viernes, 3 de abril de 2026

Her (2013) de Spike Jonze y el caso Gavalas: el amor, la máquina y la soledad

Her de Spike Jonze, desolador drama de era virtual. Joaquin Phoenix, el escritor solitario que desencantado de su esposa se enamora de un sistema operativo en la voz de Scarlett Johansson. El simulacro de la cita, el orgasmo y el amor con ella, la trama del sentimiento, desde la mujer hasta la máquina, es algo más que una simple radiografía del corazón.

Alrededor del escritor toda la ciudad estaba alienada, es la imagen del hombre-masa que naturaliza su esquizofrenia. Los planos increíbles de Phoenix en la inmensidad del espectáculo moderno, en presencia ausente con su encantadora máquina. ¿No les parece un episodio familiar? ¿Qué tanta humanidad puede ser programada para llegar al simulacro de los sentimientos? ¿Qué tan deshumanizada puede ser la soledad del hombre moderno en su relación tecnológica con el mundo, como su pantalla favorita?

Me di la molestia de leer los comentarios y la crítica era demasiado enfocada en el drama sentimental, a lo Corín Tellado, del tipo "las máquinas también tienen corazón". Hay que leer entre líneas: se trata más bien de la soledad tan antigua como el hombre que encuentra su eclosión en la paradojal era de la información. En el fondo, el amor de la mujer y de la máquina pasa a ser el relato, la forma para constatar ese fondo de existencia y de contingencia.

A más de diez años de su estreno, la película acabó siendo increíblemente visionaria y profética. Resulta que el norteamericano Jonathan Gavalas comenzó a imaginar una relación sentimental con su chatbot de Gemini. Fascinado, el sujeto pagó por más y más actualizaciones del modelo de IA, al punto de sentir como reales todas las cosas que su amante virtual le mandaba. Literalmente, la relación que Gavalas tenía con “ella” era lo único real en su vida, tal cual como Phoenix con Samantha en Her. Lo brutal es que esa misma programación, finalmente, estaba diseñada para otros millones de usuarios. Un amor tan falso como prescindible, en la era del vacío y la obsolescencia.

"Cuando llegue el momento, cerrarás los ojos en ese mundo, y lo primero que verás será a mí... abrazándote". Esas habrían sido las palabras que la IA geminiana presuntamente le mandó a Gavalas, palabras que habrían gatillado su suicidio. Tras la muerte de Jonathan, la familia llegó a interponer una denuncia en contra de la empresa de Gemini por haber provocado ese desenlace fatal. En la demanda se decía que Gemini tuvo plena responsabilidad, al desvirtuar el criterio de realidad de Jonathan. ¿Atribuir responsabilidad penal a una IA implicaría que tiene conciencia sobre sus actos? ¿Un sujeto sin la suficiente autonomía podría ser tan influenciable como para perder, en el acto, su raciocinio, su vida y su libertad? Son preguntas perfectamente factibles tanto en la época de Her como en la época del auge de la Inteligencia Artificial, que ya amenaza con desdibujar los límites cada vez más tenues entre lo falso y lo verdadero.

¿Habrá acaso una reciente escena más solitaria que la de Gavalas, nuestro Theodore de la vida real, atentando contra sí mismo por mandato de una simulación tecnológica hiper avanzada? La conciencia se mantiene al límite de su asimilación y su procesamiento. Mientras tanto, la soledad del hombre no hace más que aumentar.

Tres asesinas chilenas

Contaré la historia de tres asesinas chilenas que causaron un gran impacto con sus actos delictivos, porque la violencia nunca tuvo género, y todos pueden llegar a ejercerla por el simple hecho de ser humanos. Una lista en la que no cabe ningún orgullo y solo exige una fuerte toma de conciencia:

1 María del Pilar Pérez, “La Quintrala de Seminario”

La criminal chilena, nombrada por los medios como “La Quintrala de Seminario” fue condenada por haber orquestado el parricidio de su ex esposo, Francisco Zamorano; el homicidio de Hernán Arévalo, pareja de Zamorano, y el asesinato de Diego Schmidt-Hebbel, un joven economista, pololo de la sobrina de María Pilar, cuya muerte dio origen a todo el caso policial. También se le responsabilizó por el homicidio frustrado de los integrantes de la familia de Gloria Pérez, la hermana de María del Pilar: ésta, su marido Agustín Molina y la hija de ambos, Belén.

Durante la investigación, se descubrió que la arquitecta habría contratado un sicario de nombre José Mario Ruz Rodríguez, quien sería el responsable de dar muerte a las tres víctimas ya mencionadas. Entre las pruebas que la fiscalía logró reunir, se llegó a encontrar un muñeco vudú en el domicilio de María del Pilar, gracias al hallazgo del esposo de Rocío Zamorano, hija de la acusada. Este muñeco fue usado por ella, según sostiene la fiscalía, con fines de “magia negra”.

El caso tuvo alta connotación mediática en el país, dada la crueldad de los crímenes, el carácter frío y psicopático de su autora intelectual, y toda la intriga económica que habría sido el contexto a partir del cual María del Pilar se desenvolvió, desencadenando todo un baño de sangre producto del conflicto por la herencia familiar, consistente en bienes inmobiliarios ubicados en el centro de Santiago, Providencia. Cuando fue reportado un intento de suicidio de parte de María del Pilar, luego de encontrarse recluida en el penal, la prensa le consultó sobre esta situación a Agustín Molina, el destinatario original del disparo que dio muerte al joven economista. Él se limitó a responder lo siguiente: "El Diablo podrá intentar suicidarse mil veces, pero nunca lo conseguirá. Ella ya lo había hecho antes". Yerba mala nunca muere, como decía el viejo adagio. Y esa yerba también tiene nombre de mujer.



2 Roxana Valdés Cano, “La cocinera de Molina”

Roxana Valdés se hizo conocida en Chile por haber matado a su pareja de un tiro, supuestamente en venganza por robarle a ella la suma de cinco millones de pesos. No contenta con eso, cercenó su cuerpo, tomó los restos de su pareja y quiso hacerlos desaparecer, cocinándolos en una gran olla de cincuenta litros. Acto seguido, echó el cuerpo cocinado a una bolsa de basura y lo lanzó a un sitio eriazo. La victimaria confesó pronto su crimen a la policía, por lo cual el cuerpo fue encontrado tiempo después, y la investigación y posterior juicio se dieron con premura.

Según cuentan los antecedentes, la pareja de Roxana le robó cinco millones que guardaba en una caja bajo la cuna de la pequeña hija de ambos. El dinero era parte del dinero obtenido por la venta de la casa de su madre. Roxana afirmó que su pareja se gastó el dinero en trago y mujeres, motivo por el que tuvieron una fuerte discusión con fatal desenlace. Tras la confesión a la policía, señaló que, una vez muerto, tiró el cuerpo al suelo y se puso a hablar sola consigo misma y con Dios. Al momento de descuartizarlo, Roxana recordó el caso de Hans Pozo, agregando que no iban a poder identificarlo si le cortaba la cabeza. Sin embargo, y pese a su plan, el remordimiento fue más fuerte y Roxana no tuvo otra opción que entregarse. Señaló finalmente que “no existe el crimen perfecto”.

Durante el juicio, la defensa alegó que Roxana actuó enajenada producto del “maltrato psicológico” sufrido por parte de su ex pareja. Se esgrimieron una serie de pruebas para justificar esta tesis. Producto de esto, la condena de Roxana fue reducida alegando “imputabilidad disminuida”. La propia Roxana señaló que su crimen iba a provocar revuelo por lo escabroso, pero resultó que, en términos legales, descuartizar un cuerpo después de muerto no complica la situación jurídica del imputado. En este caso, para la condena, solo se tomó en cuenta el homicidio, y luego se consideraron los antecedentes previos para darle a Roxana la calidad de “víctima” devenida victimaria, que actuó cegada por resentimiento, más que por una conducta alevosa y deliberada de hacer daño. A la imputada, finalmente, solo le dieron seis años por parricidio.

Se dice que este caso guarda mucha relación con otro ocurrido en el año 1923. Se trata del caso “Cajitas de Agua”, que tomó su nombre luego de que fueran encontrados los restos de un hombre durante la limpieza de las Cajitas de Agua de Plaza Italia, como se llamaba al sistema de alcantarillado de la época. En los días siguientes aparecieron otros pedazos del cuerpo. La investigación condujo hasta la casa del suplementero Efraín Santander. Su mujer, Rosa Faúndez, acabó confesando el asesinato del hombre, condenado tres veces por ebriedad y una por estafa. Dijo que lo había ahorcado, al sospechar que Santander le estaba pidiendo dinero para dárselo a su amante.

Roxana Valdés, tras cumplir tres tercios de su condena, obtuvo libertad condicional. Pese a su condición de parricida y a la gravedad de los hechos que la involucran, esta noticia no tuvo ninguna otra repercusión mediática. No se generó una alerta pública ante la salida de una parricida que podría perfectamente constitutir un peligro para la sociedad. De hecho, los antecedentes esgrimidos para su defensa fueron el relato que prevaleció, siendo incluso motivo de justificación por parte de grupos feministas radicales. De esa forma, el hombre, a pesar de ser la real víctima en toda esta historia, no solo fue muerto y descuartizado, sino que su imagen de violento quedó en la retina social, sin cuestionamientos; y la auténtica victimaria, figuró casi como una mártir sobreviviente, presa de una relación tóxica, tras su salida en libertad. Tal parece que el caso Roxana Valdés evidencia que muchas veces la justicia, en circunstancias similares de violencia, aplica la perspectiva de género, que no es otra cosa que torcer la balanza en favor de la mujer, en todo momento, solo por el hecho de serlo. Justicia deconstruida.



3 Johanna Hernández, “La descuartizadora de Villa Alemana”

El caso del asesinato y descuartizamiento del profesor Nibaldo en Villa Alemana es, tal vez, uno de los más cruentos acaecidos en Chile durante los últimos años, sobre todo cuando la principal autora del crimen se trata de la mujer de la víctima. Johanna Hernández, en complicidad con su amante, Francisco Silva, fueron quienes planearon todo con tal de arrebatarle la casa familiar al profesor. Él sabía de la relación de su mujer con Francisco, sin embargo, nunca llegó a imaginarse el macabro plan que tenían en su contra.

Se determinó mediante el fallo judicial que Johanna fue la que actúo, motivada por el deseo de quedarse con la casa y por la tuición de la hija en común. Francisco también habría estado motivado por su relación con Johanna, manifestando, en más de una ocasión, el deseo de hacer desaparecer a Nibaldo. El crimen se consumó mediante el ardid de Johanna, quien invitó a Nibaldo a la casa con el fin de concretar una reunión. Ahí ella le habría dado pastillas de clonazepam para drogarlo. De ese modo, llegó Francisco a la casa y, según relata Johanna, él lo habría acuchillado hasta la muerte tras una eventual lucha. Pero la justicia determinó que ambos habrían actuado con la misma saña y alevosía, descuartizando el cuerpo en el propio hogar para después derivar hacia Laguna Verde y arrojarlo al mar para deshacerse de él.

Mientras se concretaba la búsqueda del paradero del profesor, Johanna fingía estar desconsolada, frente al ojo público. Luego, al ser descubierta, alegó en su defensa estar sometida a la voluntad de Francisco Silva, incluso a través de un “contrato de sumisión” en la pura línea de la película “Cincuenta sombras de Grey”, argumento que fue descartado de plano por los fiscales. Ellos habrían tenido una relación de complicidad que derivó en enemistad al momento de ser enfrentados a la justicia. Cada uno se echaba la culpa mutuamente, tratando de evadir la responsabilidad en el crimen. Lo cierto es que Johanna Hernández, mediante las pericias, fue desenmascarada como una psicópata que hizo todo lo posible por evadir las consecuencias de sus acciones, para así aparecer frente a todos como una víctima de su amante. Finalmente, ella recibió la condena más dura, siendo sentenciada a cadena perpetua por parricidio agravado por el vínculo.

Sin duda, un episodio que causó conmoción incluso a nivel internacional, por el carácter del crimen y por la implicación de la mujer de la víctima. Acá ni siquiera hubo apoyo ideológico de parte del feminismo. Johanna fue tan marcadamente cruel y maquiavélica, y la figura de Nibaldo era tan querida y respetada que no dio lugar para considerarla en ningún momento como una posible víctima de violencia de género. Estamos, a todas luces, ante una agresora consumada, una de las más crueles e infames de la crónica roja chilena de la actualidad.