jueves, 26 de junio de 2025

"Todavía recuerdo, con un paradójico sentimiento visceral, su comentario crítico: -como poeta, eres muy buen cronista-. Le salió tan espontáneo que no pude sino asentir su agudeza. Quizá lo más sincero que le he escuchado jamás. Todo el resto sonaba a cálculo emocional, a impostación apenas reproducible detrás de la carne de sus palabras". 

miércoles, 25 de junio de 2025

Prólogo a "Onirómano" de Salvador Galindo.

Los sueños son en realidad recuerdos de un futuro ya sucedido.

Juan Rodolfo Wilcock.


Cuando despertó, el Duermenauta todavía estaba allí.

Ni realidad ni mentira, el sueño es ese velo misterioso que nos recubre las sienes cuando nos echamos a dormir. En aquel interregno la lógica racionalista pierde espesor, o acaso —postulan otros—, otra nueva, como los laberintos de Escher o la geometría no euclidiana, es la que se toma el timón. Razón o sinrazón, lo cierto es que en la vigilia tenemos todos los elementos para discernir lo real de lo imaginario. Si usted abre una puerta y un cielo rojo cae a sus pies, dudará de aquello, pero en un sueño no ¿Por qué? A ciencia cierta no tenemos idea, y lo único que queda es especular. No obstante, cada época tiene sus interrogantes y usos del sueño.

En la antigua Grecia, existía la “incubatio”, y aunque parezca sacado de una mente delirante o de un tratado de ciencia-ficción, era una técnica para recibir poderes desde el más allá: hubo un culto a Apolo y Asclepio que implicaba sumergirse en profundas cuevas, lugares sagrados donde el iniciado se refugiaba en la oscuridad para recibir sueños, otorgándole al soñador no sólo una visión nueva de la realidad, sino que conocimientos aplicables a la medicina o incluso las leyes. El proceso era acompañado por los “iatromantes”, sacerdotes que utilizaban herramientas para conducir el espíritu de los iniciados. En la Alta Media, la actividad onírica podía revelar fundamentos doctrinales, contenido revisado por autoridades eclesiásticas; no olvidemos que la catolicidad principalmente vía Santo Tomás desarrolló una poderosa racionalidad: había que descartar que la voz o experiencia oída en sueños no fuera obra del Malísimo que buscaba infundir desorden y caos en los corazones de los soñadores.

Natalio El Confesor se salvó de la hoguera, pues primero dijo que Cristo no era divino, pero luego soñó que un grupo de ángeles lo azotaba durante toda la noche por herejía. El sueño era una suerte de segunda vida, y algo de razón hay en ello, pues de las veinticuatro horas que tiene el día, por norma general le destinamos ocho horas a dormir, alrededor de un tercio, lo que a la postre, significa que si usted lleva cuarenta años en este mundo, le ha dedicado trece años y cuarto a la actividad de tumbarse en la almohada. Pero hay que ser precisos: de las ocho horas promedio en que se duermen, no solemos pasar de cinco a veinte minutos lo que verdaderamente soñamos. Esto es complejo de determinar, porque cuando despertamos, lo que queda es una suerte de residuo de una larga película vista y oída; el sueño se organiza a través de fases cíclicas de noventa minutos, y es solo en la fase REM (Rapid Eye Movement, o Movimiento Rápido Ocular), cuando los sueños se producen.

Algunos científicos aventuran que soñamos de tres a seis veces por noche, y que el noventa y cinco por ciento de lo soñado se olvida al despertarnos. Y de ahí que la analogía de la persona que se ha pasado durante una o dos horas viendo una película, cuando sale de la sala solo se queda con un residuo de la película: el inicio, cuando los personajes se conocen, la irrupción del villano, el final apoteósico, etc. A menos que seamos Funes El Memorioso, en verdad no podemos retener cada fotograma y diálogo de la película, y probablemente dentro de nuestra cabeza tengamos un cinematógrafo incorporado que a través de una combinatoria que aún no podemos explicar, hechos de nuestras vidas se recombinan con nuestros miedos y deseos in-confesados, creando una verdadera locura ahí arriba, en la azotea de la cabeza, maquinita que en último termino es manejada por la imaginación, “la loca de la casa”, como bien dijera Santa Teresa de Jesús.

Sin salirnos del eje materia-espíritu, para Freud los sueños no eran más que sublimaciones que podían explicarse de manera clínica; en contraposición, Jung afirmaba que en los sueños se manifestaban arquetipos universales que descansaban en la raíz de una suerte de memoria filogenética universal o inconsciente colectivo. Esta última idea se remonta a creencias cristianas del Antiguo Testamento, en las que los sueños eran considerados como indiscutibles mensajes celestiales, por ejemplo, el sueño de Jacob con la escalera y los ángeles en el Libro del Génesis, capítulo 28, versículo 12; o el sueño del rey Salomón con Dios donde le pide sabiduría en 1 Reyes 3, Primer Libro de los Reyes del Antiguo Testamento

Esto que hemos escrito para Onirómano de Salvador Galindo, funge de frontispicio, mera introducción a una cantera infinita de posibilidades inciertas. Cada entrada de su libro es un registro onírico, de sueño inventado o no, que dialoga con el espacioso mundo de Helios, Omnio, Morfeo o de los ángeles. Siempre en primera persona, siempre el yo cálido y personal; a veces nos encontramos con apuntes, muy breves, que parecen ser una nota al pie de un registro que desconocemos; otras, roza el anecdotario o la mera descripción; en otros se vislumbra la forma del cuento o incluso de la crónica.

Hay cierta vocación renacentista en nuestro autor, de no encadenarse a un género, y cual ramillete de rosas, cual florilegio poético o selva lírica, se expande en la temática onírica con las más variadas formas existentes. «Todo lo que logró imaginar parecía otro truco de la mente, del corazón», afirma uno de los narradores, con pulso firme, para encontrarnos en otra zona la siguiente frase: «A veces un sueño es el comienzo de algo o solamente el estribillo de alguna canción perdida». Corazón, mente, truco, canciones.

En un hipotético viraje de la carrera de la controvertida y talentosa Mon Laferte, el libro nos relata el encuentro de un soñador con ella en un sucucho viñamarino para proponerle un paso más en su carrera: en vez de escribir canciones de vocación pop, podría adentrarse en los terrenos del rock progresivo. En otro tramo, aparece mencionada la canción Dreams de The Cranberries que, con su dulce voz, Dolores O´Riordan nos dice: «Oh, my life is changing everyday/ In every possible way/ And oh, /my dreams It's never quite as it seems/ Never quite as it seems». Si leemos esto con el fondo musical de los irlandeses, notamos que más que una declaración o manifiesto, hay un desgarro, una herida: sabemos que con los años y la vejez, la monotonía y el abismo del vacío crecen sin detenerse, y el mundo con los párpados cerrados más parece una alternativa, un ancla para no hundirnos en esa vorágine, que un lugar específico donde todo lo que soñamos se cumple.

Y cuando lo que deseamos se cumple, la potencia del sueño no deja de generar su propia paradoja: ¿No es a veces más brutal despertarse de un sueño perfecto que de una horrible pesadilla? En estricto rigor, salir de la pesadilla para constatar que todo está bien es un alivio, pero salir de un mundo onírico ideal en el que por fin vencimos al dragón y conquistamos el tesoro, puede ser descorazonador, porque la realidad no está ahí para ajustarse a nuestros deseos, sino que para someternos. Y ese es otro gran tema de Onirómano: el sometimiento. Si hay algo que puede hacer un soñador es librarse de esas cadenas y abrirse paso a tajo limpio en la selvática realidad. El sueño, con su propia lógica, viola las leyes de lo existente y permite que las quimeras tomen carne, que lo no existente cobre vitalidad. Ni bueno ni malo per se, es.

Como reflexión final, nos quedamos con lo que dice el narrador protagonista de Las cuestiones más extrañas, atreviéndose a responder esta pregunta: ¿en qué son más parecidos sueño y vida? La voz del escrito concluye en que muchas veces no sabemos lo que nos tocará, y no nos quedará de otra que enfrentarlo, cual quijotes, o morir como avestruces, con las cabezas incrustadas en la tierra.


Pablo Rumel Espinoza


Escritor




V Ocasos


Cuando estamos despiertos obramos como cuando soñamos: empezamos por inventar e imaginar a un interlocutor y luego nos olvidamos de él.

Nietzsche


Infanta

Él vio a una joven poeta recitando encima de un piano. Era dentro de una especie de salón de honor. A su lectura asistían académicos y uno que otro aspirante. De repente, durante su presentación, se puso a tocar un fragmento irreproducible de alguna pieza clásica, seguramente Vivaldi, o una mezcla rara de ELP. Conforme la música avanzaba, a tientas, de forma errática, todos en el salón se iban esfumando lentamente, como si con las notas pasasen a un estado sutil. Él mismo sufrió el fenómeno, preso del éxtasis de esa desaparición. Luego, se encontró en las afueras de aquel ostentoso edificio donde había sucedido la presentación. Bajo lo que parecía la pista elevada de Avenida Argentina, una chica estaba sentada en el suelo, tapada con un andrajo. No, no era la de la performance, aunque se asemejaba mucho, y la asociación se volvía inevitable. Al verle pasar, se incorporó lentamente y sacó, entre un agujero en una columna, un objeto cubierto con una tela. Lo recibió y, al sacar la cubierta, descubrió que el objeto era una espada, una vieja espada corroída. En ese punto, él no consiguió recordar si se la llevó o la chica la reclamó de vuelta para guardarla como su tesoro invaluable, pero, al dejar el lugar, habían escritas unas leyendas con tiza en el suelo. En ellas, se dejaba leer la firma: “Infanta”.



VII

La hora del fin

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Cesare Pavese


La hora del fin

Soñó que era acusado de un delito. Tenía relación con un hecho violento. Dentro del sueño, se encontró en el patio de una casa que arrendaba antiguamente. Allí, un conocido suyo, un poeta anfitrión, le visitó y le contó algo sobre una cámara situada en una calle próxima a un local del puerto, un local muy concurrido por un grupo de escritores. En el video grabado por la cámara, se alcanzaba a visualizar a un sujeto sospechoso, de manera muy borrosa, caminando de noche sobre lo que parecía una mancha de sangre en la acera. En aquel momento, aún se investigaba la escena del crimen.

Existían varios sospechosos que concurrieron al local a una lectura poética aquella noche registrada en el video. Lo más extraño era que los investigadores le sindicaban a él como el sospechoso, en circunstancias de que aquella noche no había ido a ninguna lectura. El poeta anfitrión le explicó que estaban sospechando de todos aquellos que asistían regularmente al local. Ante esa información, se acrecentó una sensación de claustrofobia en su cabeza y se agudizó un dolor en su pecho. Alguien había sido asesinado, según constaba en las investigaciones. Aún no reconocían el cuerpo, pero todo indicaba que se trataba de una escritora que también asistía regularmente a dichas tertulias de poesía. Existían varios sospechosos, sin embargo, él era el principal, por el solo hecho de que todos certificaban su relación patológica con la occisa.

Le dijo al poeta anfitrión que él no podía ser. Este respondió que le creía, pero tenía que convencer a los oficiales. Fue así que decidió contactar a todos aquellos personajes que asistieron esa noche. Ninguno se dignó a dar explicaciones convincentes. De hecho, todos habían sido interrogados y tenían sus respectivas coartadas para zafar de su presunta implicación. Evidentemente, se estaban cubriendo las espaldas, como buen lobby, y a él le estaban dejando fuera, a su suerte. Entonces pensó que tenía que encontrar, de alguna forma, una coartada que le situara fuera de aquel lugar al momento de la lectura poética, con tal de no ser incriminado. Sin embargo, pasaba el tiempo, y sus explicaciones respecto a su ausencia en el sitio del suceso no convencieron a los fiscales, oficiando así, ante la premura por cerrar el caso, una orden de detención en su contra como sospechoso de homicidio. ―No podía ser―, dijo para sus adentros. ―No podía ser, por la sencilla razón de que yo la quería―, concluyó, mientras caminó con la cabeza gacha y las manos esposadas, rumbo a la patrulla, ante la mirada despreciativa de cada uno de los asistentes al local, que no dejaban de grabar el espectáculo de la captura del inculpado.

Rumbo al calabozo, imaginó en su cabeza el video de la cámara. En él, seguía la figura borrosa del sospechoso, se revelaba el arma del delito y se visualizaba bruscamente el rostro pálido de la escritora. En ese mismo instante, se dio cuenta que la mujer estaba viva y, en verdad, lo tenía sujeto de las esposas hacia la cama. Lo forzaba mientras lo cabalgaba, al punto de la agitación. El inculpado aún no podía entender qué era lo que estaba pasando, tratando desesperadamente de zafarse. Entonces, la escritora, pálida, fiera como ella sola, lo enredó con las sábanas y lo asfixió. El inculpado sintió cómo se ahogaba con su propia saliva en el proceso, perdiendo la respiración y sintiendo que moría. Esa mujer de ensueño -pensó- lo mataría en ese mismo instante. ―Llegó la hora―, le dijo al oído, con una voz grave y sensual. Lo hizo agitarse tan bruscamente que perdió el aliento y sintió que todo su mundo se derrumbaba a su alrededor, con la mujer invicta sobre su cuerpo inerte.

martes, 24 de junio de 2025

Pensamiento controversial en tiempos de moralismos. A la larga, la obra es lo único que prevalece: "El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro". William Faulkner, Entrevista.

Hermenéutica y Acción

Dijo Paul Ricoeur: "Por un lado, no hay sistema sin estado inicial, no hay estado inicial sin intervención ni intervención sin ejercicio de un poder. Actuar es siempre hacer algo de manera tal que suceda alguna otra cosa en el mundo. Por otro lado, no hay acción sin relación entre el saber hacer (el poder hacer) y lo que éste hace suceder. La explicación causal aplicada a un fragmento de la historia del mundo no funciona sin el reconocimiento: la identificación de un poder que pertenezca al repertorio de nuestra propia capacidad de acción....
Al desprenderse de su agente, la acción adquiere una autonomía similar a la autonomía semántica de un texto: deja un trazo, una marca; se inscribe en el curso de las cosas y se vuelve archivo y documento. A la manera de un texto, cuyo significado se aleja de las condiciones iniciales de su producción, la acción humana tiene un peso que no se reduce a su importancia en la situación inicial de su aparición, sino que permite la reinscripción de su sentido en nuevos contextos. Finalmente, la acción, al igual que un texto, es
una obra abierta, dirigida a una sucesión indefinida de posibles "lectores". Los jueces no son los contemporáneos, sino la historia ulterior." Paul Ricoeur, Hermenéutica y Acción. De la Hermenéutica del Texto a la Hermenéutica de la Acción.

lunes, 23 de junio de 2025

El ex Hotel Royal cierra el telón. Otro lugar clásico de Valpo cae. Se desmantela entera la ciudad, y los pocos rostros conocidos se me vuelven ajenos, hostiles.

sábado, 21 de junio de 2025

Digresiones de un invierno nuclear

(ejercicio de ficción peligrosamente real)


Tras la escalada del conflicto bélico entre Irán e Israel, los poetas y escritores de Chile -todos juntos, consagrados y emergentes- se pronunciaron y tomaron posición, tomados de la mano, con muy buena retórica, batiendo sus poemas al cielo, mientras el napalm caía sobre sus cabezas. 

II

Los rumores nucleares vuelven a resonar en las conciencias, amplificados por la perversión del aparataje mediático. Los poderes fácticos impulsan la maquinaria del fin de los tiempos. El potencial de la guerra vuelve cual mito radiactivo en la historia.


III

"Nos espera una muerte lenta
El ataque tendrá un solo efecto
Condenados a la pena capital
Por la espada nuclear de Damocles."
Sodom, Invierno nuclear

viernes, 20 de junio de 2025

Acorde letal

Conjunto de poemas que conforman una reinvención del imaginario gragkiano


Acorde letal



Ocaso de metal

El encanto malvado de la lechuza

Reacción en cadena

La Gran Discordia

Cazador de la memoria

Spectrum

Abbadón

Llave para el cosmos incierto

Super rayo final

Por siempre cero







Ocaso de metal



Las palabras apuntan al final de finales

Hierven mentes y corazones

El desastre se vuelve la norma

Hombres y bestias azuzan el fuego

Descalabro de la razón

Traición de la luz

Se cierne la noche sobre el páramo

Se hunden las naciones

Se demuelen las obras

Las hienas del poder muerden la carne

La materia se resiente

El mal se vuelve metálico

Y los profanos pagan su deuda

El diablo renueva temporada

La Tierra precipita la agonía

Tras su rostro, reflota el horror

El vacío nihilista, hambriento de furia

Falso Dios de este mundo

Carcelero de ilusiones

disemina la mentira, cual peste

sobre su imaginario oxidado

Ya no hay misión, ya no hay sentido

Los bastardos acometen su crimen

Ecos sin voz se estrellan contra el muro

Sombras sin sustancia

Revelan lo real

La sangre ardiente y el alma desnuda

Se cierne la noche sobre el páramo

Se destruyen los proyectos

Se asfixian las gargantas

Los buitres de la discordia rapiñan la carne

La materia se retuerce y se revuelve

El caos se vuelve ácido

Y los blasfemos (de toda laya)

Montan su teatro

El absurdo renueva temporada

El cielo se precipita a su agonía

Tras la máscara, reflota el horror

El vacío absoluto

De lo que no tiene nombre

Ocaso de metal, cae el conjuro

Sobre los enemigos de espíritu

Ocaso de metal, cae el hechizo

Sobre los parásitos de la conciencia.



































El encanto malvado de la lechuza



El congelamiento de la edad de las luces

es el encanto de la nueva maldición

que se hará sobre todos ustedes,

los de la raza humana.

Háganse presentes, y cultiven la maldad

con retorcidos pensamientos

de caos, tragedia y aversión.

Consúmanse ustedes mismos

en los brotes herméticos

de la vida y sus avatares.

Los secretos de la buena nueva

ningún ángel de la guarda

estará ahí para ayudarles.

Una batalla psíquica oficial

Contra los agentes de la razón

Contra las mascotas de la muerte.

Háganse insectos, o serán capullo eterno.

Ese es el encanto, la nueva maldición

Que se hará sobre todos ustedes

Los de la raza humana

¡Vamos! Cultiven la maldad

con retorcidos pensamientos

de caos, tragedia y aversión.

Ultraje del amor mutante,

ultraje de quien falló en el amor,

y sólo así caerá sobre ustedes

el congelamiento de la edad de las luces

el encanto malvado de la lechuza.

























Reacción en cadena



Todos los hipócritas parados en línea,

Y ya estamos listos para hacer el jaque

Y jugar con sus vidas miserables.



Y si llegaras a creer

que la adrenalina de sus cuerpos no hizo combustión alguna,

piensa en el dedo que encendió la fiesta.

Las noches se han vuelto llamaradas suicidas

¡Aquí! en el planeta Tierra.



Todos los hipócritas parados en línea

Y ya estamos listos para hacer el jaque

Y jugar con sus vidas miserables.



Porque este mundo explotará

Hasta provocar una reacción en cadena

Y entonces será el momento de decir:

¡Hasta nunca!






La Gran Discordia



Aquí viene la virulencia

Que caerá sobre cada huella humana

Será la entropía higiénica

que acabará con los conceptos eternos

de la moral y la ética.


La agricultura del pensar

marginará a su ovejero

así, la lana del caos será trasquilada

para tejer el velo de Maya

que cautivará a parásitos y filósofos.


Se expondrán las vísceras del tiempo

y la carne de la galaxia

traerá las almas en pena

que vagan en el espacio

sobre vibraciones intempestivas

y la Tierra será la tumba de todo paraíso.


Aquí viene la virulencia

La invencible virulencia

liquida ya la necedad

de tapizar el cielo de quimeras

cuando bajo el poder de Dionisio

se implora la potencia de la carne

por sobre los verbos

por sobre la paja de los templos

por sobre el yo y la ilusión del más allá.



Aquí viene el corazón del tiempo

poniendo en marcha su incesante caos

su fracción de todo y de ente

será el agente que revele toda máscara.


¿Quién te hizo verdad para decir: descubriré tu rostro?


Entre ellos, su falacia hermenéutica

y la tiniebla de la incógnita

hay solo un lamento de siglos

Es la lírica de los malditos

Los cautivos del velo de maya

atados a la magnánima Discordia.


La Gran Discordia, que prescinde de toda

pureza del espíritu

está ya aquí en cada rincón del universo

y en cada reducto cerebral

cumpliendo su obra perenne

escrita con el fluido de un vicio

llamado historia.


Aquí viene la virulencia

Que caerá sobre cada huella humana

Será la entropía higiénica…

Nada, para siempre

Discordia para todos

y la Tierra será la tumba de todo paraíso.










Cazador de la memoria



El que expele la noche,

el que captura los recuerdos

en una botella encantada.

El que mata pensamientos como mata moscas,

dominará expandiendo su sombra

a todos los moradores del pensar.



Mueran los grandes sabios,

mueran sus cabezas parlantes

y linchen sus palacios erigidos sobre letras huecas.

Quemen sus libros y manifiestos.

Que así se difumine, que así se cante.



Él morará en umbral de cuentos de hadas,

mientras rapta a las magnánimas musas.

Beberá de su licor y explotará su embriaguez,

La ingente matriz será suya propia.



Y su renacimiento,

Será otra vez como las palabras

O como el vómito de sus bocas.









Spectrum



Disonante agonía

tras las puertas,

sin equilibrio

sin vértigo

sin cerradura

sin llave.



Una opción tardía

Un abismo,

Sin espacio

Sin tiempo,

Entre clausura

y escape.













Abbadón



Y cuando llegue el último día

volverá como el ángel exterminador

tras el signo de la Gran Ramera

esparciendo la cólera en la letrina de los traidores.












Llave para el cosmos incierto



Todo quieto, cuando la logia sube a la cima.

Las estrellas en forma de pentagrama

indican las cinco direcciones

que toma la discordancia de los sonidos.



No te dejan salir…



Cierran las puertas,

Y no sabes lo que harás



Todo quieto, cuando el temor no pertenece a nadie

El misterio en la antesala indica que esto

es una completa jungla,

que existe más de esa influencia ultrasónica

Desmembrante.



No se quieren callar…



Abren sus bocas,

Y no sabes lo que harás.



Todo quieto, cuando recortas las sílabas y vocales de tu nombre

Para tratar de sortear tu hueco en la fila de interrogados.

¿Cuántos años te tomará saberlo?

¿Darte cuenta que todo este tiempo

Han intentado robar la llave para el cosmos incierto?



Ahora no te dejarán salir

Ahora no se querrán callar

Prepárate para lo peor.













Súper rayo final



En carga está su cabeza de bomba

capaz de extinguir el Sol y su reinado falaz

Se arrastra así entre los peldaños de las sombras

que se crían en su cólera

y llega flagrante al existir en un portal.



La brecha entre el Sol y la Luna

calor y frío, misericordia y coraje

Su obra maestra está a puertas del menguante

En la torre suprema del cielo eléctrico

Se alimenta de frío

Se alimenta de la Luna

Se alimenta de lo salvaje.



Y no tiene dimensión porque es tabú

es el mal, es la energía, es la mácula

es la epidemia de la razón.



Sobre sus mundos objetivos y mentales

caerá el súper rayo final

de energía, de oscuridad, de hielo, de muerte

arrasando sistemas, instituciones, entidades.



Y llega más rápido que la luz a destruir

¡No hay razón ni locura que se le compare!















Por siempre cero



Lo que los vivos añoran como vela al viento

desaparece en cuanto lo nombran

y no decanta pero quiere ser poseído.



Las sombras lo vigilan todo

desde el oasis de aguas negras

y cuando estés en el desierto de los desiertos

te darás cuenta de que vives

siendo sólo arena y olvido.



Lo opuesto, la cara inversa, prohibida, misteriosa

Tus fuerzas consumidas

tú consumido, vives siendo

un conjunto entre dos paréntesis

y crees ser tú mismo ángel y demonio

cuando tu nombre apenas se distingue

entre los tantos ecos de la caverna.



La lluvia cae y cae en el espacio

Los soles lloran su promesa inmaterial

haciendo de la luz un fugitivo que retorna a la concha

Envilecida la piedra, inflamado el abismo

El cielo se precipita hacia su descenso.



Las aristas van de aquí para allá

y crees armarte en medio de la oscuridad

siendo que tú eres el miedo en persona

todo lo que temiste, temes y temerás eres tú

y buscas alguna salida de emergencia

y caes sin presente, y lames el eje de las luces

y es producto de tu imaginación

que todo lo puede al ser pervertida

al ser tocada en su punto de carne, su punto vital.



Y ya que esa, tu vida, no es más que un círculo

hoy suspiras y aspiras el polvillo de pensamientos ajenos

Todo cae como daga, deberías saberlo

todo queda en cero.


jueves, 19 de junio de 2025

Adaptación a formato diario del relato “El viaje sentimental” de Edgardo Cozarinsky

La noche anterior traté de buscar una radiografía que perdí entre tantos papeles desordenados. Después de media hora, no pude encontrarla, pero descubrí un pasaje de avión demasiado antiguo. Me costó reconocerlo. Era el pasaje con el que había viajado hasta acá. La última página aún marcaba el recorrido de regreso, desde París hasta Buenos Aires.

Ha pasado más de un año desde que compré ese pasaje. Me negué a la idea de volver. Pensé en que quizá podía sacarle algo de guita, por lo que fui a la oficina de la compañía aérea a ver si podía recuperar mi dinero o canjear la última página por el equivalente a otro destino. Sin embargo, el empleado me explicó que no se podía, por la devaluación de la moneda argentina que obligaba a una política estricta de no conversión.

Pronto, me di cuenta que no iba a poder recuperar lo invertido, y que la suma que me darían sería irrisoria. Pensé en enmarcar la última página del pasaje, movido por mis reflejos de archivista de museo, pero finalmente, decidí quemarla. Fui al inodoro, le prendí fuego al cuadernillo y observé, con atención, cómo caían las cenizas.

domingo, 15 de junio de 2025

Rubicón (poema)

Frente a ti, una puerta cerrada

En el sótano, una llave

No puedes entrar ni tampoco salir

No sabes lo que aguarda afuera

Y temes lo que haya dentro

Un reguero de bombas

Inunda tu pantalla

Un cruce de plomo

Delinea un contorno invisible

Los ojos avizoran un fuego original

Dicen que la respuesta está en tus manos

Tus manos llagadas, indescifrables

No hay lugar donde no te alcance la bruma

Las llamas te acompañan por las noches

Abrigan tu ciudad interior

En un chamuscado retorno

Caminas otra vez para espantar el pasado

Caminas porque en la errancia

Ejercitas el consuelo y el rigor

Los perros rodean el lugar, silenciosos

Quieres huir, pero la llave no aparece

Fuerzas la salida y el tiempo te recibe visceral

Los rostros que creías reconocer

Son solo los reflejos de tu espejo enterrado

Quieres confiar en tus pasos

Y tu sombra delata a los necios

Persistes en la página ensangrentada

Aguantas la trama del instinto con todos sus ripios

Rehúsas mirarla a la cara

Y te avergüenzas de todas tus palabras

Porque temes borrar el relieve de su rostro

Su rostro pálido, su baile oscuro

Al ritmo del vértigo

la pasión engendra la historia

impregnada de tu máscara

la historia sin labios y sin secreto profundo

ningún otro misterio en su pecho

podrá ayudarte a sortear el laberinto

allí donde creíste vivir un mito

solo restó aquel golpe y la poesía

derramada contra el pavimento

Al fin huiste con el dolor a cuestas

Porque todo gritaba huida

Cruzaste, temerario, su río de veneno

Te endureciste ante la infamia

Cruzaste, huiste

Y el rostro fue arrancado de cuajo

El odio se volvió una pira salvaje

Al punto de la incineración

Y pronto el olvido alumbró el camino

De regreso a tu centro

te inclinaste ante la cruz del ocaso

y abrazaste, con orgullo, la sombra de la duda.
Versos de William B. Yeats que resuenan con el vigente estado de cosas: "Dando vueltas y vueltas en la espiral creciente no puede ya el halcón oír al Halconero; todo se desmorona. El centro cede, la anarquía se abate sobre el mundo, se suelta la marea de la sangre, y por doquier se anega el ritual de la inocencia; los mejores no tienen convicción y los peores rebosan de febril intensidad". Yeats, "El segundo advenimiento". Llame anarquía al desconcierto generalizado de un mundo que resiente rumores de guerra.