viernes, 4 de septiembre de 2026

Ponencia "América es un pandemonio" en XII Encuentro de la América Románica.

Ponencia "América es un pandemonio. Ruina de un mito y ocaso de un héroe en Los perros del paraíso de Abel Posse", expuesta en el contexto del XII Encuentro de la América Románica. Senado de la República de Chile.


"Creo que el mito es el gran motor, mito y motor tienen que cambiar una letra… Sin la creación de grandes utopías basadas en los mitos no se puede vivir. Desde la antigüedad el pensamiento occidental nos enseña eso… Todas las historias de las grandes religiones ordenadoras del mundo nos enseñan eso. Así que yo creo que en esta etapa de desmitificación, de chatura pragmatista, estamos viviendo la crisis filosófica y poética más grande que agrede a nuestro continente. Nos están robando la última riqueza que nos queda que es la de generar mitos, de creer en utopías y la de nacer y avanzar". (Posse en Rita Corticelli, «Entrevista a Abel Posse. Revitalizador de mitos»).

El mito como última verdad de la historia, rezaba Borges. La concepción del mito en la obra de Posse implica su proyección sobre el ser y la historia de América. Posse apuesta decisivamente por una revitalización del mito para repensar la historia hispanoamericana. En este sentido, el mito se entiende desde su carácter primigenio. Así es posible apreciarlo en su novela Los perros del paraíso de 1983. En dicha novela desentraña la problemática respecto a la historia de Hispanoamérica, a partir de la elaboración de otra mirada al hecho histórico del Descubrimiento presidido por la España de los Reyes Católicos durante el siglo XVI. Todorov enfatiza el carácter paradigmático de este hecho: “Cierto es que la historia del globo está hecha de conquistas y de derrotas, de colonizaciones y de descubrimientos de los otros; pero, como trataré de mostrarlo, el descubrimiento de América es lo que anuncia y funda nuestra identidad presente”. (Todorov, 14).

Cabe plantear que la narrativa de Posse se construye a partir de un cuestionamiento que implica debatir el origen y el ser americano, principalmente a través del factor histórico. De acuerdo a Jorge Osorio Vargas (2011): “esta reescritura incorpora una explícita desconfianza hacia el discurso historiográfico en sus versiones oficiales, permitiéndose reflexionar la posibilidad de conocer y reconstruir el pasado histórico oficialmente documentado y conocido desde una perspectiva diferente”. (Osorio Vargas, 2011: 2).

En Los perros del paraíso, dada su condición particular de “nueva novela histórica”, se desarrolla de manera decisiva una apropiación y manipulación del gran relato del Descubrimiento de América a través de recursos narrativos que, por su carácter transgresor, tensionan los límites entre la ficción y la verdad. De este modo, en la novela se construyen tres relatos desde la ficción: la vida de Colón y su búsqueda del Paraíso Terrenal; la consolidación de los Reyes Católicos y el Imperio de la Reina Isabel; y las reuniones entre incas y aztecas.

Ahora bien ¿Cuál de los relatos mencionados resulta ser más significativo y medular para la novela, en relación con sus características de “nueva novela histórica” que reescribe los relatos históricos oficiales para aportar otra perspectiva diferenciada? ¿Y qué implicancias tiene dicho relato para la conformación de una respuesta al cuestionamiento contemporáneo sobre la historia y el ser de Hispanoamérica?

En base a las preguntas formuladas, cabe desarrollar lo siguiente: en la novela Los perros del paraíso la búsqueda por el Paraíso Terrenal culmina con la llegada al continente, derivando en la ruina del mito y en el ocaso de la figura heroica de Colón, conceptos que permiten conformar un relato sobre América como un “pandemonio”, siendo ésta una metáfora sobre la historia y la identidad hispanoamericana para la posteridad.

Sobre el pandemonio: “el poeta londinense John Milton acuñó la palabra “pandemonium” en su poema épico “El paraíso perdido” (“Paradise Lost”) en 1667. Milton buscaba una palabra que representara un desorden tumultuoso”. (César Gotta, Alfredo E. Buzzi y María Victoria Suárez, 2008: 150). Un referente más actual se refiere al término como a todo: “(…) lo que la sociedad y la organización moderna pretenden ocultar: la lujuria, el dolor, la enfermedad, la muerte y el asco; es el mundo de las pasiones, de los excesos y de los dolores (…) Pandemonium es el reino de la dominación y del poder”. Friedmann, 2012.

De acuerdo a estos antecedentes, entonces este “pandemonio” aplicado al universo americano en la ficción será usado metafóricamente para aludir, en primera instancia, desde su etimología, al “espacio de todos los demonios”: universo que se gesta a raíz de todo aquello que implica sometimiento y degradación de los otros, el rostro abyecto de la otredad, y la expresión de la “maldad”; aquello que provoca y constituye alteración sobre otros; el caos que se manifiesta de forma particularizada mediante el dispositivo de la violencia. La violencia, en este sentido, es una de las manifestaciones articuladoras de este pandemonio como metáfora que se refiere a la realidad y entidad del universo americano.

En segunda instancia, se entenderá pandemonio no exclusivamente desde un sentido de la violencia y la alteración del otro, sino que, en relación con lo anterior, desde una concepción relacionada con la “vacilación” histórica de Hispanoamérica, su confusión respecto a su tiempo y espacio, y su indeterminación ontológica, el caos que ella misma ha engendrada en sí misma como un mundo huérfano de raigambres identitarias sólidas, sumiéndolo en una “puesta en abismo” de su existencia.

Al comienzo de la novela Los perros del paraíso se ilustra todo un panorama desalentador sobre el Occidente renacentista, operación que precisamente retrata su decadencia, que se manifiesta de manera particular en la España del siglo XV. Se justifica, por ende, la necesidad de un “cambio”, una renovación, un hombre y un mundo nuevos, los cuales solo son posibles de concebir y de realizar bajo una concepción mítica de la historia:

Occidente, jadeaba, ansiaba su sol muerto, su perdido nervio de vida, la fiesta soterrada. Tanteaba en la oscuridad del sótano conventual la estatua de la diosa griega (que en realidad alguien había arrojado al mar). Los hombres vacíos, casi sin sombra, buscaban su estatua.

Occidente, vieja Ave Fénix, juntaba leña de cinamomo para la hoguera de su último renacimiento.

Necesitaba ángeles y superhombres. Nacía, con fuerza irreparable, la secta de los buscadores del Paraíso. (Posse, 1983: 13)

Este es el espíritu de la época. Sin embargo, también es posible identificarlo con el espíritu de nuestra época contemporánea, desde nuestro ser y estar históricos como hispanoamericanos. Colón en la novela es entonces representado como el héroe que posibilitará el advenimiento de un Paraíso posible. Una especie de figura mesiánica que, sin embargo, se presenta más bien secular, aunque con caracteres de semidios y espíritu idealista, incluso quijotesco.

René Ceballos en Los perros del paraíso, la otra mirada al Descubrimiento, afirma: “Don Quijote, Colón y Nietzsche –al aparecer simultáneamente– no fungen como simple referencia literaria, histórica o filosófica, más bien estas figuras incorporan en sí mismas el cambio radical en el pensamiento (contemporáneo) y son formas metonímicas de insinuar el rompimiento de un tiempo y el paso hacia una nueva forma de concebir el mundo. (Ceballos, 2007: 103).

Concebir América como paraíso perdido implica pensar primeramente en aquellos españoles que experimentan y protagonizan dicha perdida. La búsqueda por reencontrar ese paraíso perdido, entonces, cobra diferentes intereses, desde Colón en su búsqueda mítica, y en los Reyes Católicos, quienes establecen un contrato económico con el almirante, determinando materialmente su misión.

De tal manera, América queda representada con toda propiedad como esa construcción imaginaria, ese crisol de deseos y anhelos provenientes desde otras latitudes. El crítico Arturo Andres Roig señala al respecto: “Y por lo mismo que el porvenir de América está dado en el futuro de Europa, es un “país de sueño”, pero no para los americanos que en su impotencia no se sueñan a si mismos, sino para todos aquellos que se sienten cansados de la vieja Europa convertida en un arsenal. Una pura futuridad, basada en una carencia de pasado histórico”. (Roig, 3). Al ser puro futuro, América queda representada como un universo históricamente indeterminado, tanto desde los propios hispanoamericanos (o sea, desde la búsqueda mítica de una “raíz” o de una “unidad” americana común) como desde los españoles.

Pensar la historia de América resulta, para el narrador posseano, una puesta en abismo. Pero entonces, si el hecho de hacer: “[…] una novela trashistórica, metahistórica -una metáfora- utilizando la historia como clave para interpretar el absurdo de nuestra América” (Posse en Pites, «Entrevista a Abel Posse», op. cit., p. 123) implica, de partida, la renuncia a buscar una América perdida que se apropia del dispositivo utópico usado por los españoles (y el propio Colón en Posse) para soñar sus propias historias o escapar de ellas, entonces se están asumiendo la historia de América y su supuesta identidad uniforme como “entelequias”, las cuales en la novela se traducen en la mitificación del Paraíso Terrenal, lo cual es posible extrapolar a la propia América en cuanto universo que en su diversidad está constantemente mitificando su historia: encarnando un eterno retorno de sí mismo, de sus propias (des)ilusiones.

Abel Posse, pese a la historia cíclica de sangre y derrotas, demuestra un optimismo respecto de nuestra América, en una revaloración de España como “padres”: “Creo haber respondido: sin España y sus errores y grandezas, América sería insignificante. Al vestirnos con el sayo de España y con su idioma, nos enriquecemos de una espiritualidad y una cultura superior. Esto se ve claro en los poetas, en Neruda o Vallejo” (Aracil Varón, 2005: 217). Posse ha hecho patente, de manera narrativa, el problema de la idealización de ambos mundos: el español y el hispanoamericano. Esto ha llevado a las tan conocidas y relamidas leyendas negra y rosa, y retrotrae precisamente, cara a cara, la puesta en abismo del ser y la historia de Hispanoamérica. La constante pulsión paradójica, discordante, de su vórtice existencial e histórico.

Posse afirma, desde luego, el “absurdo de nuestra América”. Cabe señalar que el absurdo debiese ser, en ese sentido, el punto de partida más que el punto de llegada de la historia hispanoamericana. Concebir la condición “pandemónica” de Hispanoamérica debiese apuntar, en este sentido, a la integración de lo caótico y lo “abierto” como formas de estructurarla proteicamente. No se trata ya de la edénica América perdida, fruto del espejismo de la conciencia de los “ángeles caídos” de España; sino que de la América que se sumerge en su propia vorágine, en su propia indefinición histórica, material y ontológica, y que, al mismo tiempo, pugna por trascender su histórico ostracismo en relación con el mundo para fundirse en él e instaurar las “máculas”, las señas de opacidad y alteración (alteridad) propias de la cultura hispanoamericana.

Ante este panorama proyectado desde la ficción en Los perros del paraíso, la literatura hispanoamericana contemporánea configura respuestas: otros mitos u otras figuraciones que, partiendo de la perturbadora verdad de un abismo de identidad y de una espiral mítica histórica, resultan en generación de visiones y universos complejos, abiertos a toda próxima y futura lectura. Carlos Fuentes, en El espejo enterrado (1992) plantea el viaje de iniciación a las raíces mexicanas. Fuentes señala: “En las tumbas de sus sitios religiosos se han encontrado espejos enterrados cuyo propósito, ostensiblemente, era guiar a los muertos en su viaje al inframundo […] Un espejo: un espejo que mira de las Américas al Mediterráneo, y del Mediterráneo a las Américas”. (Fuentes, alfaguara, 2010, 11). Esta visión sobre los espejos enterrados resulta en una figuración que permite comprender poéticamente el ser y la historia hispanoamericana, como reflejo difuso de dos mundos encontrados y que nunca acaban de reconocerse entre sí.

Otro exponente de la respuesta al abismo existencial y vorágine mítica histórica americana lo configura Juan Rulfo en su novela Pedro Páramo. Comala como el infierno, el espacio tiempo de los muertos, donde todo se presenta indeterminado: los personajes son muertos que pululan errantes, meras voces extraviadas, huérfanas, faltas de arraigo. Juan Preciado va en busca de su padre Pedro Páramo. Su ingreso a Comala se relaciona con su viaje al infierno. Su padre está muerto desde el principio, por lo que podemos decir que la búsqueda por las raíces hispanoamericanas también lo está, y de paso, quien emprende tal misión está precisamente ingresando en el terreno de la muerte. En relación con el “pandemonio” americano de Los perros del paraíso, entonces, la recreación del mundo hispanoamericano en su historia mítica, cíclica, y hasta cierto punto, fatídica, y en su gran fosa existencial y ontológica, se transmuta desde lo inconmensurable que resulta en última instancia: desde una certeza de saberse muerta cada vez que se profundiza en su universo.

América como un pueblo y, al mismo tiempo, una gran entidad “orgánica”, compuesta de voces, ecos, sombras, que los americanos encarnan en sí mismos histórica y ontológicamente, (muertos que no saben que lo están), pululando, tanteando espacios y tiempos fragmentarios, completamente otros en su levedad. Se “demonizan” en su determinante devenir, en su círculo vicioso, el siempre volver sobre sí de su historia, su muerte itinerante. Las Américas, las distintas Hispanoaméricas existentes se materializan y se evaporan en su secreta penitencia.




Bibliografía


Aracil Varón, Mº Beatriz (2005) Abel Posse: de la crónica al mito de América. Cuadernos de América sin nombre. Universidad de Alicante.


Ceballos, René: “Los perros del paraíso, la otra mirada al Descubrimiento”. Comunicación Nº 5, 2007 (pp. 93 -113). Alemania: Universität Leipzig.


Friedmann, Reinhard. “Demonología organizacional y saberes vampiros. El lado oscuro de las organizaciones. Un viaje guiado al inframundo organizacional”. Marzo 2012. http://www.wordpress.com. 30/05/2012. <http://etcuniacc.files.wordpress.com/2012/03/reinhard-friedmann-ensayo.pdf >.



· Osorio Vargas, Jorge. “Novela Histórica y Extrañamiento: tensiones y pleitos entre la meta ficción y la historiografía”. 10/02/2011. Critica.cl. 28/05/2012. <http://critica.cl/literatura/novela-historica-y-extranamiento-tensiones-y-pleitos-entre-la-meta-ficcion-y-la-historiografia>.
Posse, A (1983): Los perros del paraíso. Barcelona: Editorial Argos Vergara, S.A.


Roig, Arturo Andrés (2004) Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano. [Primera edición. México: Fondo de Cultura Económica, 1981] En: http://es.scribd.com/doc/6148989/Teoria-y-Critica-Del-to-no


Todorov, Tzvetan (1987) La Conquista de América. La cuestión del otro. México: Siglo XXI.



Pandemonium, John Martin, 1841

lunes, 31 de agosto de 2026

Cuando caminaba ayer por calle Salvador Donoso, a la altura de Plaza Victoria, me topé con una amiga ex colega. Iba con su esposo y su pequeño hijo. Me saludó y me presentó ante ellos: "Él es el que escribe", dijo. Enseguida hablamos sobre cuestiones relativas a la pega, para luego despedirnos y continuar nuestro camino en la Calle de la Niñez. "El que escribe", esa fue mi carta de presentación. Así se me reconoce todavía, pese a todo. No creía que en Valpo eso fuese posible aún, pero ahí llegó la amiga a confirmarlo, por mera coincidencia. Seguí andando por la Calle de la Niñez, recorriendo esas anchas veredas repletas de parejas con sus cabros chicos, mientras el epíteto del que escribe era lo único tangible que me acompañaba en ese paseo de domingo por la tarde, rodeado de toda clase de juguetes, de colores chillones y de pompa.

domingo, 30 de agosto de 2026

"Eso" (1990): El ominoso "payaso maldito" de Tim Curry (RIP)

Tim Curry siempre será el “IT original” para nuestro imaginario de horror, el que vino a invadir y a contaminar, con su presencia cósmica, nuestras mentes todavía imberbes, y hay quien dice que la nueva versión del payaso, interpretada por Bill Skarsgard, se ajusta más al diseño concebido por King en su novela, porque se muestra realmente como un ser venido de otro mundo. Sin embargo, el IT de Curry es el más memorable de nuestra generación, pese a no ser exactamente fiel al libro, por algunas cuestiones que conviene profundizar.

En el año 1981, antes de la publicación de la novela, King escribió un ensayo llamado “Danse Macabre”. Ahí aborda el tema de los “puntos de presión de fobia” que consisten en la develación de miedos atávicos arrastrados desde la época de las cavernas, si hablamos en términos de humanidad, o desde la tierna infancia, si nos referimos a la historia individual de cada persona. En el Pennywise de Curry, se aplicaba perfectamente ese mecanismo perverso de la explotación de miedos intrínsecos, como se pudo ver en algunas escenas en donde el payaso maldito jugaba con la mente de los personajes. Además, el aspecto del payaso y su comportamiento se asocia mucho a “lo siniestro”, desde la mirada de Freud, aquello que simula familiaridad, pero que se presenta como algo extraño y retorcido.

Hay un fenómeno en la red, conocido como el “Valle inquietante”, en donde se describe una sensación perturbadora en las personas al reconocer una asimetría, un defecto o un exceso en ciertos rasgos humanoides que no alcanzan a definirse completamente. Quién dudaría que el Pennywise de Curry aplicaba en nosotros esa misma sensación, antes de que se hiciera viral. Y se vuelve todavía más terrorífico, por el simple hecho de que muchos de nosotros lo vimos precisamente cuando éramos unos niños. ¿Habrá sido tal la fuerza interpretativa de Curry, en el papel de Eso, que, por su culpa, cualquier payaso extravagante ya no resulta lo suficientemente espeluznante? ¿O fue su papel en aquella miniserie el que justamente le aplicó un “aura caótica”, sarcástica y ominosa?

Recuerdo mi primer encuentro, como niño en los noventa, con el payaso maldito. Fue en el extinto videoclub Magia de Avenida Pedro Montt. Época prime de los vhs. Había que caminar un pasillo largo, como si se tratara de una especie de portal interdimensional. Al final del pasillo encontrabas la tienda y estaba llenísima de películas en vhs alineadas en muebles y en estructuras que facilitaban su vitrina. En una de ellas, se encontraba la sección de terror. Junto a clásicos como Cuentos de la Cripta o las Caras de la Muerte, la mirada del Pennywise de Curry capturó por completo mi atención. El asombro y la perturbación que sentí en esos momentos fueron genuinos. Mi padre era socio del videoclub, y entre las tantas películas que arrendaba los días sábado, ya no me acuerdo cómo, pero terminamos viendo la miniserie completa en el reproductor vhs de la casa.

Tengo entendido que la miniserie de “Eso”, dirigida por Tommy Lee Wallace, se estrenó en televisión abierta en Chile, por canal 13, en noviembre de 1992, casi en la misma época en que daban Twin Peaks. Yo la vi un tiempo después, y luego se repitió por cable en varias ocasiones. El Pennywise de Curry realmente parecía estar en todas partes y encarnarse allí donde olía el miedo de los niños, su alimento predilecto. Fueron todas estas cosas, sin mayor explicación, desplegadas con unos efectos irreales, las que crearon una atmósfera de pesadilla y las que dotaron de esa aura siniestra al payaso. Había una cierta opacidad en la definición de la imagen de la miniserie y un manejo en la tensión narrativa que le daban a Eso el espacio idóneo para su protagonismo absoluto. Ninguno de nosotros llegó a intuirlo, en ese momento, pero fue nuestro visionado, nuestra perturbación y nuestra inquietud de entonces el que alimentó al monstruo y lo hizo enorme. Bienvenida sea la monstruosidad de Eso, cortesía de Tim Curry, que en “poder” descanse.

sábado, 29 de agosto de 2026

En calle Chacabuco en Valpo está ubicada la empresa Ducasse, una de las pocas especializadas en el área industrial con más de medio siglo de existencia en el país. El apellido Ducasse es también el apellido original del legendario Conde de Lautreamont, poeta "maldito" y decadentista uruguayo del siglo XIX. ¿Simple coincidencia o un simbolismo soterrado, demasiado hermético para su comprensión?

miércoles, 26 de agosto de 2026

El oscuro umbral en Valp-horror

“¿Qué es lo real? ¿Quién me asegura que lo que estamos viviendo, en este momento, es concreto, material?”, sostuvo Sergio Fritz durante la presentación de su libro "El umbral de la Matriz. Relatos porteños de horror cósmico”, en el primer encuentro de “Valp-horror" en el Barrio Puerto, organizado por el Colectivo Chivato. De inmediato, asocié sus palabras a la condición liminal de la ciudad que vela y sigue velando mis pasos errantes. Encontré una respuesta en esa inquietud. Y tocó la ocasión de que Fritz justo se refirió a la placa de la Cueva del Chivato a un costado del “ex Mercurio” quemado y abandonado desde la asonada de octubre. Elegí el incendio del edificio de El Mercurio como el tema para mi proyecto de narrativa de no ficción, tal vez movido por cuestiones que aún no logró dimensionar del todo, y que tienen ese carácter ominoso irreductible al mero razonamiento o al sentido común. Había en esos espacios, como señalaba el “Señor de los Hielos”, un poder atávico, un mito, una zona inefable “donde se entrecruza la ficción con lo que llamamos real”.

¿Cuánto de real y cuánto de ficción hay en la historia sobre ese sector que separaba el puerto del viejo Almendral de Valpo? ¿Cuánto de real y cuánto de ficción había en esa cueva y en el chivato que la habitaba? ¿Qué de relación hay entre esa leyenda porteña y la propia historia del edificio del Mercurio de Valparaíso? Son preguntas que me van surgiendo, a medida que medito sobre el lado oculto de la ciudad, mi ciudad, la única que me sé de memoria. Mientras tanto, seguía escuchando a Fritz y me acordé de su frase enunciada en el contexto del Encuentro de Artes Oscuras: “el puerto es una puerta”. En efecto, Valparaíso tiene esa cualidad liminal, ese umbral, ese portal originario del sector donde se construyó la Iglesia de La Matriz, la más antigua, y desde la cual germinó toda la ciudad como si se tratase de un organismo crepitante, repleto de formas inciertas.

Fritz citó a Thomas Ligotti para hablar de la realidad ortodoxa y la realidad heterodoxa. Esta última, oculta al racionalista, sería aquel plano pesadillesco y de extrañamiento que conspira detrás de lo cotidiano. En Valparaíso, convivirían ambas realidades, pero con un constante arranque de lo heterodoxo que se resiste a su encasillamiento y desafía a todo aquel que pretende fijar una pura mirada, las más de las veces, aséptica y ajena al propio relato profundo de la ciudad, porque cómo era posible que justo afuera algunos pastabaseros de Plaza Echaurren se pusieran a robar, angustiados, en el mismo momento en que Lovecraft velaba nuestro imaginario en esa casona antigua, e incluso durante la misma noche en que se realizaba un festival de Jazz multitudinario en plena calle, a la altura de subida Cumming. El caos orgánico de la ciudad brotaba alegre, ebrio, drogado, en esas disquisiciones, y solo los porteños comprendían el código del umbral maldito sin sucumbir a su exuberancia.

Al rato, después de Fritz, se presentaría otro libro: "Horror en Valparaíso", de Jorge Latrille. Me llamó la atención que la editorial le haya cambiado el nombre original a la obra, que se iba a llamar “Valparaíso, mi horror”, en alusión a la clásica película de Aldo Francia. Hubiera sido genial. De todas formas, el autor proyectó en la sala algunas preguntas que siguen resonando en mi conciencia. “¿Qué lugar de Valparaíso les daría miedo recorrer solos a las tres de la mañana?”. Las respuestas fueron todas muy distintas, porque en la ciudad el miedo se disemina de manera orgánica, sin una jerarquía clara. Algunos señalaron el Barrio Puerto. Otros, la Echaurren. Hubo uno que se refirió a Montedónico o a otros sectores altos de los cerros de Valpo. El propio autor se refirió a lugares como los viejos ascensores, la claustrofobia que encarnaban; las inmensas escaleras que dan a lugares sin salida aparente; las casonas del siglo antepasado que aún se mantienen pese a los continuos desastres y sobre las cuales “penan” ciertas energías densas; las poblaciones numerosas en la zona más alta de los cerros, muchas de ellas con códigos indescifrables incluso para el transeúnte del plan; los recorridos de muchos buses, entre ellos, la mítica “O”, cuyas maniobras eran el terror de cualquier pasajero extranjero o cualquier conductor aficionado. Suma y sigue. Y podría agregar además a ciertos personajes que pululan el sector de Bellavista de noche y que, de un momento a otro, presos de un impulso tanático, de un arranque emocional, se abalanzan contra otros, sus ex parejas o adversarios, a traición. Puro Valp-horror. Lo heterodoxo expresado en un despliegue de violencia emocional. Absurdo conflicto, gritos y sangre dibujando el relieve nocturno del asfalto.

En el miedo, en ese miedo recóndito del puerto, también había un itinerario, una ruta de misterio que tocaba descifrar y recorrer en forma temeraria, con tal de conocer los secretos de esta gran “Tierra Quemada” sin otra fundación que la orfandad. Lo supe varias veces. Había que ser atravesado por el miedo en el puerto para propiciar el sacrificio y reencarnar una nueva visión. Por cierto, Valpo debe ser una de las pocas ciudades en el mundo en la que los Cementerios se construyeron en una parte elevada, a medio camino del Cerro Panteón. Metafóricamente, en Valparaíso los muertos ascienden y son enterrados mirando al cielo. Me extrañó, eso sí, que nadie en la sala haya recordado el famoso sector de la “Calahuala” o “Puertas Negras”, sectores repetidos, en su tiempo, por mi bisuabuela, como sumamente peligrosos. Puede que tengan su cosa heterodoxa, esa cuestión oscura exacerbada por el relato legendario que se ha hecho de ellos. Volveré sobre esos sitios, alguna vez, como quien vuelve a recuperar la sombra de su audacia, porque, se preguntaba Ligotti: “¿Quién no ha detectado la cualidad espectral de las cosas, incluyéndonos a nosotros mismos?”. Valparaíso es eso: una ciudad espectral, y nosotros, los porteños, nos reconocemos en ella.

Es pulento cuando uno de los cabros más chorizos de Cuarto te reconoce como "jefe" y le pone bueno al desarrollo de la prueba. Hay una jerga particular en estos cabros, un código que hay que saber leer. Uno se reencanta, a ratos, con el ejercicio de la profesión, cuando se siente respetado, y cuando sabe que lo que se está haciendo tiene algún sentido más allá del meramente curricular.

lunes, 24 de agosto de 2026

En clases en la mañana, me tocó explicarle al curso el concepto de argumentación dialéctica. Para eso, esbocé en la pizarra dos figuras señaladas por flechas recíprocas. Como a mí me gusta usar el lenguaje no verbal para enseñarles, no me limité a exponer los contenidos por escrito, también les hice algunos gestos con las manos. Levanté la mano izquierda, seguida de la derecha, en un movimiento que imitó, sin quererlo, la performance que muchos de los chiquillos han estado repitiendo últimamente. “¿Está farmeando aura, profe?”, preguntó un cabro de adelante. “¿Por qué?”, le contesté. “por cómo hace”, dijo el mismo cabro, entonces hizo ese típico movimiento de manos con las palmas hacia arriba. Algunos de sus amigos rieron al unísono, y comenzaron a imitarlo. Pronto, lo que era una sencilla representación quinésica del ejercicio dialéctico de un debate, se transformó en un masivo “farmeo de aura” en plena clase de lenguaje. No hacían faltan las palabras ni los silogismos, solo bastó ese juego en que se disputan, de manera desenfadada, ciertos gestos y apariencias, con tal de proyectar confianza o estilo. Lo asocié de inmediato a la famosa aura benjaminiana, al referirse a la presencia única y auténtica de una obra de arte, en la época de su reproductibilidad técnica. Lo que tiene de irrepetible: eso sería el aura de la obra. Incluso hay una cita de un tal Alois M. Haas, filósofo alemán, que habla de lo “áurico” para señalar esa presencia inefable relacionada con la experiencia mística en el arte y en la cultura. No sé hasta qué punto este “farmeo de aura” tenga que ver con el concepto de aura de Walter Benjamin o con el aura contemplativa de Haas. De hecho, pienso que no tienen nada que ver, en estricto rigor, pero ha sido este desafío absurdo el que, al menos, le ha permitido a los cabros abrirse a la posibilidad de la existencia de ese no sé qué, ese algo intangible, muy similar a la idea de “tener ángel” para reflejar carisma y encanto natural, aunque sea esta, en el fondo, una metáfora de la acumulación y del prestigio exógeno. “Buen farmeo de aura, profe”, repitió, al final de la clase, el alumno que comenzó la talla, pese a no entender nada de lo que lo le enseñé con respecto a la capacidad argumentativa. Desde ese momento, supe que el aura podría determinar incluso el éxito de una clase y hasta la acogida con el grupo curso. Quien aprendió a “farmear el aura” podría proyectarla con soltura, porque el aura se manifiesta en el estilo, y el estilo mismo puede volverse un destino.

domingo, 23 de agosto de 2026

Farmeando el aura poética

Tres poemas con referencias al aura, en una resonancia poética con la moda del momento. Distintas recreaciones del aura en un poema de Nuestra Imbatible Soledad y en dos poemas del imaginario gragkiano:


Que no absorban tu aura


Brilla y apágate, me decías, cuando nuestras vidas orbitaban

En torno a una cándida florescencia de la memoria.

En un exquisito error de cálculo crecimos uno con el otro

cuando ya éramos vértices extraviados en la esfera de lo desconocido.


Libres de raíces y de mitos volvemos a teñir nuestra sangre

Demostrando que fluimos a través de aguas huérfanas y seculares

Demostrando que los desiertos de nuestro espíritu

Esconden jardines interiores, que brotarán

Una vez las luces de nuestros padres desaparezcan,

Haciendo de nosotros fantasmas que pululan en dimensiones embrionarias

Mientras buscamos, ciegos de virtud, nuevas máscaras que adoptar,

Nuevos corazones que palpitar.


El mundo real y su sombra omnívora

No dejes que absorban lo más verde de ti misma.


Y una vez que me apagas es cuando soplas en mi rostro para escarbar

Las cáscaras de ti misma en mí,


Y prefieres encarnar tus intocables caprichos como en una manía del origen,

pero nunca serás fruto sin haber sido raíz.


Y que no absorban lo más verde de ti misma

que no absorban tu aura.



2008






Atrapa musas [elegía]


Lleno del aura brava de la noche

raíces en el suelo crecen como garras

Los tallos de beldad se diluyen en sangre

y su presencia se vuelve informe.



Invisible a los ojos, duele en el corazón

el llanto de las ninfas amarga sus mieles.



El ángel del precipicio

como me hizo nombrar el altisonante

me llama a explotar mi talante

me llama a socavar ventanas y furias.



Esparciendo los dotes de las parcas

exigente hasta la locura, arrojo mi nebulosa

entre fiestas y credos paganos.



Viejos amores entre mis brazos

imitando la moda del destino

entierro lo anodino de sus pesadillas

y las filtro entre razones seculares.



Calladas en su sed planetaria

nutren al insecto interior

el estado larvario de su propio temor.

El futuro es una excusa

y para vírgenes de recónditas matrices

el tesoro y pretensión de su circular vida.



El viñedo que invita a ahogar la tristeza

lo que mejor se ahoga es la palidez profunda

de apostar por tierra y desencadenar un mundo

un tumulto de fuego e inocencia.



Lo que tendría que ahogarse

es la esperanza de la inspiración

que no es sino la libido de vísceras al aire

y manía poética de ser la nada misma.



Y de pronto me vuelvo hueso

un roído hueso que añora ser carne

que quiebra por alcanzar el cielo.



Lleno del aura brava de la noche

raíces en el suelo como manos sórdidas

y la única excusa para crear y para amar

es que la musa muere

como poema en la hoja.




2008





Noche globular


Noche globular, surcando el vector de las estrellas.

El monstruo cotidiano, un intruso que incinera,

ya viene sigiloso para hacer víspera,

de lo que puede desalentar sin oxígeno,

claro, sin membranas automáticas

para la transmisión de un pulcro obsequio

en días de visión fotofóbica.



Entes de porcelana, furia concentrada

la mesa ya está lista, la vela ya está puesta.



Tómate todo antes que enfríe,

tómate todo antes que enfríe.



Hoy, reprimido, cámara de Locus Amoenus,

cada plato no fue roto,

cada espacio no fue digerido.



Me abastezco de agujas dolorosas

y así me permito paliar el karma de la rutina.



Entonces cargo plenamente con:

Los utensilios de la sutura doméstica,

el origen consuetudinario de mi manía.



Noche globular, la avidez artificial,

los poros sometidos, traviesos y febriles.

Evitas que tu azul y deliciosa aura

se envuelva hacia mi envoltorio de lociones,

y rehúsas mascullando la orgía a tu alrededor.



¡Despierta! a tu lado, un glorioso plato de sopa,

mientras imploras incolora de jugo y pistilos.

Ahora báñate en tenebroso polen estival.

Haz de ti un haz de alergia sustancial, abundante, potente.

Que no se vea, por favor, el gas histérico de tu trivialidad,

que no se vea como te estoy aprovechando,

el gas extinto después que pases a ser

nada más que maravilla dérmica.

Apenas degustando los restos,

y la casa como una ígnea flor abierta,

hecha la cuna del Sol negro.



El vector de las estrellas,

en espera de lo que sería

la soberbia dilatación de tus horizontes

y también cuentan para el menú,

las auras flemáticas, dietéticas

como tú, ahora, en esta globular noche.



Recuerda:

Tómate todo antes que enfríe,

tómate todo antes que enfríe.




2007

Valparaíso se convierte en el tablero de ajedrez de un thriller noir retrofuturista steampunk

Las cinco plagas” nos sitúa en una versión ucrónica y retrofuturista de Chile. Janus, busca refugio en su mansión de invierno en Valparaíso para intentar acallar sus propios demonios, pero el horror golpea directamente a su puerta, dado que su novia es abducida y las reglas del enemigo son brutales: es su vida a cambio de la de ella. “A partir de allí, la película se transforma en una frenética partida de ajedrez, donde las calles del puerto son los escaques o casillas del tablero. Es una lucha descarnada de inteligencia entre dos archienemigos”, detalló Talarico.

El universo de la película destaca por una fauna de personajes fascinantes y siniestros, como los son los doctores de la gran plaga; asesinos seriales del pasado inspirados en mitos locales como Émile Dubois; videntes que leen el destino entre las sombras; e inspectores de la Interpol que parecen cazar fantasmas, entre otros".

jueves, 20 de agosto de 2026

Con un colega nos pusimos a conversar seriamente respecto del sueldo docente y el cálculo del valor hora cronológica. ¿Cómo es posible que nos paguen un cuarto de lo que realmente deberíamos ganar al mes? ¿Por qué el cálculo se realiza solo contemplando las horas trabajadas a la semana? El colega buscó en chat gpt que eso está definido legalmente por el Estatuto Docente, sin apelación, pero concordamos en que se trata de algo injusto. Al no existir argumentos razonables para justificar estas medidas, revelamos lo que, en definitiva, se trata de una estafa piramidal a gran escala. "Si se les explicara a todos los estudiantes de pedagogía que en el mercado laboral docente van a recibir, por ley, un cuarto de lo que en realidad deberían ganar, ¿Crees que aumentaría la dotación de profesores? ¿Cómo explicas el alto abandono del sistema? Solo sé que la matrícula bajaría de manera drástica. En cualquier otra profesión, esto sería un escándalo", agregó el colega, siguiendo la consecuencia última de este razonamiento. No me quedó otra que asentir. En efecto, seguimos trabajando, a sabiendas de que todo está mal. "Ya compa, no lo molesto más. Lo dejo tranquilo. En este momento voy a ir a buscar mi billetito de Arturo Prat", dijo, mientras se preparaba para ir a hacer la última clase del día, haciendo un gesto con el dedo en el que simulaba tomar un billete de diez lucas.