jueves, 8 de enero de 2026

La voz de una joven poeta estadounidense, Renée Nicole Macklin-Good, fue asesinada a manos de los agentes de Servicios de Inmigración y Aduanas en Minneapolis, tras un confuso incidente. Su poesía llega por estos lados de manera póstuma, como si se tratase de un canto elegiaco. Otro tanto ocurría también durante el periodo más intenso del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, o entre Israel y Palestina. Recuerdo que poetas de cada nación involucrada morían a destajo, por acción directa o indirecta de los agentes de poder. Una lástima tener que conocer nuevas voces de otras tierras lejanas de esta manera tan cruenta. Por lo pronto, nos queda la palabra, la palabra fúnebre que sobrevive al funesto destino de sus interlocutores. Los siguientes versos de la poeta se hicieron virales porque fueron ganadores de un premio. Riman poderosamente con las circunstancias:

quiero de vuelta mis mecedoras,
atardeceres solipsistas,
& sonidos de la selva costera que son tercetos de cigarras y pentámetros 
    de las patas peludas de las cucarachas.

he donado biblias a tiendas de segunda mano
(las aplasté en bolsas de basura de plástico con una lámpara de sal ácida 
    del himalaya;
las biblias postbautismales, las que saqué de las esquinas de las manos 
    carnosas de los fanáticos, las simplificadas, fáciles de leer, parasitarias):

recuerdo más el olor a goma resbaladiza de las ilustraciones brillantes 
    de los libros de texto de biología; me quemaban los pelos de la nariz,
& la sal & la tinta que se me pegaron en las palmas.
bajo los recortes de luna a las dos cuarenta & cinco de la mañana estudio 
    & repito
            ribosoma
            endoplasmático—
            ácido láctico
            estambre

en el IHOP de la esquina de powers & stetson hills—

repetí & garabateé hasta que se abrió camino & se estancó en un lugar 
    que ya no puedo señalar, tal vez mis entrañas—
tal vez ahí, entre mi páncreas & mi intestino grueso, está el insignificante 
    arroyo de mi alma.

es la regla con la que ahora reduzco todas las cosas; dura & fragmentada 
    por el conocimiento que solía sentarse, un paño sobre la frente febril.
¿puedo dejarlos a ambos en paz? Esta fe voluble & esta ciencia 
    universitaria que me abuchea desde el fondo del aula

            ahora no puedo creer 
            que la Biblia, el Corán & el Bhagavad Gita me estén deslizando 
el pelo tras la oreja, como solía hacerlo mamá, & que exhalen por la boca 
    “hagan espacio para la maravilla”.
todo mi entendimiento se desliza por la barbilla hasta el pecho
    & se resume en:

la vida es simplemente
el óvulo & el espermatozoide
& dónde se encuentran esos dos
& con qué frecuencia & con qué éxito
& qué muere allí.

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