“Es acrítico todo intento por definir la literatura o sus materiales mediante algún predicado permanente y global tales como identidad, tolerancia, memoria, cultura, solidaridad, etc. (…) porque estos predicados son siempre abstractos, y presuponen ya la ideología o las creencias que se pretende derivar de ellos. Los materiales literarios no son una esencia rígida y lineal, definitivamente dada, sino un contenido que está haciéndose y reelaborándose circularmente, esto es, dialécticamente”. Dichos de Jesús G. Maestro, en el 2006. Se trata de un planteamiento que se acerca a mi propia perspectiva actual sobre el asunto, y que se contradice totalmente con el intento posterior de Maestro por definir a la literatura de manera genérica desde una pretendida mirada científica, dentro de su Crítica de la razón literaria. Si la literatura realmente se abre hacia la libertad (¿cuál libertad, precisamente?), también debiera superar cualquier atisbo de encasillamiento categórico. Hay otra frase de Todorov, respecto de la escurridiza literatura, que viene muy a cuento: “no hay una ciencia de la literatura, porque –aprehendida desde diferentes puntos de vista- la literatura forma parte del objeto de cualquier otra ciencia del hombre (…) Pero, por otra parte, no hay una ciencia de la literatura, porque los rasgos que caracterizan a la literatura vuelven a encontrarse también fuera de ella, aun cuando forman diferentes combinaciones”. Y así, aquella temible pregunta, lanzada en aquella clase inicial de Fundamentos por el profesor Nordenflycht, sigue sin ser respondida del todo: ¿Qué es literatura? ¿Qué es literatura?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario