viernes, 8 de mayo de 2026

Volvió a circular una noticia sobre el hallazgo de la supuesta "única novela de Borges", en una biblioteca de Ginebra, cuestión que de por sí constituye una especie de oxímoron o de invención apócrifa, muy borgeana, por lo demás. Se trataría de la obra "Los engaños de Almotásim", manuscrito que habría permanecido durante años oculto en medio de un tomo de una saga islandesa llamada La Saga de los Embusteros de un tal Gisli Surssonar. Qué irónico. Muchos se preguntaron cómo Borges consiguió ocultarle ese manuscrito a María Kodama por tantos años; otros afirmaron que perfectamente pudo haber escrito esa novela en la década del 50, pese a haber aborrecido su forma, porque un ferviente lector y admirador de Conrad, Stevenson y Kipling no podía quedarse sin escribir una obra de largo aliento. Lo cierto es que, detrás de este embrollo, está la existencia del cuento "El acercamiento a Almotásim", el cual fue publicado en 1936 en el libro Historia de la eternidad y luego en el clásico Ficciones. Allí, en ese cuento, el narrador describe precisamente un libro que no existe y sigue en la búsqueda de una figura divina. La referencia imposible de sus tantísimas lecturas vuelve a mostrarnos por qué Borges sigue siendo el maestro de los laberintos, y nosotros mismos, solo otros nombres en su enciclopedia inacabada.