lunes, 13 de mayo de 2024

Hay una frase atribuida a Borges, de La ambiguedad del pensamiento, que dice: "La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce". En realidad, la cita fue modificada y figura en "La pasión del lenguaje: aproximaciones a la poesía de Jorge Luis Borges" de Mauricio Peña Davidson. La frase original dice: "Yo sé (todos lo saben) que la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece", y se encuentra en el minicuento "Notas para un cuento fantástico".

sábado, 11 de mayo de 2024

Poemario "Asonada"

Poemario que he estado preparando, entre muchos otros, durante este último tiempo. Se llama Asonada. Comprende poemas que escribí en el período 2021 - 2024. Aquí una versión preliminar del poemario. (La foto de portada es provisoria)


Asonada

Salvador Galindo
“Fuego negro que arde, pero no ilumina”.
Lucy Oporto, La cifra de Dios.



La Gran Conspiración



¿Qué pasaría si te dijera que todo fue una pura mascarada y que hay mucha más opacidad tras el tejido de los sueños?


¿Que detrás de los ideales que seguimos con tanta insistencia, estaban los mismos que financiaron el sistema que combatimos?


¿Que aquellos rebeldes que creímos incorruptibles, escondían su propia agenda secreta y servían a intereses todavía ocultos al profano?



¿Que detrás de cada supuesto despertar se sobrepuso otra ilusión que procuraba mantenernos en un estado de sonambulismo, divorciados de la propia conciencia?






No hubo, no hay, no habrá




No hubo nada más utópico que nuestro pasado.


No hay nada más real que nuestro presente.


No habrá nada más distópico que nuestro futuro.






Apátridas





Progresistas y globalistas, con sumo nihilismo


Han hecho de la Bandera de Chile su propia mordaza


El símbolo de poder sobre el que despliegan su arrogancia victimizante


Forzando al país a tolerar sus exabruptos


Sirviendo a la agenda que los apátridas añoran.





La fiesta






Mucho antes de la peste,


La poesía era una verdadera fiesta


Y adorábamos declamar, reír, fingir


Bajo esa noche de expresiones teatrales


Cada quien con un gesto impostado


Procuraba robarse el corazón de los presentes


Pero tú y yo sabíamos que eso era pura mascarada


Que al día siguiente éramos simples comensales


Soñadores con demasiada imaginación


Creadores sin suficiente presupuesto


Apostándolo todo en un encuentro prohibido


Abominando de nuestras propias sombras


Con el rumor de la belleza y la virtud


Conspirando bajo el velo de las sábanas


Que envolvían los libros desparramados


Y los cuerpos extasiados,


arrebatados por la pasión, la complicidad


seducidos por el fulgor de la muerte


Por el presentimiento de un mañana sin nombre.


Mucho antes de la peste,


Mucho antes del gran estallido


Mucho antes de la gran conspiración


La poesía era una fiesta


Y a nosotros el destino, inexorable, nos apagó la música


Nos apagó las luces para huir de todos los sitios


Y acabar divididos por la imbatible noche


Que todavía vela cada una de nuestras palabras


y nuestros silencios, cómplices del desastre.





La peste






La peste llegó después de un estallido


como metáfora de nuestra ruptura


un quiebre institucional de nuestros sentimientos


trama de pánico, desengaño y disolución.


En mi corazón ya no hay patria


en el tuyo, solo la bilis y el caos.






Asonada






Un octubre sin fin fue abortada nuestra promesa


Un octubre sin fin fue evadido todo significante


Un octubre sin fin fue extinguido el tiempo


se perpetuó la bilis y se propagó la peste.


Un octubre sin fin no hubo sacralización


Un octubre sin fin fue usurpado el espíritu


Un octubre sin fin fue disuelto el sentido


El palacete y la estatua de los significados


Se quemó la ciudad y con ella el alfabeto de nuestra historia.



De nada sirvieron las palabras conjuradas en la noche


De nada sirvieron los rituales al fulgor de la belleza


Demasiado sudor nos empañó el destino


Demasiada pasión nubló la intentona


Por revertir el curso satánico del poder


Miramos a sus ojos y las grietas de su espejo


Penetraron en nuestra mirada


Ebria de ánimo disolvente


Tuerta de tanta redundancia


De tanto vigilar al adversario en las calles


De tanto alentar la dialéctica en las sombras


De tanto impulsar la inquina, a diestra y siniestra


y escarbar entre los muertos


Para profanar, una y otra vez, el grito de la eternidad.





Patrimonio vencido 




Valparaíso ha sido testigo de una ruptura, un quiebre y una caída: la suya propia.


Otros, cínicos y traidores, ya han escrito su crónica: la de la descomposición.


¿Oíste acaso cuando tocaban las sirenas del último día? ¿Cuando sobre nosotros cayeron los escombros del tiempo nocturno?


Sorda de espíritu, ebria de corazón, arremetiste contra quien osó darle un puerto a tu angustia.


Ahora ese sentimiento cobra la forma del patrimonio vencido


Por la codicia sin horizonte y la violencia sin patria.





El golpe




El golpe que me diste


aquella noche


ya había ocurrido en el tiempo


otros fueron sus protagonistas


porque la historia es un vórtice


sin principio ni final.


El golpe que me diste


aquella noche


fue un asalto


una ruptura del orden


que acababa de desmoronarse.


Nuestra sangre


trataba de encontrar una salida


las calles no dieron abasto


solo fueron testigos indolentes


Los gritos penetraron como nunca


las voces hablaron del odio


que empezaba a incubarse.


Solo hacía falta la historia


para darle un sentido a la farsa


sobre todo el fuego


bien incendiado en la memoria


y el corazón


encadenado al recuerdo


tapizado por una herida


tan estéril como inútil.


Solo hacía falta la historia


pero nuestro golpe


nuestro secreto golpe personal


nunca tuvo resonancia


solo furia y penitencia.


Hay palabras


que duelen más que sus significantes.







Caímos en la trampa de la consciencia alienada




Caímos en la trampa de la consciencia alienada


hicieron de nosotros pura carne de cañón,


nos transformaron en la marioneta de algún titiritero


escondido entre sombras conspirativas.






Al momento de tomarnos la mano


marchando por esas calles desvencijadas


entre consignas, rimas inútiles y disonantes


estábamos sellando la trama de la discordia.



Nunca hubiéramos podido intuirlo:


una parte de nosotros quería quemarlo todo


pero la otra se aferraba a los viejos esquemas


Asustados, hicimos del otro la proyección de nuestra más profunda carencia.


Y a eso le llamamos amor. Y a eso le llamamos poesía.



¿Cuál será el final de esta obra difusa? ¿Cómo sigue la farsa?


¿Quién leerá nuestros lamentos e imprecaciones,


cuando las páginas sean consumidas por su propia combustión?


Caído el relato, caída la máscara


Ya no hay calle de regreso,


ya no hay página de sangre


solo nos queda el rostro descubierto


y una mentira insolente


que reclama justicia.





Octubre



Mientras ardía Chile


Nosotros ardíamos en la cama


(precipitando el clímax de la historia)


Hoy solo resta el escombro, la ceniza


El ojo infectado de la desilusión.

...

Una casa figura quemada


En el fondo de la noche


Es la recurrencia fatal


Es el mito incendiario


Del fin de la historia.



Un país ardía


Mientras nuestros cuerpos


ardían de placer


Demasiado ebrios en su disolución


Y nunca alcanzaron a adivinar


El futuro, el quiebre, la plaga.






El fuego no tiene sombra





Pero atrae penumbras


Sobre Valparaíso, abrasada la consciencia


Ya no caen aves electrocutadas


Solo corazones incendiarios.






El fuego corroe la memoria


Pretende la purga pero inflama la rabia


Sin luz, arrancan los tejidos,


Arrancan sus casas y sus espacios


supuran la ardiente melancolía


de un territorio indómito,


marcado por la disolución.






Perdido el ensueño y el arraigo


Caen ebrios en su proclama


Los agitadores y los esbirros


Perros de una leva poderosa


Se pierden en la bruma invencible


Vuelven a la Cueva, donde el Chivato reposa


Milenario en su relato,


Salvaguarda del acabóse.






El puerto reconoce su fuego


Sus cerros le gritan a sus árboles


Y sus árboles a los extraviados


Porque, transeúntes, volverán del olvido


Su patria será restaurada


En la medida que recobre


El ritmo de la inmanencia.






Cenizas del tiempo harán de los caídos


Una palabra tenue, vibrante


Ante la sordera del dogma


Y todos los incendios volverán


A su origen, tal cual el suelo


Que brotó infundado.




Breve relectura de Ginsberg



He visto a los mejores escritores de mi generación


Fascinados con los cantos de sirena del progresismo


Empachados de materialismo dialéctico


Poseídos por un espíritu de deconstrucción y por un embrujo iluminista


Entregados de lleno a la pura inmanencia


Sin otra palabra que la efímera ni otro horizonte que el ocaso.




Hidra



¿Qué pasaría si te dijera que toda aparente disidencia al sistema no es más que otra cabeza de la gran Hidra que nos somete? ¿Otra maniobra cuidadosamente calculada para hacernos caer una y otra vez en las infaustas redes de la Bestia, enrevesadas e incomprensibles para el ojo de la ideología?


¿Qué pasaría si te dijera que nunca hubo solidez a la cual arrimarnos y siempre navegamos, evanescentes, hacia el naufragio, en el mar de la disolución, sobre todo, cuando las palabras amor, democracia y política perdieron sus contornos y su semántica originaria?




Contra historia



Querida ¿Qué es el mal? ¿Qué es el amor?


¿Cuál es la fuerza que nos posee?


¿Dónde quedó la belleza? ¿Dónde la verdad?


¿Dónde la fuerza que vela por ti, por mí?


¿Qué es lo que nos hace avergonzarnos


de haber mentido y de haber roto los espejos?


¿De hacer vista gorda a la inclemencia del fuego?



Y mientras el mundo continúa su orgía incesante


¿Qué es lo que convierte las palabras que arrojamos


en fichas carentes de símbolo y valor?


¿Por qué es que cualquier cosa en esta tierra


que nosotros no entendemos


nos impele a estar arrodillados


y a abdicar del antiguo orden?



Las reglas de las instituciones no se cumplen


las reglas de los hombres se sabotean


pero las reglas de nuestro lenguaje presumen la sombra


por eso aún andamos a gachas


tanteando una historia desconocida


que no nos pertenece y que creemos única.



Algo nos ha dicho: despierta, no hay nada que buscar


y el deseo, invicto, reclama su porción de espíritu


su carne esotérica.


Todo lo que siempre quisimos


está aquí, en la punta de la lengua


y en la punta del lápiz, a punto de invocar


su propia marcha fúnebre


una condena anticipada, una palabra de despecho


un mundo derrumbado


ante la farsa del vidente.






Retro visión



La luz se dobla temprano alrededor del caminante


El artillero susurra suavemente su sombra en la pared


La multitud estalla desde dentro,


Un animal solitario hurga en la basura


Antes que los energúmenos se tomen el espacio


Nos encierran en una coraza y blandimos nuestra materia


Cuerpos enfermos corren rumbo al vacío


Toda la noche, los ecos de cabezas suspicaces


Sobre el cielo rojo, la cámara está filmando


Caídas las estatuas, caídas las banderas


El mundo se está moviendo estrepitosamente


¿hacia el precipicio? ¿hacia el fuego sagrado?


¿hacia un perverso cambio en las reglas del juego?


De todas maneras, nuestros libros ya han visto la luz


Sin embargo, no han callado su sombra


Y no hay forma de enmendar las palabras acribilladas


No hay forma de recuperar el estado de cosas


Previo a nuestro calamitoso desencuentro


Los hechos están consumados y las razones consumidas


En la última noche, entonces, beberemos


Beberemos para purgar nuestras contradicciones


Nos mantendremos despiertos, volveremos a aquella época


Y escucharemos a los vecinos arrojar sus fuegos artificiales


Joviales y penitentes, en la zona cero de la historia.





Rubicón



Frente a ti, una puerta cerrada

En el sótano, una llave

No puedes entrar ni tampoco salir

No sabes lo que aguarda afuera

Y temes lo que haya dentro

Un reguero de bombas

Inunda tu pantalla

Un cruce de plomo

Delinea un contorno invisible

Los ojos avizoran un fuego original

Dicen que la respuesta está en tus manos

Tus manos llagadas, indescifrables

No hay lugar donde no te alcance la bruma

Las llamas te acompañan por las noches

Abrigan tu ciudad interior

En un chamuscado retorno

Caminas otra vez para espantar el pasado

Caminas porque en la errancia

Ejercitas el consuelo y el rigor

Los perros rodean el lugar, silenciosos

Quieres huir, pero la llave no aparece

Fuerzas la salida y el tiempo te recibe visceral

Los rostros que creías reconocer

Son solo los reflejos de tu espejo enterrado

Quieres confiar en tus pasos

Y tu sombra delata a los necios

Persistes en la página ensangrentada

Aguantas la trama del instinto con todos sus ripios

Rehúsas mirarla a la cara

Y te avergüenzas de todas tus palabras

Porque temes borrar el relieve de su rostro

Su rostro pálido, su baile oscuro

Al ritmo del vértigo

la pasión engendra la historia

impregnada de tu máscara

la historia sin labios y sin secreto profundo

ningún otro misterio en su pecho

podrá ayudarte a sortear el laberinto

allí donde creíste vivir un mito

solo restó aquel golpe y la poesía

derramada contra el pavimento

Al fin huiste con el dolor a cuestas

Porque todo gritaba huida

Cruzaste, temerario, su río de veneno

Te endureciste ante la infamia

Cruzaste, huiste

Y el rostro fue arrancado de cuajo

El odio se volvió una pira salvaje

Al punto de la incineración

Y pronto el olvido alumbró el camino

De regreso a tu centro

Y te inclinaste ante la cruz del ocaso

Abrazaste, con orgullo, la sombra de la duda.





El Sol infectado



¿Dónde quedaron las últimas palabras que nos dijimos?

¿En qué rincones? ¿Bajo qué llaves?

¿Qué fue del secreto inconfesable de aquella noche?

Cayó en nuestros corazones

La luz con toda su locura estrepitosa

Y las sábanas continuaron rugiendo

Todo este tiempo, clamando por necesidad

Una melancólica desesperación.

¿Dónde quedaron los últimos brillos de nuestros ojos?

¿En qué mirada perdida?

La década acabó y nos arrastró consigo, implacable

Nuestro sexo resplandeció agónico

Sofocó las palabras que pudimos habernos dicho

Palabras necias que no alcanzaron

A articular ninguna metáfora

Por miedo a significar demasiado.

El cielo se volvió naranja

Algo espeso e incandescente lo cubrió

Un humo y un gas sobre el tiempo

Señales de un último estallido

Antes de la fuga definitiva

Algo espeso inundó los sentidos, lo sé

Pero ya no sabía qué incendio lo provocó

Ni qué hechizo insistía en hundirnos.

Cerro abajo, no quise retroceder

No quise darme la vuelta ni mirarte a los ojos

Por última vez

Por miedo a perderme en ellos

Para siempre, de manera irreversible

Y acabar infectado, no quise

Por miedo a significar demasiado

¿Dónde quedaron las palabras que nos dijimos?

¿Los versos que prometí escribirte?

¿En qué pavimento roto? ¿Bajo qué acera?

¿Qué fue del secreto inconfesable de aquella noche?

Todo fue oscurecido

La realidad con su energía densa lo consumió

Cual vela durante el encierro

Lo que fue nuestro se inclina ahora

Ante el dolor y la confusión

Quise escribir poesía, traté

Pero, en su lugar, escribí un obituario

Miré fijamente al Sol negro

El Sol al rojo vivo de aquella tarde infinita

Y mi conciencia fue devorada por él

Disolviendo el fuego secreto

Que aún nos mantenía unidos

¿Dónde quedó nuestra piel temblorosa?

¿Dónde nuestros rostros y su máscara ebria?

¿Dónde nuestras lecturas a contraluz?

¿Dónde la posibilidad de la conexión?

¿Dónde el rencor y el odio?

¿Dónde la palabra con su materia oscura?

¿Dónde el sentido?

¿Dónde?

¿Dónde?

jueves, 9 de mayo de 2024

Anti mitológica (poema)

“Los tiempos de la justicia no son los tiempos de los hombres”
Repetías cual Electra frente al pabellón funerario de su padre
Tu voz de infanta la escucharon todos los vates desterrados
De aquel Olimpo invertido al cual se accede desde el Hades,
Y dentro del cual el Chivato porteño aguarda su regreso.
Preñada de mito, te abriste paso a través de la provincia del espíritu
Pretendías que tu voz se hiciera carne, que cobrara su porción de soledad
E hiciste de la poesía tu herida, tu coraza y tu desierto.
Voraces las palabras carcomieron su orfandad interior
Y regresaron para arremeter contra los señores del olvido
Tregua maldita en la que solo cobraron la farsa del oráculo.
La sangre, al fin, la sangre fue la savia de aquellas muertas
Había que derramarla, así fuera en sacrificio de la causa mundo
La sangre del amante, la rabia de la savia amorosa,
Vuelta hiel en la traición, hecha amarga la sustancia.
El tiempo y su sarcasmo hicieron del polvo la tragedia
Ojos devorados, tu rostro era el de la esfinge,
y proclamaste pena, y exclamaste odio, y prometiste utopía
allí donde ya no había nadie, excepto un amor chorreando
chorreando lava por los poros, inundando la palabra de ponzoña
y la media verdad en despojo, para extorsionar al próximo Edipo.

lunes, 6 de mayo de 2024

"Amo a quien ataca lo que yo creo y piensa porque me ayuda a templarme y a revisar lo que pienso". Santo Tomás de Aquino, citado por Mario César Ingénito. Curioso que Aquino sostuvo una premisa con un espíritu muy similar a la sostenida por Voltaire, siglos después.

domingo, 5 de mayo de 2024

"El patio del poder" (2024) de Renato Garín González.

Interesante:

"Por los pasillos, aulas y patios de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile han deambulado personas de influyente apellido, juristas y políticos que han sido protagonistas del devenir nacional, desde Augusto Pinochet y Ricardo Lagos, hasta Fernando Atria y Gabriel Boric, entre otros. La construcción de este edificio en 1938, encargada por Arturo Alessandri Palma, definiría no solo un estilo y una visión arquitectónica de vanguardia, sino el levantamiento de un núcleo de poder que influenciará a Chile completo. El abogado y político Renato Garin trae una completa revisión histórica de los cambios sociopolíticos que ha vivido nuestro país desde inicios del siglo pasado y hasta hoy, vistos desde un punto de referencia tan icónico como reservado. A través de la lupa del autor, se expone una academia que contiene su propia cultura, que ha modificado los caminos de Chile en cuanto a su filosofía legislativa y, consecuentemente, nuestra evolución como nación."

"Quizá ese sea el secreto último de 1984, esa profecía tenebrosa que siempre fue más allá de las cifras, las fechas o la literalidad: Orwell no nos legó un evangelio cerrado, sino un manual de instrucciones. Un Talmud, no una Torah. Cada generación necesita (re)interpretarlo, pues, para poder llegar a comprenderlo."

sábado, 4 de mayo de 2024

“La mirada subterránea y el Chile sombrío de la transición”. Reseña de “Hay algo allá afuera” (1990) de Pepe Maldonado.


“Cada día despiertas

Con el sol en sueños

Ni ves, no percibes lo que ha de suceder”

Hay algo allá afuera, La Ley.

El cine tiene sus caminos misteriosos. La primera vez que vi “Hay algo allá afuera” (1990) de Pepe Maldonado, fue en el cine Insomnia, el año 2010. Por aquel entonces, se radicaban en el Teatro Mauri de Valparaíso. La función fue en una sala amplia, heladísima y con sillas improvisadas. Todo muy “under”. Era la tónica de los “insomnes” porteños, ese era el espíritu cinéfilo: ver películas de cine b y cintas de culto en lugares alternativos de la ciudad, de forma itinerante, a la sombra de las grandes producciones. Había toda una mística en lo precario y un verdadero club en torno a la cultura cinematográfica contracorriente. “Hay algo allá afuera” se estrenó, aquella vez, en el contexto de la Semana Fantástica. Fue, de hecho, el propio Pepe Maldonado, en calidad de invitado estrella, para acudir al visionado de su gran obra, digamos, su “obra cumbre”, su “rara avis”.

Se trataba de un estreno único en Valparaíso, considerando que la obra nunca fue estrenada por esos lares y permaneció en el olvido durante más de veinte años. Me impactó de tal manera que nunca más conseguí volver a verla. No estaba en ninguna otra parte. Mi obsesión con la película duró años. Buscaba videos en youtube y solamente encontré trailers y un making off. A lo mucho, extractos. Algo en la película invadió mi sensibilidad cinépata. Puede que el contexto en que la vi, la noche que encubría la función, esa reminiscencia lynchiana para una película chilena creada en el período de la transición a la democracia. Todo ese conjunto se volvió un imaginario que no paró de perseguirme, hasta mucho tiempo después.

La cosa es que por fin di con esta película completa, que en su tiempo fue pionera del género "Thriller psicológico" en el cine chileno. La encontré en youtube publicada en el canal Viva VHS. En su descripción se señala que el canal está dedicado “al rescate de aquellas ediciones de películas en VHS, para recordar aquellos videoclubs de barrios y sellos de distribución nacional olvidados por la obsolescencia.” Un verdadero trabajo de arqueología cinéfila hizo posible el milagro, y la película se resiste a su desaparición.

Pepe Maldonado contaba, en un programa de youtube, que en el período en que se estrenó la película en Viña del Mar, año 1992, había mucha falta de financiamiento. Había un ambiente cinéfilo, aunque todo lo relacionado a la cultura del cine estaba repleto de incertidumbre. La cuestión era muy simple: Chile carecía de una industria nacional pujante, y todo se hacía más o menos a pulso y con apoyo de productoras particulares. La idea era que se vendiera en VHS a las cadenas de televisión locales, porque esa era la manera de visibilizar las cintas. Fue así que “Hay algo allá afuera” logró ser vendida a TVN para su promoción a todas las pantallas del país.

Algo hacía distinta a la película “Hay algo allá afuera”: su capacidad para crear una realidad alterna, sin referencia explícita al contexto político de la Dictadura, como era la usanza en la propuesta de los creadores de aquellos años. La propuesta de Maldonado iba por otra vereda: un cine que toma elementos del thriller, el drama, el suspenso, incluso con toques oníricos, “a lo Lynch”, y también una cosa “polanskiana”, en clave criolla.

El argumento es más o menos el siguiente: un hombre llamado Bruno (Luis Gnecco), sueña con una mujer y luego encuentra la foto de ella en su apartamento. Se da cuenta que hay manchas de sangre por todos lados, lo que lo deja perplejo y lo obsesiona al punto de ir en busca de la mujer misteriosa. En otra parte, un taxista llamado Daniel (Francisco Reyes), recorre de noche las calles de Santiago. De pronto, se sube al taxi una joven de nombre Teresa (Luz Croxatto) y le pide que la lleve hasta un motel en las afueras de la ciudad. Lo que pasa de ahí en adelante teje la trama de relaciones entre estos tres personajes. Sus vidas se irán entrelazando a tal punto que ya no será posible distinguir entre realidad y sueño.

Algo que capturó poderosamente mi atención fue la lectura bíblica que hacía Daniel, el taxista, quien recuerda, de vez en cuando, con su existencialismo trasnochado y su soledad crónica, a un Travis criollo en los suburbios al fin del mundo. Daniel leía pasajes del apocalipsis, y esos pasajes representaban, de manera simbólica, ciertos momentos de su relación con Teresa y la de Bruno con ella. Se leen, en específico, los pasajes del Apocalipsis 12, 17 y 20. Hace referencia al “misterio de la mujer y la bestia que la trae”. Luego, se habla de “una mujer vestida del Sol con la luna debajo de los pies”. Si se lee bien de acuerdo al texto bíblico, Apocalipsis 17 hace alusión a “La Gran Ramera” que era asociada a Babilonia, el pueblo de la perdición; y Apocalipsis 12 hace referencia a la “Virgen María”, que tenía su correspondencia con la Iglesia o con el Pueblo de Dios.

Según esta lectura, entonces Teresa podría encarnar a ambas mujeres: la fatal y la virginal, en un juego de dualidades. Lo bueno que en la película se evoca la dualidad sin esa lógica binaria entre el bien y el mal. Antes bien, la trama se desenvuelve, en todo momento, en un reflejo constante de claroscuros. No se sabe si Daniel puede ser el equivalente a Juan en el Libro del Apocalipsis o si se trata del “Ángel enviado por Dios” para acabar con el “Dragón”. Tampoco se sabe si Bruno era parte de Teresa, o Teresa era parte de Bruno, dos en uno. Eso queda a la interpretación del espectador insomne. Hay una cosa muy lynchiana que recuerda al tema del “doppelganger”, ese doble oscuro u oculto que redunda en una búsqueda interior o espiritual, por supuesto, siempre bajo el halo del sueño y del misterio.

Todo ocurre en un ambiente muy oscuro y en una atmósfera onírica. Hay también, en la película, mucha soledad. Santiago rezuma abismo: largos salones, discos semi vacías, escaleras largas en casonas antiguas, calles cerradas y despobladas. Jorge Olguín se refirió a la película como su “principal referente” y, en un programa junto a Pepe Maldonado, hizo referencia a la representación de un Santiago sórdido, siempre nocturno, con elementos de terror. La sensación de que en cada esquina puede aparecer alguien con malas intenciones o acechar algo desconocido. Sería, para Olguín, como el Santiago actual: esa decadencia, esa conexión visual con lo oscuro, con lo sombrío, desprende un “olor” a toque de queda. Ciertamente, sus percepciones coinciden con el escenario reciente. Los negocios cierran temprano, lo que deja el campo libre para la percepción de inseguridad. De cierta forma, el Santiago de “Hay algo allá afuera” nos retrotrae inmediatamente al Santiago de los noventa, y tiene una resonancia increíble con el presente. Una ciudad con personalidad propia, aunque una personalidad amenazante, una sombra de la propia ciudad en su versión más enigmática.

“Hay algo allá afuera” no obtuvo la crítica ni la recepción esperaba, pero eso mismo la convirtió, con el tiempo, en una indiscutible cinta de culto, como aquellas que solo se pueden ver en un clásico recinto municipal gracias a la gestión de unos apasionados “cinépatas”. Existe una obsesión con lo retro, con lo análogo, con la imagen porosa, que me liga de manera visceral a esta clase de cine, quizá la sombra de un pasado irrealizable, un romanticismo de una época que nunca se vivió. Una imposible nostalgia, un alucinante desfase en el tiempo y, sin embargo, una resonancia tan viva de un país soñado, uno traumado por su historia y preñado de un futuro “en la medida de lo posible”. Ese algo que está afuera a la intemperie puede ser cualquiera o bien puede ser el propio Chile con sus tremendismos y escenarios apocalípticos. Es el propio espectador el que seguirá dentro, sumergido en aquella mirada.

No quedan originales de “Hay algo allá afuera”. Según Maldonado, su antiguo productor tiene los negativos. En la práctica, se los apropió, y es amo y señor de la cinta. Maldonado no puede tener el original de su propia creación. Lo único que existe es una copia muy deteriorada, un positivo de 35 mm, que podemos ver en línea. Para el director, la última posibilidad de restaurar la cinta sería recuperar los negativos y digitalizarlos. Solo así podría “morir feliz y en paz”. Definitivamente, ni las películas de Orson Welles estaban tan perdidas como nuestra película de culto. Tenemos, de momento, una reliquia escondida tras bambalinas de la pantalla grande, y una creación cinematográfica perdida en el tiempo que es capaz de desafiar nuestra propia historia y nuestro propio imaginario. Véala, con confianza, si es que se atreve a salir de sí mismo, de su propia vida rutinaria y no tiene miedo de encontrarse con “algo allá afuera”.

A propósito del "Perro Matapacos": "Ninguna revolución en el mundo puede ser liderada por un perro que, además, no tiene idea de lo que está pasando. El perro es el ser más inocente de todos. Un perro no puede ser un ideólogo de ninguna revolución”. Rafael Gumucio

viernes, 3 de mayo de 2024

En el Día Mundial de la libertad de prensa:


Mayelín Rodríguez Prado grabó el momento en el que la Policía cubana golpeó a tres niñas durante una manifestación en Nuevitas, ciudad cubana, así como otras escenas represivas durante las protestas que ocurrieron allí en 2022. Abogados y entidades de derechos humanos dijeron que su caso es un ejemplo más de la represión que existe sobre la sociedad civil en la isla."
Vi en el puestito de un caballero en Uruguay otro ejemplar del proyecto de Nueva Constitución del 2022. Su portada estaba polvorienta. Retrocedí y le eché un vistazo. Justo arriba del ejemplar, había un libro llamado "¡Comprométete!" de Stéphane Hessel y Gilles Vanderpooten. "Un alegato contra la indiferencia", rezaba el subtítulo. "Pregunte, sin compromiso", dijo el caballero que vendía, al verme interesado. "La consulta es gratis", remató.