lunes, 31 de agosto de 2026

Cuando caminaba ayer por calle Salvador Donoso, a la altura de Plaza Victoria, me topé con una amiga ex colega. Iba con su esposo y su pequeño hijo. Me saludó y me presentó ante ellos: "Él es el que escribe", dijo. Enseguida hablamos sobre cuestiones relativas a la pega, para luego despedirnos y continuar nuestro camino en la Calle de la Niñez. "El que escribe", esa fue mi carta de presentación. Así se me reconoce todavía, pese a todo. No creía que en Valpo eso fuese posible aún, pero ahí llegó la amiga a confirmarlo, por mera coincidencia. Seguí andando por la Calle de la Niñez, recorriendo esas anchas veredas repletas de parejas con sus cabros chicos, mientras el epíteto del que escribe era lo único tangible que me acompañaba en ese paseo de domingo por la tarde, rodeado de toda clase de juguetes, de colores chillones y de pompa.