viernes, 5 de mayo de 2023

El periodista chino Fang Bin, quien se hizo conocido el año 2020 por mostrar algunas realidades no documentadas del virus, fue liberado el domingo pasado, luego de tres años de encarcelamiento. Siempre se opuso a la narrativa oficial impulsada por el orwelliano Estado comunista chino. Eso le valió el descrédito y la persecución penal. Fang Bin se había hecho de un nombre en las redes sociales al tratar de documentar las muertes en los hospitales de Wuhan, mucho antes de que el virus se propagara a nivel internacional y se encendiera la alarma sobre su emergencia pandémica.

Tras su salida de prisión, Fang Bin está lejos de librarse de la amenaza estatal del gobierno, ya que aún cumple una condena de libertad relativa vigilada por el Ministerio de Seguridad Pública. En efecto, si el periodista “vuelve a hacer ruido” lo meten preso de nuevo, quizá de manera indefinida, según contó su abogado. ¿Fue Fang Bin un mártir de la incomunicación covidiana o un chivo expiatorio para escarmentar al resto del globo, con respecto a los incontables relatos que aun hoy siguen siendo motivo de censura o de estigmatización?

Incluso después de una meteórica carrera de vacunación a nivel planetario, una considerable curva descendente en los contagios masivos y la propia declaración de la OMS sobre el fin de la emergencia, el tabú respecto a cosas como el verdadero origen del bicho, la manipulación geopolítica de la pandemia y los efectos adversos de la vacunación experimental, se mantiene más allá del tiempo y de las circunstancias. Quiere decir que iniciativas como las de Fang Bin continúan siendo testimonio, palabra viva, anticuerpo para el lenguaje del poder, porque, después de todo, siempre se trató de eso: del poder viralizado a su potencia. El bicho fue el paroxismo del control, la metástasis del sentido, el orden de lo informe.

jueves, 4 de mayo de 2023

Me llamó la chica con la cual salí, para avisarme que ya consiguió trabajo. La felicité en grande. "Enhorabuena", le dije. "No vayas a arrugar", agregué. "¡Qué pesado! Obvio", contestó ella, muy segura. Al instante, cortó. Se despidió rápido, porque, de hecho, se encontraba trabajando en su nueva pega. No entendí bien, pero era algo en terreno. En efecto, su verdadero desafío comenzaría ahora: mantener la pega el mayor tiempo posible. En estos tiempos, se ha vuelto una hazaña. Escucharla con tal regocijo fue como si le hubiese vuelto el alma al cuerpo. Saber que ella encontró trabajo le dio otra mirada a mi propia situación laboral, una que creía agobiante al extremo. Así, su sola y sencilla satisfacción pudo hacerme cambiar el día. A veces, solo hace falta una llamada, una llamada para afinar el sentido y volver a andar.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Escribí en la pizarra un mapa mental sobre La metamorfosis de Kafka, para que los cabros pudieran tener una idea general del libro. Un estudiante andaba cerca cuando yo explicaba. Lo raro es que andaba agachado, próximo a la mesa del profesor. “¡Mire, Gregorio!”, gritó, ante la sorpresa de sus compañeros. “¿Qué pasó?”, le pregunté, intrigado, al cabro. “Es Gregorio, profe, mire”, señaló el cabro en dirección al suelo. Me pidió con la mano que me acercara a ver. Él repetía lo de Gregorio, como si realmente se hubiera encontrado al protagonista debajo de la mesa. Al mirar hacia donde apuntaba el cabro, se trataba de un chanchito de tierra que hacía todo lo posible por escapar de ahí. “Pero Gregorio es un escarabajo”, le expliqué al cabro, con un tono aguafiestas. “Pero este es otro Gregorio”, respondió el chico, muy ingenioso, al saber que había equivocado el bicho en el cual el protagonista se metamorfoseó. ¿Y si lo hizo a sabiendas? Este otro Gregorio se habría convertido en un chanchito de tierra. Su sola imagen me hormiguea la mente. ¿Y si existiese otra versión de La metamorfosis, una en que el personaje muta en otra criatura? ¿Y si el chanchito de tierra realmente abrigara en su ser a un hombre devenido animal? Nadie podría saberlo, salvo su propia consciencia atormentada por el absurdo.

lunes, 1 de mayo de 2023

La chica con la que tuvimos algo el año pasado me cuenta por interno que está desesperada: lleva días buscando pega, sin éxito. Me deseó un feliz día. Como buen caballero, la saludé de vuelta, pero dijo, irónica, que no era el día de los cesantes. "¿No me habrán hecho brujería?", se preguntó, no con menos imaginación. Para ella, el hecho de no encontrar nada de trabajo después de tanto tiempo buscando, ya obedece a variables que exceden su voluntad. Cabe decir que solo le falta el examen de grado para titularse en lo que estudió, pero mientras, tanto, quiere algún trabajo, por informal que sea, para pagar lo que le queda de carrera. Le insistí en que fuera paciente, que yo podía ayudarla a modificar el cv, pero que anduviera piano a piano. Curioso que me haya expresado todo esto un primero de mayo, día lunes. Son tiempos difíciles. La verdad es que la pega urge, para todos, ya sea por su ausencia, como en el caso de la chica, o precisamente por su presencia, como es el caso mío. Hay que estar en los zapatos de quien busca, aunque también en los zapatos de quien carece de tiempo y desea mejores oportunidades. Repito: la pega urge, ya sea por ausencia o presencia. Si ella encuentra algo y la contratan, ¿será suficiente? Si yo permanezco o encuentro algo mejor en otra parte ¿estaré realizado? El trabajo te interroga, te "pega", literalmente, y toca mentalizarse para su pérdida y su exceso. Es nada menos que el costo por ser independiente, realización, felicidad aparte.
Descanso de la pega, pero nunca dejo de trabajar en lo mío: la escritura. Por eso, estoy trabajando en un nuevo libro, una recopilación de ensayos críticos y crónicas sobre política chilena. El período que abarca comprenderá desde aquel lejano 18 de octubre del 2019 hasta el presente. El libro se seguirá escribiendo, conforme la realidad política siga avanzando, hasta darle un pronto punto final. Se toma como punto de partida aquella paradigmática fecha, cuyas esquirlas, para bien o para mal, nos persiguen hasta el día de hoy. Los epígrafes de este hipotético libro sobre política en Chile serán los siguientes:
“Post tenebras lux” Lema del primer escudo de armas de Chile.
“En Chile, la noche es eterna”. Ennio Moltedo.

Nuevo proceso constituyente: izquierdas y derechas “excéntricas” en resistencia

Para ser franco, no sé cómo empezar a hablar sobre este nuevo proceso constituyente. Quizá sea porque tampoco se sabe cómo comenzó, cómo fue posible siquiera que comenzara, a no ser que fuera bajo una posibilidad maquiavélica, en un Chile marcado por el paroxismo de su polarización. Todo en este nuevo proceso huele a encierro, huele a final anunciado. Basta con percibir la atmósfera política del presente para confirmar que este nuevo proceso constituyente nació muerto. En efecto, se trataría, en un alcance metáforico, del “cadáver resucitado” del difunto proyecto constitucional rechazado por la ciudadanía. Resulta que todos los políticos de la corriente principal se reunieron y pactaron este nuevo acuerdo, sin consultar en un plebiscito de entrada la continuación de este otro proceso que ya venía con la carga de la derrota.

Puede que lo único bueno de este próximo fraude eleccionario del 7 de mayo, a mi juicio, sea que prácticamente nadie haya salido a paquear al otro por su elección. Bueno, al menos no con la estridencia del año pasado. Tengo varias hipótesis: primero, se trataría del desgaste mismo del proceso expresado en las distintas fuerzas políticas en juego; y segundo; consistiría en el desencanto generalizado a raíz del rechazo del proceso anterior. Bajo estas variables, el proceso, más allá de los futuros resultados, acaba redundando en una intentona por salvaguardar una nave ya extraviada, naufragando en un torrentoso mar de inseguridad pública, crisis inflacionaria y divisionismo político.

Para casi todos los desencantados, ya sea viudos de la primera propuesta o críticos de la misma, resulta evidente que cualquier forma de reanudar el proceso constituyente provocará tirria entre los sectores más escépticos de la política institucional. Por eso mismo, han cobrado voz y entidad otras fuerzas que rechazan de plano la posibilidad de un nuevo acuerdo. Estas fuerzas difieren en sus motivaciones y colores ideológicos, pero coinciden en la práctica: todas ellas manifiestan su repudio al actuar solapado y traicionero de nuestra clase política. Estas fuerzas se diversificaron a lo largo y ancho de toda la “temporada constitucional”, y no han hecho más que intensificar su postura, dadas las circunstancias adversas.

Nicanor Parra ya había advertido, en uno de sus versos irónicos, que “la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”. Hoy por hoy, parece que este imaginario antipoético se ha hecho realidad política y ha cobrado cuerpo en nuestro ideario de vanguardia. Así, tenemos al PC y a casi todo el espectro político del oficialismo alentando el voto a favor de su facción; y, por otro lado, tenemos a Chile Vamos, a la UDI y a RN decantándose por una Nueva Constitución, hecho reafirmado por el abogado constitucionalista Javier Couso, quien afirmó que “los únicos que no quieren son los Republicanos y el PDG”. Y he aquí el punto: tenemos también otras fuerzas que no necesariamente se desmarcan de la vieja antinomia y el antiguo maniqueísmo, pero que vibran en resonancia ante la repulsa por este segundo proceso. Para estas fuerzas, todo en él conduciría a Chile a un destino fatal, o a un abismo insondable, difícil de revertir. Sin embargo, los relatos sobre esa escatología son distintos, inclusive opuestos.

Desde la izquierda extra parlamentaria, grupos tales como el MIR, ex integrantes del GAP y facciones del disuelto partido UPA han manifestado su predilección por el voto nulo ante la votación por la comisión de expertos. Ellos quieren derrocar la “Constitución de Pinochet” a toda costa, pero entienden que no puede darse la oportunidad de escribir una Nueva Constitución, bajo las reglas de una clase política burguesa. Antes bien, buscan impulsar una verdadera Asamblea Constituyente que incluya a todas sus “bases”, sin mecanismos ni triquiñuelas excluyentes de sus actores reales: los trabajadores, los activistas a sueldo. Dada la inexistencia de un plebiscito de entrada, no les quedará otra que expresar su descontento con una leyenda de imprecación y un llamado eterno a “movilizarse”, como lo han venido haciendo desde que toda esta locura comenzó.

El Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar, una de las figuras intelectuales más representativas de la izquierda, ha sido enfático en señalar no solo la validez sino que el imperativo del voto nulo. Para él, sin duda, «no queda otra opción que anular para eliminar este diabolismo político». El nulo se vuelve, así, la expresión simbólica de un rechazo a la “cocina”. Y, como se sabe, el argumento consiste en cuestionar un proceso impuesto por la élite política y empresarial que engaña al pueblo mediante la obligación de votar en unas elecciones espurias, ajenas a sus intereses de clase.

Desde la otra vereda, se han formado grupos de carácter patriótico y soberanista, con un marcado énfasis en lo nacional. Aquí se encuentran algunos desencantados que formaron parte del PDG o que continúan en la línea de resistencia contra la idea globalista, sin afiliarse a un partido político en concreto. Alexis López Tapia es uno de los rostros que representa este sentir sin partidos constituidos, y ha planteado su opción de votar nulo, bajo el argumento de un proceso ilegítimo que atenta contra la soberanía del país, so pena de instalar unas agendas de corte totalitario, manufacturadas desde el extranjero con propósitos soterrados.

Dentro de esta misma posición, igualmente existen roces. La cuestión es que esta línea de resistencia está lejos de permanecer unida y en cohesión, como sucede también con la resistencia del otro lado. Los roces radican principalmente en la cuestión de votar o no votar. Se discute si acaso restarse del sufragio implicaría ceder terreno al bando político opuesto, o simplemente sería una forma válida de manifestar un desacuerdo con una plataforma de decisión que no reconoce el mandato del soberano, esto es, la ciudadanía votante, la cual ya se manifestó, con suma contundencia, frente al primer intento por cambiar la vigente Constitución.

Hay quienes le cuestionan a López Tapia alentar el voto nulo. Él argumenta que rechazar es ser consecuente, por cuanto la izquierda oficialista, de todas formas, habría amarrado todo con los doce puntos de los “bordes constitucionales”. Según esta lectura de la realidad, todos los partidos políticos, incluso el PDG y Republicanos, serían cómplices de lo que está pasando, y apela a levantar una fuerza política patriota “de verdad”, sin intermediarios que parasiten del erario público y sin operadores vendidos al globalismo. Los principales críticos de estas posturas citan libremente la frase de Dante, sobre el oscuro rincón del infierno reservado a los que conservan su neutralidad en tiempos de crisis moral. Frente a esto, los defensores de las ideas de López Tapia argumentan que no se trata de ser neutrales: se trataría de involucrarse, actuar, aunque fuera de la lógica del “sistema” cocinado de antemano, a riesgo de quemarse, antes de salir del horno de nuestra realidad incendiaria.

Las izquierdas y las derechas permanecen unidas, en esta pasada, bajo el marco del nuevo proceso constitucional. Claro está, las izquierdas y las derechas que forman parte de este verdadero club de elites, compuesto por una serie de expertos autodesignados. Para el escenario de anulación latente y palpitante en el medio del panorama chileno, solo existen, con relativa integridad, estas otras fuerzas ya esbozadas: los anarquistas y los izquierdistas con reminiscencia revolucionaria y el grupo diverso de los libertarios críticos del gobierno, los antiglobalistas sin partido político y los nacionalistas y soberanistas que no se identifican necesariamente con la derecha tradicional, ni tampoco con la nueva derecha.

Dentro de esta “inmensa minoría” será posible comprender una dinámica distinta a la manera de ser de la política chilensis. Es decir, una coyuntura radicalmente nueva, que tenga en cuenta el factor geopolítico en juego, las distintas variables externas que provienen de la globalización y las problemáticas internacionales, sumamente vigentes y sintomáticas de un hipotético escenario de guerra mundial, porque ese, al fin y al cabo, es el mantra de los tiempos, uno en que la disonancia y la confusión de ideas y de principios se vuelve más señera que nunca, y se vuelve el zeitgeist, el espíritu de la época.

Chile, su forma institucional, su relieve político, cobra cada vez más el significado del zeitgeist. La cuestión se aceleró de manera atómica desde el 18/10 en adelante, merced a un “malestar” ya pensado por Carlos Peña y a una creciente “instintividad sin espíritu” reflexionada por Lucy Oporto. Por eso, la sombra portaliana ha vuelto a aparecer en el horizonte de las nuevas visiones. El peso de la noche amenaza con caer sobre la levedad de las tentativas refundacionales. Y debemos entender, de una buena vez, que una se debe a la otra, que ambas surgen de la misma patria, cual reflejos quebrados de su propio rostro. No puede haber derecha sin izquierda, y no se concibe una izquierda sin una derecha. Los vestigios simbólicos del nuevo régimen siguen articulando nuestro imaginario político. Solo su cuestionamiento decisivo, su quiebre interno, su propio peso, su propia noche en el ocaso de la historia, permitirá romper el cascarón de la consciencia ciudadana.

domingo, 30 de abril de 2023

José Antonio, eterna víctima del odio (fragmento)

"Hace casi medio siglo que me opongo a esta historia caricaturesca, maniquea o de telenovela, a estos esquemas reductores contradichos por una masa considerable de hechos, documentos y testimonios. Sé que la mera consideración de valores, hechos o documentos, que contradicen la opinión de tantos historiadores supuestamente científicos (o mejor dicho militantes camuflados), conduce ipso facto, en el mejor de los casos, al silencio y al olvido, y en el peor, a la caricatura, a la exclusión, al insulto, a la acusación de complacencia, de legitimación calculada, o incluso de apología encubierta de la violencia fascista. Pero no importa, lo principal es decir lo que hay que decir. Una obra, un estudio histórico vale por su rigor, su grado de verdad, su valor científico."

Jose-antonio-eterna-victima-del-odio

"Cuando invade, nos llegamos a imaginar que el otro no está ahí para nosotros, que le ha cerrado la puerta al mundo para siempre, que nos provoca a forzarla para salvaguardar alguna mísera comunicación, porque muchas veces se nos va la vida en un abrir y cerrar de puertas, y no siempre sabemos cuándo es hora de quedarse o cuándo es hora de partir. Siempre se está saliendo de un lado; siempre se está entrando en otro. En ese adentro y ese afuera, que es nuestro y es de los otros, nos medimos." El inquilino encerrado
Lo único bueno de este próximo fraude eleccionario del 7 de mayo, a mi juicio, es que prácticamente nadie ha salido a paquear al otro por su elección. Bueno, al menos no con la estridencia del año pasado. Tengo varias hipótesis:
1 Desgaste mismo del proceso expresado en las distintas fuerzas políticas en juego.
2 Desencanto generalizado a raíz del rechazo del proceso anterior.

sábado, 29 de abril de 2023

El inquilino encerrado

Y como no podía ser menos, les traigo una crónica sobre unos acontecimientos ocurridos hace poco donde vivo. ¿Recuerdan la sección "Hogar" de mi libro Rinconada? Bueno, este texto tiene ese estilo. Se llama

El inquilino encerrado

Estaba en la cocina tostando pan, cuando sonó el timbre de la casa de manera constante. En otras ocasiones, alguien más iba a abrir la puerta, pero esta vez no. Fui a ver quién era y había un caballero detrás de la reja de la calle. Preguntó por el nuevo inquilino, un compadre de pinta gótica con el cual apenas he transado un par de palabras. El caballero dijo que era su padre, que estaba preocupado porque no le contestaba el teléfono y había quedado de venir a buscarlo para llevárselo. Le dije al caballero que no se preocupara, que enseguida subía a su cuarto para ir a verlo. Subí hasta el piso del gótico. Un sonido de llamada no dejaba de repetirse dentro de la pieza. Al mismo tiempo, golpeé en repetidas ocasiones, sin éxito. El gótico no contestaba ni daba señal alguna de estar despierto. La luz, sin embargo, permanecía encendida.

Volví a bajar donde el caballero para comentarle que su hijo no contestó ni sus llamadas ni mis toques a la puerta. Le expliqué que seguramente podría haberse quedado dormido de manera profunda. Otra hipótesis que barajé para mis adentros fue la de una renuencia a ver a su padre y un encierro deliberado en la pieza, pero la hipótesis no tenía asidero real, así que simplemente intenté tocar de nuevo a la puerta del gótico hasta que se dignara a abrirla. Nada. No resultó. El gótico seguía ahí adentro, sin abrir ni contestarle a su pobre padre esperándolo afuera. En ese momento de inquietud, el caballero se iba a una esquina para luego regresar, en cuanto abriera la puerta de la casa y le diera la próxima noticia, por inútil que fuese. Le dije al caballero, entonces, que lo mejor era hablar con la dueña de la casa.

Bajé hasta el primer nivel donde reside la dueña junto a su marido. Toqué a su puerta y tampoco contestó ¿No será que tampoco la dueña de casa desea salir, en una suerte de conspiraciones de huéspedes puertas adentro? Era improbable. Desistí de tocar a la puerta para no molestar y llamé a la dueña al teléfono. Al contestar, le expliqué todo lo que estaba pasando, por lo que ella quedó de llamar al chico gótico. No hubo caso. De esa forma, pasó un rato en que la casa entera se volvió la cámara de eco de esas llamadas perdidas retumbando en las paredes y en la murmuración del caballero que no paraba de llamar afuera, a punto de la desesperación.

En unos minutos, cuando la situación parecía estancada, subió el marido de la dueña. Fue hasta la reja de la calle y se comunicó directamente con el caballero. Se enteró de todo lo que estaba ocurriendo, así que subió hasta la puerta de la pieza del gótico. Tocaba y tocaba y seguía sin haber respuesta. Le expliqué que había hecho lo mismo, hace unos minutos, inútilmente. Fue ahí que empezamos a especular lo peor. Yo solo quería creer que el compadre se había desmayado por algún motivo. El marido de la dueña sonrió irónicamente con un “ojalá”.

Bajó de nuevo donde la señora. Mientras tanto, el caballero seguía afuera. Como mi pieza está próxima a la puerta de entrada, hice las veces de mensajero, preocupado por algo que me involucra directamente en calidad de inquilino. Mal que mal, la tranquilidad de unos dentro de la casa puede contribuir a la tranquilidad de todos. Lo que pasara allí adentro en la pieza del compadre, aunque no fuera de mi incumbencia, podía afectarnos si es que se tratara de algo grave. Pasara lo que pasara allí dentro, nos podía salpicar en calidad de testigos, y nadie estaba dispuesto a correr ese riesgo. Era mejor aclarar cuanto antes el embrollo del encierro de nuestro gótico inquilino.

Subió la dueña de casa hasta la puerta de salida. Se había manifestado con suma preocupación, alegando que este tipo de cosas perturban la armonía de la casa. Habló con el caballero y este le explicó con suma paciencia lo que estaba pasando con el tema de su hijo encerrado. La dueña intentó comprender, pero parecía que su ánimo se alborotaba. Traté de decirle que se calmara, que lo mejor era abrir la puerta de la pieza para ver qué pasó con el compadre. De esa forma, la dueña respiró hondo, volvió donde estaba su marido y fue a pedirle una copia de las llaves maestras, aquella que serviría para revelar el misterio de golpe. Por un momento, nos miramos con el marido de la señora. No nos dijimos nada, pero ambos sabíamos lo que estábamos pensando. El marido, con un cigarrillo en la boca, en el umbral de la puerta de salida, miraba hacia arriba, mientras la dueña llamaba y llamaba a la puerta de la pieza del gótico. Tan pronto la casa volvía a repetir un sinfín de llamadas telefónicas y golpes de nudillos en la puerta, el padre del joven inquilino se asomó entre la reja de la calle, a ver si así podía tener alguna noticia de su hijo.

De nuevo, un silencio inquietante. Volvimos a mirarnos con el marido de la dueña. En definitiva, ambos temíamos lo peor. Temíamos que los sonidos de la casa fueran el anuncio de una posible partida. La dueña de la casa bajó, con la cara compungida y fue con el caballero en la calle para abrirle la reja y hacerlo pasar. El caballero entró, temeroso, junto a la dueña que le indicó el camino, con sumo nerviosismo. En tanto, la dueña y el caballero subieron hasta la puerta de la pieza para abrirla con la llave maestra. El silencio volvió a reinar en la casa ¿la tranquilidad antes de una impredecible tormenta? ¿La antesala al sueño eterno? Volvimos a mirarnos con el marido de la dueña. Comprendimos, en esos instantes, con los pasos sigilosos de la señora y el padre del joven, que la muerte, a esas alturas, podía ser una probabilidad, remota, aunque no imposible. ¿A cuántos no les llega su hora, ciertamente, en la extraña seguridad de una casa ajena? Esta podía ser esa vez.

No paraba de imaginar escenarios posibles. Especulé sobre un muy improbable arrebato de cólera del gótico, en cuanto abrieran la puerta. Temía que la apertura de esa puerta desatara en él la sombra al ver a su padre. Así que me puse en guardia, solo por sugestión. El marido de la dueña, por su lado, se hallaba igual de vigilante. En ambos rondaba el rumor de una muerte hipotética, alimentado por la incertidumbre del asunto. Cuando se sintió el sonido de las llaves abriendo la puerta, estábamos expectantes. De pronto, se escuchó la voz del caballero, llamando por su nombre al joven. Lo hacía también la dueña de la casa. Los llamados a viva voz se hacían más y más altos, hasta que, por fin, el joven se dignó a contestar, con una voz baja y aletargada. “Está vivo”, dijo el marido de la dueña, aliviado y se retiró sin más. Era lo que tenía que saber. Yo también respiré profundo: la muerte, su rumor, se había desvanecido.

El gótico había vuelto de las sombras y había roto su encierro. La dueña bajó junto a su marido, más tranquila, no sin antes darme las gracias y expresar su molestia ante el bochorno. Lo que pasó fue que el compadre gótico había consumido una pastilla para las crisis de pánico, provocándole una momentánea pérdida de conocimiento. Ese pánico se reflejó, durante algunos segundos, en el rostro de la dueña: fue su proyección. Cuando ya la dueña y su marido se largaron, el caballero seguía arriba con su hijo. Él se encargaría de despertarlo de su letargo para llevárselo, de una vez por todas. No hubo ninguna otra palabra. Apenas una tímida despedida al momento de abrir la puerta de acceso y caminar rumbo a la calle.

El caballero agradeció, a lo lejos. En cambio, el rostro del gótico apenas sí gesticulaba alguna cosa. “¿Cierras tú?” fue lo único que me preguntó. Le respondí, de inmediato, que cerrara él. Sentí que él debía cerrar la puerta de la casa, por la sencilla razón de que él no quería abrir la de su pieza en un principio. Así fue cómo todo volvió a estar cerrado y silencioso. Cuando invade, nos llegamos a imaginar que el otro no está ahí para nosotros, que le ha cerrado la puerta al mundo para siempre, que nos provoca a forzarla para salvaguardar alguna mísera comunicación, porque muchas veces se nos va la vida en un abrir y cerrar de puertas, y no siempre sabemos cuándo es hora de quedarse o cuándo es hora de partir. Siempre se está saliendo de un lado; siempre se está entrando en otro. En ese adentro y ese afuera, que es nuestro y es de los otros, nos medimos.