miércoles, 26 de agosto de 2026

El oscuro umbral en Valp-horror

“¿Qué es lo real? ¿Quién me asegura que lo que estamos viviendo, en este momento, es concreto, material?”, sostuvo Sergio Fritz durante la presentación de su libro "El umbral de la Matriz. Relatos porteños de horror cósmico”, en el primer encuentro de “Valp-horror" en el Barrio Puerto, organizado por el Colectivo Chivato. De inmediato, asocié sus palabras a la condición liminal de la ciudad que vela y sigue velando mis pasos errantes. Encontré una respuesta en esa inquietud. Y tocó la ocasión de que Fritz justo se refirió a la placa de la Cueva del Chivato a un costado del “ex Mercurio” quemado y abandonado desde la asonada de octubre. Elegí el incendio del edificio de El Mercurio como el tema para mi proyecto de narrativa de no ficción, tal vez movido por cuestiones que aún no logró dimensionar del todo, y que tienen ese carácter ominoso irreductible al mero razonamiento o al sentido común. Había en esos espacios, como señalaba el “Señor de los Hielos”, un poder atávico, un mito, una zona inefable “donde se entrecruza la ficción con lo que llamamos real”.

¿Cuánto de real y cuánto de ficción hay en la historia sobre ese sector que separaba el puerto del viejo Almendral de Valpo? ¿Cuánto de real y cuánto de ficción había en esa cueva y en el chivato que la habitaba? ¿Qué de relación hay entre esa leyenda porteña y la propia historia del edificio del Mercurio de Valparaíso? Son preguntas que me van surgiendo, a medida que medito sobre el lado oculto de la ciudad, mi ciudad, la única que me sé de memoria. Mientras tanto, seguía escuchando a Fritz y me acordé de su frase enunciada en el contexto del Encuentro de Artes Oscuras: “el puerto es una puerta”. En efecto, Valparaíso tiene esa cualidad liminal, ese umbral, ese portal originario del sector donde se construyó la Iglesia de La Matriz, la más antigua, y desde la cual germinó toda la ciudad como si se tratase de un organismo crepitante, repleto de formas inciertas.

Fritz citó a Thomas Ligotti para hablar de la realidad ortodoxa y la realidad heterodoxa. Esta última, oculta al racionalista, sería aquel plano pesadillesco y de extrañamiento que conspira detrás de lo cotidiano. En Valparaíso, convivirían ambas realidades, pero con un constante arranque de lo heterodoxo que se resiste a su encasillamiento y desafía a todo aquel que pretende fijar una pura mirada, las más de las veces, aséptica y ajena al propio relato profundo de la ciudad, porque cómo era posible que justo afuera algunos pastabaseros de Plaza Echaurren se pusieran a robar, angustiados, en el mismo momento en que Lovecraft velaba nuestro imaginario en esa casona antigua, e incluso durante la misma noche en que se realizaba un festival de Jazz multitudinario en plena calle, a la altura de subida Cumming. El caos orgánico de la ciudad brotaba alegre, ebrio, drogado, en esas disquisiciones, y solo los porteños comprendían el código del umbral maldito sin sucumbir a su exuberancia.

Al rato, después de Fritz, se presentaría otro libro: Horror en Valparaíso, de Jorge Latrille. Me llamó la atención que la editorial le haya cambiado el nombre original a la obra, que se iba a llamar “Valparaíso, mi horror”, en alusión a la clásica película de Aldo Francia. Hubiera sido genial. De todas formas, el autor proyectó en la sala algunas preguntas que siguen resonando en mi conciencia. “¿Qué lugar de Valparaíso les daría miedo recorrer solos a las tres de la mañana?”. Las respuestas fueron todas muy distintas, porque en la ciudad el miedo se disemina de manera orgánica, sin una jerarquía clara. Algunos señalaron el Barrio Puerto. Otros, la Echaurren. Hubo uno que se refirió a Montedónico o a otros sectores altos de los cerros de Valpo. El propio autor se refirió a lugares como los viejos ascensores, la claustrofobia que encarnaban; las inmensas escaleras que dan a lugares sin salida aparente; las casonas del siglo antepasado que aún se mantienen pese a los continuos desastres y sobre las cuales “penan” ciertas energías densas; las poblaciones numerosas en la zona más alta de los cerros, muchas de ellas con códigos indescifrables incluso para el transeúnte del plan; los recorridos de muchos buses, entre ellos, la mítica “O”, cuyas maniobras eran el terror de cualquier pasajero extranjero o cualquier conductor aficionado. Suma y sigue. Y podría agregar además a ciertos personajes que pululan el sector de Bellavista de noche y que, de un momento a otro, presos de un impulso tanático, de un arranque emocional, se abalanzan contra otros, sus ex parejas o adversarios, a traición. Puro Valp-horror. Lo heterodoxo expresado en un despliegue de violencia emocional. Absurdo conflicto, gritos y sangre dibujando el relieve nocturno del asfalto.

En el miedo, en ese miedo recóndito del puerto, también había un itinerario, una ruta de misterio que tocaba descifrar y recorrer en forma temeraria, con tal de conocer los secretos de esta gran “Tierra Quemada” sin otra fundación que la orfandad. Lo supe varias veces. Había que ser atravesado por el miedo en el puerto para propiciar el sacrificio y reencarnar una nueva visión. Por cierto, Valpo debe ser una de las pocas ciudades en el mundo en la que los Cementerios se construyeron en una parte elevada, a medio camino del Cerro Panteón. Metafóricamente, en Valparaíso los muertos ascienden y son enterrados mirando al cielo. Me extrañó, eso sí, que nadie en la sala haya recordado el famoso sector de la “Calahuala” o “Puertas Negras”, sectores repetidos, en su tiempo, por mi bisuabuela, como sumamente peligrosos. Puede que tengan su cosa heterodoxa, esa cuestión oscura exacerbada por el relato legendario que se ha hecho de ellos. Volveré sobre esos sitios, alguna vez, como quien vuelve a recuperar la sombra de su audacia, porque, se preguntaba Ligotti: “¿Quién no ha detectado la cualidad espectral de las cosas, incluyéndonos a nosotros mismos?”. Valparaíso es eso: una ciudad espectral, y nosotros, los porteños, nos reconocemos en ella.

Es pulento cuando uno de los cabros más chorizos de Cuarto te reconoce como "jefe" y le pone bueno al desarrollo de la prueba. Hay una jerga particular en estos cabros, un código que hay que saber leer. Uno se reencanta, a ratos, con el ejercicio de la profesión, cuando se siente respetado, y cuando sabe que lo que se está haciendo tiene algún sentido más allá del meramente curricular.

lunes, 24 de agosto de 2026

En clases en la mañana, me tocó explicarle al curso el concepto de argumentación dialéctica. Para eso, esbocé en la pizarra dos figuras señaladas por flechas recíprocas. Como a mí me gusta usar el lenguaje no verbal para enseñarles, no me limité a exponer los contenidos por escrito, también les hice algunos gestos con las manos. Levanté la mano izquierda, seguida de la derecha, en un movimiento que imitó, sin quererlo, la performance que muchos de los chiquillos han estado repitiendo últimamente. “¿Está farmeando aura, profe?”, preguntó un cabro de adelante. “¿Por qué?”, le contesté. “por cómo hace”, dijo el mismo cabro, entonces hizo ese típico movimiento de manos con las palmas hacia arriba. Algunos de sus amigos rieron al unísono, y comenzaron a imitarlo. Pronto, lo que era una sencilla representación quinésica del ejercicio dialéctico de un debate, se transformó en un masivo “farmeo de aura” en plena clase de lenguaje. No hacían faltan las palabras ni los silogismos, solo bastó ese juego en que se disputan, de manera desenfadada, ciertos gestos y apariencias, con tal de proyectar confianza o estilo. Lo asocié de inmediato a la famosa aura benjaminiana, al referirse a la presencia única y auténtica de una obra de arte, en la época de su reproductibilidad técnica. Lo que tiene de irrepetible: eso sería el aura de la obra. Incluso hay una cita de un tal Alois M. Haas, filósofo alemán, que habla de lo “áurico” para señalar esa presencia inefable relacionada con la experiencia mística en el arte y en la cultura. No sé hasta qué punto este “farmeo de aura” tenga que ver con el concepto de aura de Walter Benjamin o con el aura contemplativa de Haas. De hecho, pienso que no tienen nada que ver, en estricto rigor, pero ha sido este desafío absurdo el que, al menos, le ha permitido a los cabros abrirse a la posibilidad de la existencia de ese no sé qué, ese algo intangible, muy similar a la idea de “tener ángel” para reflejar carisma y encanto natural, aunque sea esta, en el fondo, una metáfora de la acumulación y del prestigio exógeno. “Buen farmeo de aura, profe”, repitió, al final de la clase, el alumno que comenzó la talla, pese a no entender nada de lo que lo le enseñé con respecto a la capacidad argumentativa. Desde ese momento, supe que el aura podría determinar incluso el éxito de una clase y hasta la acogida con el grupo curso. Quien aprendió a “farmear el aura” podría proyectarla con soltura, porque el aura se manifiesta en el estilo, y el estilo mismo puede volverse un destino.

domingo, 23 de agosto de 2026

Farmeando el aura poética

Tres poemas con referencias al aura, en una resonancia poética con la moda del momento. Distintas recreaciones del aura en un poema de Nuestra Imbatible Soledad y en dos poemas del imaginario gragkiano:


Que no absorban tu aura


Brilla y apágate, me decías, cuando nuestras vidas orbitaban

En torno a una cándida florescencia de la memoria.

En un exquisito error de cálculo crecimos uno con el otro

cuando ya éramos vértices extraviados en la esfera de lo desconocido.


Libres de raíces y de mitos volvemos a teñir nuestra sangre

Demostrando que fluimos a través de aguas huérfanas y seculares

Demostrando que los desiertos de nuestro espíritu

Esconden jardines interiores, que brotarán

Una vez las luces de nuestros padres desaparezcan,

Haciendo de nosotros fantasmas que pululan en dimensiones embrionarias

Mientras buscamos, ciegos de virtud, nuevas máscaras que adoptar,

Nuevos corazones que palpitar.


El mundo real y su sombra omnívora

No dejes que absorban lo más verde de ti misma.


Y una vez que me apagas es cuando soplas en mi rostro para escarbar

Las cáscaras de ti misma en mí,


Y prefieres encarnar tus intocables caprichos como en una manía del origen,

pero nunca serás fruto sin haber sido raíz.


Y que no absorban lo más verde de ti misma

que no absorban tu aura.



2008






Atrapa musas [elegía]


Lleno del aura brava de la noche

raíces en el suelo crecen como garras

Los tallos de beldad se diluyen en sangre

y su presencia se vuelve informe.



Invisible a los ojos, duele en el corazón

el llanto de las ninfas amarga sus mieles.



El ángel del precipicio

como me hizo nombrar el altisonante

me llama a explotar mi talante

me llama a socavar ventanas y furias.



Esparciendo los dotes de las parcas

exigente hasta la locura, arrojo mi nebulosa

entre fiestas y credos paganos.



Viejos amores entre mis brazos

imitando la moda del destino

entierro lo anodino de sus pesadillas

y las filtro entre razones seculares.



Calladas en su sed planetaria

nutren al insecto interior

el estado larvario de su propio temor.

El futuro es una excusa

y para vírgenes de recónditas matrices

el tesoro y pretensión de su circular vida.



El viñedo que invita a ahogar la tristeza

lo que mejor se ahoga es la palidez profunda

de apostar por tierra y desencadenar un mundo

un tumulto de fuego e inocencia.



Lo que tendría que ahogarse

es la esperanza de la inspiración

que no es sino la libido de vísceras al aire

y manía poética de ser la nada misma.



Y de pronto me vuelvo hueso

un roído hueso que añora ser carne

que quiebra por alcanzar el cielo.



Lleno del aura brava de la noche

raíces en el suelo como manos sórdidas

y la única excusa para crear y para amar

es que la musa muere

como poema en la hoja.




2008





Noche globular


Noche globular, surcando el vector de las estrellas.

El monstruo cotidiano, un intruso que incinera,

ya viene sigiloso para hacer víspera,

de lo que puede desalentar sin oxígeno,

claro, sin membranas automáticas

para la transmisión de un pulcro obsequio

en días de visión fotofóbica.



Entes de porcelana, furia concentrada

la mesa ya está lista, la vela ya está puesta.



Tómate todo antes que enfríe,

tómate todo antes que enfríe.



Hoy, reprimido, cámara de Locus Amoenus,

cada plato no fue roto,

cada espacio no fue digerido.



Me abastezco de agujas dolorosas

y así me permito paliar el karma de la rutina.



Entonces cargo plenamente con:

Los utensilios de la sutura doméstica,

el origen consuetudinario de mi manía.



Noche globular, la avidez artificial,

los poros sometidos, traviesos y febriles.

Evitas que tu azul y deliciosa aura

se envuelva hacia mi envoltorio de lociones,

y rehúsas mascullando la orgía a tu alrededor.



¡Despierta! a tu lado, un glorioso plato de sopa,

mientras imploras incolora de jugo y pistilos.

Ahora báñate en tenebroso polen estival.

Haz de ti un haz de alergia sustancial, abundante, potente.

Que no se vea, por favor, el gas histérico de tu trivialidad,

que no se vea como te estoy aprovechando,

el gas extinto después que pases a ser

nada más que maravilla dérmica.

Apenas degustando los restos,

y la casa como una ígnea flor abierta,

hecha la cuna del Sol negro.



El vector de las estrellas,

en espera de lo que sería

la soberbia dilatación de tus horizontes

y también cuentan para el menú,

las auras flemáticas, dietéticas

como tú, ahora, en esta globular noche.



Recuerda:

Tómate todo antes que enfríe,

tómate todo antes que enfríe.




2007

Valparaíso se convierte en el tablero de ajedrez de un thriller noir retrofuturista steampunk

Las cinco plagas” nos sitúa en una versión ucrónica y retrofuturista de Chile. Janus, busca refugio en su mansión de invierno en Valparaíso para intentar acallar sus propios demonios, pero el horror golpea directamente a su puerta, dado que su novia es abducida y las reglas del enemigo son brutales: es su vida a cambio de la de ella. “A partir de allí, la película se transforma en una frenética partida de ajedrez, donde las calles del puerto son los escaques o casillas del tablero. Es una lucha descarnada de inteligencia entre dos archienemigos”, detalló Talarico.

El universo de la película destaca por una fauna de personajes fascinantes y siniestros, como los son los doctores de la gran plaga; asesinos seriales del pasado inspirados en mitos locales como Émile Dubois; videntes que leen el destino entre las sombras; e inspectores de la Interpol que parecen cazar fantasmas, entre otros".

jueves, 20 de agosto de 2026

Con un colega nos pusimos a conversar seriamente respecto del sueldo docente y el cálculo del valor hora cronológica. ¿Cómo es posible que nos paguen un cuarto de lo que realmente deberíamos ganar al mes? ¿Por qué el cálculo se realiza solo contemplando las horas trabajadas a la semana? El colega buscó en chat gpt que eso está definido legalmente por el Estatuto Docente, sin apelación, pero concordamos en que se trata de algo injusto. Al no existir argumentos razonables para justificar estas medidas, revelamos lo que, en definitiva, se trata de una estafa piramidal a gran escala. "Si se les explicara a todos los estudiantes de pedagogía que en el mercado laboral docente van a recibir, por ley, un cuarto de lo que en realidad deberían ganar, ¿Crees que aumentaría la dotación de profesores? ¿Cómo explicas el alto abandono del sistema? Solo sé que la matrícula bajaría de manera drástica. En cualquier otra profesión, esto sería un escándalo", agregó el colega, siguiendo la consecuencia última de este razonamiento. No me quedó otra que asentir. En efecto, seguimos trabajando, a sabiendas de que todo está mal. "Ya compa, no lo molesto más. Lo dejo tranquilo. En este momento voy a ir a buscar mi billetito de Arturo Prat", dijo, mientras se preparaba para ir a hacer la última clase del día, haciendo un gesto con el dedo en el que simulaba tomar un billete de diez lucas.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Noventa años del asesinato de Federico García Lorca: un homenaje gragkiano

Poema escrito hace ya casi veinte años en alusión a la obra de García Lorca. Pertenece al imaginario gragkiano, en el poemario inédito Sangrías & el luto de la quinta estación (2008). En Bodas de sangre, el homenaje a Federico García Lorca es evidente. Consiste en una recreación de los hechos ocurridos en el drama, leyendo sus simbolismos desde la mirada tétrica, enfatizando, por ejemplo, el carácter oscuro de la luna y la amenaza latente de los cuchillos, las armas blancas, en su crudeza visceral. Metáforas e imágenes alusivas al evento de la boda entremezclado con la traición y la violencia:


Bodas de sangre

El campanal está sonando para los errantes
Echen tragos de la mejor cosecha
para aquellos que creen en la sangre
y enseguida se lavan las manos
a los mendigos de las viñas
a las apariciones del campo
a las flores y frutos repletos de hiel
a todos ellos, dedico el canto de la víbora
inserto ya en pensamientos remotos
casi satelitales como el amor lunático
capaz de encender las armas blancas
color lunar, las armas blancas, análogas
con el desastre del homicidio sacro.

La luna cómplice corrompe
el espacio de un vacío secreto.

Incluso en tierras prodigiosas
incluso en serenas utopías
incluso con las siete virtudes
su presencia volverá a acechar.

El resplandor de Géminis despierta a los vampiros
bombeados por el mismo pulso
la misma nervosidad
y aparece en forma de cometa fugaz
cumpliendo presagios
como si se tratara de magia o lotería.

Por eso el amor lunático
capaz de encender las armas blancas
trajo consigo las mutilaciones
que dan por resueltas las bodas de sangre.

Así la luna corrompe
el espacio de un vacío secreto
y el campanal está sonando para los errantes.

domingo, 16 de agosto de 2026

"Valparaíso es para mí, hoy, una cuestión cerebral. Mil veces más bonito que en cifras, en proyectos portuarios y en edificios es en mi imaginación. Como la música es superior al lenguaje, mi interior, mi cerebro hace y deshace a Valparaíso. Valparaíso no impone ideas definidas. Cada cual lo imagina a su manera". Joaquín Edwards Bello, en Fantasmas de Valparaíso, reunido en el libro Memorial de Valparaíso de Alfonso Calderón y Marilis Schlotfeldt.
Rebeca Droguett: “Frente a la inmediatez de la era digital, los manuscritos conservan un valor y patrimonial insustituible. Tener acceso al papel original permite visualizar la vida de la escritura: ver los tachones, las anotaciones al margen, la evolución de las ideas y la caligrafía de mi abuelo es una experiencia reveladora e insustituible para comprender su proceso creativo. Por supuesto, no vemos la tecnología como una rival: el formato digital es un aliado extraordinario para la democratización y difusión masiva de su obra, pero el documento físico sigue siendo la huella viva e irremplazable de la historia”.

Ciento veinte años del Terremoto de Valparaíso (1906)

Hoy se cumplen 120 años del terremoto de Valparaíso (1906). El puerto le daba la bienvenida al siglo con un cataclismo de tremendas proporciones. Justo en el momento en que me puse a escribir esto, comenzó a temblar. Sarcástica coincidencia. Hace un par de horas, de hecho, había salido para recorrer la feria de Plaza O Higgins en busca de algún libro, y también había temblado, solo que, en ese momento, no me di ni cuenta, y seguí andando por la plaza hasta dar con un puesto de libros próximo a calle Victoria. Ahí encontré el libro "Memorial de Valparaíso" de Alfonso Calderón y Marilis Schlotfeldt, un libro macizo en donde se realiza un recorrido vital de la ciudad a partir de una multitud de crónicas, apreciaciones y experiencias. Estaba a quince. Lo compré de inmediato, confiado en que me ayudaría para poder seguir escribiendo mi proyecto de narrativa de no ficción.

Al hojear algunas páginas, di con algunas referencias sabrosas. En una, escrita por Daniel de la Vega, le daban la razón al difunto Eduardo Serey, el entrañable "Viejo Pancho", al señalar que efectivamente el Almendral y el Puerto "estaban separados por el asalto de unas olas arrogantes", y la única forma de transitar por ambas dimensiones de la ciudad era cruzando la legendaria Cueva del Chivato. Lo que se llamaba el sector Puerto, no era todo Valparaíso, sino que llegaba "hasta el sitio en donde ahora se encuentra El Mercurio". Hay ahí, sin duda, un misterio y una resonancia histórica sobre la cual tendré que profundizar, más adelante.

En otro punto, en la sección "Valparaíso. Tocata y fuga", Calderón comienza precisamente aludiendo al terremoto de 1906 como uno de los mayores hitos en la memoria del porteño, muy a su pesar. Se señala que doña Juana Ross había mandado a construir un edificio asísmico a un costado de la Plaza Victoria, el mismo que cayó ante la fuerza implacable del terremoto. Calderón además recuerda un libro que mostraba escenas desastrosas en el sector de la actual Avenida Argentina. Algunos sujetos que fueron pillados robando y saqueando fueron fusilados. El autor podía ver sus rostros de horror retratados en esas páginas.

Otra cosa que lo impactó profundamente fue el derrumbe de los cerros en donde se encontraba el cementerio. En el plan se alcanzaban a ver los ataúdes y las lápidas amontonadas, y no se trataba solo de muertos anónimos, también estaban allí los nichos de los antiguos fundadores de la ciudad. En una cita a d'Halmar, se hablaba de una verdadera "cólera celeste" que había castigado al puerto. El plan se vestía de muerte y la tierra cobraba su porción de tragedia humana. Puede que, sin siquiera darme cuenta, haya estado leyendo atentamente estos pasajes repletos de caos telúrico, en el preciso instante en que ocurría otro sismo. Hay movimientos imperceptibles, así como secretos todavía incomprensibles para el peatón errabundo. Seguí caminando por las aceras de Pedro Montt e Independencia, a paso firme, con el libro en mano, como si el registro de sus palabras pudiera contener el poder abrasivo de la naturaleza, seguido, muy de cerca, por el de la historia.