viernes, 22 de mayo de 2026

Leído por ahí, en un curso de Lala Toutonian: "El rock heredó de la literatura una vieja obsesión: convertir el exceso, la locura y la autodestrucción en figura central". Sostiene que: "literatura y rock comparten, al fondo, la misma pregunta: qué hacer con el dolor y la rareza de estar vivo para convertirlo en algo que valga la pena escuchar". O ser leído. Tanto es así que veo siempre en el mejor rock una profundidad literaria, y en la mejor literatura algo que rockea. Precisamente, dos de las pasiones de adolescente que me acompañan hasta el día de hoy, el sendero doble que ha marcado la ruta de mis deseos. Y persiste en esos deseos un ánimo de porfía, de rabia contenida contra mis propias limitaciones. ¿Qué hacer con el ruido interno cuando ya nadie escucha? 

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