Con la ola de protestas contra el racismo en Estados Unidos surge una nueva excusa para la nefasta corrección política, y de la mano de un revisionismo sesgado aflora la neocensura en el terreno del arte, un terreno que, de suyo, debería considerarse libre, en el amplio sentido de la palabra. Le tocó el turno a la película Lo que el viento se llevó, la cual HBO retiró de su catálogo por supuestamente reflejar “prejuicios étnicos y raciales”. Así también pidieron la cabeza de Tolkien, siendo acusado de “machista y supremacista blanco” por su saga de El señor de los anillos. Todo indica que este nuevo movimiento antirracista made in gringolandia vino para quedarse, y ha traído consigo a ciertos evangelistas de la igualdad que no descansarán hasta imponer su resentimiento militante al punto del paroxismo, a costa de una falta de perspectiva y de una estupidez sin límite.
jueves, 11 de junio de 2020
miércoles, 10 de junio de 2020
Apunte sobre La genealogía de la moral en taller de Nietzsche
"De haber surgido el cristianismo en una sociedad minera, en vez de pastores y pescadores, quizá se hablaría de picar las almas, de trabajarlas a garrotazos en lugar de salir a pescarlas o de seguir al pastor que guía el rebaño".
Créditos a Francisco Beltrán, creador del símil.
Se informó hace poco que Johnny Rotten está entregado al cuidado de su señora con Alzheimer, y está pasando por un momento particularmente duro en el contexto de la pandemia. Lo expresa de la siguiente manera: "No ha habido nada de dinero, así que estoy jodidamente furioso. Nada de esto, déjame decirte, no me importa cuánto de comunista creas que eres, nada de esto funciona sin un euro en el banco”. Esta noticia íntima sobre la vida de Johnny Rotten resulta reveladora, por la sencilla razón de que se condice con el estilo de vida que ha estado llevando de un tiempo a esta parte, desde la separación de los Sex Pistols a fines de los setenta hasta sus tiempos de mayor vigencia musical con Public Image Ltd. En el fondo, Johnny Rotten siempre fue el líder adaptado, el que no renunció a la fama, el que hizo de su nombre su propio proyecto comercial, el que siempre entendió el punk más como una postura artística rompe esquemas que como un estilo de vida encaminado hacia la autodestrucción, tal cual lo había comprendido y encarnado su otrora compañero, su contraparte: Sid Vicious. Podría establecerse un cara y sello entre Johnny y Sid en base no solo a su relación con el punk y la industria de la música, sino que a su relación con el amor. Es cosa de recordar la muerte de Nancy en extrañísimas circunstancias, teniendo al propio Sid como posible culpable o cómplice. Y luego, su prematura muerte. Puro ruido, pura pulsión tanática. En cambio, tenemos en Rotten incluso una historia digna de cándido sentimiento romántico, de acuerdo a la forma con que ha logrado llevar a buen puerto su relación con Nora Foster. Puro Eros. Pura pulsión de vida. En definitiva, solo hay dos tipos de punk: a la manera de Johnny Rotten o a la manera de Sid Vicious. Y, por consiguiente, hay solo dos posibilidades de amar: a lo Johnny o a lo Sid. Entre cada una de ellas media un continuo lleno de desenfreno, pero también de ilusión.
martes, 9 de junio de 2020
Esperando en el paradero el coleto para ir a casa, se me acercó una joven a ofrecer unos parches curita:
-¿A cuánto?- le pregunté
-Lo que usted pueda-, respondió la joven.
Le pasé unos trescientos pesos.
Ella había explicado, previo ofrecimiento, que estaba durmiendo debajo del puente Marga Marga con otras personas para resguardarse del frío, ya que vivía en situación de calle.
-¿Y cómo lo hace? Se supone que con la pandemia hay que mantener la distancia- volví a preguntarle, impactado por la crudeza de su realidad.
-No queda otra, pueh. Entre todos nos apañamos, con mascarilla no má.
-¿Y nadie los ayuda?
-El hogar de Cristo nos da cosas, abrigo, alimentos.
-¿Y no podrían alojarlos allá?
-No se puede pueh. Con esto del virus no se permite.
Al rato la joven se fue en dirección al puente, tratando de ganar otras monedas más en el trayecto…
Pase lo que pase, la vida sigue siendo dura.
A pasos de la plaza Echaurren, bajando por calle Almirante Riveros, un hombre con polera de Judas Priest, notoriamente ebrio, se paseaba después de la hora del toque de queda. Iba a rostro descubierto y sin salvoconducto. Fue interceptado por algunos uniformados que circundaban el perímetro. Claramente intimidado por su presencia, les dijo:
-Disculpen, soy humano…
Ante el silencio de los uniformados, comenzó a hablar solo.
-¿Aló?
-Dios te ama
-….
-Somos todos chilenos.
Mientras hablaba, nervioso, trataba de buscar la mascarilla entre sus bolsillos.
-Aquí está la mascarilla.
Por fin habló un uniformado, y le indicó que se la pusiera.
-Sí, me la pongo altiro.
-…
-¿Le digo algo? Estoy ebrio. Disculpen, perdonen.
No soporto el mundo.
En eso, hizo el ademán de estrecharle la mano a otro uniformado, en un intento de simpatía, pero este lo paró en seco, recordándole que debía mantener la respectiva distancia. De modo que el hombre ebrio retrocedió y volvió a disculparse, levantando la voz, un tanto ofuscado.
-No hago nada, no tengo alma-, repitió.
Cuando terminó de decir que no tenía alma, el uniformado del principio, el de la mascarilla, le entregó su carnet de identidad al hombre y le pidió que siguiese su camino.
En toda una cuadra del centro, cerca del sector de los restoranes, unas garzonas cesantes acostumbran a pedir dinero. Se pasean por toda la cuadra, evitando no alejarse demasiado del lugar que ganaron por necesidad o circunstancia. Un poco más allá, en toda una esquina, suele colocarse un joven en silla de ruedas a cantar. Frente suyo pone una caja monedero. No sale de ahí hasta tarde. El día de ayer cantaba Creep de Radiohead. La parte final del estribillo, al disminuir sus decibeles, y conforme la gente se iba distanciando, servía de contrapunto existencial al panorama. “I dont belong here”.
jueves, 4 de junio de 2020
Piñericosa vírica: en la sesión de cambio de gabinete, el presidente parafraseó a Stefan Zweig, en particular, su libro “Momentos estelares de la humanidad”, el cual, según él, leyó muchas veces en su vida. De acuerdo a la sinopsis, el libro trata sobre varios hechos, tales como el ocaso del imperio de Oriente, con su signo más evidente en la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453; el nacimiento de El Mesías de Händel en 1741; la derrota de Napoleón en 1815; el indulto de Dostoievski momentos antes de su ejecución en 1849; y el viaje de Lenin hacia Rusia en 1917. Cada uno de estos momentos estelares -escribe Stefan Zweig- marcan “un rumbo durante décadas y siglos”. Por lo tanto, tenemos que para Piñera, el actual enclave también conformaría un “momento estelar de la humanidad”. ¿Hacia qué rumbo conduciría? No se sabe. Piñera tampoco pretende aventurar una respuesta. Solo constata el estado de cosas chileno con una referencia literaria al vuelo, para agregarle sublimación y trascendencia a un asunto que ya ha calado demasiado hondo, y que parece no trascender lo suficiente más allá de su propia crisis.
miércoles, 3 de junio de 2020
Durante mayo, ocurrieron en Chile dos asesinatos a manos de sicarios, como si no tuviésemos suficiente con el relamido virus. El primero tuvo por víctima a un empresario residente de Con Con. Su victimario era un sicario de origen colombiano. Aún se investigan los móviles y al autor intelectual, pero los antecedentes hablarían sobre un terreno en Quilpué reclamado por el empresario ante su ocupación ilegal. El segundo ocurrió en Valdivia, y la víctima fue una joven llamada Helena Bustos, quien habría sido asesinada en extrañas circunstancias por dos sicarios, uno de ellos amigo de Helena, los cuales fueron contratados por dos mujeres, una hija y una madre que le ofrecían una pieza en arriendo a la víctima. Ya comienzan a visibilizarse las motivaciones del hecho de sangre, y estarían vinculadas con tráfico de drogas, de la cual derivan los clásicos “ajustes de cuentas”.
Nada de esto tiene que ver necesariamente con el tema de la inmigración desaforada realizada durante el gobierno de Bachelet, puesto que los dos sicarios que mataron a Helena eran chilenos. No es un tema de inmigración, es un tema de violencia. Y cuesta creer que aún se conciba, en plena crisis mundial, el asesinato a sueldo. Cuesta creer, de hecho, a esta altura del partido, que aún se conciba el asesinato per se. Somos todavía demasiado inocentes respecto al devenir del mundo humano, o estamos ya demasiado naturalizados en la anomalía, decisivamente, curados de espanto.
martes, 2 de junio de 2020
Tras la arremetida de Anonymous con el Libro negro de Jeffrey Epstein, han salido en los medios algunas especulaciones sobre redes de pedofilia en Hollywood descubiertas o intuidas supuestamente por músicos como Kurt Cobain, Chester Bennington, Chris Cornell y hasta el mismísimo Michael Jackson (que, dicho sea de paso, fue acusado de abuso de menores en su tiempo, hasta con documental incluido). ¿Dónde están ahora todos ellos? Muertos, oficialmente suicidados, o tal vez, a la luz de estos nuevos descubrimientos, posiblemente “los hayan suicidado”. Muy turbio todo. Pero conviene recordar que las teorías de conspiración son eso, teorías atractivas para el morbo de la curiosidad, para la construcción de leyendas negras, para el insaciable efectismo mediático que, sin embargo, sin el suficiente contraste con la evidencia empírica, pueden derivar en “conspiranoia”. Como comentaba por ahí un amigo: que una parte de la teoría de conspiración sea cierta, no la hace por completo real. Ese es su truco, en todo caso. De que existen manos negras, las hay. De que hay hechos que sepultan una verdad no del todo digerible y execrable, por supuesto que los hay. Sin embargo, ese impulso por asociarlo todo con todo hasta armar en la cabeza un galimatías de ficción puede derivar peligrosamente en el otro extremo de la desinformación, por consiguiente en la posverdad y, consecuencia de ello, en la injusticia. Tal cual señalaba otra amiga por ahí: los niveles de corrupción de la élite no son ninguna novedad (solo basta fijarse en el nexo de Trump con el propio Epstein), sin embargo, no deberíamos creer a pie juntillas en todo aquello relacionado con este destape radical solo porque se alinea con nuestra apropiada visión negativa sobre la oligarquía. Finalmente ¿quién o quiénes son Anonymous realmente? ¿Qué pretenden conseguir y porqué? No se puede dejar de pensar en esta agrupación de hackers como una especie de Liga de las Sombras. Es decir, se adjudican la tarea de denunciar desde las 'sombras' a estos grupos de poder para reformar y rehacer a su imagen las civilizaciones en decadencia en todo el mundo, sin importar los medios que utilicen para desplegar su particular sentido de la justicia. El que vea en todo este rollo una secular caja de pandora evidentemente puede intuir razones escondidas tras el misterio que acusa a los poderosos, aunque también tras la incógnita que envuelve a sus propios acusadores, independiente del rol prometeico que se autoasignen. Para acusaciones de grueso calibre, se requiere medios probatorios todavía más grandes, lo que no resta validez a la legitimidad de las denuncias. Esa es toda la lógica que debería deducirse de un Estado de derecho y de una sana conciencia. La cruda verdad está por ahí, en algún lugar intermedio entre la versión del acusado y del acusador. Ante la duda, siempre es preferible un sano escepticismo. Hace tuya la conspiración, pero indaga sobre hechos comprobados, y descarta lo insustancial. Cobain, Bennington y Cornell te lo agradecerían.
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