sábado, 4 de julio de 2026

Me tomo el tiempo de revisar las réplicas de un intercambio virtual que tuve con una chica española, aquella de la cual hablo tanto en algunos textos. Se daba el espacio para discutir cuestiones de vuelo intelectual, a raíz de algunas citas literarias, como la de Ernesto Sábato en Abbadón el exterminador. La cita sobre la que se discutió hace ya doce años fue la siguiente: "Hace un tiempo, un crítico alemán me preguntó por qué los escritores latinoamericanos teníamos grandes novelistas pero no grandes filósofos. Porque somos bárbaros, le respondí, porque nos salvamos, por suerte, de la gran escisión racionalista. Como se salvaron los rusos, los escandinavos, los españoles, los periféricos. Si quiere nuestra Weltanschauung, le dije, búsquela en nuestras novelas, no en nuestro pensamiento puro." A la chica, estudiante de filosofía, seguidora de Heidegger, no le convencía el fragmento de Sábato, y yo, en su momento, le rebatí, defendiendo la idea de fondo planteada por el escritor en su novela. Fue tan intensa la discusión que hasta nos molestamos, intransigentes en nuestras perspectivas. Por interno, eso sí, lo pensamos mejor y quedamos en la buena. Vuelvo sobre aquel intercambio en un ejercicio nostálgico, sopesando también la fricción de las ideas y la pasión de su despliegue en nuestra brevísima complicidad. Lo único de lo cual quedó testimonio, sin embargo, fueron mis propios argumentos, ya que los de ella se eliminaron al borrarse de las redes, de forma imprevista, enigmática hasta el último minuto, cual verdad detrás del muro o allende el calabozo. Los reproduzco por aquí como si se tratara de un diálogo mutilado, un monólogo sin otro sentido que la autorreferencia, después de una comunicación extinta.

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-Por conciencia "pura", ¿te refieres al logos occidental, a la razón pura kantiana o a otro concepto? Si pudieras explicarte un poco más.

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-La expresión Weltanschauung es el centro del párrafo, gira en torno a esa palabra germana que significa: concepto del mundo, sentido de la vida, filosofía, ideología, más adelante el personaje sostiene que "en realidad sería necesario inventar un arte que mezclara las ideas puras con el baile, los alaridos con la geometría". Recuerdo una obra de teatro presentada por la Compañía del Silencio, sobre la vida de Artaud, que mezclaba música, danza, pantomima, todo gestual. Y prosigue el personaje de Abaddon El Exterminador: "Algo que se realizase en un recinto hermético y sagrado un ritual en que los gestos estuvieran unidos al más puro pensamiento y un discurso filosófico a danzas de guerreros zulúes". Se me viene a la memoria un breve pero denso ensayo filosófico de E, Trias: "Filosofía y Carnaval".

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-Tenía entendido que la Weltanschauung significaba "cosmovisión" aunque no fuese ese su sentido filosófico estricto, y creo precisamente que la falta de normatividad en los conceptos es lo que valida la tesis de Sábato. No aspira a definirlo en términos ontológicos ni metafísicos sino que de acuerdo al poder de la evocación, a la fábula, por así decirlo, a la capacidad poiética.

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-No dije que cosmos fuera lo mismo que mundo, es una forma de aproximarse al concepto. Creo que hay que volver a la obra aludida, y no interpretar tanto el concepto aislado (tu interés es estricto, legítimo, pero no es lo principal en lo referente a la novela). Además, si te fijas bien en la cita el personaje del Abbadón habla de su "interpretación" sobre el término alemán cuando dialoga con el crítico al respecto, no precisa definir el concepto en su rigurosidad, lo usa como analogía para explicar forma que tienen los latinoamericanos de concebir el mundo a partir de la ficción.

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-Insisto en que es preciso concentrarse en lo que plantea el personaje del Abbadón en la cita a través de la novela. la tesis de Sábato en ese sentido es justamente afirmar la herencia de la cultura latina, pero además plantear un punto de inflexión, es decir, que nuestro "racionalismo" viene de esa fuente, pero no es por supuesto originaria en ningún aspecto, sino que mestiza, híbrida, y en esa condición reside el aspecto poético, mítico, hasta cierto punto, irracional, que se devela en las obras de ficción que funcionan por eso como dispositivos de una visión del mundo o una forma de entender el mundo a la manera latinoamericana... no se erigen como visiones "puras" sino como evocaciones, aproximaciones, incluso digresiones a una concepción lógica y racional. Hay pasajes de la novela, que desarrollan la cita e ilustran con mayor vehemencia lo anterior:

"Desde Europa, por supuesto, nos vienen a decir que en las novelas no tiene que haber ideas. Los objetivistas. Mi Dios! Siendo el hombre el centro de toda ficción (no hay novelas de mesas o gasterópodos) esa objeción es idiota. Ezra Pound dijo que no podemos permitirnos el lujo de ignorar las ideas filosóficas y teológicas de Dante, ni pasar de largo los pasajes de su novela o poema metafísico que las expresan con mayor claridad. Y no sólo son legítimas las ideas encarnadas sino las purísimas ideas platónicas. No son hombres los que llegaron hasta allí? No se podría entonces hacer una novela con Platón de personaje a menos que liquidáramos buena parte de su espíritu. La novela de hoy, al menos en sus más ambiciosas expresiones, debe intentar la descripción total del hombre, desde sus delirios hasta su lógica (...) Una combinación de Kant con Jerónimo Bosch, de Picasso con Einstein, de Rilke con Gengis Khan. Mientras no seamos capaces de una expresión tan integradora, defendamos al menos el derecho de hacer novelas monstruosas (...) Sólo en el arte se revela la realidad, quiero decir toda la realidad. Y nos vienen a decir que esta mitificación del arte es reaccionaria, anticuada, que es del siglo XVIII, de los románticos. Por supuesto. El genio protorromántico de Vico ya vio claro lo que todavía mucho tiempo después otros pensadores no alcanzaron a comprender. Él empieza lo que después harán Jung y, de modo paradójico, porque venían del cientificismo, Lévy-Bruhl y Freud. Las ideas del romanticismo alemán fueron olvidadas o despreciadas por esta cultura pretenciosa. Entonces hay que sacarlas a relucir".

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-El conflicto está en que lees la cita a partir del rigor filosófico, y hasta cierto punto sostengo que la "identidad" es más que una cuestión netamente cultural sino que inclusive ontológica, y por lo demás un tema un tanto manido desde la subjetividad latinoamericana. De hecho planteaste el existencialismo emparentado con el pensamiento de Sábato. Sin embargo, no creo sea tan relevante el alcance universal de esa postura, y del rollo identitario, como la implicancia que tiene leer el texto-novela desde su significación literaria, esto es, desde la capacidad de reinterpretar la realidad a partir del aparato de la ficción. El propio Sábato como personaje en la novela no está dando verdades por sentadas, la novela se devela como un proceso de auto reflexión, de denuncia, de revelación histórica, y también de simbolismo, de una época convulsa de la argentina (años 70). Inclusive tiene una lectura esotérica, en la figura del ángel exterminador. Por eso la crítica que le haces a Sábato no creo sea una objeción contra el potencial creativo de su obra. Recuerda que se trata de una obra de ficción no de un tratado filosófico. El asunto no pasa por el mayor grado de comprensión de lo Real (con mayúscula como señalas), sino que por la posibilidad remota de la ficción para develar las problemáticas humanas:

"Escribir al menos para eternizar algo: un amor, un acto de heroísmo como el de Marcelo, un éxtasis. Acceder a lo absoluto. O quizá (pensó con su característica duda, con aquel exceso de honradez que lo hacía vacilante y en definitiva ineficaz), quizá necesario para gente como él, incapaz de esos actos absolutos de la pasión y el heroísmo. Porque ni aquel chico que un día se prendió fuego en una plaza de Praga, ni Ernesto Guevara, ni Marcelo Carranza había necesitado escribir. Por un momento pensó que acaso era el recurso de los impotentes. ¿No tendrían razón los jóvenes que ahora repudiaban la Literatura? No lo sabía, todo era muy complejo, porque si no habría que repudiar, como decía Sábato, la música y casi toda la poesía, ya que tampoco ayudaban a la revolución que esos jóvenes ansiaban. Además, ningún personaje verdadero era un simulacro levantado con palabras: estaban construidos con sangre, con ilusiones y esperanzas y ansiedades verdaderas, y de una oscura manera parecían servir para que todos, en medio de esta vida confusa, pudiésemos encontrar un sentido a la existencia, o por lo menos su remota vislumbre"

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-El que sostengas que sus perspectivas sean cerradas no deja de parecerme algo valorativo y no deslegitima para nada lo que ya se ha planteado de su obra. Decir que se parece a Sartre es no comprender la particularidad de su visión literaria. En fin, discrepamos en el fondo, y mejor que así sea. OJO que respecto a la identidad también me presenté escéptico, y en relación a la novela de Sábato, también resulta un concepto demasiado complejo para profundizar acá, y contemplando una sola obra.

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Un frío visto y un silencio se respiran tras releerte, y nuestras ausencias no dejan de reírse de nosotros.

miércoles, 1 de julio de 2026

El incendio de Valparaíso, reeditado

Volví a comprar el libro poemario El incendio de Valparaíso de Eduardo Correa, reeditado por Ediciones Altazor. Estaba en la librería que queda al lado de sala Insomnia. El ejemplar que ya tenía lo vendí, como tantos otros libros (cosa de la cual me arrepiento). Se trataba de la edición realizada por Ediciones La Cáfila. En esa versión, la portada tenía una especie de código de barras tachado con una línea roja, en un ejercicio muy martiniano. En esta otra, más actualizada, aparece una escalera ascendente en el interior de algún inmueble porteño. Desconozco cuál, pero podría ser cualquiera.
El libro de Correa tiene, a estas alturas, un carácter de culto. Para mí, al menos, tiene un significado muy particular. Creo que se lo compré a C. Faúndez o me lo regaló. No lo sé, a ciencia cierta. Lo único que sé es que lo adquirí en el contexto de aquellas lecturas de poesía en la Universidad Santa María del año 2008. En ese mismo año, dicho sea de paso, sufrí el incendio de mi antigua casa en el Cerro La Cruz. Un presagio sarcástico podía leerse en esos versos, una meditación crítica sobre ese presente, aquel presente calamitoso que rodeaba mi barrio y que caló hondo en la memoria de la familia. Dos muertes trágicas le sucedieron, un terreno devastado y una zona cero en la conciencia. De pronto, en las páginas de Correa se proyectaba esa "porción de infinito", ese infinito invertido, chamuscado en aquel cerro de mi infancia. C. Faúndez recuerdo que notó mi obsesión por las lámparas, a través de un ejercicio poético. La fijación en esa luz saturada de una revista de Mecánica popular abrigaba una incertidumbre a la vez que una angustia. En la mirada quizá podía advertir una luz que no fuera opaca, que no fuera impura, que, al menos, iluminara lo que restaba en el camino, aunque fuese una luz de utilería, meramente funcional.
Años después, ocurrió el incendio del 2014 y una segunda casa en la que solía vivir también se quemó. Otro barrio distinto al de mi infancia. Un barrio de mi temprana juventud. Hice una crónica sobre lo que le pasó a ese vecindario y a ese cerro, a partir de la conversación entre un voluntario y un vecino de la cuadra, trabajando sobre su terreno perdido. Las palabras urgían cuando se necesitaban manos, y entonces, me pregunté si acaso la escritura surgiría inflamada en su propia combustión interna o producto de una necesidad vicaria de reconocimiento en medio del desastre. Después del incendio, ¿qué escribir? Había que hacerse las preguntas correctas, sin miedo a arder en sus respuestas o en su improbabilidad.
Tiempo al tiempo, y los incendios continuaron en distintos puntos de la ciudad, en diferentes magnitudes. Alcancé a sacar las respectivas crónicas de algunos siniestros que me marcaron, como el del sector de Bellavista el 2018, el de un sector cercano al Vergel un 18 de noviembre del 2019 (señal fatídica de lo que ocurriría en unos cuantos días), el de la fábrica de cecinas Sethmacher, el del antiguo Teatro Pacífico en calle Errázuriz con San Martín, y el de la mítica Librería Crisis, cambiada desde su ubicación clásica frente al Congreso, hasta la calle Prat, cerca del Restorán Capri, junto al Espacio Prat, mismo espacio en el que alcancé a bailar un par de temas con mi polola, en una noche memorable que no alcanzaría siquiera a intuir las futuras y nefastas llamas.
Vuelvo sobre El incendio de Valparaíso de Eduardo Correa. Vuelvo como se vuelve sobre un sitio que alguna vez se habitó y que ahora perdura como vestigio de lo irrecuperable. ¿Quién debía contar los incendios vividos? ¿Quién debía quemarse al momento de confesar lo inconfesable, al margen del fuego? Decía el hablante lírico -que no necesariamente Correa- en el libro: "Las mismas visiones del incendio. Las mismas visiones del incendio. No había nadie para contarlo. No había nadie". Y luego: "Queríamos creerle al infierno para tener alguna fe. (...) Pero sabíamos también que Valparaíso era una metáfora y que toda metáfora era una suprema traición".


martes, 30 de junio de 2026

En la fiesta de San Pedro en Valparaíso, se da un sincretismo único: el símbolo del pez, tan caro a Simón Pedro, apóstol de Jesús, resuena con el de las distintas especies de pescado que cazan los pescadores porteños de Caleta El Membrillo y Caleta Portales. La comunidad realiza una procesión y honra al Santo Pescador por la abundancia en las costas. Esa ha sido la tónica durante más de ciento veinte años en la ciudad. Hay una imagen en el Antiguo Testamento en la que la figura del pez está anclada a la incertidumbre. Dice, en el Eclesiastés: “el hombre ignora su momento: como peces apresados en la red, como pájaros presos en el cepo, así son tratados los humanos por el infortunio cuando les cae encima de improviso”. En esos versículos hay una zozobra y una vacilación, la misma del porteño que no sabe todavía qué esperar del mar que le circunda. Por unos cuantos días, los mismos en que Simón Pedro fue crucificado por Nerón, acusándole de haber quemado Roma, los porteños olvidan aquel infortunio bíblico y lo subliman por medio de un rito, mientras avanzan con el santo a cuestas a través de la Avenida Altamirano. Entonces, el pez adquiere una connotación crística. Se vuelve la criatura que permanece viva en las profundidades de las aguas. Se vuelve aquel que nada contracorriente y se sacrifica. No se puede separar el elemento santo del oficio del pescador en los mares del puerto. Sería desconocer su propia tradición y su historia recóndita. Por eso, si va a algún restorán de Valpo y se sirve una pescá o una merluza frita por estas fechas, recuerde y tenga en cuenta que su carne y hasta sus escamas están benditas con la plegaria sagrada del trabajador del mar.

viernes, 26 de junio de 2026

"La suprema excelencia consiste en quebrar la resistencia del enemigo sin luchar". Esta es precisamente la estrategia del gigante asiático, la técnica del dragón chino. Pura estrategia, psicología, cálculo y anticipación. Xi Jinping aplica los principios milenarios de El arte de la guerra de Sun Tzu. Vencer sin luchar.
Frédéric Beigbeder: "Visto de negro porque llevo luto por mí mismo. Llevo luto por el hombre que podría haber sido".

miércoles, 24 de junio de 2026

La noche se cierne. Otra oportunidad para mirar más allá de lo observable.
Una señora oriunda de San Félix, Norte Chico, en el programa Miedo a la chilena, dijo algo muy significativo respecto a la Noche de San Juan y la aparición de seres legendario-mitológicos, manifestaciones mágicas o fuerzas oscuras: que conforman costumbres locales muy antiguas que se están perdiendo, sobre todo, en sus relatos orales, en su creencia ligada a la historia de los pueblos, porque existen en la medida que se intenciona su existencia. Pasa, decía la señora, que con el tiempo hay gente que ha dejado de "encantarse" con estos relatos, y por eso para ellos ya no existen o dejan de tener un significado trascendente. He ahí que, con su sabiduría "del interior", sin tanta lectura enciclopédica, la señora intuyó, dejó entrever algo que ya fue pensado por autores en la línea tradicionalista de la Sofía perenne o por el propio Morris Berman en El reencantamiento del mundo: una crisis vital, el hecho de que la secularización de la vida moderna, en prácticamente todas sus dimensiones, ha sacrificado la visión de lo sagrado, lo mítico, lo mágico, tan caro al arraigo simbólico de nuestros lares, de nuestra propia memoria recóndita. Pese a esta debacle, aún persisten resabios de esos antiguos cultos que rezuman una mezcla poderosa de paganismo y misticismo cristiano, como cuando se quema una hoja con deseos frente a una hoguera o fogata, a las doce de la noche, y se encomiendan a San Juan Bautista, o como cuando se deja un recipiente con agua y sal para que, al día siguiente, el sol de la mañana renueve las energías y disipe las malas vibraciones. Justo a medianoche se temía que aparecería, por ejemplo, el Tué Tué, el pájaro con cabeza de brujo alado, o el Mandinga, el diablo del campo, porque era el escenario propicio para su manifestación en la oscuridad, pero el sentido del rito con fuego y agua consistía justamente en la seña de disolución y purificación necesaria para transmutarse, reinaugurar un nuevo ciclo. Se intenciona con propósito, visión y voluntad, en un marco distinto al cotidiano. Desautomatizar la mirada: solo allí radica la magia de estos rituales y la riqueza de sus leyendas.

martes, 23 de junio de 2026

Digresión de mi viejo sobre el Mundial

Editada y reescrita por este servidor

Imagina, por un momento, a Albert Camus, Bolaño, Borges, Lihn, etc. -agregue al escritor que más le gusta o disgusta, da lo mismo, ya que todos pertenecen al mismo club- vestidos todos con pantaloncitos cortos, zapatos negros, polerón Adidas, con cualquier número atrás en la espalda, sudando la gota gorda, jugando con una díscola pelotita, una de cuero, de las de antes, pesada, tosca, inatajable, por el riesgo de recibir un pelotazo en el hocico. Y se enfrentan contra los del otro equipo para invadir su área y meter el gol -agregue quiénes son los adversarios, ¿Filósofos neoplatónicos? ¿Tecnócratas positivistas? ¿Críticos implacables de la palabra?-, todos disfrutando un gran partido de fútbol y siendo famosos, conocidos, comentados, fotografiados y, por supuesto, ganando buena plata, divulgando sus grandes jugadas, pases, habilitaciones, siendo verdaderamente reconocidos por sus logros, en la cancha, y que todos los admiren, porque en la cancha se ven los gallos, en buen chileno, pero son solo ocurrencias, solo ocurrencias, porque la literatura es más bien un estadio sin suficientes hinchas, un deporte extremo en el que se compite sin un equipo fijo, un arco sin malla, una patada hacia cualquier dirección.

lunes, 22 de junio de 2026

Hacia un iceberg de la poesía

El lector estepario realizó un "iceberg de la literatura argentina". Los conocedores sabrán que los icebergs revelan los secretos profundos de diferentes personajes, franquicias o fenómenos de la vida pública. Así, mientras más profundo se escudriña, se descubren cuestiones cada vez más turbias, llegando incluso a desentenderse del iceberg en sí mismo, para ahondar derechamente en la zona abisal. Le comenté al lector estepario que, a propósito de su creación, estaba pensando en la posibilidad de un iceberg de la literatura chilena. Busqué si hay algo y nada. Solo hay de literatura en general. Nada específico a nuestras latitudes, habiendo tanto material disponible. Al decirle esto, el lector me animó a investigar y realizarlo por mi cuenta. Es más: pensó en un iceberg de la poesía chilena. Sería algo tan fascinante como espeluznante. La idea era tan buena que me llevó a imaginar, inclusive, un iceberg de la poesía santiaguina, y por qué no, uno de la porteña. Para cada poética, en definitiva, habría su respectivo iceberg. ¿Qué habrá en los territorios abisales? ¿Qué obras, qué personajes, qué anécdotas, qué historias enterradas permanecerán al fondo, esperando su minuto, el minuto de su develación o el silencio perpetuo?

domingo, 21 de junio de 2026

El solsticio de invierno coincidió este año con el día del padre. Solstitium quiere decir, en latín, "Sol quieto". Subráyese la asociación y el símbolo.