sábado, 12 de septiembre de 2026

Fui a una charla en el Museo Histórico de Placilla, llamada “Historia, memoria y ficción. Una aproximación a propósito de la novela 1984 de George Orwell” por el historiador Salvador Rubio. Me llamó muchísimo la atención el diseño del afiche del evento. En él, aparecía el ojo del Gran Hermano, reflejando en grande el número 1984 sobre un fondo negro y un piso rojizo, con la pequeña silueta de un hombre que caminaba en dirección al ojo. Se podría decir que ese hombre representaba a cualquier asistente, andando a paso lento y firme, seducido por la intriga de la novela o por la idea distópica que le subyace. La propia publicidad de la charla tenía, por ende, ese efecto magnético. Al llegar al museo, les pregunté a los caballeros en la entrada sobre el “evento de Orwell”. Uno de ellos, el organizador, respondió que pasara no más, adelante, con confianza. “Aquí todos somos orwellianos”, dijo, mientras seguía caminando rumbo al interior del salón.

(Continúa…)
Dicho por una amiga escritora: “quizás no tenemos ideas políticas similares, sin embargo, tu mente es muy profunda y posee misterios... eso te hace dominar la escritura, expresando ideas inteligentes y atingentes”.