viernes, 19 de diciembre de 2025

Conciencia crítica sobre la incertidumbre de la crónica en La peste (2021) de Martín Caparrós

Ensayo académico escrito a dos manos, junto a un compañero. Los créditos también le corresponden.


Resumen:

El presente ensayo analiza La peste (2021) de Martín Caparrós, crónica incluida en Ñamérica, como un ejercicio de conciencia crítica frente a la incertidumbre generada por la pandemia de COVID-19. A partir de la triada propuesta por Matías Kraber, se muestra cómo Caparrós narra la pandemia desde su experiencia personal y colectiva, organizando los hechos en un relato interpretativo. Desde el “realismo intransigente” de María Ángulo Egea, se revela un compromiso político, una conciencia histórica y una voluntad literaria que rehúyen la clausura y la simplificación. Asimismo, siguiendo a Gerardo Juárez Vásquez, se plantea que el ensayo irrumpe como dispositivo que amplía la mirada y transgrede las convenciones del género. En conjunto, La peste expone la incertidumbre como condición constitutiva tanto del mundo pandémico como de la escritura que intenta comprenderlo.

Palabras claves: Crónica, pandemia, incertidumbre



1.- Introducción

La escritura del periodista argentino Martín Caparrós (Buenos Aires, 1956-) se caracteriza por mezclar crónica, ensayo, observación sociológica, ironía y una fuerte presencia personal. En La peste, el narrador utiliza el motivo del coronavirus como catalizador para pensar en la fragilidad del orden establecido y en la posibilidad (o no) de transformaciones en las estructuras sociales, políticas y en la percepción del mundo. El texto tiene un tono reflexivo, mesurado y ambiguo. No cae en el catastrofismo, pero tampoco en un optimismo ingenuo. En lugar de buscar una respuesta definitiva, funciona como una meditación sobre el impacto de un acontecimiento histórico disruptivo y sobre la continuidad o cambio del orden vigente. Se sitúa entre el escepticismo y la expectativa, reconociendo que nada está garantizado del todo y que los cambios significativos no siempre emergen inmediatamente.

La peste es un texto que fue publicado como parte de “Ñamérica” (Editorial Random House, 2021), recopilación de crónicas en las que el argentino narra sus experiencias de viaje en distintos países de Latinoamérica. Ñamérica es un neologismo con el que Martín Caparrós designa a una región cultural, lingüística y social formada por los países de América Latina donde se habla español. No solo sería un término geográfico: es también una identidad compartida, un modo de nombrar un continente que vive en una especie de indefinición. No es un bloque político, no es una unidad económica, no es una identidad fuerte como Europa o Estados Unidos, pero aun así existe algo que la articula. Algo que el mismo Caparrós explica:

“La eñe es una extravagancia. El castellano tiene veintidós consonantes; veintiuna existen en las demás lenguas romances; solo una no está́ en ninguna otra. (…) El sonido eñe es habitual. Todas las lenguas romances, sin ir más lejos, lo dicen, pero el italiano y el francés lo escriben gn —como en gnocchi y champagne—, el portugués y el gallego nh —como en bolinha y en morrinha—, el catalánny —como en Catalunya. Solo una lengua, esa que algunos llamamos castellano y ciertos españolesespañol, creyó́ que tenía que inventar una letra para representar ese sonido: solo a ella le importó tanto. La eñe es una extravagancia y es un gesto de orgullo: la letra que nadie más tiene, la que, solo con mostrarse, ya dice castellano.

Por eso quiero decir Ñamérica: la América que habla con esa letra, que con ella se escribe. Por eso quiero ser ñamericano: somos los que tenemos esa letra en nuestras vidas”. (Caparrós, 2021: 28)

De este modo, en tanto concepto, Ñamérica sería un territorio lleno de paradojas, desigualdad, violencia, religiosidad, urbanización, gastronomía y política, ilustrando una mixtura de modernidad y precariedad que caracteriza a muchos países latinoamericanos. El libro de Caparrós es un intento de narrar la complejidad de lo que somos, ofreciendo una mirada panorámica y crítica sobre lo latinoamericano, con la intención de repensar qué significa pertenecer a esta región del mundo en el siglo XXI.

Entre todos los temas ñamericanos que aborda, uno de los últimos del volumen fue La peste, texto en el que se describen los efectos de la pandemia del coronavirus, particularmente, en estos territorios. La pandemia reveló innumerables tensiones humanas, pero también la crisis mostró tanto la capacidad como las limitaciones de los Estados latinoamericanos y sus instituciones para proteger, organizar y sostener a la sociedad. Y si bien la excepcionalidad del momento pudo haber otorgado a los Estados un poder mayor del que ostentan, el autor implícitamente duda sobre si ese poder permanecerá o será devuelto alguna vez.

Caparrós resalta que vivíamos bajo la ilusión de un mundo “sólido como un muro sólido”. Sin embargo, la pandemia demostró que ese orden es frágil, vulnerable y puede transformarse de manera abrupta. Esta constatación tiene un carácter ambivalente, porque, si bien abre la puerta a cambios necesarios, también genera inestabilidad. Y aunque el autor se planteó modificar elementos de su libro debido a la crisis sanitaria, concluyó afirmando que las estructuras sobre las que escribe permanecen más allá del evento. Esto sugiere que, aunque la pandemia sacudió la superficie, no solo no alteró suficientemente los cimientos de la injusticia y la desigualdad social, sino que los profundizó todavía más, prolongando un malestar acarreado desde hace mucho tiempo y revelando la condición históricamente desposeída de nuestro continente.

Es posible plantear, entonces, que la escritura de La peste de Caparrós parte de una emergencia global contingente y, a su vez, requiere de una mirada propia, abierta a lo imprevisible, lo que posibilita una conciencia crítica sobre la incertidumbre tanto del propio oficio de la crónica como de las circunstancias sociales e históricas que lo rodean. Para fundamentar esta hipótesis, el ensayo se propone analizar La peste de acuerdo a algunas categorías interpretativas, tales como la triada del abordaje de la crónica de Matías Kraber, la noción de “realismo intransigente” de María Ángulo Egea y la transgresión de las normas del género estudiada por Gerardo Juárez Vásquez.



2.- Marco teórico

En el artículo “La crónica periodística: entre el arte de narrar e informar con estilo de autor” (2020) de Matías Kraber, profesor adjunto de la UNLP, se presenta una tríada de conceptos para abordar la crónica: inmersión, transformación y reconstrucción. La inmersión implica “vivir para contarlo”, experimentar de primera mano aquello que luego se narrará, o bien adentrarse en las vivencias de otros para convertir sus historias en la materia prima del relato. La transformación, constituye un elemento que representa el cambio dentro de la crónica, ya sea en el curso de los acontecimientos, en la evolución de uno o varios personajes o incluso en la orientación temática. Finalmente, la reconstrucción constituye la tarea esencial del cronista: organizar lo observado, registrado e investigado de modo que las experiencias y la información recopilada se conviertan en el soporte creativo y editorial del texto final.

En su estudio “El realismo intransigente del periodismo literario de Martín Caparrós. Compromiso político, sentido histórico y voluntad de estilo” (2015), María Angulo Egeaanaliza en profundidad el periodismo literario y el estilo narrativo del autor. Cabe destacar que, como dice Ángulo: “sus crónicas no están selladas, no son historias que cierren, siempre quedan en suspenso, porque siempre se cuestiona cómo es posible narrar el dolor, la violencia, la desigualdad que presencia, que le relatan” (Ángulo, 2015: 631). La autora subraya el compromiso de Caparrós con su mirada narrativa y su lectura crítica de la realidad. En todo momento, se trataría de un autor y de un narrador que parte de los hechos, que se ve envuelto y atravesado por sus coordenadas vitales y, a partir de ese proceso subjetivo, despliega una escritura que desafía sus propios límites, que se sabe personal y que no tiene miedo de interrogar y de interrogarse a sí misma.

Ángulo sostiene la idea de un “realismo intransigente”, tomando en cuenta “tres pilares”: el compromiso político, la conciencia histórica y la voluntad literaria. Caparrós afirma una “discursividad” abiertamente política, lo que deriva en la forma más argumentativa de sus crónicas posteriores. De hecho, sostiene Ángulo: “Caparrós ha abandonado en parte lo narrativo de sus anteriores crónicas y se desenvuelve con agrado en lo argumentativo, en lo ensayístico” (Ángulo, 2015: 634). Está también presente aquella conciencia histórica, en el momento en que las crónicas de Caparrós elaboran una “toma de postura activa” con respecto a ciertos hechos y fenómenos que afectan a todo un grupo humano. Es así como: “emerge este impulso histórico en su búsqueda por reconstruir una idea de comunidad, por encontrar esas ideas, esos principios que congregan al individuo, que hacen “pueblo”, que pueden dar sentido a la existencia” (Ángulo, 2015: 635). Finalmente, la voluntad literaria aparece en la escritura de Caparrós al momento de dejar su propia “huella estilística”, formular su propia voz y romper con las convenciones del género de la crónica.

En su artículo “Ejercer la voz: el ensayo como estrategia narrativa en el trabajo periodístico de Martín Caparrós” (2021),Gerardo Juárez Vásquezanaliza la preponderancia del dispositivo ensayístico en algunos de los últimos trabajos del autor. Juárez Vásquez lo entiende como una “mutación”, una transgresión de las normas del tradicional género del ensayo.Según esto, en la obra de Caparrós, habría un elemento que se imbrica y se mezcla con las crónicas para dotarlas de una mayor fuerza interpretativa de determinados fenómenos sociales y de una mayor lucidez con respecto a ciertos hechos que demandan un posicionamiento claro. Así, según el artículo: “se introduce no sólo la capacidad del escritor para poner en práctica métodos interpretativos deudores de las ciencias sociales, sino también una forma de análisis, un posicionamiento de la mirada, en la que el ensayo acude para ayudar a la crónica” (Juárez Vásquez, 2021: 35).

En la sección “El problema de la voz”, se señala que el ensayo enlaza el mundo privado con el mundo público, por lo que su propia configuración es maleable y dinámica. Une emoción con juicio, acorde a la sensibilidad del momento y al devenir de los acontecimientos. Señala que: “En este sentido, el ensayo posibilita proyectar la experiencia al mundo con la esperanza de llevar a cabo una apertura” (Juárez Vásquez, 2021: 38). Por apertura se entiende estar abierto a la experiencia de los otros y lograr una identificación plena y empática. Además, implica estar abierto a otras miradas desde la cual la perspectiva propia del narrador o del ensayista pueda ser reconfigurar, crecer o transformarse en el proceso.



3.- Análisis teórico-metodológico

3.1- La triada de la crónica

Respecto de la triada del abordaje de la crónica, es posible aplicarla a algunos elementos claves de La peste. Así, por ejemplo, la inmersión se aprecia en la medida en que el narrador no relata la pandemia desde la distancia, sino desde una experiencia inmediata y compartida. Hay un yo posicionado en un tiempo y un lugar: “Entrego estas páginas en mayo de 2021…” (Caparrós, 2021: 889) dice, situando al lector en el mismo contexto de incertidumbre.

De igual forma, el narrador no sólo describe hechos vividos de forma individual, sino que también sensaciones colectivas: “Nos despertamos cada mañana con las cifras de los muertos (…) Hicimos todo lo que hicimos estos meses por el miedo a la muerte…” (Caparrós, 2021: 890). Una verdadera “necropolítica” que se hizo crónica. Quien narra vuelve a asumirse mortal en la medida que su escritura deja testimonio de un proceso inédito donde la experiencia de la muerte se ha vuelto algo colectivo. Desde una primera persona singular pasa a una primera persona plural, lo que evidencia la transformación de la vivencia en relato, mostrando cómo la pandemia penetró la intimidad singular y cotidiana. En suma, el narrador asume plenamente su postura y lo declara abiertamente. El mismo Caparrós ha señalado, al ser consultado sobre su escritura:

“Nos convencieron de que la primera persona es un modo deaminorar lo que se escribe, de quitarle autoridad. Y es lo contrario: frente al truco de la prosa informativa (quepretende que no hay nadie contando, que lo que cuenta es «la verdad»), la primera persona se hace cargo,dice: esto es lo que yo vi, yo supe, yo pensé; y hay muchas otras posibilidades, por supuesto” (Caparrós, 2012:611).

Pero además, el narrador amplía su inmersión al involucrarse en la experiencia de otros: las personas que pasan hambre, quienes no pueden confinarse, los trabajadores esenciales, los países sin vacunas. El narrador se vuelve mediador de esas voces, integrándolas a su propia perspectiva vivida.

Luego, la crónica funciona estructuralmente como una reflexión sobre la transformación radical que produjo la pandemia en América Latina (“Ñamérica”) y en el mundo. Por un lado, una transformación social y estructural. La pandemia “ha sido sobre todo un viento huracanado que corrió velos y desnudó vergüenzas”, dice Caparrós. Visibiliza desigualdades, agrava problemas previos y reconfigura la vida social. El narrador muestra cómo las brechas de clase, de acceso a recursos y de capacidades estatales se profundizan. Es un movimiento transformador, pero también uno revelador de cuestiones que permanecían ocultas bajo un manto de conformidad.

Por otro lado, la pandemia también provocó una transformación en el comportamiento de los sujetos. Muchos regresaron a un estado primario de supervivencia, guiadas por el miedo a la muerte: “Volvimos a ser lo que fuimos hace milenios”, señala el narrador. Un memento mori pandémico, evidenciando cómo la vida cotidiana cambia de forma abrupta y se reconfigura así todo un esquema vital. De igual forma, la pandemia impele a un cambio temático, pues irrumpe como un acontecimiento que obliga al narrador a modificar el rumbo de su propio proyecto narrativo. “Tuve que postergar un par de reportajes... Ñamérica no sería igual”, confiesa. La peste se convierte en tema inevitable, transformando la obra que estaba escribiendo.

Finalmente, el texto es un ejercicio de reconstrucción. Pues el autor selecciona, articula y da sentido a una enorme cantidad de datos, escenas y discursos: estadísticas sobre mortalidad y vacunación, descripciones de situaciones cotidianas, declaraciones de organismos internacionales, observaciones sobre políticas públicas, ejemplos concretos de desigualdad y corrupción. Todo eso es ordenado en un relato crítico, donde los elementos heterogéneos se enlazan con una tesis general: la pandemia como amplificador de desigualdades y revelador del funcionamiento real de los Estados latinoamericanos. Esta categoría de análisis también implica un trabajo interpretativo: el cronista explica y jerarquiza la información para que el lector comprenda la dimensión social, económica y política del fenómeno. Así, la pandemia se presenta no como un episodio aislado, sino como un capítulo más dentro de una historia de fragilidades estructurales en la región.

3.2- El realismo intransigente de Martín Caparrós

En cuanto al estudio de María Angulo Egea, el “realismo intransigente” de Martín Caparrós puede entenderse como una poética de la crónica que se niega a suavizar, edulcorar o clausurar la complejidad del mundo contemporáneo. Su escritura parte de los hechos, pero los interroga exponiendo tensiones históricas, desigualdades estructurales y dilemas éticos sin permitir que el relato se cierre en soluciones fáciles o en explicaciones totalizantes. Ese realismo —crudo, consciente y crítico— se sostiene sobre tres ejes fundamentales: el compromiso político, la conciencia histórica y la voluntad literaria.

Por un lado, para Caparrós el compromiso político parece ineludible. No hay neutralidad fingida ni objetividad como ilusión decorativa. Su crónica asume una discursividad política explícita, que parte del reconocimiento de que toda narración implica una toma de postura. Por eso, cuando describe la pandemia, la desigualdad latinoamericana o el funcionamiento de los Estados, lo hace desde una mirada crítica y argumentativa que denuncia injusticias, señala responsabilidades y expone relaciones de poder.

Su compromiso estructura el modo en que observa y narra. Su realismo es político porque busca desnaturalizar, poner en evidencia lo que se pretende oculto o normalizado: la obscenidad de la desigualdad, el colapso de los sistemas sanitarios, el privilegio de quienes accedieron antes a las vacunas, la fragilidad de los Estados y de sus ciudadanos. El narrador incomoda para que el lector no pueda “hacerse el boludo”. La realidad es mostrada sin concesiones, en toda su crudeza. De igual forma, en sus crónicas, el narrador trabaja con una conciencia histórica “intransigente”, pues se niega a ver los hechos como anécdotas. Esto lo obliga a leer la pandemia como la consecuencia y el síntoma de estructuras preexistentes. Así, lo contingente siempre se inscribe en un proceso que trasciende a los individuos involucrados y, necesariamente, al propio sujeto que denuncia y que escribe.

Caparrós reactualiza la historia, la proyecta hacia el presente y revela sus continuidades. La desigualdad latinoamericana no nace con el coronavirus: la pandemia solo la amplifica y la fragilidad estatal es un problema de larga data. La pobreza y el hambre no son emergencias nuevas, más bien son resultados de décadas de políticas fallidas. “La pandemia no fue un rayo en un cielo soleado”, sostuvo el cronista. La conciencia histórica es, entonces, una forma de resistencia contra la amnesia social. Caparrós reconstruye procesos, expone genealogías, muestra lo que hay tras bambalinas en aquello que parece coyuntural. Su crónica despliega una lectura del presente como parte de un movimiento histórico más amplio, y por eso se orienta también a pensar futuros posibles o inciertos. Se trata de una escritura contingente, situada, plena de experiencia singular y colectiva y, al mismo tiempo, abierta a la posibilidad y a la incertidumbre que ella conlleva.

El realismo de Caparrós es inseparable de su voluntad literaria, porque su escritura no solo informa: piensa, organiza, interpreta y experimenta. Su estilo —irónico, lúcido, punzante y a veces poético— es una herramienta para abrir grietas de sentido allí donde la realidad parece monolítica. Esta voluntad literaria se manifiesta en la construcción de una voz propia y reconocible, que mezcla crónica, ensayo y reflexión; que rompe con ciertas convenciones del género, introduciendo digresiones, reflexiones y preguntas abiertas; y que integra el uso de imágenes potentes (“un viento huracanado que corrió velos”), el ritmo y la musicalidad de un lenguaje que aboga por no cerrar nunca del todo las historias, devenir con ellas, desafiar con coraje lo definido, lo definitorio, tanto en el texto mismo como en la misma realidad referenciada.

3.3- Caparrós y la transgresión del género

En esta dirección, resulta pertinente considerar lo que Gerardo Juárez Vásquez denomina una “mutación” en la obra reciente de Caparrós. En su artículo “Ejercer la voz: el ensayo como estrategia narrativa en el trabajo periodístico de Martín Caparrós” (2021), el autor sostiene que en estos textos se vuelve predominante un dispositivo ensayístico que transgrede las convenciones del género tradicional. Este movimiento implica una imbricación entre crónica y ensayo que potencia la capacidad interpretativa del texto: el componente ensayístico permite profundizar en fenómenos sociales complejos, formular hipótesis, desplegar lecturas críticas y, sobre todo, asumir un posicionamiento claro que no se limita al registro testimonial. Desde esta perspectiva, La peste no solo narra la pandemia: la piensa, la interroga y la problematiza desde una voz que se atreve a dudar, a conjeturar y a confrontar sus propios límites interpretativos.

En entrevista con el medio peruano El Comercio, la escritora argentina Leila Guerriero señalaba que:

“Lo que tiene que haber es una mirada (…) La crónica es lo contrario a la noticia. Por definición, el cronista siempre llega tarde. ¡Es el tipo que siempre llega tarde a todas partes! Mientras la noticia ocurre, no sé si se puede tener una mirada distante frente a ella”. (Guerriero, 2013).

La escritura de La peste nace de la incertidumbre, pero permite la constatación del estado de desigualdad y de desconcierto generalizado. Hay una mirada analítica y crítica sobre el estado del mundo durante la pandemia, y a su vez, asume que no tiene, ni por asomo, todas las respuestas ante las adversidades. En un momento donde no se sabía aún cómo evolucionaría la pandemia, el cronista rechazó cualquier juicio anticipado y lejos de pontificar sobre lo que estaba pasando y sobre lo que podría llegar a pasar, abrazó la duda y, con ella, la voluntad de búsqueda incesante, la iniciación a lo desconocido. De esta forma, planteó un dilema abierto: el futuro consistirá en un esfuerzo para regresar a la “normalidad” previa, aunque sea un camino difícil o, en su lugar, una idea transformadora: “la pérdida de las condiciones previas desencadenará cambios imprevisibles” (Caparros, 2021: 897).

Hay una urgencia por asimilar lo que está pasando allá afuera y rumiarlo lo suficiente para luego pasarlo por el cedazo de la escritura narrativa de no ficción. En ese sentido, la crónica presenta una ambivalencia: se concentra, se detiene en un momento vigente, se sitúa en su época específica y también deja espacio para la vacilación, para poder dilatar en el tiempo venidero lo que aún no está concluido en el suyo propio. “Todavía, por suerte, no sabemos nada”, repite Caparrós hacia el final. Esa ignorancia no es una sentencia definitiva ni una declaración de impotencia y de fracaso. Todo lo contrario: puede leerse como una posibilidad latente para la demora, precisamente, para la dilatación del sentido, inclusive, para una próxima escritura con su consiguiente resignificación. Aunque el panorama luzca adverso, está esa apuesta en la crónica, en su tiempo otro, y desde esa vereda, la indeterminación puede ser una virtud. Desde la conciencia interna de la incertidumbre se puede reconfigurar a sí misma, todas las veces que sea necesario, en consonancia con el devenir de los hechos y de las cosas.

4.- Conclusiones y proyecciones

El recorrido teórico y analítico realizado permite comprender que la escritura de Martín Caparrós no solo renueva la tradición de la crónica latinoamericana, sino que también la tensiona y la expande hacia un territorio híbrido donde narración, reflexión y argumentación pueden coexistir.

En diálogo con estos aportes, la tríada planteada por Kraber —inmersión, transformación y reconstrucción— adquiere en Caparrós una dimensión singular. Sus textos no solo se nutren de la experiencia vivida o escuchada, también se transforman en preguntas sobre cómo narrar aquello que duele, aquello que excede al lenguaje. La reconstrucción, por su parte, se vuelve un acto crítico: organizar lo observado es, en su escritura, un modo de interrogar el mundo y de interpelar al lector.

Su “realismo intransigente”, tal como propone Ángulo Egea, se sostiene en un triple fundamento: un compromiso político que no se confunde con militancia, que implica asumir una posición ética frente a las desigualdades que retrata; una conciencia histórica que inscribe cada hecho en u y que invita a leer la realidad como un devenir colectivo; y una voluntad literaria que convierte a la crónica en un espacio de búsqueda estilística, donde la subjetividad se asume abiertamente como herramienta de conocimiento.

De ahí que la crónica de Martín Caparrós se levanta como un gesto de transgresión -en palabras de Gerardo Juárez Vásquez- a las formas tradicionales y establecidas de lo que entendemos por ensayo o crónica, pues rehúye el cierre conclusivo, la certidumbre anticipada y la complacencia. Sus relatos quedan abiertos, porque la realidad también lo está; porque la violencia, la pobreza o la desigualdad no admiten conclusiones apresuradas ni estetizaciones fáciles. En esa apertura persistente reside su potencia política y literaria: en leer, pensar y desafiar los límites de lo representable. Caparrós confirma que la crónica —lejos de agotarse— sigue siendo un espacio privilegiado para ejercer una mirada crítica, para construir comunidad y para buscar nuevas formas de comprender aquello que, aun hoy, seguimos intentando nombrar.

En La peste de Ñamérica, la imposibilidad de prever cómo evolucionará el mundo tras la pandemia del coronavirus, convierte a la falta de certezas en un espacio para la esperanza o un punto de partida para el constante ejercicio reflexivo. Podría decirse que Caparrós realizó un diagnóstico certero sobre el organismo enfermo de Ñamérica, y a su vez trazó un mapa tentativo allí en un territorio tan precario en condiciones de vida material como rico en historia y relato. Como periodista, asumió por completo la tarea del investigador inquieto, del viajero inagotable, del historiador que no pretende contar la verdad oficial, que solo entrega una mirada, una mirada necesaria sobre una realidad urgente. Decía Tomás Eloy Martínez que:

“De todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas. La llama sagrada del periodismo es la duda, la verificación de los datos, la interrogación constante. Allí donde los documentos parecen instalar una certeza, el periodismo instala siempre una pregunta”. (Martínez, 1997)

Si bien la pandemia dejó al desnudo la herida profunda de muchos ñamericanos, expuestos a la pulsión de muerte y a la intemperie, también reafirmó su condición de espacio humano singular, con un origen híbrido y un destino aún en proceso de escritura, no inscrito sobre ninguna tabla, porque la propia crónica tuvo sus antecedentes en un viejo relato: el de la conquista y el descubrimiento de América, y ese mismo relato se fue configurando, con el tiempo, mediante el choque, el cruce y la negociación entre distintas lenguas y miradas. Nada parece definitivo respecto de Ñamérica y, sin embargo, conjuga una narrativa orgánica, que resiente su enclaustramiento y que respira al liberarse de sus ataduras. La salud de la narrativa ñamericana podrá consistir, de aquí en adelante, en la conciencia sobre sus propios límites y posibilidades.



Bibliografía

· Angulo Egea, María (2016): “El realismo intransigente del periodismo literario de Martín Caparrós. Compromiso político, sentido histórico y voluntad de estilo”, en Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 22 (2), 627-645

· Caparrós, Martín. (2021). Ñamérica. Editorial Random House.

· Caparrós, Martín (2012). “Por la crónica”, en JARAMILLO VILLANUEVA, Darío:Antología de crónica latinoamericana actual. Madrid, Alfaguara, 607-612.

· Guerriero, Leila: “El cronista siempre llega tarde” [VIDEO]. (2013, August 4). El Comercio Perú. https://elcomercio.pe/luces/arte/leila-guerriero-cronista-siempre-llega-tarde-video-noticia-1613131

· Juárez Vázquez, Gerardo. (2021). Ejercer la voz: el ensayo como estrategia narrativa en el trabajo periodístico de Martín Caparrós. Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos, (72), 33-59. Epub 23 de agosto de 2021.https://doi.org/10.22201/cialc.24486914e.2021.72.57263

· Kraber, P. M. (2020). La crónica periodística: entre el arte de narrar e informar con estilo de autor. Edu.ar. Recuperado el 6 de diciembre de 2025, de https://perio.unlp.edu.ar/catedras/graficadepor/wpcontent/uploads/sites/166/2020/07/8-La-cr%C3%B3nica-period%C3%ADstica-entre-el-arte-de-narrar-e-informar-con-estilo-de-autor-Apunte-de-c%C3%A1tedra-Matias-Kraber.pdf

· Martínez, Tomás Eloy (1997): “Periodismo y narración. Desafíos para el siglo XXI”,Conferencia del 26 de octubre de 1997, en Guadalajara, México,http://www.fnpi.org/fileadmin/documentos/imagenes/Maestros/Textos_de_los_maestros/periodismo.pdf. [Consulta: 8 de agosto de 2014]



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