"Lo que nos define es el imperio de la ley. En Europa, en Occidente, esperamos, a veces frustrados, a veces furiosos, a veces con ganas de matar, a que la Justicia haga su trabajo. Lo que pasa en Francia es otra cosa."
martes, 4 de julio de 2023
lunes, 3 de julio de 2023
"Cuando Oppenheimer presenció la bola de fuego en la prueba Trinity, previamente a que la bomba fuera utilizada en Japón, se dio cuenta de que el mundo no sería igual. Según comentó en una entrevista tiempo después, de entre los testigos de dicho acontecimiento, algunos rieron, otros lloraron y la mayoría guardaron silencio, Pero él pensó inmediatamente en un verso de la Bhagavad Gita: "Ahora soy la muerte, la destructora de mundos".
Si bien esta anécdota es cierta, la cita de Oppenheimer del texto hindú es imprecisa. El fragmento más cercano que se puede identificar al respecto dice: "el tiempo destructor de mundos", lo cual es dicho por Krishna a Arjuna mientras le muestra su forma tremenda de múltiples brazos, devorando mundos con el resplandor de miles de soles."
Dos visiones sobre el conflicto francés: Atenea y Sumisión.
El año pasado Netflix estrenó la película Atenea (2022) de Romain Gavras, en la que se plantea un escenario de conflicto social en los suburbios franceses. Todo comenzó con la muerte de Idir, un chico de trece años que murió en un altercado con la policía. Sus hermanos son los que se ven enfrentados al sistema, de diferentes formas. Abdel, un soldado francés, confiaba en que la justicia castigaría a los responsables. Mientras tanto, Karim, no estaba dispuesto a esperar y, con un arrojo de rebeldía, se levantó contra las autoridades mediante una revuelta. Moktar, el hermanastro delincuente, por su parte, no estaba demasiado interesado en la causa, pero, a raíz de sus contactos con el narco, tenía el suficiente arsenal como para poder iniciar una guerra civil.
Al parecer, Netflix goza de programación predictiva o ha sabido sacar réditos de su capacidad para leer la realidad observable, porque lo que sucede hoy en Francia tiene un paralelismo con Atenea, aunque las circunstancias son distintas. En este caso, se trata de un adolescente llamado Nahel, quien habría muerto abatido por la policía tras saltarse un control de tráfico, según consta en los antecedentes de la investigación. Tras este hecho aún no acreditado, se usó a Nahel como mártir para las protestas y revueltas que ocurrirían de un tiempo a esta parte. El caso de George Floyd es paradigmático en este sentido. Recordemos que también las protestas con motivo racial del 2020 ocurrieron a partir de una muerte sucedida bajo extrañas circunstancias y con la policía en calidad de presunta culpable. Ahora bien, el caso Nahel ha propiciado disturbios con motivos de otro tenor, mucho más enfocados en el problema inmigratorio, el pasado colonizador, la antigua masacre de argelinos y la cuestión islamista.
Ante este panorama, se han desatado fuerzas políticas en abierta confrontación. Están los grupos de anarquistas que han llamado al enfrentamiento en las calles (en un símil evidente con Chile); están también los grupos de islamistas que han desafiado abiertamente al gobierno de Macron, incluso con el deseo de querer convertir a Francia en un “país islámico”, mediante una crítica férrea a la decadencia moral y espiritual de Occidente; y, como respuesta a los islamistas, aparecieron algunos grupos soberanistas de corte nacionalista a defender la soberanía del país galo, frente a lo que llaman un “ataque del globalismo”, otra “primavera árabe” implantada para dividir a la nación y empujar el conflicto hacia un determinado estado de cosas, muy conveniente en un contexto bélico a nivel mundial.
Francia se resiente. Europa se resiente. La crisis civilizatoria se agudiza. Cuando un amigo me contó lo que estaba ocurriendo en Francia, inmediatamente le cité a Michel Houellebecq y pensé en su visión pesimista sobre Occidente, su visión lúcida al punto de la náusea y la zozobra. Houellebecq ha sido, a mi juicio, uno de los escritores que ha versado con mayor agudeza y audacia sobre esta cuestión. En su novela Sumisión (2015) retrata a una Francia distópica de finales del 2022. En ese universo, un tal Mohammed Ben Abbes, líder de la coalición islamista moderada, derrotó a la candidata del Frente Nacional y se hizo con el poder. Entonces, François, un profesor universitario hastiado de su vida monótona, se transforma en el testigo privilegiado de la transformación de la sociedad francesa: los judíos emigraron a Israel, muchos comercios locales han quebrado, las mujeres cambiaron las faldas por los pantalones y la Soborna se volvió una universidad islámica. Frente a esto, François renuncia a su consciencia y se convierte a la nueva religión oficial de Francia, con tal de vivir una nueva vida ahora bajo el signo de Mahoma y la obediencia al único Dios Alá.
La novela Sumisión se lanzó el mismo día del atentado contra Charlie Hebdo. Por la ficción política desplegada, Houellebecq fue acusado de “islamofobia” o de “hacerle el juego a la derecha”, típica acusación de quienes tienen la mirada obtusa y no logran comprender el fenómeno a nivel global. En su defensa, Houellebec afirmó: «No tomo partido, no defiendo ningún régimen. Deniego toda responsabilidad. He acelerado la historia, pero no puedo decir que sea una provocación, porque no digo cosas que considere falsas sólo para poner nerviosos a los demás.» En efecto, solo la historia “puede absolver” a Houellebecq de las imputaciones recibidas por la corrección política. En cambio, su literatura se ha encargado de denunciar la realidad y de representar la crisis occidental al punto del paroxismo.
Francia lleva en sí el lema de la Revolución Francesa: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, pero con ello, carga también el excedente de la Revolución: “Violencia, Caos y División”. La película Atenea es un llamado entusiasta y un grito comprometido, muy bien diseñado. Sin embargo, la novela Sumisión es su contraparte: un diagnóstico ácido y sin solución de la ficción política. Ambas miradas cuajan sobre la realidad. “La élite está asesinando a Francia”, había dicho Houellebeq, el año 2015. Hoy, en el Elíseo, subyace la amenaza del poder global, nuevamente.
domingo, 2 de julio de 2023
miércoles, 28 de junio de 2023
martes, 27 de junio de 2023
domingo, 25 de junio de 2023
La muerte de Marat
Jean Paul Marat, uno de los líderes de la Revolución Francesa, fue conocido en su momento como “El amigo del pueblo”, al llevar la bandera de la Nueva República contra el Antiguo Régimen. Con su ímpetu se dio muerte a los reyes Luis XVI y María Antonieta, en lo que se conocería como el Régimen del Terror. Sin embargo, ese mismo sentimiento de venganza en contra de la aristocracia se volcaría contra sus propios correligionarios políticos.
En efecto, la furia de Marat haría de él un verdugo, dispuesto a dar caza a chivos expiatorios del Antiguo Régimen, incluso aunque estos fueran de su propio bando. Muchos de los simpatizantes de la Revolución y seguidores de Marat ya no veían con buenos ojos los métodos bárbaros e inquisidores que se utilizaban para perseguir a todos los llamados “enemigos de la República”. Ninguno de esos enemigos eran acusados con un debido juicio y todos eran ajusticiados en el acto. Fue así que una gran parte de la izquierda republicana se alejó de la visión maratiana, al verla como un agente radicalizado que solo alimentaba el resentimiento y la sensación de caos en lugar de asentar la lucha contra las injusticias del Viejo Régimen.
A través de la prensa de la época (el diario «Journal de la République française»), y mediante el poder que le confería su lugar en la Convención Nacional, junto con el poder de la comunicación y la propaganda, Marat volcó todo su discurso contra los que él llamaba “contrarrevolucionarios” o “traidores de la causa”, “traidores del pueblo”. Ese dardo envenenado apuntó directamente a los llamados “girondinos”, una facción revolucionaria más moderada, en comparación a los radicales “jacobinos”.
Pronto, toda esa operación de odio ciego acabó pasándole la cuenta al legendario Marat. Los girondinos estaban preocupados por la distorsión del sentido de justicia que velaba por los preceptos republicanos: «liberté, égalité, fraternité». Por esta razón, Charlotte Corday, seguidora de la facción girondina, se decidió a darle muerte a Marat. Ella habría sido la orquestó su asesinato. Ahora bien, hay muchas teorías sobre lo que sucedió, ninguna comprobada. La tesis más difundida sostiene que Corday se presentó un 13 de julio de 1793 en la casa de Marat, al cual llamaba “bestia”, con la excusa de presentarle una lista de traidores a la causa revolucionaria, una verdadera “lista negra”. En un momento de descuido, cuando Marat fue a darse un baño, Corday habría aprovechado para clavarle un puñal. «He matado a un hombre para salvar a cien mil», habría dicho Corday cuando fue detenida por el crimen. Luego, ella sería guillotinada, mismo destino que sufrieron los reyes del Antiguo Régimen y, en general, todos aquellos que se oponían al nuevo Régimen del Terror, fueran estos girondinos o fueran antiguos amigos de la causa, convertidos, así, en enemigos por los verdugos revolucionarios. El asesinato del jacobino Marat por parte de la girondina Corday pronto sería usado para convertirlo en el nuevo mártir de la Revolución, y en una excusa política para aplacar a su propio “fuego amigo”.
Maximilien Robespierre, el famoso líder de los jacobinos radicales, fue el que se encargó de inmortalizar la figura de su “compañero de causa”, al encargarle al pintor Jacques-Louis David, un cuadro que retratase su muerte “a manos de la traición”, el cuadro "La muerte de Marat" de 1793. Las copias de esa pintura fueron utilizadas, de ahí en adelante, como propaganda política de la nueva República.
La pregunta que trasciende, hoy por hoy, es la siguiente: ¿Quiénes serían, en este actual escenario, los que están dispuestos a “ajusticiar” a su “fuego amigo” con tal de llevar hasta las últimas consecuencias su idea de la “Revolución”? ¿Quiénes, como Corday, llegarían al punto de eliminar a sus compañeros más radicales con tal de contener la ola nihilista? Imposible no hacer paralelos con lo sucedido en las futuras revoluciones del Siglo XX, y sin ir más lejos, con lo ocurrido en el mismo Chile. En lo sucesivo, la muerte de Marat a manos de Corday sigue incrustada en el inconciente colectivo tras todos los nuevos intentos de insurgencia, como si se tratase de una maldición, una profecía autocumplida o quizá, sencillamente, una cruda lección de historia, que algunos –enamorados de sus propias mentiras- no están todavía dispuestos a aprender, por miedo a ver cortadas sus cabezas, o lo que es peor, estrellarse contra una realidad política que aplasta, una y otra vez, toda idea redentora de la historia.
La crítica al llamado "globalismo" no tiene por qué ser necesariamente un asunto conspiranoico de parte de ciertos grupos "alt right", ni tampoco tiene por qué ser una lucha excluyente de la izquierda clásica. Es más, yo diría que es la crítica "decisiva" del presente, porque en ella confluye la disputa contra el sistema financiero internacional y contra el monopolio del poder político, los cuales actúan en contubernio para conservar su hegemonía a toda costa. Por eso es que podemos ver a gente como Santiago Armesilla, declarado marxista, criticando con fundamentos a la Agenda 2030 y llamándola "agenda de la gran burguesía globalista" y, al mismo tiempo, ser testigos de una partidocracia chilena totalmente alineada con esos propósitos.
"Mi amor, he decidido ser poeta/El salto al vacío que esta decisión implica/es riguroso,/pero a diferencia de las leyes de la física/en la poesía no siempre se cae hacia abajo”. Poema de Gabriel Boric, escrito en su época de diputado. Reemplace " presidente " en lugar de " poeta", y reemplace " poesía" por "política" y tendrá usted un poema más acorde al presente. Buenas tardes.
viernes, 23 de junio de 2023
Volvió un terrible dolor de muelas, punzante, intenso. Hace más de un año ya había sufrido uno similar. Fui al dentista y este me recomendó la endodoncia si es que quería recuperar la placa dental. Acepté la propuesta, pero luego dejé de ir por lucas. Ahora me pesa esa irresponsabilidad. Ese dolor en la muela puede ser una advertencia, un golpe a la inacción de su portador. El dolor, por ende, siempre es una advertencia. Así lo pude comprobar aquella noche, tras el rostro desencajado de mi ex. Una golpiza puede dejar de doler al rato, pero su réplica se inmortaliza tal cual se inmortaliza el recuerdo sobre el mismo dolor. Nada más real que el dolor. Esa muela doliente no es otra cosa que el cuerpo manifestándose, mecanismo de defensa primigenio, el cuerpo haciendo valer su condición de materia viva. El dolor arde porque lo vivo arde, por eso, y lo vivo duele. Tomando las palabras del gran Omar Ernesto Vega: "cuando el dolor de muelas supera cierto límite, la filosofía queda de lado (...) y un miserable dolor de muelas nos recuerda que somos sólo un poco mejor que los gusanos y las lagartijas, expuestos al dolor, a la decadencia y a la muerte, seres de barro." Definitivamente, un Golem de la existencia. Amasijo de impulsos, aplacados, a regañadientes, por la razón. Sin embargo, la diferencia la hace la voluntad, la voluntad que opera sobre el dolor rugiente. Fui a comprar a la Cruz Verde más cercana un Clonixinato de Lisina, analgésico efectivo, para paliar en algo la dolencia. Fue tanto que la señora que me atendió me ofreció un vaso de agua para tomar el analgésico. Lo bebí rápido y de una sola vez, como quien se toma un golpeado. Al salir de la Cruz Verde, me sugestioné de tal forma que me sentí como nuevo, pese a que el dolor persistía. Se vuelve siempre sobre el dolor y se lo toma como excusa para proclamar que se sufre, que mientras se sienta se puede sufrir y que un dolor de muelas puede ser también un catalizador de los viejos dolores del corazón o una forma de olvidar el dolor con otro dolor. Mañana iré al dentista y seguramente me emplazará a realizar la endodoncia. La muela, mientras tanto, seguirá doliendo, y así también lo hará la noche y su sueño: la materia.
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