Sería iluso apoyar una causa solamente para sanar una herida del pasado, para compensar cierta incomprensión emocional o para conquistar el corazón de aquella a la que suscribo. Como decía Sábato en el Abbadón, de qué otra cosa nos serviría apoyar algo por insignificante que fuese sino que para ser mejores personas. Por último, para dejar a la deriva una ilusión, la ilusión de que se está haciendo algo bien (pero no algo necesariamente bueno). La simpatía por una idea ambiciosa sobre la realidad pasa por un sendero demasiado personal antes de llegar a cierta conclusión universal. Del mismo modo que pretendo hacer de la causa suscrita única y legítima, así también hago únicos y legítimos los ardides e insatisfacciones que conlleva su recorrido: los desaciertos, los desencuentros, los desapegos... todo ello acaba inmortalizado y a la larga es la victoria pírrica frente a la ilusión de un cambio, es la leyenda personal que llevas a la tumba y que sobrevive a esas causas que todos apoyaban llevando consigo a rastras su memoria cargada de recuerdos y de deseos. Si no puedes escribir sobre eso, al menos ten la decencia de vivirlo. Sin embargo, en aquella causa que creímos perdida hallamos una forma más oscura de revelarnos, en la desaparición de aquella que creímos desaparecida y que nos mantuvo a la expectativa, encontramos una nueva forma de amar, una manera de dejarlo todo para partir desde el punto en que eramos desconocidos y solamente imaginar que podíamos incluso sabotear el mundo para volver a encontrarnos.
martes, 7 de julio de 2015
domingo, 5 de julio de 2015
Un rosario sobre las cosas inútiles, que le dan un sabor extraño a la vida sin el cual nada se haría con ganas y nada sería lo mismo, un rosario sobre la esencia de un día domingo, antes de darle importancia a las llamadas cosas útiles que por su utilidad pecan de ser demasiado importantes: "Podemos perdonar a un hombre por haber hecho una cosa útil mientras no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil...es admirarla intensamente" Oscar Wilde.
sábado, 4 de julio de 2015
Siempre me ha parecido que aquellos que andan pregonando el sinsentido de las cosas son más bien unos privilegiados. Tienen el suficiente tiempo para perderlo en vociferar contra la existencia. La gente pobre ni siquiera conoce el nihilismo, no necesitan conocerlo, esa nomenclatura ya es un lujo de por sí. Los verdaderamente desposeídos no tienen el tiempo ni los recursos para andar execrando gratuitamente por allí. Su espíritu está demasiado ocupado tratando de subsistir, tratando de pensar en el próximo segundo, tratando de pensar si a la salida de su trabajo no caerán irremediablemente en un abismo. Son, en cierta medida, no optimistas, sino que solo vividores. Los que se dan el lujo de contemplar tienen cierta posición. Lord Byron fue también un romántico. Vicente Huidobro, que andaba tratando de romper la mímesis, connotado aristócrata. Y así también los surrealistas. Los otros, los de abajo, en su mayoría tienden a relatar el transcurso de sus días con otro sentido de la realidad, uno quizá más personal, uno en que se conoce y se vive el despojo de manera natural, no tanto como una postura estética. Sin ir más lejos, Buda, el príncipe, despertando a la iluminación a través de la miseria, de la muerte. A través de la conciencia. Y la conciencia nos vuelve unos cobardes, decía Shakespeare. Y es precisamente porque quienes pueden perderlo todo, pueden darse el lujo de volver a desearlo todo.
jueves, 2 de julio de 2015
Cuando se ven esos vídeos documentales sobre las proporciones gigantescas de tamaño entre la Tierra y los Soles y las galaxias, aflora de inmediato esa típica pregunta tardía respecto a nuestros problemas y su relativa insignificancia, como si preguntándose sobre el universo inmediatamente se postergaran. Siempre cuando se cree perder el tiempo, en realidad se está pensando. Así es el pensamiento: un naufragio gratuito a través de cosas que no sirven ni todavía tienen nombre. Se pierde algo en esos videos: el sentido de realidad, del deber, del día a día y, sin embargo, algo queda, la sensación de que hay algo más que tu metro cuadrado, una cierta sensación de impotencia, cierta temeridad, impulsada por la ignorancia, por la sangre, como si todo fuese un baile cósmico del cual el humano, en su pequeño orgullo, cree restarse, con su pequeña miseria y su cuota de sentido, a orillas de todo un océano de indiferencia, como si ser o no feliz fuese trascendente, como si buscando la verdad en uno se accediera de lleno a una nada, como si saliendo al espacio se buscara uno mismo una nueva vida, pero aquí se sigue. La ciencia le abre la puerta al misterio y también sirve de consuelo para los pequeños egos que piensan en cómo enfrentar el próximo día, la próxima vuelta de la esquina, la próxima conversación remota, el próximo pedazo de mundo que aparece engendrado en la conciencia, esperando otra vez aparecer deletreado en el alfabeto de la vanidad personal.
miércoles, 1 de julio de 2015
De repente en la clase una alumna pregunta de la nada: "¡Profesor!, nos pondrá un siete al libro si gana Chile, cierto?". Ante la posibilidad, y tratando de seguir el juego, replico: "¿Y si pierden?". Entonces un alumno más al fondo se toma la palabra y responde: "Nos raja no más". Acto seguido, todos sus compañeros lo abuchearon.
La sala de clases de repente se transformó en un estadio. Cómo me encantan esos breves instantes de anarquía..
lunes, 29 de junio de 2015
Dos pruebas al hilo sobre Altazor y sobre Poemas y antipoemas. Dos poetas sobre la antipoesía, dos contrapuntos para acabar el semestre. Sobre la prueba del Altazor todos dijeron haber entendido nada. Uno de los alumnos dijo que lo único que rescataba del Altazor era que pareciera que lo escribió pitiado (sic) y en caída libre. De hecho Bolaño decía algo similar respecto a la poesía creacionista: que prefería las caídas libres, sin paracaídas. Un efecto más o menos similar al vértigo que producen ciertas sustancias. La sinestesia de cierta dosis de "paraguas". Sin haberlo leído, entendió algo fundamental: la puesta en abismo del libro, pasar por alto el código poético encontrando un sentido inesperado (no importando si estuviese volado o derechamente fuera de lugar). En la prueba sobre el libro de Parra, uno de los alumnos recordó el artefacto sobre el llamado a la casa de la cultura al que se responde con un "sí, conchetumadre". Nada mal. Sabiendo que el límite se ha hecho casi difuso, entre lo escatológico y lo poético, a causa de algunos parritas. Fue el fin de la jornada. Lo que se levantó fue la antipoesía, lo que se levantó fue la clase, fuera esta una voladura elitista o un exabrupto de fin de semana. Simplemente, las ganas de hacerlo todo a la manera que salga, las ganas de porfiar hasta que todo llegue al límite...
domingo, 28 de junio de 2015
Algo que me alegra sarcásticamente de salir de noche (y se ha vuelto ya un pasatiempo) es que la realidad desmiente cualquier falacia, que todos los discursos de moralina acaban siendo inocentes cuentos de hadas, que los buenos en el fondo son los que pierden, que muy a pesar de todo la falta de fines es el único medio....
Sasha Grey
“Cuando el sexo ríe,
un terremoto sacude el mundo,
estremece el edificio de la Bolsa,
y derrumba sin remisión los templos”
Henry Miller.
Las figuras que gimen danzando,
los cimientos, los escombros de un placer soñado
un mundo eyaculado desde la abertura
todas, todas son metáforas del agujero perfecto
Figuraciones del insomnio de nuestras horas rabiosas
de nuestras soledades hechas a mano y a polvo
Sasha tendida como en una circunvalación
todo un cine secreto debajo de las sábanas
un filósofo quizá pensaba en ella,
cuando dijo que el cine nos decía cómo desear
Es la hora en que no cabe en la imaginación
la imagen de una virgen pariendo
Es la hora en que no cabe en la imaginación
pensar en santos ardiendo
Solo asoma su figura, la noche tan honda como sus curvas
en cada esquina creo encontrar a la próxima candidata
Es solo la verdad que se viste a la ocasión
y quiere encontrar su lugar en el bajo vientre
sonando bajo ritmos perversos, incluso inocentes
solo por no acabar de desearlos
¿Eres tú acaso, Sasha, cada vez que el silencio
se apodera de la noche?
¿Eres tú acaso, Sasha, cada vez que Dios nos da la espalda
y arroja en nuestras cabezas el miembro
de su desesperación?
Siento que aquellas pisadas remotas en la calle
de aquellos amores fugitivos, por demasiado cínicos
no acabaron en el polvo
solo por ser la sombra de aquello que haces
en cada esquina, sin otra curva que el miedo
de los mojigatos de siempre
que juegan a masturbar el mundo
mientras llegan a su casa
masticando la basura que ganan
sin otro apetito
que su vacío sin estilo
Liberalos de su miseria
permite que imaginen al menos
un agujero negro
en el cual perderse
mientras el resto de los mortales
consigan acabar, liberar
al animal entre sus manos
así como al pan,
así como el polvo, lo constitucional
que se haga la leche
que cada quien tenga su banquete
mientras la belleza sea triturada
mientras los mercados se desbanquen
mientras estos versos giman
y las flores sean arrancadas de raíz
y por fin durante esta noche acaben
de una sola vez y encuentren
el orificio venéreo
de Dios.
sábado, 27 de junio de 2015
La mirada clínica, siempre moralista, reformista, calculadora, queriendo forzar algo a seguir determinado orden o regla.... En cambio la mirada poética, siempre única, diversa, propiciando la existencia de la excepción, siguiendo un orden particular, abrazando la nota discordante, el desvío del temperamento general.
miércoles, 24 de junio de 2015
Entrevista a Jorge Teillier por Vicente Parrini
"¿Por qué escribes poesía?
Te podría contestar como el poeta “silbo porque tengo miedo de entrar al cementerio”... Sé que escribo versos nada más. Pero lo malo es que a veces no trabajo en la poesía. Según la gente yo no quiero a nadie y eso es malo también... me quiero demasiado a mí mismo. No me quiero porque me autodestruyo, pero autodestruirse es quererse tanto que no soportas al prójimo... Acá en Chile toda la gente anda con cara de puñete, como decía mi amigo el “chico” Molina...
¿Estás dispuesto a dar algún consejo?
Yo no soy del Ejército de Salvación y no tengo ningún mensaje que darle a nadie, ni consejos. No me interesa ni la religión, ni la política, salvo como referencias culturales... (Silencio), pero rezo de vez en cuando... Es como recordar un poema hermoso, es tener fe en los antepasados, en el mensaje de 2000 años.
Cuándo rezas, ¿pides algo para ti o para los demás?
Rezo sin pedir nada para mí ni para nadie... Los dictadores quieren que todos sean como ellos, que todos sean buenos alumnos, son como los rectores de liceo, pero con más poder, por supuesto. Tienen poder de vida o de muerte. En el fondo toda persona que quiere tener poder está perdida... El poder llega solo, sin que tú lo pidas, porque es una gracia.
¿Y los poetas aspiran al poder?
Por supuesto... la mayor parte. Neruda, De Rokha, Huidobro, nuestros maestros, aspiraban al poder. Todos querían ser profetas y no se daban cuenta que hay que estar solitarios... Como decía Baudelaire, “le tengo un miedo de perro a todo aquel que me imite o me lea”. A él le interesaban las putas y las adolescentes, nada más.
Y si no el poder, ¿cuál es el principal anhelo de Jorge Teillier?
Jorge Teillier aspira al anonimato más absoluto. Lo único que quiere es tener casa y dinero y publicar cien ejemplares para regalar a los amigos. No me interesa hablar de poesía, prefiero conversar con Marchant -rondín del fundo El Ingenio- o el jardinero... Aprendo más y me aburro menos...
Me da la impresión que tú quieres desaparecer detrás de tu obra poética...
Claro. No me interesa ser personaje, porque cuando te ven así, tu poesía pasa a segundo plano. Por eso me agrada ir al bar de “Don Rocha” en La Ligua. No me interesa si escribes o no escribes. En cambio ser poeta en serio es una responsabilidad.
¿Cuál sería entonces la responsabilidad de un poeta?
Desarrollarse como persona y ser testigo de algo, dar un testimonio que alguien en el mundo pueda recibirlo. Pero tú no escribes para ellos... sino para los que se te parecen y no sabes quienes son. Yo soy un solitario como Rilke. Estar con gente, ser un personaje público me da asco.
Algunos críticos te han llamado “el último de los románticos” y otros “el último de los malditos”.
Lo de maldito es un slogan que me han puesto. Soy un tipo tranquilo de casa, no tengo nada en contra... de casi nadie. Tal vez me relacionan por el trago y porque soy un marginal en el sentido de que no me interesa que me vaya bien con la poesía. Poesía es espíritu. Los poetas verdaderos, entre comillas, escriben para tener figuración y eso a mi no me interesa en absoluto, si me llega me llega. La poesía no es una carrera: eso queda para la hípica...
En revista Kritica, octubre de 1987.
Sin duda, un grande entre los grandes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

