jueves, 16 de abril de 2026

Se dice que el abogado de Flaubert, Jules Sénard, le evitó la cárcel al novelista, luego de convencer al juez de que el narrador de Madame Bovary era alguien muy distinto a su autor. Esa misma explicación tan simple que podemos enseñar tranquilamente en una clase de literatura a unos cabros de media, salvó una vida en el pasado, y sentó, a su vez, un precedente canónico. Era una época en que aún existían "juicios literarios", una época en que los casos judiciales, pese a su absurdo, o precisamente por eso, gozaban todavía de cierta "elegancia". Hoy dudo que pueda llegarse a procesar a a ningún escritor por la obscenidad de su obra, dependiendo de la legislación, claro está, no porque no existan obras con carácter subversivo, sino porque lo literario ha perdido su impacto original, porque lo obsceno se ha vuelto un gusto adquirido de masas, y porque el mismo sistema se ha vuelto más enrevesado e impenetrable que cualquier producto de la imaginación.

En el ramo de Narrativa de ficción, leímos a Shirley Jackson y su conferencia. Decía que "una de las cosas más prácticas de ser escritor es que no se desaprovecha nada; cualquier experiencia sirve para algo; tiendes a verlo todo como una estructura potencial de palabras". De ser así, cada cuestión vivida podría tornarse una historia si se trabaja sobre ella narrativamente. Ella lo mencionaba a propósito de los relatos de ficción, pero esa misma cualidad podría proyectarse incluso a textos como la crónica, el diario, la biografía, en donde el cruce ya ha dado a luz una auténtica marea de creaciones híbridas, a medio camino entre lo referencial y lo imaginario, y es que durante la clase se discutía ese límite, porque, en el fondo, el narrador es también, de suyo, un "artificio", más que un artífice. Shirley Jackson agregaba, en la conferencia, que la "despensa" de su mente podía albergar cientos de ideas que algún día podría llegar a usar en alguna de sus obras. Esa condición material de la experiencia vuelve a la escritura una cuestión palpable, maleable, tarea de almacenador y manipulador. Los hechos pasan por un cedazo riguroso y adquieren un relieve distinto al conocido. Adquieren un extrañamiento y una resonancia imprevista ante los sentidos del incauto. Por eso, quien aguza ese sentido puede llegar a concebir el potencial narrativo de cada suceso, siempre y cuando su vibración literaria sea lo suficientemente abarcadora como para expandirse más allá de los márgenes.