domingo, 3 de mayo de 2026

Antes de la palabra (Florentín Smarandache)

En las cuerdas del lenguaje de fuego

Nos derretimos como una guitarra, sonoros

Las letras en los breviarios florecen

Y nos desvanecemos vivos entre páginas altas

Las quimeras vienen a nosotros, como ejércitos

Como heridas domésticas en el fluido del alma

El sueño se estrella en dulce olvido

como la madera sobre brasas

En símbolos expandimos el poema

Y lo encogemos, y la metáfora

abre una ventana que el Sol invade

La carta deposita su vida en el papel

Ideas que parecen inspiradas por nuestra madre

Imágenes verticales, iluminadas en su parte superior

Como los nombres eléctricos de las empresas

Versos azules como la hora

atacados por el silencio

y derrotados por los gritos

Con blancos murmullos de primaveras

O brotes vespertinos

¿Cómo puedo curar mi comienzo

De muchas grandes cosas

Cuando todo lo que digo me parece

Que otros ya lo han dicho antes?

Vivo en muchos lugares, y más a la vez

Al mismo tiempo, y cada verso que dejo

Una vida mía solamente, una sola vida

Las tumbas serán, para mí, la distancia

¡Ataúdes: lo infinito!

Como el pájaro en su vuelo

¡Extendamos el arco de la tierna poesía!

¡Y su arco, inclinémoslo hacia

El blanco móvil de la eternidad!


Círculos de luz, 1992

Blogs not dead

Pablo Makovsky: ¿Por qué seguir sosteniendo un blog en tiempos de redes sociales?
Porque los blogs están derrotados y las redes sociales son una pandemia mucho más letal que la del Covid. Es como en el film Invasión, de Hugo Santiago, cuando el héroe que interpreta Lautaro Murúa pregunta al líder si vale la pena pelear una guerra contra una ciudad que no quiere defenderse y el patriarca le responde: “Una ciudad es más que la gente”. Sólo que acá hay que reemplazar “ciudad” por “web”: la web, aunque sus antiguos usuarios estén esclavizados scrolleando, es más que la gente.