Una alumna en clase parecía absorta en la lectura de un libro. No anotaba ni escribía nada, únicamente leía y leía ese libro con mucha atención. Para ella, era más importante que la materia que estaba dictando. Me acerqué, no con ánimo de reclamarle, sino que con ánimo curioso, y me mostró la obra en cuestión: se trataba de Crimen y Castigo de Dostoievski. Me miró con un rostro algo tímido, porque pensaba que no sería comprendida. Pero nada de eso. Al contrario, la animé a seguir con la lectura hasta el final. -De hecho, me falta poco-, señaló, más abierta, confiada en que existía un interés común. Ciertamente, una chica de Segundo Ciclo que tenga entre su plan lector a Dostoievski no es algo que se ve todos los días. Había que aprovechar esa motivación y esa posibilidad. Le propuse que siguiera leyendo y que luego escribiera, con sus palabras, los puntos más importantes de la obra, de acuerdo a su propia interpretación. Fue, de hecho, una tarea para la casa, cosa que no suelo dar, excepto para los casos excepcionales. A la clase siguiente, la alumna llegó con la propuesta realizada. -Profe, se va a llevar una sorpresa-, indicó ella, sumándole misterio al asunto. Pidió que me acercara al puesto. Sacó entre medio del ejemplar del libro una gran hoja. La abrió y se trataba de un dibujo hecho a mano de la figura de Rodión Romanóvich Raskólnikov. –Tome, se la regalo-, señaló la alumna. –Esta es mi respuesta-. No había escrito absolutamente nada. Solo el nombre del protagonista y sus formas sobre el papel. Quedé sorprendido con la habilidad del trazo. Guardé el dibujo y le pregunté si acaso tenía textos suyos escritos. –Tengo, pero creo no estar a la altura-, indicó, sincera, honestidad y humildad que ya se la quisieran muchos escritores. Rodión, el “cismático”, tenía esa voluntad propia del que se deja seducir por ciertas ideas, más allá de sus consecuencias. Esa disputa el personaje la vive en su interior y lo lleva a matar, para luego montar una remota visión respecto al superhombre como aquel que puede permitirse actuar en el mundo, más allá de las limitaciones morales. Si la alumna logró ver en Rodión una figura digna de representación, es porque está comenzando a intuir el sentido de lo literario, aunque muchas veces sea sombrío, sobre todo cuando se vuelve sombrío, porque es en ese momento en que se revela la verdad humana, la libertad, la expiación o la culpa. Dostoievski nos quería decir: hay ideas que matan y, de hecho, ideas para las cuales no hacen falta palabras, a lo sumo, una imagen, un rostro mortal, Dios expresado en el hombre, y la inocencia de un trazo que se abre a la conciencia.
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