Fragmento del texto que hice para cuando murió el gran Tommy Rey, cuya inquietud resuena hoy para año nuevo:
¿Qué será de nuestro tiempo sin Tommy Rey? ¿Quién será el encargado de cantarle al año nuevo para continuar el ciclo cósmico? Cronos seguirá implacable, y habrá que saciarlo con un rito festivo. Detrás del tiempo cronológico, sin embargo, aguarda Kairós, el dios del tiempo indeterminado, el tiempo mítico, el dios de la oportunidad. A él fue consagrado Tommy. ¿A quién más? al devenir, aquel "goce" del devenir, con su música siempre oportuna y favorable. ¿Qué importaba el peso de la noche, el peso de la conciencia, el peso de la historia, cuando sonaba esa cumbia dionisiaca y tan nuestra, esa idiosincracia bailable, exuberancia del ánimo, chapoteando de alegría y de placer, en esos instantes ebrios que se hacían eternos?
Sin Tommy Rey ¿cuántos años seguirán yéndose? Cantaba el maestro: "El tiempo pasa y se nos va la vida/el tiempo pasa y ya no vuelve más/hay que seguir mirando hacia adelante/no hay que quedarse a mirar atrás". Y luego remataba cantando que "se va la vida, que se va el amor". Nada es eterno. Todo pasa, pero vuelve de otra forma. Tanto para Heráclito como para Aristóteles, el fundamento de todo el tiempo era el cambio incesante, y este cambio, este movimiento, muchas veces, inesperado, brutal, era, a su vez, una condición del propio tiempo. Lo que ya sabían los filósofos clásicos, Tommy Rey lo tradujo en clave chilena, a punta de bailongo. Repito: ¿Qué será de nuestro tiempo sin Tommy Rey? ¿Quién será el encargado de cantarle al año nuevo para continuar el ciclo cósmico? ¿El tiempo seguirá corriendo? ¿Se irá el año?
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