Jesús G. Maestro: "Sin literatura, no se puede llevar una vida inteligente. Sin literatura, no hay vida inteligente. No se puede vivir de forma inteligente de espaldas a la literatura. No me hablen de inteligencia si ignoran lo que la literatura es".
Digresiones discordantes
lunes, 18 de mayo de 2026
domingo, 17 de mayo de 2026
Cincuenta años de la Doncella de Hierro: una ambición ardiente
Año 2002. El primer cassette que tuve de Iron Maiden recuerdo que fue “El Número de la bestia”, y sí, así estaba escrito, tal cual, en español, porque era de aquellas clásicas ediciones del sello EMI Odeón Chilena que venía con las canciones traducidas. El mítico Hallowed by the name se leía “Santificado sea tu nombre” y era heavy escuchar una referencia lírica tan directa cuando vacilábamos todos estos temas metaleros con un amigo de la Media en el colegio católico. Las misas, desde entonces, tenían ese riff potente y esa guitarra de aire de fondo. “Corre a las colinas” se tarareaba como “corre al cerro”, cuando vivía precisamente a unas cuantas cuadras del Cerro Monjas. Todo adquirió esa crudeza sonora, esa fantasía tan disruptiva inspirada por el universo de Eddie The Head y la propuesta artística de la doncella.
De todo eso me acordé antes de ir a ver al cine Insomnia el nuevo documental sobre Maiden, “Burning ambition”, dirigido por Malcolm Venville. Fuimos con otro amigo y una chica que él conocía en alguna tocata del Club Segundo Piso de Avenida Brasil. Las expectativas eran altas, sobre todo y considerando los más de cincuenta años de vida del grupo. Pese a la escasa convocatoria, se sentía, en ese momento, un ambiente de nicho. Había uno que otro fan con polera de Maiden, algunos más acérrimos, otros más aficionados, sin tanta parafernalia, todos por igual esperaban sagradamente el visionado. No era como estar en un concierto real, claramente. No estaba esa energía desatada,, pero sí se percibía una contención, un regocijo íntimo y emotivo. Un acierto del documental iba por ese lado: ver en todos los seguidores de la doncella una auténtica familia. Se alcanzó a percibir esa vibración colándose por los amplificadores. Esa vibración abrigaba la noche helada, mientras repasaban la historia de los inicios de la doncella en Londres, y pronto de cara al estrellato metálico.
Uno cuando indaga en la vida real de sus héroes musicales, no puede evitar sentirse identificado. Londres en los ochenta pasaba por un periodo convulso a nivel sociopolítico, y los punks la estaban rompiendo en la industria. Steve Harris no estaba dispuesto a hacer concesiones en lo musical, y ellos querían sonar pesados, aunque eso implicara rechazar el camino fácil. Las letras de las canciones de Maiden no pretendían reproducir los tópicos de moda; se proponían contar relatos inspirados en la historia y en la literatura, una cuestión impensada incluso dentro de los parámetros de la propia comunidad heavy de aquella época. Algo de Valpo había allí. También el metal corrió por estos lares de manera clandestina, subterránea. También se proponían romper con todo, a su manera, siguiendo el camino pedregoso de la autogestión, aunque nunca con el éxito esperado. La doncella conquistaba poco a poco el mundo, y eso era motivo suficiente para soñar en grande. Estaba ahí para enseñarnos que el metal era un lenguaje eléctrico, una modulación, como diría mi amigo Rumel, lista para ser traducida con furia y con arrojo, contra los molinos de la vida moderna.
Furia y arrojo era lo que nos transmitía la voz de Paul Di Anno, en Prowler, primer tema de su álbum homónimo, uno de los favoritos de Ian Scott, guitarra de Anthrax. Se sentía todavía esa vibra punketa en la actitud del grupo. Potencia y un toque de teatralidad era, por su parte, lo que nos ofrecía un talentoso y versátil Bruce Dickinson en el escenario. Con esa formación, la doncella había forjado la sinergia perfecta. La misma ambición ardiente encendía el espíritu de Dickinson y Harris, sumada al pulso de los icónicos Adrian Smith y Dave Murray en las cuerdas de acero. Los solos en vivo eran de una factura monstruosa. Los pasajes rifferos eran sencillamente de otro planeta. En eso mismo pensé cuando mi amigo, durante el visionado del documental, comentó la interpretación del tema Rime of the Ancient Mariner, tema largo que cierra Powerslave. Se refería al show de la gira Somewhere back in time en Chile, 2009. Otro temón que también comentamos durante el documental fue Alexander The Great que cierra el mítico Somewhere in time, sin duda, uno de los mejores discos de Maiden, junto al Seventh son of a Seventh son. A la salida, de hecho, le pregunté al amigo y a la chica que nos acompañaba cuáles eran sus discos favoritos de la banda, y eran precisamente esos. Por supuesto que en la época noventera, antes de la despedida de Bruce, sacaron otras joyitas inolvidables como Fear of the Dark o No Prayer for the dying, pero los tres coincidíamos en que los álbumes de los ochenta eran parte de la época dorada de la banda, y bueno, del heavy metal en general, sobre todo la primera mitad de la década. Luego, sabrán los bangers, llegó la irrupción del thrash y los géneros más extremos en la segunda mitad, deudores del estilo rápido y audaz de la NWOBHM.
Algo que siempre me sorprendió de Maiden es el nivel compositivo de Harris no solo en el bajo y en la estructura de las canciones, sino que en las líricas. Están llenas de referencias históricas, literarias y cinematográficas: Duna de Frank Herbert, el mismísimo Poe con los Crímenes de la Rue Morgue, Gastón Leroux con El fantasma de la ópera, Samuel Taylor Coleridge, del citado poema “Balada del viejo marinero”, Lord Tennyson , quien habría inspirado The Trooper, Twilight Zone, inspirado en la serie de TV clásica, Flight Of Icarus, tomado del mito griego, The Number Of The Beast, aparentemente basado en la película La Profecía, Stranger In A Strange Land, temón de temones, título tomado de la novela del mismo nombre, The Wicker Man, de la película “El hombre de mimbre” de Robin Hardy, y un largo etcétera. Incluso hay referencias a El señor de los moscas en Lord of the flies del disco Factor X con el vocalista Blaze Bayley, y referencias al mismísimo Huxley en el disco Brave New World (Un mundo feliz), que significó el regreso triunfal de Bruce a la banda, porque, definitivamente, la doncella había marcado a fuego su esencia con la presencia de Dickinson. Él era la voz de Maiden. Todo un líder, un showman. Blaze había hecho lo suyo, y le había impreso su propio estilo a la banda, pero con Bruce había ocurrido una alquimia creativa, una fusión enérgica fuera de serie, una que todos los fanáticos recordarán por ser lejos la etapa más memorable.
Seguimos discutiendo con el amigo y con la chica, tras haber acabado el documental. Nos acordamos de los escupitajos a Blaze en medio de un concierto, y no sabíamos si se trataba de un gesto de cariño incomprendido o de repulsa. Lo más seguro era lo último, porque a Blaze se le veía cabreado, lo mismo que Harris. Al rato, volvimos sobre la figura de Bruce. Nos acordamos de su afición por los aviones. De hecho, él mismo llevaba a la banda de gira en su avión Ed Force One, tras su regreso a los escenarios. Un verdadero business man, un emprendedor, repetía el amigo. Yo diría que un renacentista, de la talla de Brian May de Queen, aunque en clave metal. Si bien, para el amigo, el documental insistía en ciertas anécdotas ya sabidas por los seguidores, cuestiones que podían aparecer perfectamente en cualquier otro reportaje no oficial de youtube, habíamos quedado conformes con el digno homenaje a la Doncella de Hierro. Por eso mismo, fuimos todos a un local próximo a brindar con unas chelas bien heladas, pese al frío. Más de medio siglo de heavy metal tenía que celebrarse en grande, con sonido y furia. Eso mismo haré cuando vaya el 31 de octubre, la noche de Halloween, a verlos en vivo por primera vez en el Estadio nacional. Estoy seguro que habrá Maiden para rato, y que Eddie, la mascota más reconocida del universo del metal, seguirá reencarnando en todos los escenarios posibles de la historia, y adoptando las más bizarras formas, porque es un personaje inmortal. Y yo diría, más que un personaje, un avatar, un egregor tan poderoso como el legado de la banda. ¡UP THE IRONS!
sábado, 16 de mayo de 2026
Conversación con un amigo ex periodista del diario El Mercurio (ejercicio narrativo)
Un dos de octubre, me junté con un amigo periodista que trabajó en El Mercurio de Valparaíso. Prefirió que el punto de reunión fuera en Plaza Aníbal Pinto, a las once de la mañana. A esa hora nos encontramos y caminamos en dirección a calle Esmeralda, rumbo a una cafetería cercana al edificio antiguo del diario El Mercurio. En el momento en que nos decidimos a andar, muchas personas caminaban hacia los cerros y gran parte de los locales permanecían cerrados. Efectivamente, ese día hubo simulacro de tsunami. Ninguno de los dos se había enterado hasta ese momento. De todas formas, fuimos al lugar al que nos habíamos propuesto ir. Seguimos andando hasta dar con la cafetería, pero se encontraba cerrada, por la alerta que ninguno había previsto. Igualmente, seguimos con nuestra caminata, esta vez, en dirección a una cafetería cerca de la plaza de la Intendencia.
Mientras apuramos el paso, el amigo contaba algunas cosas respecto a su paso por El Mercurio y su teoría respecto de qué pudo haber sucedido con el edificio. Decía que trabajó allí en una época en la que el diario todavía era muy cotizado a nivel laboral por el gremio de periodistas. De todos modos, sugirió que los grupos de trabajo y la organización interna ya habían empezado a experimentar cambios drásticos, principalmente desde el auge de internet. Había que adaptarse a los nuevos tiempos y la antigua directiva no iba precisamente en esa línea. Asimismo, la histórica casona de Esmeralda tenía que replantear su organización o corría el riesgo de volverse obsoleta. Y eso terminó pasando. El estallido social y la consecuente quema del edificio habrían sido solo la expresión última de una crisis bastante más antigua. Eso explicaría por qué se mantiene en total desahucio un edificio tan importante.
Llegamos a la cafetería en la Intendencia. Había muy poca gente. Allí el amigo siguió ahondando en sus años como periodista de El Mercurio de Valparaíso, aparte de darme algunas recomendaciones de forma y contenido sobre el proyecto, tales como enfocarme en algunas personas que hayan trabajado en el diario y que puedan y estén dispuestas a hablar sobre el incendio de esa noche y sus consecuencias. Dijo que no perdiera el tiempo buscando hablar con alguien de la directiva del diario, porque me encontraría con una gran muralla. Y así fue. Un hermetismo mediático que se mantiene hasta el día de hoy, contribuyendo a la incertidumbre del asunto.
Terminamos nuestro café y luego lo acompañé a tomar el colectivo hacia Bellavista. El ambiente en la ciudad seguía disperso, aunque se apreciaban menos personas evacuando hacia los cerros. Algunos carabineros permanecían resguardando el tráfico. Volví a pasar por fuera del diario y la cuadra se mantenía con escasa circulación.
En su ensayo Secreto y narración, Ricardo Piglia señala, citando a Henry James, que “el relato es la casa de la ficción”. El narrador pasa por fuera de la casa y ve una escena. Luego, trata de investigar qué pasó, incluso trata de entrar en la casa, aunque no siempre lo consigue. Habría allí un secreto, un secreto que se resiste a ser descubierto, un sentido sustraído por alguien, algo muy distinto a un misterio que no tiene explicación o a un enigma que no se puede descifrar. Si se quiere, habría allí también una sombra policial. Piglia se refiere a la obra Los adioses de Onetti para indagar en ese secreto narrativo o, mejor dicho, en ese secreto que es la posibilidad latente de la narración. El secreto sería ese lugar vacío en donde convergen diversas tramas, atadas por un nudo nunca del todo desatado. Quien narra, ya no quien escribe, quien narra estaría rodeando de manera insistente eso que se quiere decir, pero no acaba de decirlo completamente. Si lo hiciera, el lector se retiraría en el acto, sin nada que lo aliente a seguir. Se produce un vacío, se producen vacíos necesarios que reclaman su materia creativa, su porción de subjetividad o de totalidad, su cosa viva, vibrante. Quien narra necesita ese rodeo, quien lee se regodea en él, porque, como dijera el propio narrador de Los adioses: “los efectos son infinitamente más importantes que las causas”. En los efectos nos jugamos la vida, en los efectos nos regodeamos y somos cómplices del secreto, cómplices de una pulsión narrativa, de una obsesión inconfesable.
Emmanuel Carrère ha dicho que le parece más honesto "contar una historia de la que forma parte o con cuyos personajes ha tenido interacciones, que contarla como si fuera dios o pudiera ver las cosas desde el planeta Marte". Reafirma Carrère que: "la literatura, entonces, no es el lugar para jugar a ser Dios (...) El escritor está en el barro, interactúa con los personajes, modifica la realidad al investigarla y es modificado por ella". Contra todo lo que se ha venido creyendo, defiendo el uso del yo como narrador posible. Quienes me han leído hasta el momento, quienes, en su momento, leyeron y releyeron mis crónicas lo sabrán.
miércoles, 13 de mayo de 2026
Catábasis/reacción en cadena (poema)
Del imaginario gragkiano. Filisteos de la materia.
¿Quiénes conspiraban detrás de aquella puerta?
El fin del milenio cobró su vida
Mientras los idiotas
Bailaban al ritmo de la insania
Su ojo vio lo que no se debía ver
Preso del extravío
Bajó hacia la zona secreta
A medida que sus pasos
Se perdían entre voces cómplices
Fueron enfermos de cobardía
Quienes callaron ante el ocaso del tiempo
Y la desaparición del símbolo
Se produjo una reacción en cadena
En el momento en que trituraron sus recuerdos
El globo completo sucumbió a las develaciones
El país precipitó su propia eyección futura
Porque la anábasis nunca ocurrió
Porque no hubo purificación
Tras el gran enfrentamiento
Porque la mordaza coartó las últimas palabras
Y otras cabezas siguieron rodando
Alrededor de sus cruces y olvidos
No hubo salvación, porque
en esa bajada no hubo búsqueda
solo una fatal coincidencia
solo el testigo involuntario
de una realidad abyecta
hasta el punto de la náusea
nunca hubo anábasis, únicamente
la sombra y su impudicia
únicamente la sangre y su imperio
la vergüenza legendaria en lo develado
en lo terriblemente desnudo
su ojo vio allí donde no se debía ver
y esa fue su roca de Sisifo
y esa fue su ave rapaz
devorándole las entrañas
sobre el cadalso de las conciencias
allí donde abrió lo que no debía abrir
se fraguaba un misterio
un misterio con rostro de sátiro
el giro en la tómbola
le llevó al círculo prohibido
y la anagnórisis cobró su vista
su visión prematura
no hubo verdad sin sacrificio
porque otros seguirán tramando
el tráfico, la ruptura, el reseteo
porque la conspiración es el motor oculto de la historia
¿Quiénes conspiraban detrás de aquella puerta?
Los hipócritas, los megalómanos del futuro
Seguirán parados en la misma línea
Al límite perverso de la realidad
Pero pronto estarán listos
Para hacer el jaque y jugar
Con sus vidas miserables
Porque la noche regresará
Con su llamarada suicida
Porque el dedo mayor
Volverá a encender la fiesta
Al extremo del milenio
Y sus mentes y cuerpos harán combustión
Antes que se enciendan las luces
y la verdad detrás del símbolo
vuelva con su potencia arrolladora
entonces será el momento de decir
¡Hasta nunca!
viernes, 8 de mayo de 2026
Volvió a circular una noticia sobre el hallazgo de la supuesta "única novela de Borges", en una biblioteca de Ginebra, cuestión que de por sí constituye una especie de oxímoron o de invención apócrifa, muy borgeana, por lo demás. Se trataría de la obra "Los engaños de Almotásim", manuscrito que habría permanecido durante años oculto en medio de un tomo de una saga islandesa llamada La Saga de los Embusteros de un tal Gisli Surssonar. Qué irónico. Muchos se preguntaron cómo Borges consiguió ocultarle ese manuscrito a María Kodama por tantos años; otros afirmaron que perfectamente pudo haber escrito esa novela en la década del 50, pese a haber aborrecido su forma, porque un ferviente lector y admirador de Conrad, Stevenson y Kipling no podía quedarse sin escribir una obra de largo aliento. Lo cierto es que, detrás de este embrollo, está la existencia del cuento "El acercamiento a Almotásim", el cual fue publicado en 1936 en el libro Historia de la eternidad y luego en el clásico Ficciones. Allí, en ese cuento, el narrador describe precisamente un libro que no existe y sigue en la búsqueda de una figura divina. La referencia imposible de sus tantísimas lecturas vuelve a mostrarnos por qué Borges sigue siendo el maestro de los laberintos, y nosotros mismos, solo otros nombres en su enciclopedia inacabada.
jueves, 7 de mayo de 2026
Se lanzó el nuevo single de la banda Mar de Grises: Surrender to fall. Recuerdo haberlos visto en vivo el 2007 en la Universidad Santa María, en el contexto de la semana mechona. Fuimos con un amigo de la Media. El compadre insistía en que esa vez no tocó Mar de Grises, sino que Poema Arcanus, pero yo estoy seguro que tocaron los Mar de Grises aquella vez. ¿Cómo convencerlo? No hay evidencia concreta. He rebuscado en internet algún flyer o afiche antiguo. Nada. Solo queda la memoria difusa de algunos pasajes musicales, un torrente sonoro que habita en el recuerdo enterrado.
miércoles, 6 de mayo de 2026
Satán Trujamán (poema)
Poema del imaginario gragkiano. Escrito en 2006 aproximadamente. De la colección "El show de la Kronikodelia":
Madre, estamos sudando
Y yacemos en la cuna del sudor
Y el pez gordo cae en Oriente por el sudor
Y fuimos todos hechos para sudar.
Cuando la concupiscencia encarna al mundo
Él nos mira agitados
Y nos mira divididos.
WWW, tres signos
Tres letras
Tres números
Tres…
WWW, tres exudaciones
Tres símbolos de vida
Tres símbolos de muerte
Tres
Tres
Prepárate a elegir.
De regreso a la escritura y al dibujo a mano y en papel, recupero el pulso orgánico de aquellos años adolescentes, la íntima relación de la mano nerviosa con la hoja de cuaderno iluminada escasamente y mediada por el encierro. Lo que se escribía y lo que se imaginaba ahí tenía un arranque más desbordado. He procurado siempre seguir creando a mano para luego editarlo en procesador de textos, recuperar la energía de aquel tiempo para incorporarle la mayor experiencia y conocimiento del presente. De esa manera, lo allí expuesto se siente más vivo, irreductible, sin perder el estilo.
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