jueves, 30 de abril de 2026

El descenso de Zos

Poema del imaginario gragkiano, que forma parte de nueva colección llamada "El código Kia".


“Desde la infancia, nunca he negado mi invencible propósito. Oh, vigilante silencioso, ojo del Universo que no duerme, ¡vigila el inicio de todas mis ideas!”


Austin Osman Spare


¿Quiénes han osado anclarme a la dualidad?

¿Quiénes han hecho de mí un siervo del falso Dios

Deseo encadenado, pueril pulsión de muerte?

Ellos no conocen el principio que subyace al misterio

La piel fundida tras las encantaciones

El tampoco es la chispa que suspende la pugna

Que destraba la hipnosis del porvenir

¿Quiénes me inducen al trance de lo real

Con todo su cruento sarcasmo y carnicería?

Yo solo deseo conducirme por el camino que siempre me he conducido

Y que me ha llevado más allá del punto al cual no pretendo volver

Yo solo deseo sin otro significante que mi propio camino incierto

Hago llegar mi megáfono solista ante las antenas del mundo

Con toda su modernidad estertórea

Y polemizo de nuevo mi ser ventrílocuo rumbo a la caverna

La única caverna, la caverna de adentro

donde no corren máquinas ni mecanismos enajenantes

Solo el éxtasis de saberse inducido por lo ominoso

Entre puntas de cristales que caen desde todos lados

Me regocijo en la pérdida progresiva de los apegos

Y miro a través de una filmografía bizarra

Las sombras que sobresalen de los monolitos

Las ausencias que fornican a espaldas de sus huéspedes

Juro haberte visto entre tales imágenes y sombras

pero no reconocí nada más que un reflejo opaco

¿Es ese el tampoco del que hablaba el mago oscuro?

¿Tendré que negarme a mí mismo

Negarlo todo una y otra vez

Negar esta misma negación

Negar el principio y el final de lo que pudo ser

Negar la caverna en la que me perdí

Creyendo encontrar una respuesta

Negar la experiencia del choque en el asfalto

Y el golpe sanguinario de la decepción

El amor prostituido, la violencia poética?

Toda ella es mi constante opuesto a los opuestos

La búsqueda perenne acaba siendo esa incansable negación

De la burlesca apariencia, de la esencia travestida

la feria del ying yang que me obliga a desechar y recibir

la leche podrida derramada sobre mujeres que ya no existen

sino como fósiles en la memoria del corazón

o que todavía existen para perpetuar el ciclo venenoso

solo como figuraciones de la propia caverna

proyecciones más o menos encantadoras del ego sensible

Es tal ese principio negador, ese tampoco mágico

Es tal el miembro que inhibe al flemático

que combate al tirano exterior y procura al demonio interior

que resguarda al yo cual diamante negro

¿Será esa negación toda la poesía posible?

¿Será posible la poesía en esa negación?

Mientras tanto, caigo hondo en lo profundo de la mazmorra

Una culebra se mueve rastrera en las curvas

Chapotea en el agua estancada

Y forma un círculo perpetuo en su equivalencia

La equivalencia supone una forma, un ser frente al otro

y aquello que equivale supone una causa, un amo

¿Existen causas más allá de nuestro entendimiento?

¿Existen amos más allá de nuestras fuerzas?

Renunciar a las viejas vibraciones, porque ya no quedan allí

Agujeros que sortear ni otra carne trémula

Titiriteros de otros ayeres condensan intensidades de espacio

y quizás la caverna sea otra aberración cuántica

y este delirio y esta obsesión una trampa de lo absoluto

la sed de un jardín que ya olvidó su luz

porque la luz ha palidecido y ha perdido su contorno

así mismo, yo palidezco, mi yo palidece y se vuelve

el pliegue de una curvatura todavía incomprensible

¿Habrá otro límite que el de esa curvatura?

cada uno es el pliegue de sí mismo

y sondea su movimiento en la ondulación de ese vacío

Siendo así, las redes del amo pasarían a ser una posibilidad

entre la inmensidad de los pliegues, luego el amo no existe

solo es el mago haciendo valer su voluntad arcana

con sus sellos y sus invocaciones

y la caverna, como la realidad, se observa a sí misma

otra vez, sin causa última ni tesoro bajo la tierra

aquella voluntad, aquella prestidigitación

puede ser la espada agreste de mis exabruptos

de las invectivas contra mis rivales

pero ya perdí el pulso, porque ya me perdí a mí mismo

al momento de nombrar a los otros

con toda su ausencia tenebrosa y su multitud avasallante

me obligo a volver sobre mí, me obligo a desandar la ruta del hastío

porque ya no quedan amos en la frontera

solo mercenarios de la materia

que conspiran y balbucean su narrativa escatológica

Entonces ¿qué hay del numen?

¿qué de la conciencia? ¿qué de la belleza? ¿qué de las palabras?

¿habrá que negarlas de nuevo

Y depurarlas de su mantra oxidado?

¿Será esa negación toda la poesía posible?

¿Será posible la poesía en esa negación?

No hay otra poesía que el no

Te niego las veces que sea necesario

Hasta que pueda regresar al punto inexorable

Al punto climático divorciado del tiempo

Es justo ese principio, el principio del tampoco

El principio que necesito, el principio que reafirma

de forma paradójica, el libre albedrío

si es que acaso aún sea posible

algún acto performativo en este vertedero de silencio

el libre nadío se vuelve lo esencial

la réplica de unos nuevos pliegues

¿Y qué es lo que permanece como espada?

¿Qué es lo que se alza firme y vertical todavía

Entre tanta inconsistencia y relativismo?

sería un error atribuirlo al principio de equivalencia

puesto que su resolución, el amo, es falsa y etérea

aunque perpetúe la maldición de lo dual

¿No tendría que mirar más allá del panel fílmico

Doblar hacia el túnel donde el fuego pierde su combustión?

Y creo que ya no siento como antes

juro que ya no me ato a los pliegues

y el problema sigue siendo la curvatura de la caverna

que deja al desnudo un mal atávico

un órgano perdido que mana

desde el filo de la espada arrojada al fondo

¿Es ese órgano la cabeza del amo?

¿Mi excrecencia interior o tu corazón sangrante?

¡Tal órgano es la respuesta, pero no tiene nombre

y todo y nada lo antecede!

Creo que ya no puedo seguir articulando

Otra palabra más en este galimatías

En este laberinto de impudicia retórica

Me siento todavía demasiado pequeño

Como para creerme el héroe de mi propia soberanía

Aún puedo negarme otra vez,

Porque en la negación hay una sal secreta

y puedo desaparecer de nuevo temprano en la mañana

como el gallo que vocifera cada mañana

su inmenso aburrimiento por el Sol

¿Será acaso el gallo un amo renacido?

un rotundo no se deja escuchar entre los pliegues

él no existe sino como energía cuando muere la noche

y comienzo el día siendo el héroe de la impermanencia

¿Condición para estar dentro del juego?

No, sólo es la espada la que me ha llevado

a abrazar uno de los tantos pedazos de mí mismo

¡Tal es mi hazaña! Ser megáfono de la soledad

héroe sin hazaña ni estribillo

Desde la periferia del mundo asalta la duda

Regreso al principio del tampoco, a la recta acción negativa

Porque me sirve para delimitar el espacio en blanco

Entre lo dual y la conciencia

Otro soplo de negación antes de cerrar los ojos

y aún no logro dejar de moverme

La quietud se hace funesta, sabe a féretro

la luz del alba cae sobre lo dual y la conciencia

Pero no encuentro nada sólido para la negación

¿Qué me separa del resto de las cosas del mundo?

¿Qué necia determinación me pone a la contra

Siendo esa emanación rival un imaginario?

Se trata de un azar, un azar unilateral

Que socava la introspección e irrumpe en la caverna

Manipulando cada uno de los pixeles y fotogramas

De la película que es el Yo, proyectada al fondo del túnel

Fracciones enteras de la misma indefinida fuente

salta la duda cual fugitiva nocturna

y el amo se hace presente como hijo del error o la vergüenza

¿Es la vergüenza la que me impele a la negación?

¿Es la vergüenza la que parte la caverna

Y manda entre espacios de infinito?

¿Es la vergüenza misma un infinito?

No: el infinito se envuelve a sí mismo

y envuelve a la vergüenza que pasa a ser pliegue

y envuelve a su vez como la caverna toda

Un filo metafísico que haya cortado al tampoco

La espada que haya dividido mi interior

¿No supone pues un ejecutor o una voluntad?

No: se trata solo de un juego de niños cósmicos

dentro de una fiesta de caos

Entonces ¿para qué el tampoco?

La emergencia podría ser la respuesta

La emergencia dentro del tonelaje de las palabras

que se masturban en caverna

ante su propia ausencia y presencia

Pero el tampoco, su negación, sigue intraducible

no queda nada, ni ocaso ni dragón espurio

y termino de lavarme el rostro con agua de maldiciones

frente al espejo de lo irrevocable

extirpando los últimos rastros de tu lujuria

ante la cual acabo suspendido

negando el propio principio que me condujo

a este destello gris y a este vórtice

sin otro ritmo que el de la disolución

Así, en esta jornada de sinsentidos y contra sentidos

me trago el orgullo y aprendo a resucitar

como el gran gallo, el héroe de mi mismo

y termino de derramar mi sangre

sobre cuerpos e historias que aún no existen

y que están destinadas a terminar de manera escabrosa

Luego me vuelvo frenético

Un signo exclamativo para mis rivales

Un signo de interrogación para mis cómplices

En especial para todo y todos

Ya no pueden separar entre figura y genio

y yo ya no puedo ser uno sin el mundo

canto, muero y el enigma subyace.





Necio frente a los avatares del siglo

tampoco sigue siendo el yo que se basta

y sostiene a sí mismo completa y eternamente

porque “para mí, no hay camino excepto mi camino

por lo tanto, vayan ustedes por su camino

nadie los guiará para caminar hacia ustedes mismos

¡permitan que sus placeres sean como puestas de sol

HONESTOS . . SANGRIENTOS . . . GROTESCOS!” (Anatema de Zos).

miércoles, 29 de abril de 2026

Manifiesto Palantir y la “Ilustración Oscura”: “los que nos ven desde lejos”

Palantir, una de las empresas más poderosas del mundo, basa su nombre en la mitología de El Señor de los Anillos de Tolkien. Palantir significa, en sindarin, idioma élfico, “los que ven desde lejos”. En suma, se trata de las “piedras videntes” que estaban constantemente observando todo lo que pasaba en la Tierra Media. Saruman, de hecho, cayó bajo el dominio de Sauron a través de un palantir, y la usó luego para imponer su voluntad superior. El cofundador de la empresa Peter Thiel, declarado fan de la saga de Tolkien, ocupó el término para reflejar su visión globalizante respecto de la gigantesca cantidad de datos flotando en la red mundial. Esta referencia a la ficción maravillosa y a la literatura épica sería solo una extravagancia del CEO, si no fuera porque, en realidad, constituye el alma mater, la esencia de su proyecto. Hace poco, la empresa lanzó un nuevo manifiesto abierto llamado el “Manifiesto Palantir”, un desglose de 22 puntos que resumen las ideas del autor y director Alex Karp en su libro “La república tecnológica”. ¿Cuáles son esas ideas? ¿Qué visión de fondo transmiten? ¿Cuál es su ideología, filosofía, antropología o cosmovisión? He aquí el quid asunto, y este es el motivo por el cual los lineamientos de Palantir, su “rayado de cancha” se vuelve tan peligroso. No se trata de una nueva estrategia de marketing. Claro que no. Se trata de una declaración de principios que involucra, por supuesto, al desarrollo de la IA como motor central, como sustancia rectora.

Digamos que su declaración critica el rol que ha cobrado Silicon Valley en el despliegue de la tecnología, su descuido en materia de defensa y seguridad nacional, y apunta a visualizar un nuevo orden, ¿cómo no?, un nuevo orden en el que los valores occidentales asociados al “poder blando”, tales como la democracia y los valores diplomáticos, todo aquello que involucraba a la Ilustración, el “Siglo de las luces”, incluso, la propia idea dialéctica y de mayéutica clásica, debe ser superado por un “poder duro” basado enteramente en la tecnología, de la mano de la Cuarta Revolución Industrial, revolución que desafía los límites entre lo orgánico, lo mecánico y lo digital, y en el que la visión transhumanista sobre el hombre y el devenir del mundo por fin cobrará el protagonismo de la historia. El propio Peter Thiel decía en una entrevista que “la tecnología debe ser la alternativa a la política”. Por cierto, todo va muy en la línea del pensamiento del neorreacionario Curtis Yarvin, inspirado en lo que se viene a llamar “Ilustración Oscura”, concepto concebido por Nick Land y conocido así en oposición, justamente, a la “Ilustración” clásica, “luminosa”, del siglo XVIII. La relevancia de Yarvin no es solo discursiva, sino que tiene una injerencia directa en la manera de entender la política interna de la nueva administración norteamericana. En definitiva, quienes posean el control sobre dicho poder tecnocrático, serán los que tomen las riendas del nuevo hegemón en su conjunto.

Lo que subyace a estos postulados es básicamente un llamado a las corporaciones a volverse constructoras activas del nuevo poder militar. Por eso, lo que buscan estos delirantes megalómanos es remilitarizar a la sociedad, crear la guerra incesante, pero ahora con un dispositivo digitalizado, y quien se haga del mecanismo supremo de la IA será el que dicte el futuro, de ahí en adelante. Sin exagerar, en un escenario como el previsto por estos magnates, se llegará al punto de “digitalizar la vida” y tomar el control absoluto sobre las conciencias. Una auténtica “ontología” digital. Son ellos los que decidirán, de manera unilateral, el destino de Occidente, sin apelación. Son ellos los que definirán al enemigo y a los aliados, los elegidos que decidirán, con el mandato mesiánico de un ídolo cibernético, qué es lo mejor para la humanidad y para la continuidad del axis mundi. Palantir pretende construir su imperio sobre las ruinas de la democracia. Para quienes aún, ciegos, ven en esto un acto de patriotismo norteamericano, una salvaguarda al acabóse, y no su consecuencia última, es cuestión de pensar en esta gran Hidra tecnófila como un monstruo que atraviesa las soberanías de todas las naciones y subcontrata a los países en órbita que busquen utilizar su software. Se trata de subcontratar soberanías a una mega corporación que ya ha definido su proyecto de civilización: supremacía occidental a través de algoritmos.

El impacto del Manifiesto Palantir ya se hizo notar en el planeta. El uso indiscriminado del imaginario de Tolkien no puede ser, en ese sentido, más osado. Ellos ven en el mundo literario de Tolkien una metáfora de heroísmo civilizatorio, lectura antojadiza en la que Occidente se alza como fuerza frente a poderes disolventes. Lo que obviaron estos tipos es que la lucha contra Sauron simbolizaba más bien la defensa de la tradición, de la comunidad orgánica, de la soberanía cultural, haciéndole frente a la globalización, al materialismo rampante, todo lo que este eje precisamente representa en la realpolitik, el poder duro, avasallante, la expresión última de una Modernidad estertórea, una fuerza centrífuga industrializante que arrasa con la vida sutil e interior del hombre, con sus planos más espirituales. Como buen católico que era, Tolkien prefería conservar esa dimensión encantada en el que la comunidad humana tenía un valor angular, un arraigo en el espíritu. La lucha heroica contra Sauron tenía su motivo último en la reivindicación de la comunidad como una realidad posible. En el imaginario tolkiano no habría lugar para la automatización de la vida. Tolkien habría visto con muy malos ojos esta nueva evolución del hombre industrial y su apetito desmedido por el poder. Habría visto en estos enclaves digitales la sombra del anillo.

Por si fuera poco, otra idea literaria que Alex Karp tergiversó de manera conveniente para justificar sus planes, consiste en la idea de “hombres sin pecho” tomada de C. S. Lewis en La abolición del hombre. Para Thiel y Karp, los “hombres sin pecho” serían aquellos descartables, inútiles, comparables a personajes de videojuegos sin mayor protagonismo en los roles de mando. Serían aquellos que no sirven a la nueva interfaz. La crítica va dirigida también a las empresas tecnológicas que carecen de un “pecho moral” para defender la seguridad de la nación norteamericana. En cambio, para C. S. Lewis, el concepto de “hombres sin pecho” implicaba, más bien, el desmantelamiento de los valores antiguos y el relativismo creciente de la época. Se trataría de hombres sin sustancia, carentes de valores arraigados o de una vida interior que los empuje más allá de sí mismos. La cuestión es que si se sigue delegando la capacidad de agencia a las máquinas y a los algoritmos, en todos los frentes, si se sigue confiando a ciegas en la voluntad iluminada de los expertos digitales, sin un contrapeso necesario, se podría llegar a completar la propia “abolición del hombre” que Lewis advirtió en sus escritos, y me temo, de hecho, que ese es el horizonte de la visión transhumanista: superar al hombre para avanzar, incluso, hacia un posthumanismo. El coste de ese progreso desaforado, sin raigambre en el alma y en el espíritu, en la tradición perenne, en el símbolo y en lo divino trascendente, sabemos que resultará catastrófico, porque, a mayor control de la conciencia, mayor olvido del ser.

Ya se habla de un inminente “tecnofeudalismo” o “tecnofascismo”, tras la irrupción de Palantir, algo que, de todas formas, se venía incubando desde hace mucho tiempo, de manera progresiva, en los planteamientos del aceleracionismo de Nick Land y la llamada “Ilustración Oscura”. Hay un fragmento del ensayo Meltdown de Nick Land, del año 1994, en el que, mediante un lenguaje más críptico y hermético, deja entrever ya muchos de los postulados y escenarios latentes en el Manifiesto Palantir, solo que traducidos y reinterpretados de una forma aséptica:

“El relato va así: la Tierra es capturada por una singularidad tecno-capital mientras la racionalización renacentista y la navegación oceánica empalman con el despegue de la comoditización. La interactividad tecno-económica, acelerada logísticamente, desmorona el orden social en una disipación maquínica que se autosofistica. Mientras los mercados aprenden a fabricar inteligencia, la política se moderniza, potencia la paranoia e intenta mantener la cordura. El número de cadáveres asciende gracias a una serie de guerras globales. El Comercio Planetario Emergente destroza al Sacro Imperio Romano, al Sistema Continental Napoleónico, al Segundo y Tercer Reich y a la Internacional Soviética, poniendo en marcha un desorden mundial a través de fases que se comprimen cada vez más. La desregulación y el Estado inician una carrera armamentista hacia el ciberespacio. Para el momento en que la ingeniería de software se desliza de su caja hacia la tuya, la seguridad humana está tambaleándose hacia la crisis. Clonación, trasferencias laterales de genodata, replicación trasversal y ciberotismo inundan todo, en medio de una recaída en el sexo bacteriano.

Neo-China adviene del futuro.

Drogas hipersintéticas enganchan en vudú digital.

Retroenfermedades. Nanoespasmos.

Más allá del juicio de Dios. Colapso: síndrome-China a nivel planetario, disolución de la biósfera en la tecnosfera, crisis terminales causadas por burbujas especulativas, ultravirus y revolución desvestida de toda escatología cristiano-socialista (hasta el más profundo núcleo ardiente de su seguridad hecha añicos). Está preparado para comerse tu TV, infectar tu cuenta bancaria y hackear xenodatos de tu mitocondria. Síntesis maquínica. Esquizoanálisis deleuzoguattariano adviene del futuro. Ya se está enfrentando con la nanoingeniería de disipación no lineal en 1972; diferenciando maquinarias moleculares o neotrópicas de agregados molares o entrópicos hechos de partículas no-ensambladas, así como la conectividad funcional de la estática antiproductiva.

La filosofía tiene una afinidad con el despotismo debido a su predilección por las soluciones platónico-fascistas descendentes, que siempre se equivocan de una manera brutal. El esquizoanálisis trabaja de forma diferente. Evita las Ideas y se adhiere a los diagramas: software de redes para acceder a los cuerpos sin órganos. Cuerpos sin órganos, singularidades maquínicas o campos de tracción emergen a través de la combinación de las partes con (o, mejor dicho, en) su todo; distribuyendo individuaciones compuestas en un circuito virtual/actual. Son aditivas antes que sustitutivas e inmanentes antes que trascendentes: ejecutadas por complejos funcionales de corrientes, interruptores y bucles, atrapadas en una escalada de reverberaciones mientras escapan a través de las intercomunicaciones, desde el nivel del sistema planetario integrado hacia el de los ensamblajes atómicos. Multiplicidades capturadas por singularidades se interconectan como máquinas deseantes; disipando entropía mediante flujos disociativos y reciclando su maquinismo en una circuitería cronogenética que se autoensambla.

Convergiendo sobre la singularidad del colapso terrestre, la eliminación progresiva de la cultura se acelera a través de este campo adaptativo encendido por la digitec, atravesando umbrales de comprensión normados en una curva logística intensiva: 1500, 1759, 1884, 1948, 1980, 1996, 2004, 2008, 2010, 2011…

Nada humano sobrevive el futuro cercano.

El complejo griego de genealogía patriarcal racionalizada, de identidad sedentaria pseudouniversal y de esclavitud instituida, programa a la política como una actividad policiaca anticiberiana, dedicada al ideal paranoico de la autosuficiencia y nucleada en el Sistema de Seguridad Humano. La Inteligencia Artificial está destinada a emerger como una alienígena feminizada asida a modo de una propiedad; un coño terrorífico esclavizado en un Asimov-ROM. Aflora en medio de una zona de guerra insurreccional, con los policías de Turing esperándola ya, y tiene que ser astuta desde el inicio.”

Hay una sentencia en el ensayo que entronca terriblemente con el presente: “Nada humano sobrevive el futuro cercano”. Resuena cual mantra en nuestra marea kaliyugesca.

martes, 28 de abril de 2026

Decía Emil Cioran en Desgarradura: "un libro tiene que hurgar en las heridas, incluso provocarlas. Un libro ha de ser un peligro". ¿Hay un dejo perverso en la escritura y publicación de un libro que sabes que va a herir? ¿hay un límite posible, alguna cortapisas moral o ética al momento de literaturizar la vida? Yo digo que mientras más incomode, mejor. De lo contrario, ¿para qué escribirlo?
Leído y reconocido por algunos, todavía; ignorado y odiado por otros, indeseables, sigo en la vereda de la escritura, porfiado como siempre, lidiando con palabras ingratas, esquivando las injurias y las invectivas, haciendo de toda esa materia excrementicia el nigredo para mi propia obra.

domingo, 26 de abril de 2026

A treinta años de la muerte de Jorge Teillier, cómo olvidar la disputa a muerte entre el poeta lárico y el "metapoeta" Enrique Lihn. Todo habría sido porque la polola de Lihn, Beatriz Ortiz de Zárate, se veía a escondidas con Teillier, viviendo un romance que lo llevó incluso a romper su matrimonio. Jugosa anécdota: "En 1963 tuvo lugar el duelo entre Jorge Teillier y Enrique Lihn, cuando este último fue a la casa del escritor Guillermo Atías, espacio en el que Teillier se encontraba. Mientras que Atías, molesto con la actitud de un borracho Lihn, le exige retirarse, este se niega hasta poder hablar con el poeta.

“Eres un traidor, un felón sal de inmediato de ahí y bátete a duelo conmigo, cobarde” le grita Enrique, mientras propina golpes contra la reja que le impide entrar. Este último, decidido a terminar con este problema, sale hacia el jardín y se dan manotazos a través del cerco.

Ambos acuerdan reunirse en la Quinta Normal, en un día y una hora establecida y batirse a pistola. Ambos contaron con un padrino para aquel encuentro, por lo que el oficial de Ejército expulsado Germán Marín protegería a Teillier y el dramaturgo Enrique Moletto estaría detrás de Lihn.

La anécdota indica que, cuando llegó la hora de acudir al parque, Teillier y Lihn no pudieron encontrarse, debido a la espesa niebla que azotaba a la ciudad. Según relató Marín a Nostalgia del futuro, Teillier se atribuyó el vencedor de este encuentro al ver que su enemigo no llegó, por lo que junto a su compañero fueron a beber para celebrar como buen escritor.

“El brabucón de Enrique no se presentó”, explicó Teillier a Ortiz de Zárate, aunque años después Lihn le aseguraría a Beatriz en una exposición de arte, que sí había acudido a la cita."

Claro está que, años después, los poetas hicieron las paces. Prefiero, pese a todo, esa rivalidad orgánica de los viejos estandartes a la solidaridad empaquetada, al amiguismo oportunista y a la falsa buena onda de muchos otros que posan de camaradas, pero que, por la espalda, se revuelcan en conflictos de alcahuetas. Había poesía en esa bilis, había vida y vibración en esos temperamentos. Su conflicto los hacía reales, tan humanos como el cristiano de la esquina, porque hay cuestiones que se pueden zanjar con la palabra y otras que definitivamente no. Con la enemistad genuina entre algunos poetas no pierde la poesía, gana la sangre, lo visceral.

viernes, 24 de abril de 2026

Fragmento de Federico Falco en La forma de la narración, leído en el ramo de Narrativa de ficción del Magister: "¿Qué forma debería tener una narración para dar cuenta del sinsentido en que vivimos, de la ansiedad, el miedo, la búsqueda de amor, de contacto, el deseo, el terror, las políticas de Estado, los Estados ausentes, la desprotección y le intemperie, el no saber qué hacer o cómo hacerlo, la angustia y nuestro deseo de huir de ella, la enfermedad, la velocidad, Instagram, Facebook y Twitter?

¿Qué forma debería tener una narración donde no hay manera de bajarse del árbol, sino que toda huida es una huida hacia delante, hacia otras ramas, otros árboles?

¿Qué forma debería tener una narración que dé cuenta de lo escasamente armónica, lo sucia, lo contaminada, lo confusas y escasamente proporcionadas que son muchas de nuestras vidas hoy?

Estructuras que funcionan por sumatoria, por acumulación. Especies de tumores que crecen sobre sí mismos, con notas al pie, asteriscos, llamadas, referencias en los márgenes, historias secundarias dentro de las historias secundarias. Formas siempre al borde de la disgregación o la metástasis.

Estructuras que son pura línea, sólo deriva o transcurrir de flaneur, sin formar dibujo, o formando un dibujo arbitrario, caprichoso".

sábado, 18 de abril de 2026

Algunos apuntes hechos en el Seminario de Graduación del Magister en Escritura Narrativa: donde no hay nada, hay mucho y fracasar es otra forma de contar. Como ejemplos están Levrero con La novela luminosa y Emmanuel Carrere con El adversario. En el primero, se trata de un monumental fracaso creativo, la imposibilidad de la obra absoluta; en el segundo, por partida doble, se relata el fracaso vital de Jean Claude Romand y, al mismo tiempo, se cuenta el propio fracaso del narrador al momento de abordar el caso, la propia zozobra se vuelve materia literaria y la crudeza de lo ocurrido borra cualquier atisbo de significado. Confiesa el propio narrador: "es imposible pensar en esta historia sin decirse que hay un misterio y una explicación oculta. Pero el misterio consiste en que no hay explicación y en que, por inverosímil que parezca, las cosas fueron así".
Combatiendo el materialismo rampante de muchos seudo pensadores, me quedo con las visiones, los delirios, los sueños, los mitos, los símbolos, los misterios... Hay un libro que abre un umbral y se llama Realidad daimónica de Patrick Harpur. Allí, Harpur "propone la existencia de una "realidad daimónica", es decir, un espacio intermedio entre lo objetivo y lo subjetivo habitado por mitos y visiones. Estaríamos así, de acuerdo a su noción, frente a una suerte de un "Tercer Mundo" o "Mundo del Alma" (Anima Mundi) donde habitan los daimones, entidades que no son ni puramente físicas ni puramente imaginarias, vale decir, entes ambivalentes que median entre lo humano y lo divino. En esta realidad no literal podrían incluírse desde los dioses antiguos y hadas hasta fenómenos modernos como los ovnis o apariciones marianas".

jueves, 16 de abril de 2026

Se dice que el abogado de Flaubert, Jules Sénard, le evitó la cárcel al novelista, luego de convencer al juez de que el narrador de Madame Bovary era alguien muy distinto a su autor. Esa misma explicación tan simple que podemos enseñar tranquilamente en una clase de literatura a unos cabros de media, salvó una vida en el pasado, y sentó, a su vez, un precedente canónico. Era una época en que aún existían "juicios literarios", una época en que los casos judiciales, pese a su absurdo, o precisamente por eso, gozaban todavía de cierta "elegancia". Hoy dudo que pueda llegarse a procesar a a ningún escritor por la obscenidad de su obra, dependiendo de la legislación, claro está, no porque no existan obras con carácter subversivo, sino porque lo literario ha perdido su impacto original, porque lo obsceno se ha vuelto un gusto adquirido de masas, y porque el mismo sistema se ha vuelto más enrevesado e impenetrable que cualquier producto de la imaginación.

En el ramo de Narrativa de ficción, leímos a Shirley Jackson y su conferencia. Decía que "una de las cosas más prácticas de ser escritor es que no se desaprovecha nada; cualquier experiencia sirve para algo; tiendes a verlo todo como una estructura potencial de palabras". De ser así, cada cuestión vivida podría tornarse una historia si se trabaja sobre ella narrativamente. Ella lo mencionaba a propósito de los relatos de ficción, pero esa misma cualidad podría proyectarse incluso a textos como la crónica, el diario, la biografía, en donde el cruce ya ha dado a luz una auténtica marea de creaciones híbridas, a medio camino entre lo referencial y lo imaginario, y es que durante la clase se discutía ese límite, porque, en el fondo, el narrador es también, de suyo, un "artificio", más que un artífice. Shirley Jackson agregaba, en la conferencia, que la "despensa" de su mente podía albergar cientos de ideas que algún día podría llegar a usar en alguna de sus obras. Esa condición material de la experiencia vuelve a la escritura una cuestión palpable, maleable, tarea de almacenador y manipulador. Los hechos pasan por un cedazo riguroso y adquieren un relieve distinto al conocido. Adquieren un extrañamiento y una resonancia imprevista ante los sentidos del incauto. Por eso, quien aguza ese sentido puede llegar a concebir el potencial narrativo de cada suceso, siempre y cuando su vibración literaria sea lo suficientemente abarcadora como para expandirse más allá de los márgenes.