domingo, 1 de febrero de 2026

Sobre "Enfermos de cobardía. Jorge Matute Johns. El falso crimen perfecto" de Andrés Ovalle

“Lo que hay es la desaparición de un joven en la discoteque La cucaracha, en forma total y absolutamente circunstancial, es golpeado por uno de los guardias, en atención a que lamentablemente equivocó la puerta del baño donde se había dirigido después de haber estado afuera de la discoteque, al haber sido expulsado. Él ingresa nuevamente aprovechando un descuido de los guardias por una situación que acontece en los estacionamientos, aprovecha ese instante y baja al baño que estaba en el subterráneo y aparte de eso este joven estaba bajo los efectos del alcohol, equivoca la puerta y se encuentra con una situación de una reunión privada en donde había connotados políticos de la época de connotación pública, consumiendo cocaína, alcohol, y aparte de eso había funcionarios policiales de Carabineros, además del empresario que había organizado este encuentro privado con estos políticos y con estos policías que hacían de cobertura a la entrega precisamente de drogas. Esa es la escena que ve Jorge Matute y esa es la situación que se oculta en el tiempo. Es golpeado fuertemente porque él pide ingresar y participar de esa fiesta privada. (…) Cuando vio todo el tema, la expresión de Jorge Matute fue “todo pasando”. Eso fue lo que dijo”. Andrés Ovalle.

Sobre su libro “Enfermos de cobardía. Jorge Matute Johns. El falso crimen perfecto”. Se llama “Enfermos de cobardía”, según el autor porque “los que debieron asumir un rol protagónico en la investigación, desde el punto de vista de tomar decisiones, no lo hicieron. De haber sido tal como lo describe el mayor Andrés Ovalle, la escena de Matute Johns bajando y entrando hacia ese cuarto secreto por error puede señalarse perfectamente como una “catábasis”, en el sentido del descenso a los infiernos. Ese descenso, según la mitología antigua, implicaba un encuentro con los propios horrores con el fin de enfrentarlos, reconocerlos, hacerlos conscientes para luego ascender y regresar a la realidad, “purificado” con ese nuevo estado de conciencia.

Acá, sin embargo, una hubo salvación posible. Matute Johns habría bajado sin ninguna pretensión ni búsqueda superior. Solo estuvo en el lugar equivocado y en el momento equivocado, volviéndose el testigo involuntario de una realidad abyecta, con envoltorio de conspiración, a espaldas del ojo público. La Anábasis no ocurrió para el joven Matute. No hubo resurrección ni aprendizaje posterior, solo hubo una muerte violenta e injusta, de parte de ciertos sujetos criminales y obscenos con mucho poder. Lo único real, después de todo ese descenso, era el infierno que acababa de ver. Vio demasiado, y por eso fue castigado.

Desde tiempos inmemoriales, la revelación de la verdad ha tenido un costo funesto, fuera de la forma que fuera. La puerta tiene la resonancia del portal. Al abrir la que no debía abrir, Matute Johns estaba configurando una peripecia, un giro del destino que lo llevaría a la develación de aquello que ciertos círculos de poder intentan ocultar, por todos los medios posibles. Lamentablemente, no hay anagnórisis sin un trasfondo de tragedia. Muchos otros también han sido sacrificados por haber visto más de la cuenta o por saber demasiado. Ciertamente, detrás de muchos sitios, siguen y seguirán habiendo reuniones en las sombras, porque la historia de las conspiraciones es el motor oculto de la historia. ¿Cuántos otras puertas seguirán cerradas? ¿Qué otros secretos sórdidos permanecen escondidos detrás de ellas? ¿Cuántos otros seguirán siendo eliminados con tal de mantener cerrado el antro de la corrupción? Lo dije hace tiempo y lo vuelvo a repetir: es tal el secretismo vuelto praxis, es tal lo falsario y lo mistérico, que el que más esconde, más controla, y el que más tergiversa, más figura. A su vez, el poder se debate entre el hermetismo y la revelación.

Por ahí leí que “la verdad es una fuerza de la naturaleza. Siempre hallará la manera de manifestarse”. Y lo hará de manera cruenta, mientras más resistencia presente. La banda de rock que tuvo Matute Johns en su adolescencia se llamaba “Reacción en cadena”. En efecto, eso es lo que está ocurriendo. Poco a poco, se desmantelan los montajes y “nuevos demonios reaparecen”, a medida que se avanza y se descubren cuestiones verdaderamente turbias, porque, “todos los hipócritas seguirán parados en línea/, y ya estarán listos para hacer el jaque/ y jugar con sus vidas miserables”.



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