miércoles, 31 de diciembre de 2025

Recuento rápido de mi situación durante los últimos años nuevos.

2006 hacia atrás: todos en familia. Cero copete. Era más sano que la cresta.

2007: fuegos en familia y luego primer escape a la noche porteña. Volví temprano. Me aburrió el panorama. Rechazo a la gente en situación festiva.

2008, 2009 y 2010: fuegos en familia y escape a la noche. No recuerdo cuándo volví, salvo ciertos episodios. 2010 nos amanecimos con un compadre y otro grupo y derivamos al Paseo Atkinson para terminar en el Muelle Barón, alrededor de un cúmulo de borrachos.

2011: fuegos en familia y luego levantarse para ir a trabajar en turno de mañana en conserjería part time.

2012: cena anticipada y luego esperar los fuegos de amanecida en la pega. Abrazos de protocolo con algunos residentes. Champaña de regalo.

2013: libre. Vuelvo a salir de noche. Plaza Sotomayor y luego para la casa. Al otro día, tocó turno.

2014: cena en familia y salida nocturna en disco porteña. Al otro día, paseo a Rosa Agustina. Sin dormir en dos noches.

2015: después de los fuegos, salida al plan de Valpo, de una carrera a Las Torpederas a vacilar y de amanecida para luego ir al edificio. Una ducha y harto café. Jornada maratónica.

2016: tenedor libre en Viña y a la pega.

2017: cena rápida y bajamos en familia al Muelle Barón a esperar los fuegos en el borde costero, junto a los lobos marinos.

2018: se repite lo del 2012. Cena anticipada y rumbo al trabajo a secarse toda la noche.

2019: fuegos en familia y de vuelta a la pieza para dormir otro poco y esperar la nueva década en el turno de mañana. Último turno para nunca más volver.

2020: cena solitaria en casa arrendada y sin fuegos. Encierro total y comunicación con mi familia por videollamada. Solo una copa de vino y al sobre. Debió ser el año nuevo más solo y depresivo, aunque, al mismo tiempo, el más tranquilo. Meditación profunda sobre lo que estaba pasando.

2021, 2022 y 2023: se repite la tónica de ir a cenar en familia, bajar antes con un amigo y ver los fuegos en la Sotomayor. Luego, rumbo a distintos locales para tantear la onda de la noche y regresar con la excusa de haber vacilado lo suficiente. El 2023 bajamos con mi madre y mi hermana, pero el gentío fue demasiado, y ni se alcanzaron a ver los fuegos.

2024: la misma tónica, solo que vimos los famosos fuegos desde el Paseo Yugoslavo. Nada demasiado impresionante. Subimos y bajamos a pie. Más tarde, toda la noche en otro local de calle Brazil, incluido un tributo a Bowie.

Nunca he escrito demasiado sobre estas fechas, y difícil que lo vuelva a hacer.

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