miércoles, 24 de diciembre de 2025

Así como el Grinch, en el fondo, no odiaba la Navidad, sino que la hipocresía disfrazada de buenos deseos y consumo desmedido, la criatura mitológica llamada Krampus, mitad chivo, mitad demonio, no era un anti Santa: era su sombra, el oscuro ser que se encargaba de castigar a quienes no respetaban el espíritu navideño. Krampus, con su forma grotesca, era el que hacía el “trabajo sucio”, el contrapeso moral necesario para mantener el equilibrio, la dosis de caos en vísperas de un nuevo orden, la noche que aguarda, tenebrosa, el paso de la estrella. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas, te transforma. Si no logramos redimir al Grinch herido, la fiesta carece de cualquier significado. Si no conseguimos integrar al Krampus recóndito en la conciencia, matamos una parte de nosotros mismos, la parte monstruosa sin la cual no sería posible la transformación, la obra sagrada, el nacimiento de lo nuevo.

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