lunes, 13 de julio de 2026

Sam Neill, el doble oscuro en Possession, Event Horizon y En la boca de la locura

La mayoría de los cinéfilos recordará el rol de Sam Neill como el paleontólogo Alan Grant en Jurassic Park (1993) de Steven Spielberg, pero creo que pocos recordarán sus actuaciones más bizarras en películas de culto. La que más me impactó en su momento, y lo sigue haciendo, fue su papel de Mark en la película Possession (1981) de Andrzej Zulawski. Puro terror psicológico y corporal. Una verdadera locura bizarra, inclasificable. La química desplegada con Isabelle Adjani, en el rol de Anna, su esposa, es tan descomunal que llega al punto de la náusea y la destrucción. Obsesión con esteroides. En una escena del clímax, cerca del final, Mark se encuentra cara a cara con su doble idéntico, su doppelganger, una versión fría de sí mismo, y Anna le dice que “ya está terminado”. Luego, él y Anna mueren acribillados por la policía y el doble de Mark sobrevive y huye, con una presencia misteriosa.

Otra película en la que Neill se lució de manera magistral fue en la película “En la boca del miedo” (1994) de John Carpenter, inspirada libremente en la novela de Lovecraft, “En las montañas de la locura”. Con esta obra quiso rendir un homenaje al genio del terror cósmico. En la película, Neill interpreta a John Trent, un investigador de seguros que es contratado para encontrar a un escritor de novelas de terror, un tal Sutter Cane, desaparecido en extrañas circunstancias. Conforme avanza, Trent se adentra en un mundo cada vez más alterado, donde el límite entre la realidad estable, lo fantástico y el caos absoluto se difumina. Al final, asistimos a un ejercicio de locura metaliteraria y metacinematográfica. Trent, en medio del desastre, entra a un cine para ver precisamente la adaptación de “En la boca del miedo”, y se da cuenta que la película que está viendo es la misma que vimos nosotros como espectadores, cuestión que lo vuelve loco y termina riendo de una forma maniática.

Una tercera película, esta vez con Neill como villano, se trata de “Event Horizon” (1997) de Paul Anderson, película de horror y ciencia ficción, en la que Neill interpreta al Dr William Weir, el diseñador de una nave en la que todos los personajes viajan a través del espacio. El motor provoca un agujero negro que acaba llevando a todos a una dimensión desconocida, en donde reina el caos y la confusión. Weir se expone al núcleo de la nave y queda expuesto al ataque psicológico de una especie de entidad o emanación maligna que explota los miedos y traumas de los seres humanos. Al estar vulnerable por la muerte de su esposa, Weir es poseído y transformado en una perversión de sí mismo, atacando al resto de los tripulantes sin piedad. En una escena tétrica, el otro Weir, completamente enajenado, suelta la legendaria frase:"A donde vamos, no necesitamos ojos para ver".

Si se aprecia con detenimiento, hay una continuidad en estas tres películas, las tres igualmente espeluznantes, a su manera. Hay una secreta narrativa del doble oscuro, que Neill supo interpretar de manera formidable. En Possession, el doble podría interpretarse como una proyección idéntica de él mismo, que funciona como una sombra encarnada. En la película “En la boca del miedo”, se trata más bien de un descenso a la locura del protagonista y a una versión apócrifa de su personaje. En la última, Event Horizon, el doble es el propio Dr. Weir fuera de sí, convertido en otro distinto de sí mismo, una versión de puro caos y maldad. A lo largo de estas tres películas, Neill nos transmitió esa sensación recóndita, esa “insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad”, como escribió Lovecraft en el relato “A través de las puertas de la llave de plata”. Me atrevería a decir que Neill era el actor propicio para representar a ese personaje corrompido por fuerzas que lo rebasan y que carecen de toda comprensión racional.

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