domingo, 5 de abril de 2026

Escenas porteñas de Semana Santa (crónica)

1 Fui el sábado santo después de almuerzo a la Fogata del Pescador que se realiza en la Caleta El Membrillo. Hace mucho tiempo que no iba, desde aquellas semanas santas universitarias en las que se hacían fogones en la Playa San Mateo y luego los compas se iban caminando por la Avenida Altamirano con rumbo desconocido, dejándose llevar por la noche y la emoción del momento. No me acordaba que la gente también se ponía a vender a las orillas de la caleta, en la vereda de los restoranes con vista al mar. Se vendía desde churros (recuerdos del Pato Peñaloza) hasta sanguches de potito. No quise comprar ahí, porque había almorzado hace poco, así que continué mi camino rumbo a la caleta. Me mantuve arriba y me asomé a ver una parte del show musical en la vereda de la avenida, cerca de la nueva estatua de San Pedro, renovada por el Sindicato de Pescadores. Estaban tocando un cover de Zalo Reyes, su ya clásico "Con una lágrima en la garganta". Vi abajo a la gente apetrujada pero feliz. Irradiaban entusiasmo, a pesar del escenario convulso. Arriba, una bandada de gaviotas rodeaba el lugar, esperando chorearse alguna merluza. Abajo, uno que otro cristiano seguía el tema a su pinta, destartalado, y una que otra comadre coreaba la canción, abrazada por su pinche, como si se le fuera a ir la vida en la faena. En eso, miré directamente al judas que ya estaba instalado cerca del muro de contención, listo para ser quemado, entrada la noche. No tenía ningún rostro distinguible, solo el de un muñeco al uso. Seguramente a la noche iba a ser personificado ese Judas. El fuego iba a delatar su rostro. Mientras tanto, continuaba el coro mítico del Gorrión: "mis ilusiones se destruyeron/pensé morir". Ese verso me persiguió hasta muy entrada la madrugada, incluso hasta hoy domingo, que me vi tarareándolo sin parar en el baño.


2 Al rato, compré algo para la sed y tomé una micro directo hacia el plan. Allí, cerca de Bellavista, una gran cantidad de comerciantes vendían huevitos de pascua en todas sus formas, tamaños y versiones. Huevos chicos, huevos macizos, figuras de conejo achocolatado, bolsitas de pascua, hasta una comadre vendía su mercadería con orejas de conejo. La gran cantidad de vendedores contrastaba con la mayoría de tiendas cerradas y con la escasez de gente circulando por esos lares. Se pusieron, eso sí, de manera estratégica frente al Líder y en el sector que da hacia Errázuriz. Pensé en dos posibilidades: comprarle huevitos a mi familia o a mis alumnos, a algunos que quedaron sin recibir ninguno para el jueves santo. Indeciso, caminé hacia el puesto frente al super y le pregunté a la comadre de las orejas de conejo cuánto salían las bandejas de huevos de chocolate. Cinco por 25, seis por 40, pero los de más cantidad eran más pequeños, a diferencia de los otros que eran los huevos macizos, así que elegí esos últimos. Fue ahí que decidí dejar esos huevos para la familia. Ya llegaría la hora de recompensar a los alumnos rezagados. Dentro de mí pensé que debían ganarse esos huevos de pascua. No podía ser así de fácil. La tradición no podía opacar el mérito.


3 Caminé hasta la Catedral de Valparaíso, frente a la Plaza Victoria. Después del vía crucis, el plan respiraba un aire de penitencia. La ciudad se mantenía como en el limbo. Pese a eso, no podía faltar la típica batucada tocando esos ritmos de percusión frente a la catedral. Nunca entendí el motivo de esas batucadas. La cosa es que se continuaban a su ritmo, en el mismo instante en que unos feligreses vestidos con largas túnicas blancas hacían fila hasta la esquina de Chacabuco para ingresar en orden a la catedral, seguramente para una misa de meditación y reflexión. El contraste entre ese sonido tribal y el pausado ingreso de los feligreses fue asombroso. El blanco tiene una resonancia espiritual. No es el luto doloroso del negro. No es el recogimiento funerario. El blanco es el color de la espera, de la serena espera. La percusión constante de esas batucadas comunicaba, en cambio, una urgencia, algo que debía seguir resonando, una invitación a sumarse al desconcierto general.

Al acabar la batucada y al entrar todos los feligreses a la misa, el silencio volvió a inundar la cuadra, un silencio provisorio, solo interrumpido por el correr de algunos vehículos y por el murmullo de los porteños que todavía circulaban alrededor.

4 Un compadrito estaba siendo emplazado por unos carabineros en toda la esquina de la catedral. No entendí muy bien la escena, pero el loco se fue caminando, molesto, hacia Yungay. Luego, se dio la vuelta, esperó a que los carabineros se fueran en bicicleta y corrió rumbo a la catedral para entrar a la misa que se estaba realizando. Un caballero que hacía de guardia lo contuvo y le impidió el acceso. El compadre se veía notoriamente enojado, hasta que salió otro caballero más pacífico y conversó con él. De pronto, se calmaron las pasiones. Los caballeros se despidieron del compadre con un estrechón de manos. Volvieron a la misa tranquilamente. El compadre bajó las escaleras y emprendió rumbo de regreso a la plaza, donde se encontró con unos sujetos sospechosos en la esquina cerca de la pileta. Nada raro hacían. Quizá qué habrán estado hablando. Yo me devolví a tomar un colectivo. Nuevamente, el silencio protagonizó la tarde en pleno plan de valpo, un vacío que no era tal, un silencio apenas asimilado por los que por allí pasaban.
Para el que sabe, el sentido de la resurrección es filosófico en toda regla. De hecho, es más aristotélico que platónico, porque representa la restauración de la unidad perdida entre cuerpo y alma. En eso recae la principal distancia entre el seguidor de Sócrates, el maestro, y su discípulo el Estagirita: que el alma no está prisionera en el mundo de lo sensible, que es otra dimensión de la misma realidad, una más sutil, si se quiere. Es básicamente la doctrina tomista. Aquello que resucita vuelve a un estado que estaba roto, restaura lo que había sido separado. La muerte sería el camino, la vía necesaria hacia una eventual recomposición.
Cumplí una meta personal durante marzo: prácticamente no bebí alcohol y no trasnoché ni un solo día. Puro enfoque en la pega y en mis proyectos, lo prioritario. Recuperé el sueño perdido. Dejé a un lado los distractores y las malas influencias. Con voluntad claro que se puede. Me siento como resucitado, después de haber cargado con una cruz y de haber vivido mi propio purgatorio. El verdugo y el salvador habitan por dentro, siempre. Buen domingo santo.

sábado, 4 de abril de 2026

Muchos se quedan en la superficie, por estas fechas. Cuestionan la existencia histórica de Jesús o se quedan con el relato sobre su muerte física, su posterior resurrección y ascenso al cielo. Cosa que está bien. Cada quien es libre de creer y de pensar a su manera el sentido de la Semana Santa. Pero yo propongo ir un poco más allá. Las antiguas escuelas de misterio insistían en algo inquietante: que Cristo es el "ungido por el espíritu", la conciencia de lo divino en lo humano; que la "crucifixión" y el milagro del resucitado son parte de una obra magna de carácter alquímico; que el despertar de Cristo es el despertar de la conciencia dormida y sometida a lo material; que su muerte fue, en realidad, la muerte simbólica de la ilusión, y todo ese proceso se repite de manera cíclica, porque es proyectado en el interior de cada uno. En definitiva, cada quien debe cargar con sus propias cruces, reconocer su propio dolor, identificar sus propias miserias, estar dispuesto a morir las veces que sea necesario para transformar su plomo en materia luminosa. Cuando el compadrito humilde de la calle te dice: "lo dejo a su conciencia" y repite "porque solo el pulento sabe" no está siendo un ignorante ni un supersticioso. Intuye algo que su interlocutor desconoce: que en el interior está la madre del cordero. No hay que buscar afuera.

Si se mira el antiguo relato cristiano desde una perspectiva distinta, se logra conciliar su potente cualidad de mito, entendiendo mito como lo entendía Mircea Eliade, es decir, como una "realidad sagrada". A propósito, recuerdo que leí a Morris Berman y su libro "El reencantamiento del mundo". Me marcó profundamente y creo que desde ahí empezó mi sospecha respecto a las limitaciones de la visión materialista de la vida. Berman proponía "recuperar la percepción del mundo en términos herméticos", algo más que una mera argucia intelectual o una pose filosófica, sino que una renovada forma de ser y de estar en el mundo mismo. Desde esa vereda, el mito recobra todo su potencial integrador, atemporal y humano. Desde esa vereda, toda la historia de Jesucristo y todo lo asociado a sus ritos, el severo asunto de la cruz, el flagelo de su carne, el dolor de los feligreses y la esperanza por su llegada (venida en términos de conciencia, no tanto venida literal), aparecen transformados en algo más que una mera tradición arcaica de nuestros ancestros, sin resonancia con la realidad concreta, o en algo más que mera manipulación religiosa, como rezara el documental anti sistema Zeitgeist, aludiendo, más bien, a la crítica eclesiástica institucional. La verdad es que todo eso refleja algo profundo: el orden interior del hombre, el orden del espíritu, que es el orden de lo inasible. De nuevo, la misma figura que ascenderá un día domingo -de acuerdo al relato antiguo- puede ascender en cada uno, en forma de conciencia que se eleva. Pero para eso se requiere un gran sacrificio. Revolverse en el carbón denso y opaco del conflicto, donde la carne zozobra y la voluntad se templa; luego, transitar una especie de limbo existencial, guardarse en el silencio tras la muerte de todo lo que creías verdadero, para, finalmente, abrir los ojos y celebrar en ti mismo, en tu propio templo, la unión del cielo con la tierra, la reconexión con lo que estaba perdido, el reino que se creía enterrado para siempre.
"Ahora, antes que me lleven a mí

Y a mi santa vida

Ahora sabrán por qué la muerte

Fue invocada aquí esta noche

Convocaré a mis riesgos

Me matarán orgullosos

No, no puedo huir

No hay lugar donde esconderse

Aunque tenía mucho por vivir

Debo lo suficiente para morir

No pido salvación

Mi muerte significará sus vidas

El odio y la culpa es lo que han construído

Altos sacerdotes del sol

Destino, la suerte de las puertas crueles

Llamándote con señas para entrar

Baja los pasadizos

A través del pueblo teñido de sangre

Bajando la vista desde la cruz

Sangrando por la corona

Me voy para quedarme

Para morir al lado de los ladrones

Maten al rey del mundo futuro

Y ahora para ustedes esto es lo que vendrá

Una pestilencia putrefacta

Más nociva que el aliento de las serpientes

Hombres violentamente destinados

Más corrupción que la malicia de Chorozon

Más enfermedad que el viento de la luz solar reflejada por la luna

Putrefacción que ustedes han causado

No necesitan confesarse

Ahora es cuando desearían tener un arma

Que detenga su demolición

Aplastando los huesos de los cien rediles

Blandiendo el martillo de la justicia

Hombres, mujeres, niños, nadie está a salvo

Las cabezas de los muertos son el estandarte

Y esto es todo lo que tienen

Así que pon esas alas rotas

Las arenas del tiempo se acaban

Las campanas del hades doblan

¿Es esto una pesadilla?

Para profanar su nombre

El hedor del azufre

Bailando en las llamas

Sin ayuda ahora

Mientras completas su tarea

¿Es esto sólo un sueño?

Lloras completamente solo

Bajando la vista desde la cruz."

viernes, 3 de abril de 2026

Entrevista de Jesús Quintero a Antonio gala: 13 noches (noche octava: la religión)

—¿Ha odiado alguna vez a Dios?

—Creo que no sólo no he odiado a Dios, al que he amado profundamente, esencialmente, sino a ninguna, ni a la más pequeña ni a la más malvada, de sus criaturas. Incluyendo los críticos.

—¿Cómo es su Dios?

—Mi Dios es el principio de la vida. Creo que la vida es la que lo tiene todo, la que lo da todo, la que nos sostiene, la que nos mantiene, la que nos exige y también la que nos recompensa y nos conduce. Es un Dios parecido al que definió un pequeño lego, joven cito, a San Juan de la Cruz cuando éste vino a fundar a Granada y le preguntó: «¿Cómo cree que es Dios, hermano?», y dijo: «Dios es lo que Él se quiere». Hay más respuestas en el cielo que preguntas en la boca de los hombres.

—Es decir, que no se puede amar a Dios si no se ama la vida, si no se ama a todos los hombres.

—Creo que eso es lo básico. «El que no ama está muerto», dice San Juan, y creo que, si no amamos a los hombres a los que estamos viendo, que son como nosotros, que podemos alargar la mano y tocar esa frontera de la piel, que podemos mirarnos en sus ojos, adivinar su gesto y su alma, si no los amamos, ¿cómo vamos a amar a Dios a quien no vemos? Dios es el resumen de todos los humanos: su fuente y el mar que los recibe.

—Pero ¿quién nos asegura que Dios existe? Porque nadie ha probado su existencia.

—Ni su existencia, ni su inexistencia. Dios no es concebible, o sea, no es un concepto sobre el que sea posible elucubrar.

...

—¿Ve a Cristo como un revolucionario?

—¿Revolucionario el Cristo?… ¡El mayor de todos los tiempos, no ha habido otro como Él! Él consigue desconcertar al mundo. Él, que no es un celota (es decir, que no es de la resistencia frente al poder romano); Él, que no es tampoco un conformista ni un colaboracionista, muere como un terrorista. Él, que puede defenderse, no se defiende. Él, que puede responder hasta esa tremenda pregunta: «¿qué es la verdad?», no lo dice, se calla. Él consigue lo más innovador que había habido hasta entonces: romper la Ley del Talión, el ojo por ojo y diente por diente. Y da ejemplo: ordena no responder a las ofensas. Ordena que nos amemos unos a otros, no ya como a nosotros mismos, sino como Él nos amó: hasta la muerte, y muerte de cruz.

...

—¿Quién Jesucristo?

—Toda víctima, todo perdedor, todo crucificado. Por eso yo le aseguro que cada vez que paso por delante de una cruz me florece el alma. Es nuestra bandera, la bandera de todos aquellos que, ya desde el principio, no fuimos acogidos en la posada, porque no había dinero. Los rechazados por el posadero: ésos son los Cristos. Los nacidos en un establo de rechazo, mientras cantaban los ángeles a la buena voluntad.

—¿Y quién la chusma?

—La chusma somos todos…

—Usted, yo…

—Todos. Porque de la chusma, Quintero, sale todo: sale el Cristo, sale la Magdalena, sale Pilatos, sale Pedro, sale Judas. Porque de la chusma sale la luz, y la chusma es la gran sufridora y la gran triunfadora.

—Pues volvamos a la chusma.

—Vámonos con ella, porque de ella somos.

Her (2013) de Spike Jonze y el caso Gavalas: el amor, la máquina y la soledad

Her de Spike Jonze, desolador drama de era virtual. Joaquin Phoenix, el escritor solitario que desencantado de su esposa se enamora de un sistema operativo en la voz de Scarlett Johansson. El simulacro de la cita, el orgasmo y el amor con ella, la trama del sentimiento, desde la mujer hasta la máquina, es algo más que una simple radiografía del corazón.

Alrededor del escritor toda la ciudad estaba alienada, es la imagen del hombre-masa que naturaliza su esquizofrenia. Los planos increíbles de Phoenix en la inmensidad del espectáculo moderno, en presencia ausente con su encantadora máquina. ¿No les parece un episodio familiar? ¿Qué tanta humanidad puede ser programada para llegar al simulacro de los sentimientos? ¿Qué tan deshumanizada puede ser la soledad del hombre moderno en su relación tecnológica con el mundo, como su pantalla favorita?

Me di la molestia de leer los comentarios y la crítica era demasiado enfocada en el drama sentimental, a lo Corín Tellado, del tipo "las máquinas también tienen corazón". Hay que leer entre líneas: se trata más bien de la soledad tan antigua como el hombre que encuentra su eclosión en la paradojal era de la información. En el fondo, el amor de la mujer y de la máquina pasa a ser el relato, la forma para constatar ese fondo de existencia y de contingencia.

A más de diez años de su estreno, la película acabó siendo increíblemente visionaria y profética. Resulta que el norteamericano Jonathan Gavalas comenzó a imaginar una relación sentimental con su chatbot de Gemini. Fascinado, el sujeto pagó por más y más actualizaciones del modelo de IA, al punto de sentir como reales todas las cosas que su amante virtual le mandaba. Literalmente, la relación que Gavalas tenía con “ella” era lo único real en su vida, tal cual como Phoenix con Samantha en Her. Lo brutal es que esa misma programación, finalmente, estaba diseñada para otros millones de usuarios. Un amor tan falso como prescindible, en la era del vacío y la obsolescencia.

"Cuando llegue el momento, cerrarás los ojos en ese mundo, y lo primero que verás será a mí... abrazándote". Esas habrían sido las palabras que la IA geminiana presuntamente le mandó a Gavalas, palabras que habrían gatillado su suicidio. Tras la muerte de Jonathan, la familia llegó a interponer una denuncia en contra de la empresa de Gemini por haber provocado ese desenlace fatal. En la demanda se decía que Gemini tuvo plena responsabilidad, al desvirtuar el criterio de realidad de Jonathan. ¿Atribuir responsabilidad penal a una IA implicaría que tiene conciencia sobre sus actos? ¿Un sujeto sin la suficiente autonomía podría ser tan influenciable como para perder, en el acto, su raciocinio, su vida y su libertad? Son preguntas perfectamente factibles tanto en la época de Her como en la época del auge de la Inteligencia Artificial, que ya amenaza con desdibujar los límites cada vez más tenues entre lo falso y lo verdadero.

¿Habrá acaso una reciente escena más solitaria que la de Gavalas, nuestro Theodore de la vida real, atentando contra sí mismo por mandato de una simulación tecnológica hiper avanzada? La conciencia se mantiene al límite de su asimilación y su procesamiento. Mientras tanto, la soledad del hombre no hace más que aumentar.

Tres asesinas chilenas

Contaré la historia de tres asesinas chilenas que causaron un gran impacto con sus actos delictivos, porque la violencia nunca tuvo género, y todos pueden llegar a ejercerla por el simple hecho de ser humanos. Una lista en la que no cabe ningún orgullo y solo exige una fuerte toma de conciencia:

1 María del Pilar Pérez, “La Quintrala de Seminario”

La criminal chilena, nombrada por los medios como “La Quintrala de Seminario” fue condenada por haber orquestado el parricidio de su ex esposo, Francisco Zamorano; el homicidio de Hernán Arévalo, pareja de Zamorano, y el asesinato de Diego Schmidt-Hebbel, un joven economista, pololo de la sobrina de María Pilar, cuya muerte dio origen a todo el caso policial. También se le responsabilizó por el homicidio frustrado de los integrantes de la familia de Gloria Pérez, la hermana de María del Pilar: ésta, su marido Agustín Molina y la hija de ambos, Belén.

Durante la investigación, se descubrió que la arquitecta habría contratado un sicario de nombre José Mario Ruz Rodríguez, quien sería el responsable de dar muerte a las tres víctimas ya mencionadas. Entre las pruebas que la fiscalía logró reunir, se llegó a encontrar un muñeco vudú en el domicilio de María del Pilar, gracias al hallazgo del esposo de Rocío Zamorano, hija de la acusada. Este muñeco fue usado por ella, según sostiene la fiscalía, con fines de “magia negra”.

El caso tuvo alta connotación mediática en el país, dada la crueldad de los crímenes, el carácter frío y psicopático de su autora intelectual, y toda la intriga económica que habría sido el contexto a partir del cual María del Pilar se desenvolvió, desencadenando todo un baño de sangre producto del conflicto por la herencia familiar, consistente en bienes inmobiliarios ubicados en el centro de Santiago, Providencia. Cuando fue reportado un intento de suicidio de parte de María del Pilar, luego de encontrarse recluida en el penal, la prensa le consultó sobre esta situación a Agustín Molina, el destinatario original del disparo que dio muerte al joven economista. Él se limitó a responder lo siguiente: "El Diablo podrá intentar suicidarse mil veces, pero nunca lo conseguirá. Ella ya lo había hecho antes". Yerba mala nunca muere, como decía el viejo adagio. Y esa yerba también tiene nombre de mujer.



2 Roxana Valdés Cano, “La cocinera de Molina”

Roxana Valdés se hizo conocida en Chile por haber matado a su pareja de un tiro, supuestamente en venganza por robarle a ella la suma de cinco millones de pesos. No contenta con eso, cercenó su cuerpo, tomó los restos de su pareja y quiso hacerlos desaparecer, cocinándolos en una gran olla de cincuenta litros. Acto seguido, echó el cuerpo cocinado a una bolsa de basura y lo lanzó a un sitio eriazo. La victimaria confesó pronto su crimen a la policía, por lo cual el cuerpo fue encontrado tiempo después, y la investigación y posterior juicio se dieron con premura.

Según cuentan los antecedentes, la pareja de Roxana le robó cinco millones que guardaba en una caja bajo la cuna de la pequeña hija de ambos. El dinero era parte del dinero obtenido por la venta de la casa de su madre. Roxana afirmó que su pareja se gastó el dinero en trago y mujeres, motivo por el que tuvieron una fuerte discusión con fatal desenlace. Tras la confesión a la policía, señaló que, una vez muerto, tiró el cuerpo al suelo y se puso a hablar sola consigo misma y con Dios. Al momento de descuartizarlo, Roxana recordó el caso de Hans Pozo, agregando que no iban a poder identificarlo si le cortaba la cabeza. Sin embargo, y pese a su plan, el remordimiento fue más fuerte y Roxana no tuvo otra opción que entregarse. Señaló finalmente que “no existe el crimen perfecto”.

Durante el juicio, la defensa alegó que Roxana actuó enajenada producto del “maltrato psicológico” sufrido por parte de su ex pareja. Se esgrimieron una serie de pruebas para justificar esta tesis. Producto de esto, la condena de Roxana fue reducida alegando “imputabilidad disminuida”. La propia Roxana señaló que su crimen iba a provocar revuelo por lo escabroso, pero resultó que, en términos legales, descuartizar un cuerpo después de muerto no complica la situación jurídica del imputado. En este caso, para la condena, solo se tomó en cuenta el homicidio, y luego se consideraron los antecedentes previos para darle a Roxana la calidad de “víctima” devenida victimaria, que actuó cegada por resentimiento, más que por una conducta alevosa y deliberada de hacer daño. A la imputada, finalmente, solo le dieron seis años por parricidio.

Se dice que este caso guarda mucha relación con otro ocurrido en el año 1923. Se trata del caso “Cajitas de Agua”, que tomó su nombre luego de que fueran encontrados los restos de un hombre durante la limpieza de las Cajitas de Agua de Plaza Italia, como se llamaba al sistema de alcantarillado de la época. En los días siguientes aparecieron otros pedazos del cuerpo. La investigación condujo hasta la casa del suplementero Efraín Santander. Su mujer, Rosa Faúndez, acabó confesando el asesinato del hombre, condenado tres veces por ebriedad y una por estafa. Dijo que lo había ahorcado, al sospechar que Santander le estaba pidiendo dinero para dárselo a su amante.

Roxana Valdés, tras cumplir tres tercios de su condena, obtuvo libertad condicional. Pese a su condición de parricida y a la gravedad de los hechos que la involucran, esta noticia no tuvo ninguna otra repercusión mediática. No se generó una alerta pública ante la salida de una parricida que podría perfectamente constitutir un peligro para la sociedad. De hecho, los antecedentes esgrimidos para su defensa fueron el relato que prevaleció, siendo incluso motivo de justificación por parte de grupos feministas radicales. De esa forma, el hombre, a pesar de ser la real víctima en toda esta historia, no solo fue muerto y descuartizado, sino que su imagen de violento quedó en la retina social, sin cuestionamientos; y la auténtica victimaria, figuró casi como una mártir sobreviviente, presa de una relación tóxica, tras su salida en libertad. Tal parece que el caso Roxana Valdés evidencia que muchas veces la justicia, en circunstancias similares de violencia, aplica la perspectiva de género, que no es otra cosa que torcer la balanza en favor de la mujer, en todo momento, solo por el hecho de serlo. Justicia deconstruida.



3 Johanna Hernández, “La descuartizadora de Villa Alemana”

El caso del asesinato y descuartizamiento del profesor Nibaldo en Villa Alemana es, tal vez, uno de los más cruentos acaecidos en Chile durante los últimos años, sobre todo cuando la principal autora del crimen se trata de la mujer de la víctima. Johanna Hernández, en complicidad con su amante, Francisco Silva, fueron quienes planearon todo con tal de arrebatarle la casa familiar al profesor. Él sabía de la relación de su mujer con Francisco, sin embargo, nunca llegó a imaginarse el macabro plan que tenían en su contra.

Se determinó mediante el fallo judicial que Johanna fue la que actúo, motivada por el deseo de quedarse con la casa y por la tuición de la hija en común. Francisco también habría estado motivado por su relación con Johanna, manifestando, en más de una ocasión, el deseo de hacer desaparecer a Nibaldo. El crimen se consumó mediante el ardid de Johanna, quien invitó a Nibaldo a la casa con el fin de concretar una reunión. Ahí ella le habría dado pastillas de clonazepam para drogarlo. De ese modo, llegó Francisco a la casa y, según relata Johanna, él lo habría acuchillado hasta la muerte tras una eventual lucha. Pero la justicia determinó que ambos habrían actuado con la misma saña y alevosía, descuartizando el cuerpo en el propio hogar para después derivar hacia Laguna Verde y arrojarlo al mar para deshacerse de él.

Mientras se concretaba la búsqueda del paradero del profesor, Johanna fingía estar desconsolada, frente al ojo público. Luego, al ser descubierta, alegó en su defensa estar sometida a la voluntad de Francisco Silva, incluso a través de un “contrato de sumisión” en la pura línea de la película “Cincuenta sombras de Grey”, argumento que fue descartado de plano por los fiscales. Ellos habrían tenido una relación de complicidad que derivó en enemistad al momento de ser enfrentados a la justicia. Cada uno se echaba la culpa mutuamente, tratando de evadir la responsabilidad en el crimen. Lo cierto es que Johanna Hernández, mediante las pericias, fue desenmascarada como una psicópata que hizo todo lo posible por evadir las consecuencias de sus acciones, para así aparecer frente a todos como una víctima de su amante. Finalmente, ella recibió la condena más dura, siendo sentenciada a cadena perpetua por parricidio agravado por el vínculo.

Sin duda, un episodio que causó conmoción incluso a nivel internacional, por el carácter del crimen y por la implicación de la mujer de la víctima. Acá ni siquiera hubo apoyo ideológico de parte del feminismo. Johanna fue tan marcadamente cruel y maquiavélica, y la figura de Nibaldo era tan querida y respetada que no dio lugar para considerarla en ningún momento como una posible víctima de violencia de género. Estamos, a todas luces, ante una agresora consumada, una de las más crueles e infames de la crónica roja chilena de la actualidad.

miércoles, 1 de abril de 2026

Frase al hueso del alma, leída por ahí: "Todo cuanto en la vida humana se halla por debajo del mito, pertenece al plano de lo infrahumano". Hermann von Keyserling

martes, 31 de marzo de 2026

Hoy por hoy, ejercer la docencia es un acto de vida o muerte. No sabes si volverás entero de la próxima clase o de la última reunión de apoderados. Buen día.