Ocaso de metal
Las palabras apuntan al final de finales
Hierven mentes y corazones
El desastre se vuelve la norma
Hombres y bestias azuzan el fuego
Descalabro de la razón
Traición de la luz
Se cierne la noche sobre el páramo
Se hunden las naciones
Se demuelen las obras
Las hienas del poder muerden la carne
La materia se resiente
El mal se vuelve metálico
Y los profanos pagan su deuda
El diablo renueva temporada
La Tierra precipita la agonía
Tras su rostro, reflota el horror
El vacío nihilista, hambriento de furia
Falso Dios de este mundo
Carcelero de ilusiones
disemina la mentira, cual peste
sobre su imaginario oxidado
Ya no hay misión, ya no hay sentido
Los bastardos acometen su crimen
Ecos sin voz se estrellan contra el muro
Sombras sin sustancia
Revelan lo real
La sangre ardiente y el alma desnuda
Se cierne la noche sobre el páramo
Se destruyen los proyectos
Se asfixian las gargantas
Los buitres de la discordia rapiñan la carne
La materia se retuerce y se revuelve
El caos se vuelve ácido
Y los blasfemos (de toda laya)
Montan su teatro
El absurdo renueva temporada
El cielo se precipita a su agonía
Tras la máscara, reflota el horror
El vacío absoluto
De lo que no tiene nombre
Ocaso de metal, cae el conjuro
Sobre los enemigos de espíritu
Ocaso de metal, cae el hechizo
Sobre los parásitos de la conciencia.
La ira del nóctulo
“Un nóctulo es un murciélago chico
Que vive en el desván de mi casa.
No nos vemos nunca, los dos trabajamos de noche”.
Ricardo Meruane
Aterrado, el hombre intenta burlar el destino
Sacarle una carcajada al Monstruo
Aplacar el apetito de la bestia
Ese Leviatán con forma de turba
Todo es inútil, todo es inútil
Un atajo de nervios envuelve su ser
Sus tripas rugen indigestas
Frente al espectáculo del patetismo
Ataviado de luces y de cámaras
Gran ojo hipnótico que propicia el morbo
Un mal augurio cae sobre el bufón
La corte del rey se retira del circo
La materia oscura se hace presente
Posee a los asistentes y los embriaga de cólera
Proyectan su sombra sobre el comediante
Crucificado sin resurrección
Acaso el humor no tiene cabida
En el país de las apariencias
En la tierra de los finales
Acaso la risa solo pertenece al verdugo
Sin gracia ni virtud
Pero un pequeño ser de la sombra ha sido invocado
Desde el imaginario nocturno
Uno que no puede ver a su dueño
Porque solo aguarda la noche
Ese terreno interior, escondido en el desván del espíritu
El pequeño ser alado, de extraño misticismo
Acude al plano material y se convierte en cábala
El último recurso del hombre frente al Monstruo
Vuela, surca, una y otra vez, el espacio abismante
Entre la impotencia y la voluntad
Pese a todo, el comediante es derrotado
Preso de su propia desgracia
Deja de ser el hombre que fue
Su imagen le es arrebatada de un zarpazo
Y ya no le pertenece
Solo un espectro sobre el escenario
Uno ridículo, demasiado hermético
Para una masa voraz y sin contemplaciones
El ser alado vuelve a su escondite, zaherido
El miasma del hombre le contamina
Reducido a su mínima expresión
Todo es inútil para él, todo es vacío
Una vela shakesperiana la vida
La historia convertida en una mala broma
Acometida por un Dios cruel
Pero con la misma intensidad del dolor
El nóctulo transmuta el espíritu de su dueño
Y lo abriga de un ropaje oscuro
Lo alienta una fuerza oculta, indómita
La lengua filosa, la lengua del sarcasmo de la vida
Vuela lejos de la escena, traspasa
El velo de la quimera
Abre los ojos a la ilusión del espejo negro
Y encuentra su lugar, su terruño
En el tiempo otro
En la visión tardía, en el chiste onírico
Más allá del entendimiento vulgar
La ira del ser alado se despliega
Sobre los enemigos del anti humorista
Porque ha encarnado el mito
Porque el desván resguardaba su secreto y su intención
Porque el misterio dibujará una mueca
En el rostro de los escépticos
El nóctulo, tan macabro como gallardo,
Aguarda en el interior, mascota del caos
Y hará de la vergüenza un motor para el orgullo
Hará del miserable una figura de culto
Y del rostro hipócrita un mártir para el sacrificio.
América pandemonio
Occidente, jadeaba, ansiaba su sol muerto, su perdido nervio de vida, la fiesta soterrada. Necesitaba ángeles y superhombres. Nacía, con fuerza irreparable, la secta de los buscadores del Paraíso. Abel Posse, Los perros del paraíso.
Tras la ruina del mito, el ocaso del héroe
Navegantes arribaron sin comprensión de su destino
Colón, el hombre del mar, el hombre de la visión
Creyó llegar a tierra prometida
Por sus reyes y por sus dioses
Los perros del paraíso ladraron hincados
Ante el paso implacable de los jinetes
De hierro eran vestidos y de oro ansiaban el mundo
Gloria de los náufragos, tesoro entre tormentas.
El susurro de los nativos prometía maldiciones
Un rito mágico allende la envestidura
Un pacto secreto sucedía en aquellas selvas
Espacio del guerrero y universo del brujo
Solo cabía allí la oscuridad de un lenguaje arcano
Incomprensible para el bizarro extranjero
Solo traducible en la sangre y su mixtura
La marca del ángel en sus rostros
La mirada abismal en sus cuencas
Se levantaba el oleaje para señalar al peregrino
Quien caminaba, sobre suelo fugitivo, con voluntad fundante
Pero no hay en el corazón de la piedra ni en la boca del arrecife
Nada que pueda ser fundado
Sin antes sucumbir a la naturaleza
Porque aquella materia opaca, aquel dorado encanto
No reconoce otra historia que lo abierto.
El verde caos de su dimensión
Alberga al viajante errático con su palabra y su cruz
Le permite modular el idioma de los enterrados
Porque hay en el carnaval una erupción
De ocasos y de amaneceres, ante el rumor de la aurora.
Caída la noche en las costas, se propaga el mito
cual espiral que gira sobre sí mismo
Repitiendo las sombras y las luces
Frente a la inclemencia del firmamento.
Se abre un vórtice a todo ritmo y sin piedad
Una pugna de demonios interiores
Espectros españoles y nativos
Que arremeten contra el hierro de la herencia
Ardiente y vacilante, y conjuran
La pérdida edénica, adánica
Fruto del espejismo de la conciencia
de imperios y de perdiciones.
Convertidos los ángeles y redimidos los santos
Entonces de la mancha nace América
Entonces de la mancha se abre al absoluto
Conjuga en su vientre el pandemonio
Derroche de sangre, de savia y revoluciones
Un orden como espejo enterrado en la tierra
Piedra en el páramo, lamento de madre
Barroco su vacío, perturbadora su verdad
Revelada al mundo, futuro siempre latente
Llaga abierta del crepúsculo
Recreándose en su ciclo fatídico
Sabiéndose vivo en la profundidad del linaje
Sabiéndose orgánico en lo doliente
Lo grito, lo sombra, lo indómito
Pululando, tanteando un tiempo fragmentario
Consagrado al enigma, coronado al espíritu
Absurdo, divino, demonizado en su ser
Crepitante en su devenir, en su signo errante
América material, final, total
Incógnita en su secreta penitencia
Sublime en su abierta resistencia.
Casa del dolor
(en la isla del Dr Moreau)
Dentro del laboratorio de la isla
Los monstruos no son las criaturas engendradas
Entra un poco más profundo y verás
Probetas, químicos y metales pesados
Los creadores salen de su escondite
Engendran seres infelices
Condenados a la ignominia
El hombre darwiniano erige
Su dogma positivo
Capaz de crear de la nada
E interpelar a su Dios, su razón
Sigue con el método perverso
De mentalizar a las criaturas
Volver humano lo no humano
Lo que solo cuenta con instinto
Y voluntad arcana
Es el mito prometeico sin esencia
Es el pacto del hombre positivo
Que pretende ser superior
Aun a costa de lo creado
A expensas de su dolor e incomprensión
La ley del Homo Deus se cumple
Su ficción satiriza el sentido
Corroe los cuerpos, codifica las mentes
Solo un par de dígitos hará posible
El paso del corazón al espíritu
Y del espíritu a la máquina
Chirriar estridente su fracaso
Cuando las bestias permanecen orgánicas
Fieles a su violencia
Fieles a sí mismas
Así el proyecto antrópico se desmorona
Deviene en historia grotesca
que propicia, cínica, el desconcierto
La acumulación de los odios y las rabias
La rebelión de los energúmenos
El íntimo engranaje del ser
El atávico mecanismo
Sin alma ni arraigo.
El sueño de Jaime Galté
Padre, ¿estás ahí?
¿Puedes escucharme?
¿Hay un más allá? ¿Hubo siquiera un más acá?
¿Dónde te encuentras?
Solo sé que pesa tu sombrío legado
Y tus títulos recaudados
Se han perdido en algún rincón secreto
Aquella vez tu voz retumbó
El límite entre lo legible y lo inefable
Alzaste fuerte el tono
Para conmover a los deudos
Pediste que fuera al puerto antiguo
Al puerto invadido por chivos y fragatas
Para encarnar las visiones y las premoniciones
Pronto se volvieron leyendas
Que otros temieron en sueños
En aquella ciudad ominosa sin fundación
Se revelaría el tesoro de la familia
Un tesoro cubierto de bruma y oleaje
Pétreo hasta el abismo
Y la visualización se hizo magia
Cuando el vigor de la ley
Chocó con el dogma de la santidad
Ahí la cruz me fue arrebatada
Ahí la logia hizo contacto
Y abrí al fin la puerta hermética
Detrás de los planos escondidos
¿Sigues ahí, padre? ¿Puedes escucharme?
El fantasma de un médico
Se manifestó con un recetario
Para el político enfermo
Chopin alabó el virtuosismo
De las notas espectrales
Creo en la reencarnación porque creo
En tu voz y en tu pathos
sin mundo y sin tiempo
Un Cristo interior ha empujado
La roca al ponerse el Sol
Esa corona sangrienta lleva tu nombre
Su lápida inscrita
Y las visiones siguen alumbrando
el féretro del prójimo
porque hay una hora y un momento
exacto para cada quien
hay un punto crucial para cada alma
y una zozobra para la aquiescencia
tú, padre, lo sabes
sabes aquello que está todavía
vetado al mortal, negado al penitente
déjame saberlo, Gran Corregidor
porque en mi sueño veo un país al fin del mundo
un país por venir, una tierra
una tierra de desapariciones y ausencias poderosas
una emanación onírica con el nombre de Chile
cuya forma adquirió la fiebre
del espíritu atrapado entre dimensiones
¡Haz que encarne ya! ¡Haz que caiga!
Y la Obra se habrá hecho
Las luces volverán a encenderse
Y el gran silencio será consumado
En el horizonte…
Gulag para el poeta cancelado
Gulag para el poeta cancelado
En nuestra impoluta zona
No habrá lugar para voces contaminadas
Por la dominación burguesa
Gulag para el canalla disidente
Rajen su garganta atorada en incorrecciones
En imprecaciones a la doctrina material
En exabruptos delirantes
Sueños febriles sin asidero en la realidad inmediata
Carente de conciencia, pero la de clase
Repleta, en cambio, de toda clase de metáforas indescifrables
Insolentes para con el camarada
Egoístas hasta la médula, reverberantes en el cálculo contradictorio
Rebosantes de hielo morado y de superchería
Opio de nigromante, incantación obscena del espíritu,
ficción devoradora del hombre
No del viejo, del nuevo, latente, por venir
Que no tenga lugar jamás
Ese hijo de la grandísima
Que sea desterrado de todos los futuros y todas las épocas
En el útero abortado de la historia
Que se vuelva desecho orgánico
Que sus palabras palidezcan al albor del fuego épico
Al calor de la barricada vital
Que se vuelva tan irrelevante que las calles mismas
tachen su nombre en las paredes
Que se vuelva un fantasma de sí mismo para sí mismo
Que se consuma en la dialéctica sin fin de los traidores
Que su nombre nunca jamás pueda ser reproducido en ningún medio disponible
Sin asco ni vergüenza
Que calle para siempre
Que fallezca su descendencia
Que colapse su estatura y que se derriben sus estatuas
Que sus miembros nunca puedan reescribirlo
Gulag para el poeta disidente
No hay tiempo para extravagancias
Ni para el pensamiento individual
Solo cabe la acción o el marasmo cómplice
La meditación absorta de un interior imposible
No importa la corruptela en nuestras filas
Todo se supedita al Bien Mayor, al horizonte definido de las batallas populares
La idea siempre fue despertar al colectivo desde el estómago hambriento
La idea siempre fue reducir la discusión filosófica a la materia, a la materia
Lo único existente, incluido el universo y sus hipérboles
Incluidas las (des)apariciones del significado
La etérea música de los delirantes
La agencia mística de los poderosos y sus acólitos, sedientos de quimeras
Ya no servirán los entuertos ni los movimientos del alma
Al momento de alzar los puños
Ya no servirán las elucubraciones de la magia hermética ni elitista
Al momento de pulir las piedras
Y dirigirlas contra los enemigos
Quien no esté convencido, quien no profese nuestro credo, el credo del mañana
Nuestro activo más preciado, está muerto
Desde ahora en adelante, su rostro figurará deformado en todos los espejos
Resquebrajado, hecho añicos
No podrá reconocerse en él otra cosa que una masa indiferenciada
Una pesadilla del otro, una pura sustancia
Solo posible en la máxima nulidad
Despojado será de su carne y de su sexo
Hasta de su silencio
de todo lo que lo hace reconocible ante sus cercanos
Tachada su fisonomía, denegado su código genético
No volverá a abrir ninguna otra puerta
No dejará abierta ninguna otra ventana
En los sótanos infinitos, para que socave
El rastro del misterio
Porque allí solo habrá la eterna bravata
Del asambleísmo sofista
Allá el poder se volverá praxis
Esconderá a sus ratas y a sus comadrejas
Para hacerse real y servir al nombre
De las causas profundas
Que sea necesaria la calumnia
Manchar su obra y su figura hará falta
Con tal de ahogar cualquier posibilidad de reivindicación
Que regrese Fedra, que vuelva la marchita instrumentalizada
Reescribiremos el guión de la historia
Aunque para ello claudiquemos en el presente
Y le abramos paso al adversario absoluto
Porque la verdad nunca fue alcanzable
Y si es necesario renunciar a la búsqueda del mito
sacrificaremos el altar sagrado
Porque nada hay, ni Moloch ni Caín
Apenas símbolos de la excreción metafísica
Que estará a punto de ceder
Frente al avance categórico de la violencia
Afilen el resentimiento
Agudicen el conflicto
Que arda la llama del rencor milenario
De la deuda generacional impagable
Del averno de las contradicciones humanas
Será necesario, de nuevo, el caos en el orden
El Estado de anomia, el impulso rabioso de los desposeídos
Para librar la batalla teleológica contra el sentido, contra la trascendencia suprema
Contra el oscurecedor
Contra el chacal de la imaginación
Fuerza centrífuga sin destino
Ejecución a las palabras infames
Gulag al poeta de lo ambiguo
Gulag al animal de lo ininteligible
Su cabeza rodará sin fondo en los callejones sangrientos
de la justicia, la libertad y la fraternidad
Y la violencia, la Madre Violencia
Heredera del Padre Razón, Padre incestuoso
será, otra vez, la abortera de toda historia conocida y por conocer.
Carne de cañón
No hay ninguna posibilidad que hayas estado en trance
Has sido engañado
Has sido duplicado.
Te han reasignado
Te han reemplazado.
Tomaste una decisión
ahora vive con ella.
Y cuando más te acercas al abismo
más te conviertes
en la bestia que te conquistó
y cuanto más niegas el control
más te sometes al poder
viajaron dentro de tu mente
rociaron sangre sobre tu forma
y te dejaron enterrado
en uno de los tantos planos
de la inconsciencia
Ahora te toca volver
te toca tomar tus pedazos
y huir del matadero.
Similitud fecal
Hay un hedor que lo envuelve todo
Incluso el espacio más recóndito
Una materia informe que desafía cualquier patrón
Un golem sin voluntad propia
Una criatura orgánica
Carente de ánimo y rebosante de peste
Que, sin embargo, recorre todos los sistemas civilizatorios
Y esconde los más íntimos secretos de la tierra
En nuestra digestión, encuentra su ley milenaria
Su rito iniciático, su ruedo mercenario
Solo aparece cuando pugna por su escapatoria
Lo intentamos ocultar con artificios y discursos rimbombantes
Pero revela nuestra desnudez radical
Con desesperación, sentimos la urgencia
La frustración, la tensión de aquello
Que solo se expresa al ser expulsado
Suficientemente fuerte y repulsivo
Como para no mirarlo de frente
En la boca del excusado, porque esa cosa viscosa
Reclama su trono, capaz de transgredir los límites
Aberración evolutiva
milagro de la biología
o excreción de lo divino
síntesis de lo humano y lo bestial
esa cosa obliga al asco, pero no deja de presionarnos
conoce nuestras entrañas mejor que nosotros mismos
nos conoce mejor que cualquier entramado filosófico
es el espejo sucio en el que tememos reconocernos
nuestra más vergonzosa y dolorosa herencia
hay mucho de nosotros en la cosa
algo palpitante, horrendo y vital
tiramos de la cadena y de la llave cuando ya no queda de otra
observamos su descenso a los infiernos, su catábasis
como en un simulacro de nuestro destino
porque, muy en el fondo, sabemos lo que nos espera:
la asfixia, el torrente, la mugre y luego la oscuridad
una oscuridad escandalosa, y la materia se revuelve
y vuelve a caer, y con suerte llegará al océano
donde se mezclará con sus hermanas
nacidas de la misma víscera y de los mismos fluidos
para formar una gran obra, una gran mancha negra
producto de una infinita red de evacuaciones
corremos a evacuarla cuando conspira por dentro
en el momento menos oportuno
porque, como Dios, no da tregua
obliga al movimiento absurdo y vergonzoso de la vida
y ya germinada desde nuestro recto
como un tubérculo maldito
la despreciamos y la desterramos de la memoria
pero vuelve insistente, cual pesadilla eterna
y volverá hasta el fin de los días
cuando ya no queden ganas ni almas
en el terruño prohibido
porque su flujo resignifica el ciclo
porque el ciclo acarrea vicios y humillaciones
y la cosa, vástago y testigo del organismo humano
no cesará de ser creada a costa de nuestra naturaleza
y en eso consistirá el futuro, alcantarilla del tiempo
nos sobrevivirá la mierda, tubería del espíritu
nos sobrevivirá el excremento infinito de la historia
y lo absoluto habrá encontrado su lugar
allí donde todo es expulsado
en el soberano reino del desecho.
Catábasis/reacción en cadena
¿Quiénes conspiraban detrás de aquella puerta?
El fin del milenio cobró su vida
Mientras los idiotas
Bailaban al ritmo de la insania
Su ojo vio lo que no se debía ver
Preso del extravío
Bajó hacia la zona secreta
A medida que sus pasos
Se perdían entre voces cómplices
Fueron enfermos de cobardía
Quienes callaron ante el ocaso del tiempo
Y la desaparición del símbolo
Se produjo una reacción en cadena
En el momento en que trituraron sus recuerdos
El globo completo sucumbió a las develaciones
El país precipitó su propia eyección futura
Porque la anábasis nunca ocurrió
Porque no hubo purificación
Tras el gran enfrentamiento
Porque la mordaza coartó las últimas palabras
Y otras cabezas siguieron rodando
Alrededor de sus cruces y olvidos
No hubo salvación, porque
en esa bajada no hubo búsqueda
solo una fatal coincidencia
solo el testigo involuntario
de una realidad abyecta
hasta el punto de la náusea
nunca hubo anábasis, únicamente
la sombra y su impudicia
únicamente la sangre y su imperio
la vergüenza legendaria en lo develado
en lo terriblemente desnudo
su ojo vio allí donde no se debía ver
y esa fue su roca de Sisifo
y esa fue su ave rapaz
devorándole las entrañas
sobre el cadalso de las conciencias
allí donde abrió lo que no debía abrir
se fraguaba un misterio
un misterio con rostro de sátiro
el giro en la tómbola
le llevó al círculo prohibido
y la anagnórisis cobró su vista
su visión prematura
no hubo verdad sin sacrificio
porque otros seguirán tramando
el tráfico, la ruptura, el reseteo
porque la conspiración es el motor oculto de la historia
¿Quiénes conspiraban detrás de aquella puerta?
Los hipócritas, los megalómanos del futuro
Seguirán parados en la misma línea
Al límite perverso de la realidad
Pero pronto estarán listos
Para hacer el jaque y jugar
Con sus vidas miserables
Porque la noche regresará
Con su llamarada suicida
Porque el dedo mayor
Volverá a encender la fiesta
Al extremo del milenio
Y sus mentes y cuerpos harán combustión
Antes que se enciendan las luces
y la verdad detrás del símbolo
vuelva con su potencia arrolladora
entonces será el momento de decir
¡Hasta nunca!
Egregor
Piensas como quiere que pienses
A través del vacío de lo que celosamente amas
Y de lo que obtusamente conoces.
Aloja en la noche de las mentes
Evitando que una luz conspire en su intersticio.
Entonces sueñas con el sueño de la razón
Pero no hay monstruo allí que configure tu imaginación
Porque no hay un afuera de su pensamiento.
A medida que la calle se hace huella, y sus pasos delinean tu sombra
Se va abriendo una abertura, una abertura insondable
Por la cual conjura las maldiciones de lo desconocido.
Piensas como quiere que pienses
Así lee en tus ojos el nicho, la hondonada
En donde resbalan los espejismos de su propia visión
No puedes separarlo sin separarte a ti misma
Pero en cambio me invocas, creyendo así abstraerte
Y sublimar la totalidad del mundo que te rodea
Cuando no soy sino un remedo de tu propio deseo
Que es el deseo de lo que él mismo engendra
Indescifrable, ignoto hasta decir basta
Hasta decir la palabra y el silencio que nos regresará nuevamente
A la grieta del espejo de la cual venimos
Y de la cual germinó este prisma apasionante
Que no es otra cosa que la verdad quebrada
Ante sus ojos sin dirección.
Piensas como quiere que pienses
A través del vacío de lo que celosamente amas
Y de lo que obtusamente conoces.
Aloja en la noche de las mentes
Evitando que una luz conspire en su intersticio.
Entonces sueñas con el sueño de la razón
Pero no hay monstruo allí que configure tu imaginación
Porque no hay un afuera de este pensamiento
Y no hay ya totalidad que sueñe
Con el ocaso de su propia nada.
Conjuro impúdico
Meditas por la eternidad
Anhelas las llaves del tiempo
Y acabas envuelto en la perpetua encantación
Una incongruente sinfonía
se estrella contra el filo de tus pensamientos
ya no eres de carne, duermes sobre tu sangre
y las ondas magnéticas atraviesan
la materia cruda, el pellejo astral
te pseudo liberas del dolor
sigues de nuevo al hierofante de turno
al travestido líder del nuevo orden
crees liberarte de la farsa y del recuerdo
regresas al lugar para la visión inminente
estás donde ni el espacio ni el tiempo
tienen jurisdicción
donde ningún pecado
tiene presunción de inocencia
allí mismo se socava el fervor, se consagra la llama
se canoniza el flagelo
quedas, de pronto, descarnado
perdido en el vórtice de la locura, pero no la tuya
una locura primordial, allende el horizonte
continúas vivificado por el veneno
porque la serpiente ha hecho su trabajo
y ha despertado al simbionte en el laberinto
pero atormentado por la contradicción
cuajado por la esfinge, minado en la cólera
sin miembros ni fluidos perversos
incapaz del polvo y de la palabra
inoculas la respiración en la bestia del significado
porque quiere su porción de muerte
porque no exhala sin dolor
y no regurgita sin antes haberte consumido por dentro
con la fanfarria coral de las alcahuetas
sin ser consciente del viaje azul que emprendes
tu camino apócrifo te trasciende y tu destino te clausura
Abrasador a través de planos interminables
Corrientes exaltadas de pseudo conciencia
Plantan sus raíces en el fango de las masas
manierizan sentidos y visiones
fluctúan al arlequín de la época
Y la lógica ya no dicta ritmo
Y el timo adquiere contextura mecánica
Tales campanas vuelven a su forma membranosa
Acarician tu suntuosa sangre negra
Te envuelven en el arcano prohibido
Inscrito en el código de tu impudicia
Visualizan lo que escuadran
emanan lo que arrebatan al leproso
presagian de la desesperación
duermen en la tentación de las penas
a través de sus mentales sótanos
se oxigena el caos, se desuella el secreto
Gragko abrasa y conjura
La alquimia de sus terrores
Y entonces, solo entonces
Vuelves a meditar por la eternidad
Anhelas las llaves del tiempo sin medida
Y acabas envuelto en la perpetua encantación…
Saga gnóstica
Así hablaron Roew Nua Leamas y Oirasor Dormin, sentados uno frente al otro
Bajo el cauce del origen, más acá de la Plaza Macrocósmica.
La Rueda del Samsara
I
En la rueda, el hombre está a la altura del Sol
pero aún no conquista su humanidad
Debe pasar de mineral a vegetal
Y de animal a humanoide
Debe girar o retroceder, según sea su evolución o involución
Su evolución será la huella de su esencia
Y aprenderá la ciencia que rige cada elemento
Solo la revolución de la consciencia
Le permitirá el despertar del ciclo
El escape de la rueda, sin cesar.
II
Para salir de la rueda
Tendrá que humanizarse, recobrar el alma
En tanto, las leyes siguen en movimiento
Para los dormidos
Quienes no están dispuestos a morir
Y matar su sueño
No podrán volver a vivir
Ni brotar luz propia en las tinieblas de la materia
Continuamente oscurecidos, seguirán girando, sin fin.
El rayo de la muerte
I
Hay una energía que cae cual rayo
Sobre la vida: es la muerte
Una explosión que reduce a cenizas lo vivo
Una energía que al cuerpo embiste
Y a la mente apaga
Al caer el rayo, más negro que la noche
El cuerpo se desconecta de su envase
Y el alma se libra de la materia
Lo que va al sepulcro es el cuerpo físico
El cuerpo vital y la personalidad
Pero la personalidad, cual fantasma
Permanecerá, negándose a su desaparición
Penando en lo inconsciente
Lo que continúa después de la muerte
Es la consciencia que se libera
El ego que la embotella
Y el recuerdo que perdura
En la acumulación del aprendizaje.
II
La muerte encierra su propio misterio
Los ángeles de la muerte
Parcas, moiras y nornas
Son los encargados de cortar el cordón de plata
Que une el cuerpo físico
Con lo sutil y lo astral
Los ángeles de la vida
conectan el alma extraviada
Con un nuevo cuerpo en subsistencia
Al fin, el último aliento del difunto
Se unirá con la exhalación del primer nacido.
III
El libro del destino puede leerse, nuevamente
Tras cada muerte, tras cada decisión
Cada nueva página inaugura
Un nuevo plano, una nueva existencia
Tras la descarga del rayo de la muerte
La consciencia y el juicio interno se liberan
Y el ego cae desmayado
Tan pronto como se recobre del desmayo
Tendrá el pensamiento del mundo
En el salón de los recuerdos
Observa la proyección de su vida
Analizando cada huella, cada paso
Su dharma interior le vigila y le juzga
Con pleno conocimiento de lo que fue
La esencia se somete a tres juicios:
El número de la vida
El peso del corazón
Y la medida de la energía
Cuando se le quite el velo de misterio a la muerte
La esencia estará lista y dispuesta
Para enfrentar el juicio de los juicios
Y el veredicto será inapelable
El veredicto determinará su destino
Volverá al mundo de la consciencia despierta
Retornará a la sensualidad del cuerpo
O descenderá de lleno al infierno de lo material
La muerte, cual rayo, habrá cumplido su fin último sobre la tierra
Caerá otra vez
Hasta que el nombre de los seres
Haya dejado de pronunciarse
Y su silencio allane el camino a la luz.
Y la luz se hizo y los maestros desaparecieron
La Plaza fue vaciada
Y, en medio de la demolición,
El cauce retomó su curso.
Filisteos de la materia
Wetiko
Umbral en la Cueva del Chivato
La Narco Alquimia
Cabalgar el tigre

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