La noche se cierne. Otra oportunidad para mirar más allá de lo observable.
Digresiones discordantes
miércoles, 24 de junio de 2026
Una señora oriunda de San Félix, Norte Chico, en el programa Miedo a la chilena, dijo algo muy significativo respecto a la Noche de San Juan y la aparición de seres legendario-mitológicos, manifestaciones mágicas o fuerzas oscuras: que conforman costumbres locales muy antiguas que se están perdiendo, sobre todo, en sus relatos orales, en su creencia ligada a la historia de los pueblos, porque existen en la medida que se intenciona su existencia. Pasa, decía la señora, que con el tiempo hay gente que ha dejado de "encantarse" con estos relatos, y por eso para ellos ya no existen o dejan de tener un significado trascendente. He ahí que, con su sabiduría "del interior", sin tanta lectura enciclopédica, la señora intuyó, dejó entrever algo que ya fue pensado por autores en la línea tradicionalista de la Sofía perenne o por el propio Morris Berman en El reencantamiento del mundo: una crisis vital, el hecho de que la secularización de la vida moderna, en prácticamente todas sus dimensiones, ha sacrificado la visión de lo sagrado, lo mítico, lo mágico, tan caro al arraigo simbólico de nuestros lares, de nuestra propia memoria recóndita. Pese a esta debacle, aún persisten resabios de esos antiguos cultos que rezuman una mezcla poderosa de paganismo y misticismo cristiano, como cuando se quema una hoja con deseos frente a una hoguera o fogata, a las doce de la noche, y se encomiendan a San Juan Bautista, o como cuando se deja un recipiente con agua y sal para que, al día siguiente, el sol de la mañana renueve las energías y disipe las malas vibraciones. Justo a medianoche se temía que aparecería, por ejemplo, el Tué Tué, el pájaro con cabeza de brujo alado, o el Mandinga, el diablo del campo, porque era el escenario propicio para su manifestación en la oscuridad, pero el sentido del rito con fuego y agua consistía justamente en la seña de disolución y purificación necesaria para transmutarse, reinaugurar un nuevo ciclo. Se intenciona con propósito, visión y voluntad, en un marco distinto al cotidiano. Desautomatizar la mirada: solo allí radica la magia de estos rituales y la riqueza de sus leyendas.
martes, 23 de junio de 2026
Digresión de mi viejo sobre el Mundial
Editada y reescrita por este servidor
Imagina, por un momento, a Albert Camus, Bolaño, Borges, Lihn, etc. -agregue al escritor que más le gusta o disgusta, da lo mismo, ya que todos pertenecen al mismo club- vestidos todos con pantaloncitos cortos, zapatos negros, polerón Adidas, con cualquier número atrás en la espalda, sudando la gota gorda, jugando con una díscola pelotita, una de cuero, de las de antes, pesada, tosca, inatajable, por el riesgo de recibir un pelotazo en el hocico. Y se enfrentan contra los del otro equipo para invadir su área y meter el gol -agregue quiénes son los adversarios, ¿Filósofos neoplatónicos? ¿Tecnócratas positivistas? ¿Críticos implacables de la palabra?-, todos disfrutando un gran partido de fútbol y siendo famosos, conocidos, comentados, fotografiados y, por supuesto, ganando buena plata, divulgando sus grandes jugadas, pases, habilitaciones, siendo verdaderamente reconocidos por sus logros, en la cancha, y que todos los admiren, porque en la cancha se ven los gallos, en buen chileno, pero son solo ocurrencias, solo ocurrencias, porque la literatura es más bien un estadio sin suficientes hinchas, un deporte extremo en el que se compite sin un equipo fijo, un arco sin malla, una patada hacia cualquier dirección.
lunes, 22 de junio de 2026
Hacia un iceberg de la poesía
El lector estepario realizó un "iceberg de la literatura argentina". Los conocedores sabrán que los icebergs revelan los secretos profundos de diferentes personajes, franquicias o fenómenos de la vida pública. Así, mientras más profundo se escudriña, se descubren cuestiones cada vez más turbias, llegando incluso a desentenderse del iceberg en sí mismo, para ahondar derechamente en la zona abisal. Le comenté al lector estepario que, a propósito de su creación, estaba pensando en la posibilidad de un iceberg de la literatura chilena. Busqué si hay algo y nada. Solo hay de literatura en general. Nada específico a nuestras latitudes, habiendo tanto material disponible. Al decirle esto, el lector me animó a investigar y realizarlo por mi cuenta. Es más: pensó en un iceberg de la poesía chilena. Sería algo tan fascinante como espeluznante. La idea era tan buena que me llevó a imaginar, inclusive, un iceberg de la poesía santiaguina, y por qué no, uno de la porteña. Para cada poética, en definitiva, habría su respectivo iceberg. ¿Qué habrá en los territorios abisales? ¿Qué obras, qué personajes, qué anécdotas, qué historias enterradas permanecerán al fondo, esperando su minuto, el minuto de su develación o el silencio perpetuo?
domingo, 21 de junio de 2026
Al nochero del condominio le pagan por resguardar el acceso a la residencia durante toda la madrugada, generalmente sin compañía, instalado en una caseta con amplia vista, pero abierta a la intemperie. Mientras todos en la cuadra duermen, él resiste el sueño y vigila. Cuando ya no pasa nadie, a veces le acechan sombras. Para espantar el cansancio, merodea el interior del condominio a paso lento, con una linterna de luz muy debilitada, apenas un destello en medio de la oscuridad de los alrededores. Le envuelve la helada y para eso se cubre con el chaquetón de la empresa. Confía en la tranquilidad del entorno y en sus pasos seguros. Se toma el tiempo de rondar todo el perímetro, iluminando los espacios vacíos y las zonas oscuras. El nochero está cansado, pero procura hacer su trabajo contra todo pronóstico. Le sirve para quitarse de encima el peso del sueño y el de su conciencia impacientada. De vuelta de la ronda, oye rumores de un zorro en las inmediaciones. No lo encuentra y apenas escucha el crujido de un columpio abandonado en la plaza de juegos, escarchada por el frío. Se devuelve y recorre todo el perímetro hasta llegar de regreso a la caseta. Guarda las llaves, las sagradas llaves del acceso principal, prende el calefactor, prepara un café a la vena para aguardar la pronta mañana, continúa vigilando, se mantiene atento a los vehículos que salen a rumbo desconocido y anota en la bitácora "sin novedades", como si se tratara de un registro personal, más allá del protocolo. Al nochero del condominio le pagan por resguardar la residencia y mantenerse vigilante, a la intemperie. Procura mantener los ojos abiertos, pese a la irritación. Se dice a sí mismo, la seguridad es lo primero, el sueño puede esperar. No sabe si lo volverán a llamar mañana. Nada le asegura quedarse. Por lo pronto, le queda tiempo antes de que amanezca. Continúa observando, demasiado paciente, el guardián callado, un domingo a primera hora. Lo sé, porque también estuve ahí.
sábado, 20 de junio de 2026
Valpo encabeza la crisis de natalidad en Chile, y yo me pregunto: ¿quién todavía pretende traer almas inocentes a este valle de lágrimas?
Siempre he pensado que hay ciertos proyectos -ya sea en narrativa, poesía, teatro, música, cine o pintura, entre otros- que por su naturaleza y radicalidad, están condenados a permanecer en lo subterráneo, o como se dice comúnmente, en el "under". Hay algo en ellos que no comulga -o que choca- con los códigos mayoritarios y eso constituye su móvil, su propia constitución interna. Si hicieran concesiones o ediciones en su forma y fondo perderían precisamente su cualidad desviada. Son justamente esa clase de proyectos los que me han obsesionado desde la adolescencia, y se han vuelto una tónica, de un tiempo a esta parte. Hay quizá en ellos una proyección inconfesable del propio carácter. Fueron concebidos a la sombra y a la sombra pertenecen.
viernes, 19 de junio de 2026
Descenso liminal
Evolución del horror liminal en el imaginario gragkiano (2006-2026)
Pieza novena
Atento,
mira por donde pisas.
No te extrañes,
tablas viejas afiladas como dagas.
4 paredes te insultan.
Ésta es una pieza absurda,
como ésta no hay ninguna.
Las pestañas pican como avispas,
el corredor resulta infinito,
el techo con púas pisa,
el fondo a la derecha una boca,
los muebles una calamidad,
los cuadros lanzallamas,
los inodoros coprófagos,
los sofás son criaturas,
las puertas son mandíbulas,
las llaves proyectiles,
el televisor una caja hipnótica,
las lámparas son tarántulas,
los floreros plantas carnívoras,
las baldosas trampas profundas,
el sótano es una morgue,
tu mente un pantano de incógnitas.
Atento,
mira por donde pisas.
No te extrañes
si el mundo entero boca abajo se dobla.
Ésta es una pieza absurda,
como ésta no hay ninguna.
Quizás no has concebido al pánico tal como acostumbras,
o quizás la pureza de los egos ya se ha vuelto nula.
2006
Experimentos en serie (bio-lencia)
Hoy es día de la tormenta,
la tormenta de las carnes rojas,
acaecida al margen de las disidencias.
Inmunodependiente de sí mismo,
de su inherencia cuadrada y salvaje
el sujeto se hace uno con el frío.
Y todo va adquiriendo escotillas,
al desquitarse con las brasas inminentes
de este estado químico.
Elige entre reflexión o regresión,
regula tu tensión nerviosa,
mientras se realizan los cortes afilados
sucediendo en aparato hegemónico.
La mujer sanguínea se escabulle,
el blanco infante sube la espiral
y encorvado accede al cuarto de los cortes.
Divisiones mortales de aquella mujer
a través de las transparencias:
Cráneo, pecho, vientre, vértebras,
todo en tétricos vidrios.
Y el infante grita, grita,
ante la luna de la maquinación,
tratará de volverse nulo.
Continúa la ascensión del espiral,
en centrífuga de cortes,
mientras el infante, dominado por la babosa
que yace en el sodio de su lagrimal…
¡BIO-LENCIA!
Aumenta la proliferación de aurículas.
Explora, y verás, en este grato juego,
plásticas, experimentales perras plásticas.
Exponencial, la carne roja, calámbrica,
te obligas a la clausura del gran cubo, un maldito tiempo,
y luego, sobreexplotas el paraje, segundo por segundo,
y la cosa aún jodiendo, atorada en masoquismo levitativo.
Corazón púdico, ¡mal necesario!
Así, vuelve a sopesar tu pecho inflamado,
vuelve a quebrarte
a forma de niño blanco,
a forma tuya.
¡Tormenta de las carnes!
Los emisarios del club del gore
El sonido del metal y el cuchillo turba como uña por la piel. Lo siento dentro y el umbral del dolor ya desaparece, a medida que la sangre fluye seca y cristalina. Estoy jugando indirectamente el juego del cual soy parte hace mucho tiempo. Al entrar allá, más allá, ¿Qué era lo que veía? Puro peldaño digitatorio. Trepo y trepo, por enredaderas me enredo, y tan pronto como avanzo, ya soy la materia ecuánime de una galería que implosiona en mi organismo, en su febril intemperie.
Al caminar se me hace cruel pisar sobre aquellas formas, aquel piso aún vivo, suspirando bajo su orgánica corporeidad. Prosigo hasta el fin del pasaje y un gran monolito de cuero se instala de súbito. En la próxima estancia, mi temor se vuelve radicalmente real. Mis poros comienzan a expeler un mortal etílico, sin saber que ya era parte de su faena, su letal palanca: LA JERINGA INYECTA EN MÍ.
2007
Un minuto en el ascensor
Eventual,
riesgo,
empírico,
es lo que serás a continuación.
Siempre en hipersuelo,
accede al siguiente nivel.
Ojos
cerrados
esporas
escalofríos.
Las alturas no son
más que maquetas,
cuando el ságoma
te hace ver
que no estás sola.
Siempre
en dirección
la negativa temperatura,
siempre mientras busques
un maldito motivo de calor,
te siento,
cuando en realidad estás en la mitad,
la mitad de la rutina.
Accede al siguiente nivel.
Siempre en hipersuelo,
lo que serás a continuación.
Empírico,
riesgo,
eventual.
2007
Catábasis/reacción en cadena
¿Quiénes conspiraban detrás de aquella puerta?
El fin del milenio cobró su vida
Mientras los idiotas
Bailaban al ritmo de la insania
Su ojo vio lo que no se debía ver
Preso del extravío
Bajó hacia la zona secreta
A medida que sus pasos
Se perdían entre voces cómplices
Fueron enfermos de cobardía
Quienes callaron ante el ocaso del tiempo
Y la desaparición del símbolo
Se produjo una reacción en cadena
En el momento en que trituraron sus recuerdos
El globo completo sucumbió a las develaciones
El país precipitó su propia eyección futura
Porque la anábasis nunca ocurrió
Porque no hubo purificación
Tras el gran enfrentamiento
Porque la mordaza coartó las últimas palabras
Y otras cabezas siguieron rodando
Alrededor de sus cruces y olvidos
No hubo salvación, porque
en esa bajada no hubo búsqueda
solo una fatal coincidencia
solo el testigo involuntario
de una realidad abyecta
hasta el punto de la náusea
nunca hubo anábasis, únicamente
la sombra y su impudicia
únicamente la sangre y su imperio
la vergüenza legendaria en lo develado
en lo terriblemente desnudo
su ojo vio allí donde no se debía ver
y esa fue su roca de Sisifo
y esa fue su ave rapaz
devorándole las entrañas
sobre el cadalso de las conciencias
allí donde abrió lo que no debía abrir
se fraguaba un misterio
un misterio con rostro de sátiro
el giro en la tómbola
le llevó al círculo prohibido
y la anagnórisis cobró su vista
su visión prematura
no hubo verdad sin sacrificio
porque otros seguirán tramando
el tráfico, la ruptura, el reseteo
porque la conspiración es el motor oculto de la historia
¿Quiénes conspiraban detrás de aquella puerta?
Los hipócritas, los megalómanos del futuro
Seguirán parados en la misma línea
Al límite perverso de la realidad
Pero pronto estarán listos
Para hacer el jaque y jugar
Con sus vidas miserables
Porque la noche regresará
Con su llamarada suicida
Porque el dedo mayor
Volverá a encender la fiesta
Al extremo del milenio
Y sus mentes y cuerpos harán combustión
Antes que se enciendan las luces
y la verdad detrás del símbolo
vuelva con su potencia arrolladora
entonces será el momento de decir
¡Hasta nunca!
2026
Liminal
Varas entre muros
Fulgor y temblor
Esquinas sin contraste
Techo sin cielo
¿Dónde estás?
¿Hacia dónde vas?
No sabes cómo llegaste
El tiempo se curva
Oficinas te asechan
Sientes su vacío
Tu eco te delata
No hay respuesta
Porque no quedan nombres
Caminas y crepitas
Confluye un ojo
Un ojo escondido
En los bordes
Alguien te observa
¿Dentro o fuera?
Un ente aguarda
No tiene otra forma
Que la tuya en fiebre
Caminas y crepitas
Bajo el resabio productivo
Tránsito que no habita
Zona del despojo
Carne andante al asedio
Desarraigo de un sitio
En negativo, que engendra
En sí el esperpento
Ropa azumagada, revuelta
En un nivel más abajo
Desnudez que no avisa
Reverso oscuro de fachada
Te deslizas y penetras
En la estructura
Un hueco gris en su extravío
Allí donde tocas y pisas
Cuero aún húmedo
Viscosa la carencia
Geométrico el miedo
E imposible la visión
Una fantasmagoría resuena
En tu angustia
En su influencia sorda
Camino apócrifo
Donde excreta lo imaginario
¿tiene frontera el vacío?
¿tiene borde la vergüenza?
Solo camina y agárrate
Palpita en ti el limbo
En ti la historia se fractaliza
Creta golpea en tu interior
Un minotauro implora
Su porción de acero
Ronda la caza en tu mente
La presa vacía
En su reflejo quebrado
El daimón la alimenta
Y el laberinto crece
A medida que te arrastras
No hay hilo, solo
Un reguero de tripas
Y de muebles viejos
Chucherías sin dueño
En tu desazón
Como huésped nuevo
Pagarás el piso
Pagarás el precio
De haber ingresado
Sin peaje, porque
La entropía
Pasa factura
Y el avance en los pasillos
Te deforma entero
Imbunchaje
Voz, rostro y figura
Que ya no son las tuyas
Auténtico golem
Amasijo de datos
Desechables
Arrojados a la zona prohibida
Para su eliminación
Y lo humano, lo humano
Arrojado al abismo de lo real
Cansino y obsoleto
Luego, El Complejo
Descubre otra cara
Otra cara de la incógnita
Y escapa a toda ingeniería
Y comprensión meridiana
Cual visitante incierto
Engulle y fagocita
A sus merodeadores
Aberración proteica
Para quien explote la intriga
Para quien cruce los límites
Y en la boca de su vórtice
Se abre y somatiza
Rizoma demoniaco
Que fagocita tu cansancio
Que bebe de tu sueño
Y deviene conciencia
Conciencia entropía
Todo muy oscuro aún
Te sugestionas
En la potencia de lo insólito
El purgatorio
Es el cuarto de atrás
Callejón salvaje
Pura intemperie
Más acá del ser ahí
Para tu pronto final
Más adentro
Honra El Complejo
piérdete en él
ninguna entrada
garantiza la salida
fulgor y temblor
techo sin cielo
¿dónde estás?
¿Dentro o fuera?
La curva se hace mundo
El acecho oficina
Se vacía el sentir
Tu traición un eco
Ya no hay escape
Porque nunca hubo espacio
Corre y crepitas
Ya no hay tiempo
Porque nunca
Tuviste lugar.
2026
Pieza novena
Atento,
mira por donde pisas.
No te extrañes,
tablas viejas afiladas como dagas.
4 paredes te insultan.
Ésta es una pieza absurda,
como ésta no hay ninguna.
Las pestañas pican como avispas,
el corredor resulta infinito,
el techo con púas pisa,
el fondo a la derecha una boca,
los muebles una calamidad,
los cuadros lanzallamas,
los inodoros coprófagos,
los sofás son criaturas,
las puertas son mandíbulas,
las llaves proyectiles,
el televisor una caja hipnótica,
las lámparas son tarántulas,
los floreros plantas carnívoras,
las baldosas trampas profundas,
el sótano es una morgue,
tu mente un pantano de incógnitas.
Atento,
mira por donde pisas.
No te extrañes
si el mundo entero boca abajo se dobla.
Ésta es una pieza absurda,
como ésta no hay ninguna.
Quizás no has concebido al pánico tal como acostumbras,
o quizás la pureza de los egos ya se ha vuelto nula.
2006
Experimentos en serie (bio-lencia)
Hoy es día de la tormenta,
la tormenta de las carnes rojas,
acaecida al margen de las disidencias.
Inmunodependiente de sí mismo,
de su inherencia cuadrada y salvaje
el sujeto se hace uno con el frío.
Y todo va adquiriendo escotillas,
al desquitarse con las brasas inminentes
de este estado químico.
Elige entre reflexión o regresión,
regula tu tensión nerviosa,
mientras se realizan los cortes afilados
sucediendo en aparato hegemónico.
La mujer sanguínea se escabulle,
el blanco infante sube la espiral
y encorvado accede al cuarto de los cortes.
Divisiones mortales de aquella mujer
a través de las transparencias:
Cráneo, pecho, vientre, vértebras,
todo en tétricos vidrios.
Y el infante grita, grita,
ante la luna de la maquinación,
tratará de volverse nulo.
Continúa la ascensión del espiral,
en centrífuga de cortes,
mientras el infante, dominado por la babosa
que yace en el sodio de su lagrimal…
¡BIO-LENCIA!
Aumenta la proliferación de aurículas.
Explora, y verás, en este grato juego,
plásticas, experimentales perras plásticas.
Exponencial, la carne roja, calámbrica,
te obligas a la clausura del gran cubo, un maldito tiempo,
y luego, sobreexplotas el paraje, segundo por segundo,
y la cosa aún jodiendo, atorada en masoquismo levitativo.
Corazón púdico, ¡mal necesario!
Así, vuelve a sopesar tu pecho inflamado,
vuelve a quebrarte
a forma de niño blanco,
a forma tuya.
¡Tormenta de las carnes!
Los emisarios del club del gore
El sonido del metal y el cuchillo turba como uña por la piel. Lo siento dentro y el umbral del dolor ya desaparece, a medida que la sangre fluye seca y cristalina. Estoy jugando indirectamente el juego del cual soy parte hace mucho tiempo. Al entrar allá, más allá, ¿Qué era lo que veía? Puro peldaño digitatorio. Trepo y trepo, por enredaderas me enredo, y tan pronto como avanzo, ya soy la materia ecuánime de una galería que implosiona en mi organismo, en su febril intemperie.
Al caminar se me hace cruel pisar sobre aquellas formas, aquel piso aún vivo, suspirando bajo su orgánica corporeidad. Prosigo hasta el fin del pasaje y un gran monolito de cuero se instala de súbito. En la próxima estancia, mi temor se vuelve radicalmente real. Mis poros comienzan a expeler un mortal etílico, sin saber que ya era parte de su faena, su letal palanca: LA JERINGA INYECTA EN MÍ.
2007
Un minuto en el ascensor
Eventual,
riesgo,
empírico,
es lo que serás a continuación.
Siempre en hipersuelo,
accede al siguiente nivel.
Ojos
cerrados
esporas
escalofríos.
Las alturas no son
más que maquetas,
cuando el ságoma
te hace ver
que no estás sola.
Siempre
en dirección
la negativa temperatura,
siempre mientras busques
un maldito motivo de calor,
te siento,
cuando en realidad estás en la mitad,
la mitad de la rutina.
Accede al siguiente nivel.
Siempre en hipersuelo,
lo que serás a continuación.
Empírico,
riesgo,
eventual.
2007
Catábasis/reacción en cadena
¿Quiénes conspiraban detrás de aquella puerta?
El fin del milenio cobró su vida
Mientras los idiotas
Bailaban al ritmo de la insania
Su ojo vio lo que no se debía ver
Preso del extravío
Bajó hacia la zona secreta
A medida que sus pasos
Se perdían entre voces cómplices
Fueron enfermos de cobardía
Quienes callaron ante el ocaso del tiempo
Y la desaparición del símbolo
Se produjo una reacción en cadena
En el momento en que trituraron sus recuerdos
El globo completo sucumbió a las develaciones
El país precipitó su propia eyección futura
Porque la anábasis nunca ocurrió
Porque no hubo purificación
Tras el gran enfrentamiento
Porque la mordaza coartó las últimas palabras
Y otras cabezas siguieron rodando
Alrededor de sus cruces y olvidos
No hubo salvación, porque
en esa bajada no hubo búsqueda
solo una fatal coincidencia
solo el testigo involuntario
de una realidad abyecta
hasta el punto de la náusea
nunca hubo anábasis, únicamente
la sombra y su impudicia
únicamente la sangre y su imperio
la vergüenza legendaria en lo develado
en lo terriblemente desnudo
su ojo vio allí donde no se debía ver
y esa fue su roca de Sisifo
y esa fue su ave rapaz
devorándole las entrañas
sobre el cadalso de las conciencias
allí donde abrió lo que no debía abrir
se fraguaba un misterio
un misterio con rostro de sátiro
el giro en la tómbola
le llevó al círculo prohibido
y la anagnórisis cobró su vista
su visión prematura
no hubo verdad sin sacrificio
porque otros seguirán tramando
el tráfico, la ruptura, el reseteo
porque la conspiración es el motor oculto de la historia
¿Quiénes conspiraban detrás de aquella puerta?
Los hipócritas, los megalómanos del futuro
Seguirán parados en la misma línea
Al límite perverso de la realidad
Pero pronto estarán listos
Para hacer el jaque y jugar
Con sus vidas miserables
Porque la noche regresará
Con su llamarada suicida
Porque el dedo mayor
Volverá a encender la fiesta
Al extremo del milenio
Y sus mentes y cuerpos harán combustión
Antes que se enciendan las luces
y la verdad detrás del símbolo
vuelva con su potencia arrolladora
entonces será el momento de decir
¡Hasta nunca!
2026
Liminal
Varas entre muros
Fulgor y temblor
Esquinas sin contraste
Techo sin cielo
¿Dónde estás?
¿Hacia dónde vas?
No sabes cómo llegaste
El tiempo se curva
Oficinas te asechan
Sientes su vacío
Tu eco te delata
No hay respuesta
Porque no quedan nombres
Caminas y crepitas
Confluye un ojo
Un ojo escondido
En los bordes
Alguien te observa
¿Dentro o fuera?
Un ente aguarda
No tiene otra forma
Que la tuya en fiebre
Caminas y crepitas
Bajo el resabio productivo
Tránsito que no habita
Zona del despojo
Carne andante al asedio
Desarraigo de un sitio
En negativo, que engendra
En sí el esperpento
Ropa azumagada, revuelta
En un nivel más abajo
Desnudez que no avisa
Reverso oscuro de fachada
Te deslizas y penetras
En la estructura
Un hueco gris en su extravío
Allí donde tocas y pisas
Cuero aún húmedo
Viscosa la carencia
Geométrico el miedo
E imposible la visión
Una fantasmagoría resuena
En tu angustia
En su influencia sorda
Camino apócrifo
Donde excreta lo imaginario
¿tiene frontera el vacío?
¿tiene borde la vergüenza?
Solo camina y agárrate
Palpita en ti el limbo
En ti la historia se fractaliza
Creta golpea en tu interior
Un minotauro implora
Su porción de acero
Ronda la caza en tu mente
La presa vacía
En su reflejo quebrado
El daimón la alimenta
Y el laberinto crece
A medida que te arrastras
No hay hilo, solo
Un reguero de tripas
Y de muebles viejos
Chucherías sin dueño
En tu desazón
Como huésped nuevo
Pagarás el piso
Pagarás el precio
De haber ingresado
Sin peaje, porque
La entropía
Pasa factura
Y el avance en los pasillos
Te deforma entero
Imbunchaje
Voz, rostro y figura
Que ya no son las tuyas
Auténtico golem
Amasijo de datos
Desechables
Arrojados a la zona prohibida
Para su eliminación
Y lo humano, lo humano
Arrojado al abismo de lo real
Cansino y obsoleto
Luego, El Complejo
Descubre otra cara
Otra cara de la incógnita
Y escapa a toda ingeniería
Y comprensión meridiana
Cual visitante incierto
Engulle y fagocita
A sus merodeadores
Aberración proteica
Para quien explote la intriga
Para quien cruce los límites
Y en la boca de su vórtice
Se abre y somatiza
Rizoma demoniaco
Que fagocita tu cansancio
Que bebe de tu sueño
Y deviene conciencia
Conciencia entropía
Todo muy oscuro aún
Te sugestionas
En la potencia de lo insólito
El purgatorio
Es el cuarto de atrás
Callejón salvaje
Pura intemperie
Más acá del ser ahí
Para tu pronto final
Más adentro
Honra El Complejo
piérdete en él
ninguna entrada
garantiza la salida
fulgor y temblor
techo sin cielo
¿dónde estás?
¿Dentro o fuera?
La curva se hace mundo
El acecho oficina
Se vacía el sentir
Tu traición un eco
Ya no hay escape
Porque nunca hubo espacio
Corre y crepitas
Ya no hay tiempo
Porque nunca
Tuviste lugar.
2026
La modernidad como fe ciega: una conversación con Luis Landeira Caro (fragmento)
"Autores como Mircea Eliade, basados en el estudio de lo sagrado como un concepto que afirma y fundamenta la capacidad subjetiva del espacio y del tiempo, dan por hecho que lo secular moderno es una forma yerma de lo numénico, vaciado de mitos, ritos y un ethos. ¿Es la modernidad en ese sentido la más simple y vacía de las religiones, con un espacio y tiempo aplanado, logístico y sofisticadamente finito?
Más que una religión, diría que la modernidad es una superstición. En ella no hay teología sino idolatría, fe ciega en ídolos de barro como la ciencia, la economía, la tecnología o la democracia; ídolos a los que se atribuye el poder de hacer «progresar» a la humanidad. Esto es ridículo, pues, dado que el cosmos es constante, en él no hay progreso ni retroceso, así que mucho menos puede haberlo en las especies que lo habitan. Sólo cabría hablar de progreso espiritual, pero incluso en el santo es este un progreso inconstante, imponderable, lleno de altibajos. «No hay victoria espiritual que no sea necesario ganar cada día nuevamente», dice un escolio de don Nicolás Gómez Dávila.
Por absurdos y vacuos que sean, la modernidad sí tiene mitos, ritos y símbolos; por ejemplo, el mito de la productividad, el rito del reciclaje, el símbolo del $… En cuanto al ethos, hoy todas las costumbres se han reducido a una: el constante trasteo con el smartphone, un cacharro que ha aplastado los hábitos tradicionales, atrapando al hombre en una pantallita que puede que le conecte con el mundo entero, pero a costa de alejarlo de sí mismo, de su centro. Si toda práctica espiritual se basa en la concentración, el smartphone propicia su antítesis absoluta: la dispersión.
En su ensayo Arqueofuturismo, Guillaume Faye soñó en vano con maridar tecnología y tradición; e incluso Jünger, en Eumeswil (1970), prefiguró internet y los teléfonos inteligentes cuando imaginó el «Luminar»; la diferencia es que tal sistema de información sólo era utilizado por una élite, que lo aprovechaba para aumentar su conocimiento, aunque pagando peaje espiritual. La democratización de la tecnología, por el contrario, ha creado manadas de esclavos idiotizados por las pantallas.
No es mi intención mitificar las culturas tradicionales, que tenían —y, las pocas que sobreviven, aún tienen— sus limitaciones; en ellas también había hombres mundanos, y sólo una minoría participaba activamente del espíritu de la tradición. Pero de alguna manera, la potencia de esa minoría irradiaba hacia todas las cosas. Al menos, el hombre antiguo vivía en una suerte de presente eterno. Esta concepción mística del instante hacía que las vidas cundieran como milenios. Se vivía con intensidad, por eso no había tanta desesperación ante la muerte.
En cualquier caso, debemos asumir que vivimos en el mundo moderno, que aquí y ahora —y muy a pesar de que tratemos de llevar una vida equilibrada, austera, tradicional— somos todos modernos y que la modernidad es un fruto natural de la decadencia. Spengler ya nos advirtió que las civilizaciones nacen, crecen, decaen y mueren. Occidente ha muerto y ya ha entrado en proceso de putrefacción. Sólo nos queda aceptarlo, del mismo modo que aceptamos el envejecimiento y la muerte de nuestro propio cuerpo."
La modernidad como fe ciega
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