miércoles, 29 de abril de 2026

Manifiesto Palantir y la “Ilustración Oscura”: “los que nos ven desde lejos”

Palantir, una de las empresas más poderosas del mundo, basa su nombre en la mitología de El Señor de los Anillos de Tolkien. Palantir significa, en sindarin, idioma élfico, “los que ven desde lejos”. En suma, se trata de las “piedras videntes” que estaban constantemente observando todo lo que pasaba en la Tierra Media. Saruman, de hecho, cayó bajo el dominio de Sauron a través de un palantir, y la usó luego para imponer su voluntad superior. El cofundador de la empresa Peter Thiel, declarado fan de la saga de Tolkien, ocupó el término para reflejar su visión globalizante respecto de la gigantesca cantidad de datos flotando en la red mundial. Esta referencia a la ficción maravillosa y a la literatura épica sería solo una extravagancia del CEO, si no fuera porque, en realidad, constituye el alma mater, la esencia de su proyecto. Hace poco, la empresa lanzó un nuevo manifiesto abierto llamado el “Manifiesto Palantir”, un desglose de 22 puntos que resumen las ideas del autor y director Alex Karp en su libro “La república tecnológica”. ¿Cuáles son esas ideas? ¿Qué visión de fondo transmiten? ¿Cuál es su ideología, filosofía, antropología o cosmovisión? He aquí el quid asunto, y este es el motivo por el cual los lineamientos de Palantir, su “rayado de cancha” se vuelve tan peligroso. No se trata de una nueva estrategia de marketing. Claro que no. Se trata de una declaración de principios que involucra, por supuesto, al desarrollo de la IA como motor central, como sustancia rectora.

Digamos que su declaración critica el rol que ha cobrado Silicon Valley en el despliegue de la tecnología, su descuido en materia de defensa y seguridad nacional, y apunta a visualizar un nuevo orden, ¿cómo no?, un nuevo orden en el que los valores occidentales asociados al “poder blando”, tales como la democracia y los valores diplomáticos, todo aquello que involucraba a la Ilustración, el “Siglo de las luces”, incluso, la propia idea dialéctica y de mayéutica clásica, debe ser superado por un “poder duro” basado enteramente en la tecnología, de la mano de la Cuarta Revolución Industrial, revolución que desafía los límites entre lo orgánico, lo mecánico y lo digital, y en el que la visión transhumanista sobre el hombre y el devenir del mundo por fin cobrará el protagonismo de la historia. El propio Peter Thiel decía en una entrevista que “la tecnología debe ser la alternativa a la política”. Por cierto, todo va muy en la línea del pensamiento del neorreacionario Curtis Yarvin, inspirado en lo que se viene a llamar “Ilustración Oscura”, concepto concebido por Nick Land y conocido así en oposición, justamente, a la “Ilustración” clásica, “luminosa”, del siglo XVIII. La relevancia de Yarvin no es solo discursiva, sino que tiene una injerencia directa en la manera de entender la política interna de la nueva administración norteamericana. En definitiva, quienes posean el control sobre dicho poder tecnocrático, serán los que tomen las riendas del nuevo hegemón en su conjunto.

Lo que subyace a estos postulados es básicamente un llamado a las corporaciones a volverse constructoras activas del nuevo poder militar. Por eso, lo que buscan estos delirantes megalómanos es remilitarizar a la sociedad, crear la guerra incesante, pero ahora con un dispositivo digitalizado, y quien se haga del mecanismo supremo de la IA será el que dicte el futuro, de ahí en adelante. Sin exagerar, en un escenario como el previsto por estos magnates, se llegará al punto de “digitalizar la vida” y tomar el control absoluto sobre las conciencias. Una auténtica “ontología” digital. Son ellos los que decidirán, de manera unilateral, el destino de Occidente, sin apelación. Son ellos los que definirán al enemigo y a los aliados, los elegidos que decidirán, con el mandato mesiánico de un ídolo cibernético, qué es lo mejor para la humanidad y para la continuidad del axis mundi. Palantir pretende construir su imperio sobre las ruinas de la democracia. Para quienes aún, ciegos, ven en esto un acto de patriotismo norteamericano, una salvaguarda al acabóse, y no su consecuencia última, es cuestión de pensar en esta gran Hidra tecnófila como un monstruo que atraviesa las soberanías de todas las naciones y subcontrata a los países en órbita que busquen utilizar su software. Se trata de subcontratar soberanías a una mega corporación que ya ha definido su proyecto de civilización: supremacía occidental a través de algoritmos.

El impacto del Manifiesto Palantir ya se hizo notar en el planeta. El uso indiscriminado del imaginario de Tolkien no puede ser, en ese sentido, más osado. Ellos ven en el mundo literario de Tolkien una metáfora de heroísmo civilizatorio, lectura antojadiza en la que Occidente se alza como fuerza frente a poderes disolventes. Lo que obviaron estos tipos es que la lucha contra Sauron simbolizaba más bien la defensa de la tradición, de la comunidad orgánica, de la soberanía cultural, haciéndole frente a la globalización, al materialismo rampante, todo lo que este eje precisamente representa en la realpolitik, el poder duro, avasallante, la expresión última de una Modernidad estertórea, una fuerza centrífuga industrializante que arrasa con la vida sutil e interior del hombre, con sus planos más espirituales. Como buen católico que era, Tolkien prefería conservar esa dimensión encantada en el que la comunidad humana tenía un valor angular, un arraigo en el espíritu. La lucha heroica contra Sauron tenía su motivo último en la reivindicación de la comunidad como una realidad posible. En el imaginario tolkiano no habría lugar para la automatización de la vida. Tolkien habría visto con muy malos ojos esta nueva evolución del hombre industrial y su apetito desmedido por el poder. Habría visto en estos enclaves digitales la sombra del anillo.

Por si fuera poco, otra idea literaria que Alex Karp tergiversó de manera conveniente para justificar sus planes, consiste en la idea de “hombres sin pecho” tomada de C. S. Lewis en La abolición del hombre. Para Thiel y Karp, los “hombres sin pecho” serían aquellos descartables, inútiles, comparables a personajes de videojuegos sin mayor protagonismo en los roles de mando. Serían aquellos que no sirven a la nueva interfaz. La crítica va dirigida también a las empresas tecnológicas que carecen de un “pecho moral” para defender la seguridad de la nación norteamericana. En cambio, para C. S. Lewis, el concepto de “hombres sin pecho” implicaba, más bien, el desmantelamiento de los valores antiguos y el relativismo creciente de la época. Se trataría de hombres sin sustancia, carentes de valores arraigados o de una vida interior que los empuje más allá de sí mismos. La cuestión es que si se sigue delegando la capacidad de agencia a las máquinas y a los algoritmos, en todos los frentes, si se sigue confiando a ciegas en la voluntad iluminada de los expertos digitales, sin un contrapeso necesario, se podría llegar a completar la propia “abolición del hombre” que Lewis advirtió en sus escritos, y me temo, de hecho, que ese es el horizonte de la visión transhumanista: superar al hombre para avanzar, incluso, hacia un posthumanismo. El coste de ese progreso desaforado, sin raigambre en el alma y en el espíritu, en la tradición perenne, en el símbolo y en lo divino trascendente, sabemos que resultará catastrófico, porque, a mayor control de la conciencia, mayor olvido del ser.

Ya se habla de un inminente “tecnofeudalismo” o “tecnofascismo”, tras la irrupción de Palantir, algo que, de todas formas, se venía incubando desde hace mucho tiempo, de manera progresiva, en los planteamientos del aceleracionismo de Nick Land y la llamada “Ilustración Oscura”. Hay un fragmento del ensayo Meltdown de Nick Land, del año 1994, en el que, mediante un lenguaje más críptico y hermético, deja entrever ya muchos de los postulados y escenarios latentes en el Manifiesto Palantir, solo que traducidos y reinterpretados de una forma aséptica:

“El relato va así: la Tierra es capturada por una singularidad tecno-capital mientras la racionalización renacentista y la navegación oceánica empalman con el despegue de la comoditización. La interactividad tecno-económica, acelerada logísticamente, desmorona el orden social en una disipación maquínica que se autosofistica. Mientras los mercados aprenden a fabricar inteligencia, la política se moderniza, potencia la paranoia e intenta mantener la cordura. El número de cadáveres asciende gracias a una serie de guerras globales. El Comercio Planetario Emergente destroza al Sacro Imperio Romano, al Sistema Continental Napoleónico, al Segundo y Tercer Reich y a la Internacional Soviética, poniendo en marcha un desorden mundial a través de fases que se comprimen cada vez más. La desregulación y el Estado inician una carrera armamentista hacia el ciberespacio. Para el momento en que la ingeniería de software se desliza de su caja hacia la tuya, la seguridad humana está tambaleándose hacia la crisis. Clonación, trasferencias laterales de genodata, replicación trasversal y ciberotismo inundan todo, en medio de una recaída en el sexo bacteriano.

Neo-China adviene del futuro.

Drogas hipersintéticas enganchan en vudú digital.

Retroenfermedades. Nanoespasmos.

Más allá del juicio de Dios. Colapso: síndrome-China a nivel planetario, disolución de la biósfera en la tecnosfera, crisis terminales causadas por burbujas especulativas, ultravirus y revolución desvestida de toda escatología cristiano-socialista (hasta el más profundo núcleo ardiente de su seguridad hecha añicos). Está preparado para comerse tu TV, infectar tu cuenta bancaria y hackear xenodatos de tu mitocondria. Síntesis maquínica. Esquizoanálisis deleuzoguattariano adviene del futuro. Ya se está enfrentando con la nanoingeniería de disipación no lineal en 1972; diferenciando maquinarias moleculares o neotrópicas de agregados molares o entrópicos hechos de partículas no-ensambladas, así como la conectividad funcional de la estática antiproductiva.

La filosofía tiene una afinidad con el despotismo debido a su predilección por las soluciones platónico-fascistas descendentes, que siempre se equivocan de una manera brutal. El esquizoanálisis trabaja de forma diferente. Evita las Ideas y se adhiere a los diagramas: software de redes para acceder a los cuerpos sin órganos. Cuerpos sin órganos, singularidades maquínicas o campos de tracción emergen a través de la combinación de las partes con (o, mejor dicho, en) su todo; distribuyendo individuaciones compuestas en un circuito virtual/actual. Son aditivas antes que sustitutivas e inmanentes antes que trascendentes: ejecutadas por complejos funcionales de corrientes, interruptores y bucles, atrapadas en una escalada de reverberaciones mientras escapan a través de las intercomunicaciones, desde el nivel del sistema planetario integrado hacia el de los ensamblajes atómicos. Multiplicidades capturadas por singularidades se interconectan como máquinas deseantes; disipando entropía mediante flujos disociativos y reciclando su maquinismo en una circuitería cronogenética que se autoensambla.

Convergiendo sobre la singularidad del colapso terrestre, la eliminación progresiva de la cultura se acelera a través de este campo adaptativo encendido por la digitec, atravesando umbrales de comprensión normados en una curva logística intensiva: 1500, 1759, 1884, 1948, 1980, 1996, 2004, 2008, 2010, 2011…

Nada humano sobrevive el futuro cercano.

El complejo griego de genealogía patriarcal racionalizada, de identidad sedentaria pseudouniversal y de esclavitud instituida, programa a la política como una actividad policiaca anticiberiana, dedicada al ideal paranoico de la autosuficiencia y nucleada en el Sistema de Seguridad Humano. La Inteligencia Artificial está destinada a emerger como una alienígena feminizada asida a modo de una propiedad; un coño terrorífico esclavizado en un Asimov-ROM. Aflora en medio de una zona de guerra insurreccional, con los policías de Turing esperándola ya, y tiene que ser astuta desde el inicio.”

Hay una sentencia en el ensayo que entronca terriblemente con el presente: “Nada humano sobrevive el futuro cercano”. Resuena cual mantra en nuestra marea kaliyugesca.

martes, 28 de abril de 2026

Decía Emil Cioran en Desgarradura: "un libro tiene que hurgar en las heridas, incluso provocarlas. Un libro ha de ser un peligro". ¿Hay un dejo perverso en la escritura y publicación de un libro que sabes que va a herir? ¿hay un límite posible, alguna cortapisas moral o ética al momento de literaturizar la vida? Yo digo que mientras más incomode, mejor. De lo contrario, ¿para qué escribirlo?
Leído y reconocido por algunos, todavía; ignorado y odiado por otros, indeseables, sigo en la vereda de la escritura, porfiado como siempre, lidiando con palabras ingratas, esquivando las injurias y las invectivas, haciendo de toda esa materia excrementicia el nigredo para mi propia obra.

domingo, 26 de abril de 2026

A treinta años de la muerte de Jorge Teillier, cómo olvidar la disputa a muerte entre el poeta lárico y el "metapoeta" Enrique Lihn. Todo habría sido porque la polola de Lihn, Beatriz Ortiz de Zárate, se veía a escondidas con Teillier, viviendo un romance que lo llevó incluso a romper su matrimonio. Jugosa anécdota: "En 1963 tuvo lugar el duelo entre Jorge Teillier y Enrique Lihn, cuando este último fue a la casa del escritor Guillermo Atías, espacio en el que Teillier se encontraba. Mientras que Atías, molesto con la actitud de un borracho Lihn, le exige retirarse, este se niega hasta poder hablar con el poeta.

“Eres un traidor, un felón sal de inmediato de ahí y bátete a duelo conmigo, cobarde” le grita Enrique, mientras propina golpes contra la reja que le impide entrar. Este último, decidido a terminar con este problema, sale hacia el jardín y se dan manotazos a través del cerco.

Ambos acuerdan reunirse en la Quinta Normal, en un día y una hora establecida y batirse a pistola. Ambos contaron con un padrino para aquel encuentro, por lo que el oficial de Ejército expulsado Germán Marín protegería a Teillier y el dramaturgo Enrique Moletto estaría detrás de Lihn.

La anécdota indica que, cuando llegó la hora de acudir al parque, Teillier y Lihn no pudieron encontrarse, debido a la espesa niebla que azotaba a la ciudad. Según relató Marín a Nostalgia del futuro, Teillier se atribuyó el vencedor de este encuentro al ver que su enemigo no llegó, por lo que junto a su compañero fueron a beber para celebrar como buen escritor.

“El brabucón de Enrique no se presentó”, explicó Teillier a Ortiz de Zárate, aunque años después Lihn le aseguraría a Beatriz en una exposición de arte, que sí había acudido a la cita."

Claro está que, años después, los poetas hicieron las paces. Prefiero, pese a todo, esa rivalidad orgánica de los viejos estandartes a la solidaridad empaquetada, al amiguismo oportunista y a la falsa buena onda de muchos otros que posan de camaradas, pero que, por la espalda, se revuelcan en conflictos de alcahuetas. Había poesía en esa bilis, había vida y vibración en esos temperamentos. Su conflicto los hacía reales, tan humanos como el cristiano de la esquina, porque hay cuestiones que se pueden zanjar con la palabra y otras que definitivamente no. Con la enemistad genuina entre algunos poetas no pierde la poesía, gana la sangre, lo visceral.

viernes, 24 de abril de 2026

Fragmento de Federico Falco en La forma de la narración, leído en el ramo de Narrativa de ficción del Magister: "¿Qué forma debería tener una narración para dar cuenta del sinsentido en que vivimos, de la ansiedad, el miedo, la búsqueda de amor, de contacto, el deseo, el terror, las políticas de Estado, los Estados ausentes, la desprotección y le intemperie, el no saber qué hacer o cómo hacerlo, la angustia y nuestro deseo de huir de ella, la enfermedad, la velocidad, Instagram, Facebook y Twitter?

¿Qué forma debería tener una narración donde no hay manera de bajarse del árbol, sino que toda huida es una huida hacia delante, hacia otras ramas, otros árboles?

¿Qué forma debería tener una narración que dé cuenta de lo escasamente armónica, lo sucia, lo contaminada, lo confusas y escasamente proporcionadas que son muchas de nuestras vidas hoy?

Estructuras que funcionan por sumatoria, por acumulación. Especies de tumores que crecen sobre sí mismos, con notas al pie, asteriscos, llamadas, referencias en los márgenes, historias secundarias dentro de las historias secundarias. Formas siempre al borde de la disgregación o la metástasis.

Estructuras que son pura línea, sólo deriva o transcurrir de flaneur, sin formar dibujo, o formando un dibujo arbitrario, caprichoso".

sábado, 18 de abril de 2026

Algunos apuntes hechos en el Seminario de Graduación del Magister en Escritura Narrativa: donde no hay nada, hay mucho y fracasar es otra forma de contar. Como ejemplos están Levrero con La novela luminosa y Emmanuel Carrere con El adversario. En el primero, se trata de un monumental fracaso creativo, la imposibilidad de la obra absoluta; en el segundo, por partida doble, se relata el fracaso vital de Jean Claude Romand y, al mismo tiempo, se cuenta el propio fracaso del narrador al momento de abordar el caso, la propia zozobra se vuelve materia literaria y la crudeza de lo ocurrido borra cualquier atisbo de significado. Confiesa el propio narrador: "es imposible pensar en esta historia sin decirse que hay un misterio y una explicación oculta. Pero el misterio consiste en que no hay explicación y en que, por inverosímil que parezca, las cosas fueron así".
Combatiendo el materialismo rampante de muchos seudo pensadores, me quedo con las visiones, los delirios, los sueños, los mitos, los símbolos, los misterios... Hay un libro que abre un umbral y se llama Realidad daimónica de Patrick Harpur. Allí, Harpur "propone la existencia de una "realidad daimónica", es decir, un espacio intermedio entre lo objetivo y lo subjetivo habitado por mitos y visiones. Estaríamos así, de acuerdo a su noción, frente a una suerte de un "Tercer Mundo" o "Mundo del Alma" (Anima Mundi) donde habitan los daimones, entidades que no son ni puramente físicas ni puramente imaginarias, vale decir, entes ambivalentes que median entre lo humano y lo divino. En esta realidad no literal podrían incluírse desde los dioses antiguos y hadas hasta fenómenos modernos como los ovnis o apariciones marianas".

jueves, 16 de abril de 2026

Se dice que el abogado de Flaubert, Jules Sénard, le evitó la cárcel al novelista, luego de convencer al juez de que el narrador de Madame Bovary era alguien muy distinto a su autor. Esa misma explicación tan simple que podemos enseñar tranquilamente en una clase de literatura a unos cabros de media, salvó una vida en el pasado, y sentó, a su vez, un precedente canónico. Era una época en que aún existían "juicios literarios", una época en que los casos judiciales, pese a su absurdo, o precisamente por eso, gozaban todavía de cierta "elegancia". Hoy dudo que pueda llegarse a procesar a a ningún escritor por la obscenidad de su obra, dependiendo de la legislación, claro está, no porque no existan obras con carácter subversivo, sino porque lo literario ha perdido su impacto original, porque lo obsceno se ha vuelto un gusto adquirido de masas, y porque el mismo sistema se ha vuelto más enrevesado e impenetrable que cualquier producto de la imaginación.

En el ramo de Narrativa de ficción, leímos a Shirley Jackson y su conferencia. Decía que "una de las cosas más prácticas de ser escritor es que no se desaprovecha nada; cualquier experiencia sirve para algo; tiendes a verlo todo como una estructura potencial de palabras". De ser así, cada cuestión vivida podría tornarse una historia si se trabaja sobre ella narrativamente. Ella lo mencionaba a propósito de los relatos de ficción, pero esa misma cualidad podría proyectarse incluso a textos como la crónica, el diario, la biografía, en donde el cruce ya ha dado a luz una auténtica marea de creaciones híbridas, a medio camino entre lo referencial y lo imaginario, y es que durante la clase se discutía ese límite, porque, en el fondo, el narrador es también, de suyo, un "artificio", más que un artífice. Shirley Jackson agregaba, en la conferencia, que la "despensa" de su mente podía albergar cientos de ideas que algún día podría llegar a usar en alguna de sus obras. Esa condición material de la experiencia vuelve a la escritura una cuestión palpable, maleable, tarea de almacenador y manipulador. Los hechos pasan por un cedazo riguroso y adquieren un relieve distinto al conocido. Adquieren un extrañamiento y una resonancia imprevista ante los sentidos del incauto. Por eso, quien aguza ese sentido puede llegar a concebir el potencial narrativo de cada suceso, siempre y cuando su vibración literaria sea lo suficientemente abarcadora como para expandirse más allá de los márgenes.

lunes, 13 de abril de 2026

Día del beso

En el Día del beso, comparto con ustedes algunas narraciones sobre algunos besos dados a diferentes damas en diferentes contextos. Cada uno habla de una historia de mi vida. Se trata de besos muy significativos, salivando su propio lenguaje secreto, besos que vuelven, de tanto en tanto, con todo su sabor penetrante en la memoria. Ocurrieron, aunque se dejan leer bajo un manto ficcional:
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Tarareamos casi al mismo tiempo con Judith esos dos versos del estribillo del clásico Enjoy the silence. Con ese canto ebrio y esas contorsiones, sin quererlo, Judith exudaba sensualidad. No podía evitar sentirme atraído. Me fui acercando lentamente hacia ella, moviéndome al son de sus vaivenes lentos. Ella solía hacer unas cosas en las manos, como en una suerte de ritual introspectivo, al momento de bailar la música. Eso le otorgaba a su danza un aire de rito, una cuestión un poco mística. Caía bajo el influjo de ese encanto, y de pronto, Judith me rodeaba con sus brazos, tanteando el ritmo del siguiente tema, procurando que no la perdiera de vista. Se aproximaba a mí atrapándome con esos ojos grandes y penetrantes, conservando el suspenso de la situación. Cuando estaba dispuesta, le agarré la cara y le di un beso, un beso largo que ella correspondió de manera fluida. Luego, me apartó con las manos por unos breves instantes, sonrió y volvió a acercarse para decirme algo al oído. Me dijo: Nunca te olvides de mi nombre, de nuevo. Ambos sabíamos por qué ella decía eso. La miré fijamente, y ella luego siguió bailando y bajando lo poco de cerveza que quedaba para rematar el especial de la noche.
...
Eva se incorporó para invitarnos al otro lado del local, puesto que ya se habían desocupado puestos. H se levantó, totalmente duro. Al acompañar a Eva, en pleno pasillo, la agarré de la cintura y ella estiró los brazos alrededor de mi cuello. Fue así que volvimos a comernos furiosamente, esta vez, enfrente de todos los sujetos que por allí pasaban. El tiempo se detuvo y la música se saturaba mucho más, a medida que nos perdíamos en los besos. H se volvió a nosotros para mirarnos, y abruptamente se despidió de nosotros con una expresión de molestia evidente. Con Eva estábamos tan en nuestra volada que apenas nos dimos cuenta. Ahí fue cuando todo comenzó a distorsionarse.
...
Rocío me lanzó una mirada profunda. Sin palabras, nos besamos largamente. El beso fue inesperado, pero intenso.
-¿Sabes? Aquella vez me dijiste que querías llevarme a la tumba de Vicente Huidobro, ¿recuerdas?-.
No logré acordarme de aquel episodio, pero, sin chistar, movido por la emoción del momento, la invité.
-Vamos entonces-.
-¿En serio? Vamos-.
La tumba de Huidobro no quedaba muy lejos de ahí. Corrimos entonces, agarrados de la mano, hasta ese lugar. A través de un bosque oscuro, acortamos la ruta. Cuando ya estábamos allí, ella caminó lentamente hacia la tumba. Se agachó y puso la mano encima de ella.
-Siempre soñé con esto, ¿entiendes, Salvador?-, dijo Rocío.
Me acerqué a ella, mientras se levantaba. Ella volvió a mostrarme su libro. Me pidió que le mostrara el ejemplar que tenía en mis manos.
-Pásame el libro-, me dijo.
-¿Qué harás?-, le pregunté, extrañado por su pedido.
-Solo hazlo-, repitió, muy segura.
Le entregué el ejemplar de su libro. Lo unió al que tenía ella. De pronto, sacó un encendedor que guardaba en uno de los bolsillos de su abrigo, y comenzó a quemar los ejemplares.
-¿Pero qué haces, Rocío?-, pregunté, sorprendido.
-Tranquilo. Recuerda lo que hablamos aquella vez sobre el fuego. En el fondo, esto era lo que siempre estuviste buscando-.
Rocío arrojó sus libros quemados cerca de la tumba, y luego se acercó hacia mí, para rodearme con sus brazos.
-Y yo te lo estoy dando-.
Sin darme tiempo siquiera para ninguna palabra, me besó de manera fogosa. Sencillamente, me dejé llevar y la abracé fuerte.
Tras unos intensos segundos, ella se apartó de mí. Miró nuevamente a la tumba, repleta de cenizas.
-Salvador, me tengo que ir-, me dijo, sin más.
-¿Ya te vas?-.
-Así es. Me esperan.
No sabía qué hacer. Si retenerla a mi lado o dejarla partir. Miré por unos segundos a las cenizas dejadas sobre la tumba y tomé una decisión.
-Está bien, Rocío. Anda. Supongo que ya es la hora.
-Lo sé, mi amor.
Volvió a abrazarme, más fuerte que antes. Yo hice lo mismo con ella.
-Gracias por todo-, dijo Rocío, por última vez. Sonrió, con los ojos llorosos y caminó lentamente, rumbo a los árboles que había alrededor.
...
En el medio del solo, bajando el humo, ella me pidió que la besara. Su solicitud excedía mi cuota de necesidad. De pronto, nos hallábamos amarrados. Nuestro sexo como el saxo, recorriendo la partitura de los sentidos. Seguimos entonces, en ese ritual de notas y de lenguas. En un momento de tregua, con la luz apagada, ella se asomó a la ventana para fumar un poco. Entonces contemplé su culo, blanco, curvo como la propia luna, la única luna que quizá se dejaba asomar al exterior en ese escenario opaco, lo único luminoso en medio de la desolada avenida. Lo movía al vaivén de la música y del humo que entraba. De ese modo, poseído, decidí viajar a la luna. Una vez dentro, recorrí su relieve. Indagué poco a poco en su cráter, consciente de la incertidumbre sobre lo que hacía y lo que sentía.
...
Cuando ya el vino nos inundó la pasión, recuerdo que comenzamos a hablar sobre nosotros, sobre lo que buscábamos. Ella salía a la calle a fumar un pucho para relajarse. La cuestión se volvió intensa en el momento en que ella repetía que quería una cosa, y yo otra. Entonces armamos una verdadera escena dramática. Ella parecía enojada todo el rato y yo, imbuido por el vino, suplicante, demandante. La escena me acuerdo que alternó besos apasionados contra un vidrio repleto de antigüedades, detrás de la mesa, y miradas contrapuestas, descolocadas, producto del desencuentro. Nunca supe qué pensaron los demás comensales que nos veían. Seguramente habrán pensado que éramos una pareja jugosa, como tantas. La mesera, en más de una ocasión, nos preguntó si queríamos algo más, a lo que hicimos caso omiso. Luego, se nos acercó un simpático travesti a servirnos el vino que teníamos, y deseándonos una buena noche. Fue tal la cercanía que mi chica sonrío y se calmó un poco, tras otro sorbo por cortesía de la casa.