Hay algunos que hablan de una "reinvención del cine de terror tradicional" tras los fenómenos exitosos de Obsession y Backrooms, ambas películas creadas por youtubers. Me vi las dos, y no resulta para nada exagerado decir que están revolucionando la manera de entender el terror en el cine, muy estancado en viejos tópicos y en efectismos hollywoodenses. Ya hablé en extenso sobre Backrooms y creo que su principal acierto viene del hecho de haberse creado en base a un universo previo, el cual remite al llamado "creepypasta" de los cuartos traseros infinitos. La fórmula ya estaba cocinada, y alimentada por una multitud de usuarios con mucha imaginación y paranoia, solo era cosa de proyectarla en un largometraje y desplegar el escenario ominoso en la mente de los espectadores. En cuanto a Obsessión, pienso que su éxito radicó en la novedad de su premisa y en el cómo fue ejecutada. Básicamente, se trata de las consecuencias fatales de pedir un deseo llevado hasta el extremo. Y todo ello, aplicado a una realidad muy poco explorada: la realidad de los amores no correspondidos, la toxicidad humana que deviene de ellos. Tanto en Backrooms como en Obsession, los personajes se ven enfrentados a sus sombras por motivos intrínsecos, y el factor extraño (de corte fantástico o paranormal) es solo el gatillante de algo perturbador que ya llevaban dentro y que únicamente se manifestó allá afuera, obligándolos a confrontarse consigo mismos. Backrooms y Obsession triunfaron en su despliegue de terror precisamente por estos motivos, y me atrevería a decir que hicieron propia algunas de las intuiciones del maestro del terror cósmico: el mismísimo Lovecraft, cuando decía que: "ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad". En efecto, uno de los peores miedos es acabar desconociéndose a uno mismo y perder de pronto el control sobre aquello que creías seguro. El miedo como emoción primitiva siempre estuvo ahí, desde los albores de la humanidad, y lo seguirá estando, hasta el final de los tiempos. Solo hizo falta nuevas formas de invocarlo, más eficaces y resonantes.
miércoles, 17 de junio de 2026
Réplica a comentario de Nibaldo Acero: es, en realidad, la hipocresía la que opera. Aun en el fracaso se esconde un sino trágico, en el sentido clásico de la palabra, es decir, de catarsis y de nobleza. En el arribismo chileno ni se ve esto, es solo la mona vestida de seda, la mediocridad que pende del hilo de un ascenso social, como si fuese una especie de prozac ideológico para recomenzar la rueda: he ahí Sísifo. El sentido trágico sería un purgante a su sacrificio laboral, en fin.
...
Buenos comentarios salieron de aquel estado, con el profe Nibaldo Acero, quien dictó una cátedra sobre Bolaño en la Católica para un ramo optativo. Se dio una conversación tan fluida que hasta me citó en su tesis doctoral, luego de tomar prestado el concepto de "po-ética" que usé para un ensayo reflexivo en aquella cátedra. Tiempo después, me eliminó sin réplica de sus redes, como tantos otros del medio literario. Todavía no sé por qué. Supongo que por alguna diferencia o por burdo rechazo mediado por desconocimiento. En fin. Muchas simpatías empezaron así, virtuosas en la superficie, pero frágiles en lo profundo, sin apañe real, sin sustancia. Se revelaron como lo que son. Lo bueno que en eso mismo hay material para seguir escribiendo, de manera salvaje, sin contemplaciones. Como dijera el propio Bolaño: "Esto es lo que aprendí de la literatura chilena. Nada pidas que nada se te dará. No te enfermes que nadie te ayudará. No pidas entrar en ninguna antología que tu nombre siempre se ocultará. No luches que siempre serás vencido".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)