lunes, 22 de agosto de 2022

Científicos contra la plandemia: Elard Koch

“Tres conclusiones:

1 La expansión rápida de las variantes derivadas de ‘Omicron’ está logrando inmunidad de rebaño aceleradamente

2 Vacunación debería restringirse solo a grupos de más alto riesgo

3 Medidas coercitivas (pases, mandatos mascarillas, etc) son totalmente fútiles.

Las mascarillas fuera de entornos clínicos muy acotados no ofrecen ningún efecto protector contra virus aéreos. Aun en estos últimos, sin otras medidas su efecto es exiguo. La evidencia científica es abrumadora respecto a su futilidad en población general, menos al aire libre.”

“La inmunidad adquirida después de recuperarse de COVID-19 es efectiva, robusta y duradera. En la cohortes con mayor seguimiento ~95% mantienen respuesta que evita otro episodio 20 meses después; 5% tendrá solo un cuadro leve. Desaconsejo refuerzos de vacunación en esta población.”

Elard Koch, epidemiólogo.

domingo, 21 de agosto de 2022

Daria Dugina, la nueva mártir de la causa eurasianista.

Daria Dugina, la hija de Alexander Dugin, filósofo ruso, fue asesinada luego de explotar el coche en el que andaba por las carreteras de Moscú. Denis Pushilin, el líder de la república popular de Donetsk, denunció al Gobierno de Kiev como presunto culpable del atentado. Ella, Daria, había sido incluida en una lista negra del Reino Unido por “apoyar políticas de desestabilización de Ucrania”. Sin duda, una muerte inocente, un cruento e injusto hecho de sangre y un impactante golpe para el que es conocido como el filósofo, analista y estratega político ruso más importante en el mapa geopolítico y considerado líder y defensor del llamado Eurasianismo. Emmanuel Carrère describió así a Alexander Dugin: "Es [...] fascista, solo que no es un joven torpe y enfermizo, sino un ogro. Es grande, barbudo, peludo, anda con los pasos ligeros de un bailarín y tiene una manera curiosa de equilibrarse sobre una pierna […]. Habla quince idiomas, lo ha leído todo, bebe alcohol a palo seco, tiene una risa franca y es una montaña de conocimiento”.

El pensamiento de Dugin se sitúa en contra del bloque liberal occidental, representado por la hegemonía estadounidense. De esta forma, se le identifica como una especie de “nuevo Rasputín” o como el “consejero de Putin”, en un contexto especialmente decisivo, de cara a una probable Guerra Mundial. Para Dugin, la guerra contra el bloque liberal occidental apuntaría a defender la tradición rusa, mediante la teoría de un mundo multipolar (léase “La Cuarta Teoría Política”) en el cual el polo atlantista pierda su hegemonía para dar lugar a múltiples polos, cada uno con su propia civilización. "Nosotros, los conservadores, queremos un Estado fuerte y sólido, queremos orden y una familia sana, valores positivos, el refuerzo de la importancia de la religión y de la Iglesia en la sociedad”, rezaba Dugin en una de sus declaraciones hechas para un medio digital ruso, Nakanune, el año 2012. Su hija Daria, que en paz descanse, siguió fielmente los pasos de su padre, siendo una activa promotora de la causa eurasianista. El jueves, dos días antes de su muerte, había dicho, en un programa de la televisión estatal rusa, que “el hombre occidental vive en un sueño, un sueño que obtuvo de su hegemonía global”.

Daria Dugina fue una de las autoras de un libro sobre la guerra en Ucrania, llamado El Libro Z, por la letra que llevaban pintada los blindados rusos. La escritora había declarado, en una estación de radio rusa, que la planta de acero de Azovstal, donde la resistencia hizo su último movimiento, estaba llena de “satanismo” y “energía negra”. Esta referencia mística y esta evocación sobre fuerzas oscuras y mágicas en tiempo de guerra me remitieron de inmediato a True Detective y a Apocalipsis Now. En efecto, la zona de Kiev, convertida prácticamente en una zona cero, podría ser aquella Carcosa, aquel lugar sórdido y tenebroso envuelto de horror y de brutalidad, el lugar expuesto donde la pulsión de muerte se vuelve el tópico gravitante.

Daria apoyaba a su padre en esta cruenta lucha ideológica. Justo algunas horas antes de su muerte, planteó, ante una locutora rusa, una osada tesis sobre la guerra en Ucrania como un inevitable choque de civilizaciones. “Esto es totalitarismo liberal, esto es fascismo liberal, esto es totalitarismo occidental”, había dicho, concluyendo que dicho totalitarismo “ha llegado a su fin”. Lamentablemente, la guerra no reconoce otro protagonismo que la fuerza y el poder. El que consiga imponerse, por los medios que sea necesario, logrará vivir para contar su relato, su historia escrita con la sangre de sus enemigos. Sin embargo, en este campo, nadie sale incólume. Lo que se dice victoria es solo la victoria pírrica del que se sacrifica ante sus superiores para conseguir un poco de gloria terrenal. Lo que se dice derrota es solo la constatación de la voluntad de poder en su expresión más hórrida, o bien, solo el cruel teatro del mundo bajo el espectáculo de un Dios indolente.

La entusiasta Daria, activista de la causa eurasianista, actuando con total arrojo, aunque siempre a la sombra de su padre, no conocía otro horizonte que el ideal geopolítico de un mundo multipolar, y eso le valió experimentar la intensidad heroica del que deja su vida por algo superior a su existencia. Hay que ver más allá del velo mediático. Daria se volvió, sin desearlo, otra de las almas que alimentarán la gran fogata del Dios de la Guerra, el gran Leviatán de nuestro siglo. Ella ahora es la mártir de una verdadera lucha espiritual por la trascendencia de los principios y valores tradicionales, en el fuego cruzado de unos poderes en las sombras que buscan, a toda costa, mantener dormida la consciencia y disminuido el espíritu humano.






"Mis ilusiones se destruyeron/pensé morir”. Zalo Reyes.

Vuela gorrión y seguiremos escuchando tus cantos elegiacos.

sábado, 20 de agosto de 2022

Para ir a comerte un completo o subirte a un bus, te exigen el pase de movilidad. Para las próximas elecciones, donde se espera mayor aglomeración de gente, no lo van a exigir. Quién los entiende. O puede que esa sea precisamente la razón. Entonces, el que no vote y no se vacune será el auténtico paria del sistema.

Primer encuentro con los misioneros de la calle y la verdad de la palabra revelada


Tras todos los acontecimientos ocurridos a nivel planetario, de un tiempo a esta parte, he ido superando mis viejos paradigmas, al punto de ir tanteando, poco a poco, otras posibilidades, otras maneras de sentir y de pensar la vida. Aunque parezca contraintuitivo, he descubierto en los religiosos vociferantes de la calle una parada genuina, del todo quijotesca, que incluso podría llegar a constituir una rebelión ante el avance del materialismo galopante y el menosprecio de la espiritualidad en todo plano. Ante este gran titán globalista, los otrora molestos creyentes con megáfono representan, hoy, un nicho de libertad. Así lo supe, cuando un día me acerqué a ellos en la plaza Sucre, para conversarles sobre la situación geopolítica del nuevo siglo. En efecto, comprendían que la coyuntura histórica iba alineada hacia un verdadero Nuevo Orden Mundial, empujado por el polo de poder atlantista.

Su planteamiento podía deducirse inmediatamente, pero ahora cobraba un nuevo valor. Ellos decían, en el fondo, que todo gobierno humano, por mucho que intente levantar un modelo de sociedad perfecto, acaba sucumbiendo al mundo material, sobre todo, si ese gobierno desconoce a Dios. Es este punto el que puedo asociar directamente con el pensamiento del filósofo español Juan Donoso Cortés, al decirse, a raíz de una conversación sobre su vida y obra, que, en realidad, el pensamiento cristiano es anarquista, porque, según este, solo debemos servir a Dios, y no a un rey, por la sencilla razón de que todos somos hijos de Dios y estamos en igualdad de condiciones ante su presencia. De esta forma, la desconfianza a la autoridad humana es un signo del filósofo cristiano. Una visión realista de la política, si se quiere, aristotélica, muy diferente a la visión del Estado moderno en Hobbes, donde el poder político tenía que sustituir a Dios, y ya sabemos las consecuencias de esa “herejía” secular, durante los horrores del siglo XX. 

En resumidas cuentas, la “salvación”, para nuestros creyentes, no está aquí, entre nosotros, simples mortales, creaturas de Dios, sino que en el llamado “Reino de los Cielos”. “¿Y cuál es ese “Reino de los cielos”?”, les pregunté, sin zozobra. “Te devuelvo la pregunta”, me respondió uno de ellos. “¿Usted diría que ese Reino es algo que llevamos en el corazón? ¿Algo simbólico? ¿O un gobierno celestial?”. Pensé durante unos momentos en la respuesta adecuada. Pensarla demasiado me impedía intuirla, un atributo que debería ser característico de un creyente de alta fe, no así de un agnóstico. “Yo creo sinceramente que el Reino de los Cielos es más bien algo que se lleva en el corazón. Dentro de uno”, les dije, convencido de que eso era. “Dios está en usted, y en usted debe reconocerlo”, agregó uno de los misioneros. “Solo su fe le permitirá el conocimiento de Dios”.

Cuando el misionero se refirió al conocimiento, volví sobre mi preconcepción para explicarle que yo, de chico, fui ateo, pero que consideraba el ateísmo otra creencia más. Por eso, el agnosticismo era la única postura que me permitía situar el tema de Dios bajo una duda razonable, sin llegar al extremo de negarlo de plano, porque, sencillamente, estaba fuera del alcance de la comprensión humana. El misionero miró a sus compañeros y a su señora esposa, mientras les explicaba mi postura respecto a Dios. La señora atinó a entregarme un folleto y el misionero volvió sobre mí. “Me parece muy bien que sea agnóstico. Usted dice que el conocimiento de Dios está fuera de su alcance. Pues para eso puede estudiar su palabra”, repitió, buscando que mi agnosticismo, mi imaginario de incertidumbre, me inclinara, aunque sea un poco, hacia la posibilidad de la creencia. Sin embargo, mi fe en general se ha visto mermada por las circunstancias vitales y por el devenir caótico del mundo. Quisiera creer, pero, sencillamente, no puedo. Fue esta sola sensación la que me permitió comprender, tal vez por primera vez, a un humilde grupo de misioneros que seguían repartiendo folletos a la gente y proclamando la palabra de Dios, a viva voz, ante unos transeúntes cada vez más sordos, sofocados de rutina e inundados de propaganda política, profana, impía.

Al rato, después de escribir su número de contacto en mi folleto, me despedí de ellos y volví sobre los dichos de estos “anárquicos” mensajeros de “la palabra”: ningún gobierno (y, por extensión, ningún Estado) podrá salvar a una humanidad sin Dios. Dios había muerto para nosotros, y lo habíamos matado en nuestro corazón, con gusto, pero, a causa del nihilismo desatado, su orfandad se hacía carne en nuestros pensamientos y en nuestras palabras. Era preciso proteger su misterio, porque, como decía Iew Welsh: “El verdadero rebelde nunca lo anuncia. Prefiere su alegría al trabajo misionero. (…) la religión es Revelación. Toda la maravilla de todos los planetas golpeando toda tu única mente. ¡Protejan los Misterios! ¡Revela constantemente!”.
"El sueño de la revolución produce monstruos".
“El mal es la anomia

La anomia ha sido provocada por el liberalismo

Donoso Cortés se anticipa: el liberalismo va a dar al nihilismo.”

Guillermo Mas Arellano, en conversación con César León de Castro, en “Donoso Cortés: Decisionismo y Katechon --- Política para antimodernos (I)”.

viernes, 19 de agosto de 2022

Regreso a las crónicas escolares:

-Profe, está cuático el mundo-, dijo una chica del Segundo B en la mañana. –he cachado a caleta de cabros sacándose la cresta, mucha violencia, mucha maldad, ¿Qué será de la gente? ¿Qué nos espera mañana?-. Se hizo esas preguntas mirando al techo de la sala, implorando al vacío de la inmensidad, mientras sus compañeros no paraban de conversar a su lado. Sus preguntas no tuvieron respuesta, porque tenían intención retórica. Únicamente resonaron en medio de la sala, atestada de distracción. El tema tratado durante la clase había consistido en los tópicos literarios, y se habían revisado, precisamente, tópicos como el teatro del mundo, el mundo al revés y el memento mori. Les había recalcado, una y otra vez, que no vieran estos tópicos ceñidos solo a una época particular. Tenían que concebirlos como algo transversal a todas las eras, propios del espíritu humano, palpables a cada momento cual respiración simbólica de la existencia. De cierta forma, la chica, con su inquietud espontánea, había logrado intuir el sentido de cada uno de los tópicos citados, percibiendo en la violencia un verdadero teatro del mundo, un presentimiento de la muerte en cuanto fenómeno inseparable de la memoria y una total inversión de valores que provoca, una vez más, la recreación del adynata o la imposibilidad. No faltó mucho para que un cabro sentado a su lado interpelara a la chica. –Ella, la filósofa-, le dijo, en un contrapunto burlesco al impulso trágico. La chica, en cuanto escuchó a su compañero, se dio la vuelta para responderle. -¿Filósofa? No pasa nada. Solo se trata de pensar un poco. Todos podemos hacerlo-, respondió. Inmediatamente, se tocó la sien con su dedo índice. La chica había ironizado con el cabro y, al mismo tiempo, pretendía que no se la viera como alguien diferente. En efecto, para ella, no había nada especial en el hecho de pensar. Sin embargo, pocos se atreven a hacerlo, por miedo a que la realidad les muestre su cara más abyecta y golpee sus expectativas, sin compasión.

jueves, 18 de agosto de 2022

De ser humano a árbol, y de árbol a merluzo.

La condición ontológica del presidente es tan fluida que atraviesa tres especies y dos reinos de seres vivos.

miércoles, 17 de agosto de 2022

Al revisionismo presentista de la historia, empujado por la corriente de pensamiento actual, opone una recreación mítica del tiempo y sus frutos.