viernes, 12 de junio de 2026

Backrooms: una nueva dimensión del horror liminal

Fui a ver Backrooms del director y youtuber Kane Parsons al cine Insomnia. En la sala se apreciaba una gran cantidad de cabros muy jóvenes. No deben haber tenido más de veinte años en su mayoría. Yo era, tal vez, uno de los más viejos allí presentes. Eso se explicaba por la sencilla razón de que el fenómeno comenzó con un viral de internet. Había que ver la película en el cine, para dimensionar de manera más directa esa sensación de claustrofobia y de paranoia que te impregna la idea de espacios cerrados, vacíos, abandonados, despojados de su uso corriente para albergar lo extraño y lo retorcido. El joven Parsons ya se había hecho conocido luego de dirigir cortometrajes en youtube basados en esos Backrooms, espacios amplios y deshabitados de paredes amarillas, similares a oficinas en donde ocurren cuestiones fuera de toda lógica. Lo realmente espeluznante y fascinante es que dicha idea se viralizó en un foro de 4chan luego de que un usuario anónimo subiera una foto de esos espacios, con una leyenda que le agregaba elementos sugestivos de terror. Fue así que la cuestión evolucionó hasta volverse un "creepypasta". Cada integrante del foro le fue agregando cosas más extrañas y bizarras a la leyenda, hasta crear un verdadero universo Backroom, una especie de "cadáver exquisito" elaborado con puros delirios, sugestiones y miedos de los propios usuarios. Se trataría de un auténtico Egregor espacial, liminal, y ese es el género que la película Blackroom ha sacado del sótano del imaginario: el llamado "horror liminal", horror concentrado en espacios y lugares, ya no en personajes, entidades ni criaturas.
No pude evitar asociar el concepto liminal con la vieja teoría de Marc Augé respecto de los no lugares de la modernidad, aquellos lugares de paso, residuos de una sociedad productivista, centrados en el tránsito y no en el habitar simbólico. Esa misma sensación de despojo y de desarraigo puede hacer que aquellos no lugares engendren dentro de sí lo extraño, lo que parece desviado por falta de pertenencia, por una carencia profunda que despierta lo ominoso. El reverso oscuro de las fachadas modernas, el rincón desconocido y sombrío de las nuevas arquitecturas imponentes y grises puede tener su correlato idóneo en estos Backrooms de la película, y resulta que el Backroom, digamos, su horror liminal, tiene también su influencia en otras películas, videojuegos y libros, tales como El resplandor de Stephen King, luego llevado al cine por Kubrick, con su Hotel Overlook; El Cubo; Silent Hill; Carcosa; El bosque en El proyecto de la bruja de Blair; y las icónicas Carretera perdida y Twin Peaks del gran David Lynch. Cómo olvidar la Logia Negra y su naturaleza maligna, su inconciente traumático y onírico. Si nos remontamos al cine de Tarkovski, es cosa de acordarse de la clásica Zona de Stalker. Pienso también en William Burroughs con su Interzona en el Almuerzo Desnudo. Locura lisérgica total.
Quizá sea en la literatura en donde hay ejemplos más poderosos del horror liminal, del horror de los espacios que devoran la realidad o que devoran la mente de sus moradores, fagocitando su presencia. Comala de Juan Rulfo es un símbolo vivo en lo literario. ¿Espacio fantasmagórico? ¿Nicho de almas en pena? ¿Tierra de ecos muertos? En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius de Borges quedaba patente de manera magistral esta idea de un mundo apócrifo e imaginario, a medio camino entre la utopía y la distopía, creado por una sociedad secreta para suplantar al mundo real, y con él, a sus propios huéspedes. ¿No será esta, acaso, la mejor metáfora del metaverso y de la creciente IA? En Backrooms, los personajes que merodean los pasillos amarillos son conducidos, poco a poco, a la locura y a la muerte, solo para ser sustituidos (o transformados) en una copia mal hecha y deforme de sí mismos. Un verdadero imbunchaje liminal, muy en la línea de lo que hace la IA con nosotros al suministrarle nuestra voz, nuestro rostro y nuestra figura. Auténticos golems virtuales sin otro espacio que el liminal en el vacío de la red. Datos desechables arrojados a la zona prohibida para su desaparición. Y lo humano, arrojado al abismo de lo real, sin otro lugar que su obsolescencia.
El Instituto de Investigación Async, en la película, cumple un rol misterioso. No se sabe si fueron ellos los gestores de Backrooms, cuestión inverosímil, o más bien se trata de un grupo de investigadores con mucho poder que busca profundizar en la arquitectura caótica de los Backrooms con fines espurios. Creo que fue una decisión acertada el no haber dado mayores referencias, para sumarle otra capa de incógnita al asunto, salvo el visionado del principio, que respondería a una grabación ficticia del año 1990, época en la que Async habría descubierto "El Complejo". Esto me retrotrae, de inmediato, a la película El Cubo de Vincenzo Natali. En la primera entrega se reforzaba una atmósfera kafkiana al no dar ninguna explicación fehaciente respecto del origen del cubo, quiénes lo crearon y con qué fines. Luego, en las siguientes entregas, se revela el misterio. Acá en Backrooms ocurre algo distinto: es en realidad "El Complejo" el que escapa a toda comprensión humana y por eso mismo se emparenta mucho más con el universo lovecraftiano que con alguna otra idea de ingeniería o arquitectura distópica. Al ser un espacio liminal incierto, con una cualidad voraz que engulle y fagocita todo aquello que osa merodearlo, puede, por lo mismo, tener un potencial proteico alucinante. Pueden surgir de ahí verdaderas intrigas, historias paralelas en torno a los experimentos realizados por Async o bien pueden construirse otras películas u otros proyectos basados en El Complejo original, que hagan crecer aún más al "monstruo liminal", como si se tratara de un laberinto que se complejiza al ser recorrido, un rizoma demoniaco que deviene conciencia sobre la entropía del universo, que encarna ella misma el caos como única salida posible.
Al terminar la película, trataba de encontrar la puerta al exterior de la sala para ir al baño. Todo muy oscuro aún. Me sugestioné a tal punto que vi en cada espacio vacío esa potencia de lo insólito. Valparaíso mismo, de noche, está atestado de Backrooms, auténticos callejones salvajes, pura intemperie que aguarda lo entrópico, según sea la psicología y el laberinto interior de sus visitantes y moradores. Valparaíso mismo puede ser nuestro propio "Complejo". Y para honrarlo, toca perderse en él.
Si aún no ha visto Backrooms, vaya corriendo a verla al cine. La entrada, eso sí, no garantizará la salida.

Si usted cuestiona el avance del proyecto tecnocrático, eminentemente pragmatista, materialista, secularizante, utilitarista, creyente en un progreso lineal, parta por reconsiderar una visión distinta del mundo: “El morar hace que el ser sea morada y la morada sea ser. El morar y la morada tienen un nexo profundo con lo mítico, sólo que «el espíritu del positivismo ha trabajado desde siempre en eliminar el mítico mundo de los dioses» (Janke, 1988, p.31) y con la eliminación de los dioses, procura eliminar toda posibilidad de comprender el mundo de la vida como simbólico-biótico. Para el positivismo, el mundo es un mundo preciso, calculado, un mundo científico, matemático, mientras que el mundo mítico, el mundo de las múltiples ex–presiones, es un mundo para-científico que se expresa en imágenes mitopoiéticas, no traducibles en términos lingüísticos exactos. «Los dioses míticos, son poderes fingidos de fuerzas de la naturaleza no explicadas.» (p.31). El racionalismo omniabarcante y desdeñoso de otros saberes, no podía aceptar que el mundo mítico estuviera en el mismo plano del mundo tecnocientífico. El acontecimiento más importante de la modernidad fue, por tanto, el abandono que el hombre hizo de los dioses, del mundo de lo sagrado, del mundo de lo mítico, del mundo de lo poético —de la posibilidad de expresión del ser como poético— para pasar al mundo de lo calculado, de lo exacto, de lo explicable racionalmente, del mundo amputado, precisado, despoetizado, desencantado. «Muerta está la tierra, ¿quién le puede agradecer?» poetiza Hölderlin (citado por Janke, 1988, p.49) para indicar que una vez desencantado el mundo, mundo que, entonces, habitaríamos por méritos y no por favores recibidos de los dioses o de la naturaleza, mundo habitado por una especie exitosa, calculadora, que cree saber la hora y saberlo todo, ¿cómo podrá ser posible poetizarlo? ¿Cómo podrán ser posibles himnos de alabanza y de agradecimiento a la vida, a las fuerzas no racionalizadas ni racionales que mueven en infinitas direcciones las formas maravillosas de la vida? ¿Cómo podrán ser posibles los poetas en tiempos de miseria? Precisar el mundo ha sido la base del éxito tecnocientífico, pero también ha sido el origen de la des-poetización del mundo.” El reencantamiento del mundo de Ana Patricia Noguera de Echeverri, en directa referencia a El reencantamiento del mundo de Morris Berman.
"La poesía es la madre de todas las ciencias". C. Faúndez.
Jesús G Maestro está acertado en muchos otros puntos respecto a la relevancia del Quijote para la literatura universal y la importancia de la literatura en cuanto ejercicio de la libertad humana, pero la vendió completamente al desprestigiar a Tolkien y a El señor de los anillos, con una lectura superficial y materialista, aduciendo que es una escritura incompatible con la realidad. Con ese argumento dejas fuera gran parte del corpus literario fantástico, maravilloso, legendario y mitológico de la historia. Decía Gonzalo Rodríguez García: "Las verdades de la vida se conocen con el lenguaje del mito y la leyenda, y para vivir de verdad hay que saber mitologizar nuestra propia existencia. Que aquí nadie es "compatible con la vida" pues la vida siempre al final nos mata".