domingo, 5 de abril de 2020

La desolación en el centro producto de la cuarentena modela un domingo perpetuo en las mentes de todos. Se dibuja el rostro de la indeterminación merced a la ansiedad por ese algo no vivo que está fuera de control o que parece estar orquestado por agentes incomprensibles. Andando por la plaza este domingo por la tarde intentaba comprar una mascarilla. En la Cruz Verde me informaban lo previsible: que estaban agotadas y que su stock se esfuma en unas cuantas horas debido a la demanda. Regresaba de ese modo de vuelta a la calle. Algo en el gesto de los transeúntes mezclaba entre premura, una ansiedad reprimida y una normalidad forzosa. Caminando por Av Valparaíso un muchacho de la calle pedía unas monedas de forma insistente. Interpretó erróneamente un gesto que le hice, un involuntario gesto producto de mi congestión nasal, y se indispuso. “¿Por qué no?”, repetía. “¿Por qué no quiere ayudarme?”. En mi mente pensé en decirle que no era eso, solo que no podía ayudarlo por el momento. Pero se fue resignado solamente advirtiendo a otro transeúnte que se le iba en negativa. Hablaba a lo lejos sobre necesidad. Lo curioso era que la verbalizaba al pedirle chauchas a la otra gente. Repetía la palabra necesidad tanto, que configuraba al paso el escenario psicológico de la ciudad. “Necesidad". Aquello que bajo el manto consuetudinario de un paseo dominical conseguía camuflarse, ahora aparecía descrito ante la ausencia por decreto como una revelación.

Corolario del presente

"Si un gobierno decretara en pleno verano que las vacaciones son prolongadas indefinidamente y que, so pena de muerte, nadie debe abandonar el paraíso en que se encuentra, se producirían suicidios en masa y masacres sin precedentes." Cioran, Ese maldito yo.

viernes, 27 de marzo de 2020

Dos eventos que oscilan entre el ridículo y la indignación: primero, un sacerdote lanzó bendición con agua bendita desde un helicóptero ante crisis por coronavirus, presuntamente en territorio nacional. Todo habría sido grabado desde la cuenta de un usuario en facebook, pero no se sabe si el usuario estaba con el sacerdote a bordo o si alguien transmitía en vivo. “Dios es la única cura”, sostuvo. Segundo, la Dirección del trabajo emitió un dictamen según el cual, por motivo de fuerza mayor, considerando la pandemia, el trabajador no está obligado a cumplir sus funciones, ni el empleador a pagar las remuneraciones correspondientes. Se trataría de un dictamen que ya estaría estipulado hace más de 25 años, solo que actualizado ante la inminente disminución de la fuerza laboral. 

Mi viejo el otro día me contaba que el impacto del coronavirus carcome las caretas de la hipocresía humana. Refleja lo que ya previamente somos, lo que siempre estuvo ahí, solo que viralizado: ignorancia y egoísmo. Pero también, configurado el escenario de crisis, debería poder precipitar, de una vez por todas, un cambio de mentalidad en la civilización, un cambio urgente de paradigma o, al menos, un baño de humildad, ya que el virus, como afirmó hace poco Byung Chul Han, “no puede reemplazar a la razón”.

Urbi et Orbi

El Papa rezó en la Plaza San Pedro completamente solo por primera vez en la historia de la Iglesia Católica. “Estamos todos en la misma barca y somos llamados a remar juntos”, declaró. Un llamado a la universalidad desde la desolación. Jamás había acontecido un hecho simbólico que reflejara tan poderosamente el vacío del catolicismo, orando por el dolor y la miseria de la gente desde la propia cuarentena de la institución eclesiástica. Una clara evidencia que demuestra la crisis de la Iglesia, pero a la vez la fuerza y persistencia de su tradición. Los cristianos en sus casas oran también a Dios a raíz de su aislamiento. En efecto, siempre lo han hecho de ese modo, solo que ahora el signo de la fe ha dejado su marca gregaria merced a la nueva peste, y se ha inclinado por la individualidad de cada creyente, como en un retorno a las pruebas de fe descritas en el Antiguo Testamento. Cada quien se debate contra el miedo a lo incontrolable, depositando su confianza en la abstracción de una fuerza superior y, finalmente, en una eventual reconciliación de la humanidad con lo absoluto. Pero, a fin de cuentas, como dijese Boris Pasternak: “Dios es lo que cada quien hace con su soledad”.




jueves, 26 de marzo de 2020

De acuerdo a la nueva fiebre de predicciones, el escritor de ciencia ficción Dean Koontz habría adivinado la epidemia del Covid-19 en su novela de 1981 “En los ojos de la oscuridad”. Pero todo se trataría de un bulo, como mucho, una coincidencia literaria, un ardid publicitario. Así, por ejemplo, en la novela se habla de un mundo invadido por un arma biológica que tuvo su origen en la Unión Soviética y sería llamada “Gorki-400”. Lo único que habrían hecho sería cambiar su nombre por “Wuhan-400”, durante el año 1989, tras la caída del muro, para evitar toda referencia a la Unión Soviética. Entonces tenemos que esa arma biológica mencionada en la nueva edición de la novela pos Guerra Fría sería homologable al coronavirus que hoy asola el globo, pero únicamente en su nomenclatura, que correspondería al lugar de brote de la pandemia. Curioso cómo una intervención editorial mediada por el contexto pudo lograr que esa equivalencia apócrifa se viralizara como hallazgo literario. Tal vez el virus no ataque solo a nivel orgánico, sino que también intertextual.
Para Dr File, es todavía más orwelliana la idea de una “vacuna global” que el contagio de la propia pandemia. Es decir: la clásica manipulación que deriva en una hipocondría producto del miedo. Un virus totalizante para un poder totalizante.

miércoles, 25 de marzo de 2020

3 polémicas sobre el Coronavirus en Chile


-Frente al mal sanitario, los reos en las cárceles de Santiago 1 han salido a manifestarse en un intento de fuga masiva. Muchos de ellos, heridos ante la represión, y en evidente estado de desamparo ante las inhumanas condiciones del sistema carcelario. Sin un orden, sin stock de limpieza, sin siquiera agua. El director ejecutivo del Observatorio Social Penitenciario, Galo Muñoz, ha dicho al respecto que: “Si entra el virus, entra la muerte”. 

-Don Francisco ha sido enfático en señalar que la Teletón se realizará de todas formas, este 4 de Abril, en medio de las críticas al sistema de salud pública en Chile y a su manejo absurdamente deficiente por parte de Mañalich. Las redes sociales no han tardado en pronunciarse, criticando el ánimo lucrativo del show, pese a su intención de fondo. “En el Teatro o en la casa. Como sea, voy a estar. Lo haremos, aunque sea con señales de humo”. 

-El panorama para el desarrollo del plebiscito constitucional se ve cada vez más incierto. En un principio, aún ante la inminencia del virus, se había optado por realizarlo de todas formas. Ahora que ya ha pasado a la fase 4, y los casos aumentan más que la aprobación del propio presidente, los partidos políticos se han puesto de acuerdo para aplazar la fecha del plebiscito, incluso hasta fin de año. Los mismos que habían llamado al coronavirus “un tongo comunicacional”, ahora le reprochan al gobierno su ineptitud para combatirlo con inteligencia. 

Como es evidente, el virus no ha hecho más que precipitar algo que el 18/10 ya había conseguido revelar con determinación: la completa crisis estructural e institucional del país. El virus no impulsa ninguna revolución, ningún ataque al corazón del sistema, como señaló Zizek; solo desestabiliza aquello que ya viene débil de fábrica, sin contemplaciones. Solo abre el hoyo negro que los propios líderes ya habían estado socavando hace rato.


Fui el otro día a la sede de la AFP Habitat a revisar el motivo de la baja estratosférica en mi total ahorrado (una extraña preocupación que nunca había tomado en serio merced a la urgencia del contexto). Para variar, una fila gigante de afiliados, todos distanciados a un metro del otro, afiebrados, nerviosos. Al llegar mi turno, le pregunté a la secretaria cuál era el condenado motivo de esa baja tan abrupta. Ella me respondió que se debía básicamente a la baja del valor de la cuota, y que eso era por la merma en la fluctuación del mercado a nivel mundial. No convenía, según ella, cambiarse de fondo, puesto que el riesgo era mucho, y que convenía quedarse en el fondo que estaba hasta que los valores se regularizaran. “Así que no se preocupe, no es que le estén robando, es solo culpa del coronavirus”, señaló la secre, como en una suerte de irónico consuelo involuntario.

lunes, 23 de marzo de 2020

Se propagó con rapidez una declaración de Chomsky respecto al coronavirus como una supuesta conspiración para hacer estallar una guerra bacteriológica y combatir la expansión de la economía china. En esta se sostenía que el plan estaba pensado tan maquiavélicamente que pretendía un impacto geopolítico a nivel mundial, con sabrosos detalles que incluían a la CIA, el grupo Bildeberg y el sionismo de Israel. Todo estaría maquinado de tal forma que los focos de infección serían propagados de manera estratégica en Italia, (con Salvini como su ministro, traidor a los ojos de Trump por solidarizar con Putin). Luego los focos se extenderían hasta el Medio Oriente, pasando por España y el resto de los países vecinos, aprovechando el brexit británico para debilitar la Unión Europea y, de ese modo, propiciar el escenario ideal para la aparición de una “vacuna milagrosa" controlada desde el mercado estadonidense, y con ella, la instauración de un nuevo orden, un capitalismo fortalecido con Estados Unidos como potencia hegemónica. Contrario a esto, hace poco se descubrió que toda la supuesta declaración no correspondería a algo que haya dicho Chomsky. Sería otro fake news en medio de la pandemia. Frente a esto, han salido medios científicos como The Lancet a desmentir cualquier atisbo de teoría conspirativa, argumentando que es inviable la tesis de la creación artificial del virus y que todo apunta a un origen en la vida silvestre. La evidencia genómica indica que el SARS-CoV-2 habría surgido a partir de mutaciones y selección natural. Lo mismo habría sucedido en el 2009 con el Ah1N1. Fenómenos que de repente impactan en la población mundial y que, merced al desconocimiento, son estudiados desde el reducto de la ciencia pero también desde el aparataje de la ideología de turno. Ha salido, en cambio, la verdadera postura de Chomsky respecto al coronavirus y su impacto. Se resume básicamente en que los países asiáticos han logrado contener mucho mejor la pandemia que la Unión Europea, y que Estados Unidos ha minimizado sistemáticamente la gravedad de la crisis (“las camas de los hospitales se han suprimido en nombre de la eficiencia”), develando en el fondo la grieta del sistema que pudiera llevar eventualmente a una recesión económica y una catástrofe ambiental de proporciones, si es que no se toma la conciencia necesaria. La inclemencia del virus surca los límites entre lo posible y lo imposible, y la verdad histórica parece también verse infectada en ese proceso, ahogada por la urgencia y la contingencia. La anécdota de Chomsky y la fake news deja entrever que la información es el principal poder hoy por hoy pero también su principal virus, a riesgo de volverse precisamente viral y no poder medir su influencia en las mentes, tal como el de los patógenos en los sistemas inmunes. Chomsky llama, entonces, de manera solapada, a filtrar esa información desde nuestra capacidad crítica actuando como anticuerpos, (solo recordar las 10 estrategias de manipulación mediática), leer concienzudamente cada enlace y texto referente al tema, no caer preso del pánico colectivo y adoptar una estrategia racional frente a los hechos, puesto que el problema no sería solo el virus en sí mismo, sino la repercusión que tendría este en el tejido social, un organismo que, de no estar preparado para lo que viene, podría caer en una saturación del sistema, una “infoxicación” de datos falsos, políticas erráticas y enfermos en alza. La mentira se propaga también cual virus en estos tiempos. Informarse implica también verse contagiado. La mejor vacuna contra esa infoxicación de los medios sería, ante todo, saber leer, leer entre líneas.