Un dos de octubre, me junté con un amigo periodista que trabajó en El Mercurio de Valparaíso. Prefirió que el punto de reunión fuera en Plaza Aníbal Pinto, a las once de la mañana. A esa hora nos encontramos y caminamos en dirección a calle Esmeralda, rumbo a una cafetería cercana al edificio antiguo del diario El Mercurio. En el momento en que nos decidimos a andar, muchas personas caminaban hacia los cerros y gran parte de los locales permanecían cerrados. Efectivamente, ese día hubo simulacro de tsunami. Ninguno de los dos se había enterado hasta ese momento. De todas formas, fuimos al lugar al que nos habíamos propuesto ir. Seguimos andando hasta dar con la cafetería, pero se encontraba cerrada, por la alerta que ninguno había previsto. Igualmente, seguimos con nuestra caminata, esta vez, en dirección a una cafetería cerca de la plaza de la Intendencia.
Mientras apuramos el paso, el amigo contaba algunas cosas respecto a su paso por El Mercurio y su teoría respecto de qué pudo haber sucedido con el edificio. Decía que trabajó allí en una época en la que el diario todavía era muy cotizado a nivel laboral por el gremio de periodistas. De todos modos, sugirió que los grupos de trabajo y la organización interna ya habían empezado a experimentar cambios drásticos, principalmente desde el auge de internet. Había que adaptarse a los nuevos tiempos y la antigua directiva no iba precisamente en esa línea. Asimismo, la histórica casona de Esmeralda tenía que replantear su organización o corría el riesgo de volverse obsoleta. Y eso terminó pasando. El estallido social y la consecuente quema del edificio habrían sido solo la expresión última de una crisis bastante más antigua. Eso explicaría por qué se mantiene en total desahucio un edificio tan importante.
Llegamos a la cafetería en la Intendencia. Había muy poca gente. Allí el amigo siguió ahondando en sus años como periodista de El Mercurio de Valparaíso, aparte de darme algunas recomendaciones de forma y contenido sobre el proyecto, tales como enfocarme en algunas personas que hayan trabajado en el diario y que puedan y estén dispuestas a hablar sobre el incendio de esa noche y sus consecuencias. Dijo que no perdiera el tiempo buscando hablar con alguien de la directiva del diario, porque me encontraría con una gran muralla. Y así fue. Un hermetismo mediático que se mantiene hasta el día de hoy, contribuyendo a la incertidumbre del asunto.
Terminamos nuestro café y luego lo acompañé a tomar el colectivo hacia Bellavista. El ambiente en la ciudad seguía disperso, aunque se apreciaban menos personas evacuando hacia los cerros. Algunos carabineros permanecían resguardando el tráfico. Volví a pasar por fuera del diario y la cuadra se mantenía con escasa circulación.