poesía era una verdadera fiesta


Y adorábamos declamar, reír, fingir


Bajo esa noche de expresiones teatrales


Cada quien con un gesto impostado


Procuraba robarse el corazón de los presentes


Pero tú y yo sabíamos que eso era pura mascarada


Que al día siguiente éramos simples comensales


Soñadores con demasiada imaginación


Creadores sin suficiente presupuesto


Apostándolo todo en un encuentro prohibido


Abominando de nuestras propias sombras


Con el rumor de la belleza y la virtud


Conspirando bajo el velo de las sábanas


Que envolvían los libros desparramados


Y los cuerpos extasiados,


arrebatados por la pasión, la complicidad


seducidos por el fulgor de la muerte


Por el presentimiento de un mañana sin nombre.


Mucho antes de la peste,


Mucho antes del gran estallido


Mucho antes de la gran conspiración


La poesía era una fiesta


Y a nosotros el destino, inexorable, nos apagó la música


Nos apagó las luces para huir de todos los sitios


Y acabar divididos por la imbatible noche


Que todavía vela cada una de nuestras palabras


y nuestros silencios, cómplices del desastre.





La peste






La peste llegó después de un estallido


como metáfora de nuestra ruptura


un quiebre institucional de nuestros sentimientos


trama de pánico, desengaño y disolución.


En mi corazón ya no hay patria


en el tuyo, solo la bilis y el caos.






Asonada






Un octubre sin fin fue abortada nuestra promesa


Un octubre sin fin fue evadido todo significante


Un octubre sin fin fue extinguido el tiempo


se perpetuó la bilis y se propagó la peste.


Un octubre sin fin no hubo sacralización


Un octubre sin fin fue usurpado el espíritu


Un octubre sin fin fue disuelto el sentido


El palacete y la estatua de los significados


Se quemó la ciudad y con ella el alfabeto de nuestra historia.



De nada sirvieron las palabras conjuradas en la noche


De nada sirvieron los rituales al fulgor de la belleza


Demasiado sudor nos empañó el destino


Demasiada pasión nubló la intentona


Por revertir el curso satánico del poder


Miramos a sus ojos y las grietas de su espejo


Penetraron en nuestra mirada


Ebria de ánimo disolvente


Tuerta de tanta redundancia


De tanto vigilar al adversario en las calles


De tanto alentar la dialéctica en las sombras


De tanto impulsar la inquina, a diestra y siniestra


y escarbar entre los muertos


Para profanar, una y otra vez, el grito de la eternidad.





Patrimonio vencido 




Valparaíso ha sido testigo de una ruptura, un quiebre y una caída: la suya propia.


Otros, cínicos y traidores, ya han escrito su crónica: la de la descomposición.


¿Oíste acaso cuando tocaban las sirenas del último día? ¿Cuando sobre nosotros cayeron los escombros del tiempo nocturno?


Sorda de espíritu, ebria de corazón, arremetiste contra quien osó darle un puerto a tu angustia.


Ahora ese sentimiento cobra la forma del patrimonio vencido


Por la codicia sin horizonte y la violencia sin patria.





El golpe




El golpe que me diste


aquella noche


ya había ocurrido en el tiempo


otros fueron sus protagonistas


porque la historia es un vórtice


sin principio ni final.


El golpe que me diste


aquella noche


fue un asalto


una ruptura del orden


que acababa de desmoronarse.


Nuestra sangre


trataba de encontrar una salida


las calles no dieron abasto


solo fueron testigos indolentes


Los gritos penetraron como nunca


las voces hablaron del odio


que empezaba a incubarse.


Solo hacía falta la historia


para darle un sentido a la farsa


sobre todo el fuego


bien incendiado en la memoria


y el corazón


encadenado al recuerdo


tapizado por una herida


tan estéril como inútil.


Solo hacía falta la historia


pero nuestro golpe


nuestro secreto golpe personal


nunca tuvo resonancia


solo furia y penitencia.


Hay palabras


que duelen más que sus significantes.







Caímos en la trampa de la consciencia alienada




Caímos en la trampa de la consciencia alienada


hicieron de nosotros pura carne de cañón,


nos transformaron en la marioneta de algún titiritero


escondido entre sombras conspirativas.






Al momento de tomarnos la mano


marchando por esas calles desvencijadas


entre consignas, rimas inútiles y disonantes


estábamos sellando la trama de la discordia.



Nunca hubiéramos podido intuirlo:


una parte de nosotros quería quemarlo todo


pero la otra se aferraba a los viejos esquemas


Asustados, hicimos del otro la proyección de nuestra más profunda carencia.


Y a eso le llamamos amor. Y a eso le llamamos poesía.



¿Cuál será el final de esta obra difusa? ¿Cómo sigue la farsa?


¿Quién leerá nuestros lamentos e imprecaciones,


cuando las páginas sean consumidas por su propia combustión?


Caído el relato, caída la máscara


Ya no hay calle de regreso,


ya no hay página de sangre


solo nos queda el rostro descubierto


y una mentira insolente


que reclama justicia.





Octubre






Una casa figura quemada


En el fondo de la noche


Es la recurrencia fatal


Es el mito incendiario


Del fin de la historia.






Un país ardía


Mientras nuestros cuerpos


ardían de placer


Demasiado ebrios en su disolución


Y nunca alcanzaron a adivinar


El futuro, el quiebre, la plaga.






El fuego no tiene sombra





Pero atrae penumbras


Sobre Valparaíso, abrasada la consciencia


Ya no caen aves electrocutadas


Solo corazones incendiarios.






El fuego corroe la memoria


Pretende la purga pero inflama la rabia


Sin luz, arrancan los tejidos,


Arrancan sus casas y sus espacios


supuran la ardiente melancolía


de un territorio indómito,


marcado por la disolución.






Perdido el ensueño y el arraigo


Caen ebrios en su proclama


Los agitadores y los esbirros


Perros de una leva poderosa


Se pierden en la bruma invencible


Vuelven a la Cueva, donde el Chivato reposa


Milenario en su relato,


Salvaguarda del acabóse.






El puerto reconoce su fuego


Sus cerros le gritan a sus árboles


Y sus árboles a los extraviados


Porque, transeúntes, volverán del olvido


Su patria será restaurada


En la medida que recobre


El ritmo de la inmanencia.






Cenizas del tiempo harán de los caídos


Una palabra tenue, vibrante


Ante la sordera del dogma


Y todos los incendios volverán


A su origen, tal cual el suelo


Que brotó infundado.




Breve relectura de Ginsberg



He visto a los mejores escritores de mi generación


Fascinados con los cantos de sirena del progresismo


Empachados de materialismo dialéctico


Poseídos por un espíritu de deconstrucción y por un embrujo iluminista


Entregados de lleno a la pura inmanencia


Sin otra palabra que la efímera ni otro horizonte que el ocaso.




Hidra



¿Qué pasaría si te dijera que toda aparente disidencia al sistema no es más que otra cabeza de la gran Hidra que nos somete? ¿Otra maniobra cuidadosamente calculada para hacernos caer una y otra vez en las infaustas redes de la Bestia, enrevesadas e incomprensibles para el ojo de la ideología?


¿Qué pasaría si te dijera que nunca hubo solidez a la cual arrimarnos y siempre navegamos, evanescentes, hacia el naufragio, en el mar de la disolución, sobre todo, cuando las palabras amor, democracia y política perdieron sus contornos y su semántica originaria?




Contra historia



Querida ¿Qué es el mal? ¿Qué es el amor?


¿Cuál es la fuerza que nos posee?


¿Dónde quedó la belleza? ¿Dónde la verdad?


¿Dónde la fuerza que vela por ti, por mí?


¿Qué es lo que nos hace avergonzarnos


de haber mentido y de haber roto los espejos?


¿De hacer vista gorda a la inclemencia del fuego?



Y mientras el mundo continúa su orgía incesante


¿Qué es lo que convierte las palabras que arrojamos


en fichas carentes de símbolo y valor?


¿Por qué es que cualquier cosa en esta tierra


que nosotros no entendemos


nos impele a estar arrodillados


y a abdicar del antiguo orden?



Las reglas de las instituciones no se cumplen


las reglas de los hombres se sabotean


pero las reglas de nuestro lenguaje presumen la sombra


por eso aún andamos a gachas


tanteando una historia desconocida


que no nos pertenece y que creemos única.



Algo nos ha dicho: despierta, no hay nada que buscar


y el deseo, invicto, reclama su porción de espíritu


su carne esotérica.


Todo lo que siempre quisimos


está aquí, en la punta de la lengua


y en la punta del lápiz, a punto de invocar


su propia marcha fúnebre


una condena anticipada, una palabra de despecho


un mundo derrumbado


ante la farsa del vidente.






Retro visión



La luz se dobla temprano alrededor del caminante


El artillero susurra suavemente su sombra en la pared


La multitud estalla desde dentro,


Un animal solitario hurga en la basura


Antes que los energúmenos se tomen el espacio


Nos encierran en una coraza y blandimos nuestra materia


Cuerpos enfermos corren rumbo al vacío


Toda la noche, los ecos de cabezas suspicaces


Sobre el cielo rojo, la cámara está filmando


Caídas las estatuas, caídas las banderas


El mundo se está moviendo estrepitosamente


¿hacia el precipicio? ¿hacia el fuego sagrado?


¿hacia un perverso cambio en las reglas del juego?


De todas maneras, nuestros libros ya han visto la luz


Sin embargo, no han callado su sombra


Y no hay forma de enmendar las palabras acribilladas


No hay forma de recuperar el estado de cosas


Previo a nuestro calamitoso desencuentro


Los hechos están consumados y las razones consumidas


En la última noche, entonces, beberemos


Beberemos para purgar nuestras contradicciones


Nos mantendremos despiertos, volveremos a aquella época


Y escucharemos a los vecinos arrojar sus fuegos artificiales


Joviales y penitentes, en la zona cero de la historia.


jueves, 9 de mayo de 2024

Anti mitológica (poema)

“Los tiempos de la justicia no son los tiempos de los hombres”
Repetías cual Electra frente al pabellón funerario de su padre
Tu voz de infanta la escucharon todos los vates desterrados
De aquel Olimpo invertido al cual se accede desde el Hades,
Y dentro del cual el Chivato porteño aguarda su regreso.
Preñada de mito, te abriste paso a través de la provincia del espíritu
Pretendías que tu voz se hiciera carne, que cobrara su porción de soledad
E hiciste de la poesía tu herida, tu coraza y tu desierto.
Voraces las palabras carcomieron su orfandad interior
Y regresaron para arremeter contra los señores del olvido
Tregua maldita en la que solo cobraron la farsa del oráculo.
La sangre, al fin, la sangre fue la savia de aquellas muertas
Había que derramarla, así fuera en sacrificio de la causa mundo
La sangre del amante, la rabia de la savia amorosa,
Vuelta hiel en la traición, hecha amarga la sustancia.
El tiempo y su sarcasmo hicieron del polvo la tragedia
Ojos devorados, tu rostro era el de la esfinge,
y proclamaste pena, y exclamaste odio, y prometiste utopía
allí donde ya no había nadie, excepto un amor chorreando
chorreando lava por los poros, inundando la palabra de ponzoña
y la media verdad en despojo, para extorsionar al próximo Edipo.

lunes, 6 de mayo de 2024

"Amo a quien ataca lo que yo creo y piensa porque me ayuda a templarme y a revisar lo que pienso". Santo Tomás de Aquino, citado por Mario César Ingénito. Curioso que Aquino sostuvo una premisa con un espíritu muy similar a la sostenida por Voltaire, siglos después.