miércoles, 6 de mayo de 2026

Satán Trujamán (poema)

Poema del imaginario gragkiano. Escrito en 2006 aproximadamente. De la colección "El show de la Kronikodelia":



Madre, estamos sudando

Y yacemos en la cuna del sudor

Y el pez gordo cae en Oriente por el sudor

Y fuimos todos hechos para sudar.



Cuando la concupiscencia encarna al mundo

Él nos mira agitados

Y nos mira divididos.



WWW, tres signos

Tres letras

Tres números

Tres…



WWW, tres exudaciones

Tres símbolos de vida

Tres símbolos de muerte

Tres

Tres

Prepárate a elegir.
De regreso a la escritura y al dibujo a mano y en papel, recupero el pulso orgánico de aquellos años adolescentes, la íntima relación de la mano nerviosa con la hoja de cuaderno iluminada escasamente y mediada por el encierro. Lo que se escribía y lo que se imaginaba ahí tenía un arranque más desbordado. He procurado siempre seguir creando a mano para luego editarlo en procesador de textos, recuperar la energía de aquel tiempo para incorporarle la mayor experiencia y conocimiento del presente. De esa manera, lo allí expuesto se siente más vivo, irreductible, sin perder el estilo.

lunes, 4 de mayo de 2026

Megadeth en Chile en su gira de despedida This Was Our Life. Escucho In My Darkest hour en la soledad de la pieza, de nuevo, como en aquellos tiempos adolescentes. Ya de grande, la letra adquiere otra dimensión: mi hora más oscura aún no acaba.
Leo sobre la necesidad de la búsqueda esotérica y asocio esa necesidad a mis propias inquietudes. ¿Por qué, por ejemplo, indagar en el esclarecimiento de la verdad detrás del incendio de El Mercurio de Valparaíso? ¿Qué hay allí que resuena en mi interior y me empuja a seguir buscando causas, testigos, responsabilidades? ¿Algo que yo mismo he perdido y que insisto en recuperar? ¿Un fuego aún consumiéndose por dentro? ¿Una cosa irrecuperable de aquella época? En la pregunta por el porqué radica la conciencia sobre mis próximos pasos. ¿Qué intención reverbera en el fondo? ¿Por qué insistir en lo oculto?

domingo, 3 de mayo de 2026

Antes de la palabra (Florentín Smarandache)

En las cuerdas del lenguaje de fuego

Nos derretimos como una guitarra, sonoros

Las letras en los breviarios florecen

Y nos desvanecemos vivos entre páginas altas

Las quimeras vienen a nosotros, como ejércitos

Como heridas domésticas en el fluido del alma

El sueño se estrella en dulce olvido

como la madera sobre brasas

En símbolos expandimos el poema

Y lo encogemos, y la metáfora

abre una ventana que el Sol invade

La carta deposita su vida en el papel

Ideas que parecen inspiradas por nuestra madre

Imágenes verticales, iluminadas en su parte superior

Como los nombres eléctricos de las empresas

Versos azules como la hora

atacados por el silencio

y derrotados por los gritos

Con blancos murmullos de primaveras

O brotes vespertinos

¿Cómo puedo curar mi comienzo

De muchas grandes cosas

Cuando todo lo que digo me parece

Que otros ya lo han dicho antes?

Vivo en muchos lugares, y más a la vez

Al mismo tiempo, y cada verso que dejo

Una vida mía solamente, una sola vida

Las tumbas serán, para mí, la distancia

¡Ataúdes: lo infinito!

Como el pájaro en su vuelo

¡Extendamos el arco de la tierna poesía!

¡Y su arco, inclinémoslo hacia

El blanco móvil de la eternidad!


Círculos de luz, 1992

Blogs not dead

Pablo Makovsky: ¿Por qué seguir sosteniendo un blog en tiempos de redes sociales?
Porque los blogs están derrotados y las redes sociales son una pandemia mucho más letal que la del Covid. Es como en el film Invasión, de Hugo Santiago, cuando el héroe que interpreta Lautaro Murúa pregunta al líder si vale la pena pelear una guerra contra una ciudad que no quiere defenderse y el patriarca le responde: “Una ciudad es más que la gente”. Sólo que acá hay que reemplazar “ciudad” por “web”: la web, aunque sus antiguos usuarios estén esclavizados scrolleando, es más que la gente.

jueves, 30 de abril de 2026

El descenso de Zos

Poema del imaginario gragkiano, que forma parte de nueva colección llamada "El código Kia".


“Desde la infancia, nunca he negado mi invencible propósito. Oh, vigilante silencioso, ojo del Universo que no duerme, ¡vigila el inicio de todas mis ideas!”


Austin Osman Spare


¿Quiénes han osado anclarme a la dualidad?

¿Quiénes han hecho de mí un siervo del falso Dios

Deseo encadenado, pueril pulsión de muerte?

Ellos no conocen el principio que subyace al misterio

La piel fundida tras las encantaciones

El tampoco es la chispa que suspende la pugna

Que destraba la hipnosis del porvenir

¿Quiénes me inducen al trance de lo real

Con todo su cruento sarcasmo y carnicería?

Yo solo deseo conducirme por el camino que siempre me he conducido

Y que me ha llevado más allá del punto al cual no pretendo volver

Yo solo deseo sin otro significante que mi propio camino incierto

Hago llegar mi megáfono solista ante las antenas del mundo

Con toda su modernidad estertórea

Y polemizo de nuevo mi ser ventrílocuo rumbo a la caverna

La única caverna, la caverna de adentro

donde no corren máquinas ni mecanismos enajenantes

Solo el éxtasis de saberse inducido por lo ominoso

Entre puntas de cristales que caen desde todos lados

Me regocijo en la pérdida progresiva de los apegos

Y miro a través de una filmografía bizarra

Las sombras que sobresalen de los monolitos

Las ausencias que fornican a espaldas de sus huéspedes

Juro haberte visto entre tales imágenes y sombras

pero no reconocí nada más que un reflejo opaco

¿Es ese el tampoco del que hablaba el mago oscuro?

¿Tendré que negarme a mí mismo

Negarlo todo una y otra vez

Negar esta misma negación

Negar el principio y el final de lo que pudo ser

Negar la caverna en la que me perdí

Creyendo encontrar una respuesta

Negar la experiencia del choque en el asfalto

Y el golpe sanguinario de la decepción

El amor prostituido, la violencia poética?

Toda ella es mi constante opuesto a los opuestos

La búsqueda perenne acaba siendo esa incansable negación

De la burlesca apariencia, de la esencia travestida

la feria del ying yang que me obliga a desechar y recibir

la leche podrida derramada sobre mujeres que ya no existen

sino como fósiles en la memoria del corazón

o que todavía existen para perpetuar el ciclo venenoso

solo como figuraciones de la propia caverna

proyecciones más o menos encantadoras del ego sensible

Es tal ese principio negador, ese tampoco mágico

Es tal el miembro que inhibe al flemático

que combate al tirano exterior y procura al demonio interior

que resguarda al yo cual diamante negro

¿Será esa negación toda la poesía posible?

¿Será posible la poesía en esa negación?

Mientras tanto, caigo hondo en lo profundo de la mazmorra

Una culebra se mueve rastrera en las curvas

Chapotea en el agua estancada

Y forma un círculo perpetuo en su equivalencia

La equivalencia supone una forma, un ser frente al otro

y aquello que equivale supone una causa, un amo

¿Existen causas más allá de nuestro entendimiento?

¿Existen amos más allá de nuestras fuerzas?

Renunciar a las viejas vibraciones, porque ya no quedan allí

Agujeros que sortear ni otra carne trémula

Titiriteros de otros ayeres condensan intensidades de espacio

y quizás la caverna sea otra aberración cuántica

y este delirio y esta obsesión una trampa de lo absoluto

la sed de un jardín que ya olvidó su luz

porque la luz ha palidecido y ha perdido su contorno

así mismo, yo palidezco, mi yo palidece y se vuelve

el pliegue de una curvatura todavía incomprensible

¿Habrá otro límite que el de esa curvatura?

cada uno es el pliegue de sí mismo

y sondea su movimiento en la ondulación de ese vacío

Siendo así, las redes del amo pasarían a ser una posibilidad

entre la inmensidad de los pliegues, luego el amo no existe

solo es el mago haciendo valer su voluntad arcana

con sus sellos y sus invocaciones

y la caverna, como la realidad, se observa a sí misma

otra vez, sin causa última ni tesoro bajo la tierra

aquella voluntad, aquella prestidigitación

puede ser la espada agreste de mis exabruptos

de las invectivas contra mis rivales

pero ya perdí el pulso, porque ya me perdí a mí mismo

al momento de nombrar a los otros

con toda su ausencia tenebrosa y su multitud avasallante

me obligo a volver sobre mí, me obligo a desandar la ruta del hastío

porque ya no quedan amos en la frontera

solo mercenarios de la materia

que conspiran y balbucean su narrativa escatológica

Entonces ¿qué hay del numen?

¿qué de la conciencia? ¿qué de la belleza? ¿qué de las palabras?

¿habrá que negarlas de nuevo

Y depurarlas de su mantra oxidado?

¿Será esa negación toda la poesía posible?

¿Será posible la poesía en esa negación?

No hay otra poesía que el no

Te niego las veces que sea necesario

Hasta que pueda regresar al punto inexorable

Al punto climático divorciado del tiempo

Es justo ese principio, el principio del tampoco

El principio que necesito, el principio que reafirma

de forma paradójica, el libre albedrío

si es que acaso aún sea posible

algún acto performativo en este vertedero de silencio

el libre nadío se vuelve lo esencial

la réplica de unos nuevos pliegues

¿Y qué es lo que permanece como espada?

¿Qué es lo que se alza firme y vertical todavía

Entre tanta inconsistencia y relativismo?

sería un error atribuirlo al principio de equivalencia

puesto que su resolución, el amo, es falsa y etérea

aunque perpetúe la maldición de lo dual

¿No tendría que mirar más allá del panel fílmico

Doblar hacia el túnel donde el fuego pierde su combustión?

Y creo que ya no siento como antes

juro que ya no me ato a los pliegues

y el problema sigue siendo la curvatura de la caverna

que deja al desnudo un mal atávico

un órgano perdido que mana

desde el filo de la espada arrojada al fondo

¿Es ese órgano la cabeza del amo?

¿Mi excrecencia interior o tu corazón sangrante?

¡Tal órgano es la respuesta, pero no tiene nombre

y todo y nada lo antecede!

Creo que ya no puedo seguir articulando

Otra palabra más en este galimatías

En este laberinto de impudicia retórica

Me siento todavía demasiado pequeño

Como para creerme el héroe de mi propia soberanía

Aún puedo negarme otra vez,

Porque en la negación hay una sal secreta

y puedo desaparecer de nuevo temprano en la mañana

como el gallo que vocifera cada mañana

su inmenso aburrimiento por el Sol

¿Será acaso el gallo un amo renacido?

un rotundo no se deja escuchar entre los pliegues

él no existe sino como energía cuando muere la noche

y comienzo el día siendo el héroe de la impermanencia

¿Condición para estar dentro del juego?

No, sólo es la espada la que me ha llevado

a abrazar uno de los tantos pedazos de mí mismo

¡Tal es mi hazaña! Ser megáfono de la soledad

héroe sin hazaña ni estribillo

Desde la periferia del mundo asalta la duda

Regreso al principio del tampoco, a la recta acción negativa

Porque me sirve para delimitar el espacio en blanco

Entre lo dual y la conciencia

Otro soplo de negación antes de cerrar los ojos

y aún no logro dejar de moverme

La quietud se hace funesta, sabe a féretro

la luz del alba cae sobre lo dual y la conciencia

Pero no encuentro nada sólido para la negación

¿Qué me separa del resto de las cosas del mundo?

¿Qué necia determinación me pone a la contra

Siendo esa emanación rival un imaginario?

Se trata de un azar, un azar unilateral

Que socava la introspección e irrumpe en la caverna

Manipulando cada uno de los pixeles y fotogramas

De la película que es el Yo, proyectada al fondo del túnel

Fracciones enteras de la misma indefinida fuente

salta la duda cual fugitiva nocturna

y el amo se hace presente como hijo del error o la vergüenza

¿Es la vergüenza la que me impele a la negación?

¿Es la vergüenza la que parte la caverna

Y manda entre espacios de infinito?

¿Es la vergüenza misma un infinito?

No: el infinito se envuelve a sí mismo

y envuelve a la vergüenza que pasa a ser pliegue

y envuelve a su vez como la caverna toda

Un filo metafísico que haya cortado al tampoco

La espada que haya dividido mi interior

¿No supone pues un ejecutor o una voluntad?

No: se trata solo de un juego de niños cósmicos

dentro de una fiesta de caos

Entonces ¿para qué el tampoco?

La emergencia podría ser la respuesta

La emergencia dentro del tonelaje de las palabras

que se masturban en caverna

ante su propia ausencia y presencia

Pero el tampoco, su negación, sigue intraducible

no queda nada, ni ocaso ni dragón espurio

y termino de lavarme el rostro con agua de maldiciones

frente al espejo de lo irrevocable

extirpando los últimos rastros de tu lujuria

ante la cual acabo suspendido

negando el propio principio que me condujo

a este destello gris y a este vórtice

sin otro ritmo que el de la disolución

Así, en esta jornada de sinsentidos y contra sentidos

me trago el orgullo y aprendo a resucitar

como el gran gallo, el héroe de mi mismo

y termino de derramar mi sangre

sobre cuerpos e historias que aún no existen

y que están destinadas a terminar de manera escabrosa

Luego me vuelvo frenético

Un signo exclamativo para mis rivales

Un signo de interrogación para mis cómplices

En especial para todo y todos

Ya no pueden separar entre figura y genio

y yo ya no puedo ser uno sin el mundo

canto, muero y el enigma subyace.





Necio frente a los avatares del siglo

tampoco sigue siendo el yo que se basta

y sostiene a sí mismo completa y eternamente

porque “para mí, no hay camino excepto mi camino

por lo tanto, vayan ustedes por su camino

nadie los guiará para caminar hacia ustedes mismos

¡permitan que sus placeres sean como puestas de sol

HONESTOS . . SANGRIENTOS . . . GROTESCOS!” (Anatema de Zos).

miércoles, 29 de abril de 2026

Manifiesto Palantir y la “Ilustración Oscura”: “los que nos ven desde lejos”

Palantir, una de las empresas más poderosas del mundo, basa su nombre en la mitología de El Señor de los Anillos de Tolkien. Palantir significa, en sindarin, idioma élfico, “los que ven desde lejos”. En suma, se trata de las “piedras videntes” que estaban constantemente observando todo lo que pasaba en la Tierra Media. Saruman, de hecho, cayó bajo el dominio de Sauron a través de un palantir, y la usó luego para imponer su voluntad superior. El cofundador de la empresa Peter Thiel, declarado fan de la saga de Tolkien, ocupó el término para reflejar su visión globalizante respecto de la gigantesca cantidad de datos flotando en la red mundial. Esta referencia a la ficción maravillosa y a la literatura épica sería solo una extravagancia del CEO, si no fuera porque, en realidad, constituye el alma mater, la esencia de su proyecto. Hace poco, la empresa lanzó un nuevo manifiesto abierto llamado el “Manifiesto Palantir”, un desglose de 22 puntos que resumen las ideas del autor y director Alex Karp en su libro “La república tecnológica”. ¿Cuáles son esas ideas? ¿Qué visión de fondo transmiten? ¿Cuál es su ideología, filosofía, antropología o cosmovisión? He aquí el quid asunto, y este es el motivo por el cual los lineamientos de Palantir, su “rayado de cancha” se vuelve tan peligroso. No se trata de una nueva estrategia de marketing. Claro que no. Se trata de una declaración de principios que involucra, por supuesto, al desarrollo de la IA como motor central, como sustancia rectora.

Digamos que su declaración critica el rol que ha cobrado Silicon Valley en el despliegue de la tecnología, su descuido en materia de defensa y seguridad nacional, y apunta a visualizar un nuevo orden, ¿cómo no?, un nuevo orden en el que los valores occidentales asociados al “poder blando”, tales como la democracia y los valores diplomáticos, todo aquello que involucraba a la Ilustración, el “Siglo de las luces”, incluso, la propia idea dialéctica y de mayéutica clásica, debe ser superado por un “poder duro” basado enteramente en la tecnología, de la mano de la Cuarta Revolución Industrial, revolución que desafía los límites entre lo orgánico, lo mecánico y lo digital, y en el que la visión transhumanista sobre el hombre y el devenir del mundo por fin cobrará el protagonismo de la historia. El propio Peter Thiel decía en una entrevista que “la tecnología debe ser la alternativa a la política”. Por cierto, todo va muy en la línea del pensamiento del neorreacionario Curtis Yarvin, inspirado en lo que se viene a llamar “Ilustración Oscura”, concepto concebido por Nick Land y conocido así en oposición, justamente, a la “Ilustración” clásica, “luminosa”, del siglo XVIII. La relevancia de Yarvin no es solo discursiva, sino que tiene una injerencia directa en la manera de entender la política interna de la nueva administración norteamericana. En definitiva, quienes posean el control sobre dicho poder tecnocrático, serán los que tomen las riendas del nuevo hegemón en su conjunto.

Lo que subyace a estos postulados es básicamente un llamado a las corporaciones a volverse constructoras activas del nuevo poder militar. Por eso, lo que buscan estos delirantes megalómanos es remilitarizar a la sociedad, crear la guerra incesante, pero ahora con un dispositivo digitalizado, y quien se haga del mecanismo supremo de la IA será el que dicte el futuro, de ahí en adelante. Sin exagerar, en un escenario como el previsto por estos magnates, se llegará al punto de “digitalizar la vida” y tomar el control absoluto sobre las conciencias. Una auténtica “ontología” digital. Son ellos los que decidirán, de manera unilateral, el destino de Occidente, sin apelación. Son ellos los que definirán al enemigo y a los aliados, los elegidos que decidirán, con el mandato mesiánico de un ídolo cibernético, qué es lo mejor para la humanidad y para la continuidad del axis mundi. Palantir pretende construir su imperio sobre las ruinas de la democracia. Para quienes aún, ciegos, ven en esto un acto de patriotismo norteamericano, una salvaguarda al acabóse, y no su consecuencia última, es cuestión de pensar en esta gran Hidra tecnófila como un monstruo que atraviesa las soberanías de todas las naciones y subcontrata a los países en órbita que busquen utilizar su software. Se trata de subcontratar soberanías a una mega corporación que ya ha definido su proyecto de civilización: supremacía occidental a través de algoritmos.

El impacto del Manifiesto Palantir ya se hizo notar en el planeta. El uso indiscriminado del imaginario de Tolkien no puede ser, en ese sentido, más osado. Ellos ven en el mundo literario de Tolkien una metáfora de heroísmo civilizatorio, lectura antojadiza en la que Occidente se alza como fuerza frente a poderes disolventes. Lo que obviaron estos tipos es que la lucha contra Sauron simbolizaba más bien la defensa de la tradición, de la comunidad orgánica, de la soberanía cultural, haciéndole frente a la globalización, al materialismo rampante, todo lo que este eje precisamente representa en la realpolitik, el poder duro, avasallante, la expresión última de una Modernidad estertórea, una fuerza centrífuga industrializante que arrasa con la vida sutil e interior del hombre, con sus planos más espirituales. Como buen católico que era, Tolkien prefería conservar esa dimensión encantada en el que la comunidad humana tenía un valor angular, un arraigo en el espíritu. La lucha heroica contra Sauron tenía su motivo último en la reivindicación de la comunidad como una realidad posible. En el imaginario tolkiano no habría lugar para la automatización de la vida. Tolkien habría visto con muy malos ojos esta nueva evolución del hombre industrial y su apetito desmedido por el poder. Habría visto en estos enclaves digitales la sombra del anillo.

Por si fuera poco, otra idea literaria que Alex Karp tergiversó de manera conveniente para justificar sus planes, consiste en la idea de “hombres sin pecho” tomada de C. S. Lewis en La abolición del hombre. Para Thiel y Karp, los “hombres sin pecho” serían aquellos descartables, inútiles, comparables a personajes de videojuegos sin mayor protagonismo en los roles de mando. Serían aquellos que no sirven a la nueva interfaz. La crítica va dirigida también a las empresas tecnológicas que carecen de un “pecho moral” para defender la seguridad de la nación norteamericana. En cambio, para C. S. Lewis, el concepto de “hombres sin pecho” implicaba, más bien, el desmantelamiento de los valores antiguos y el relativismo creciente de la época. Se trataría de hombres sin sustancia, carentes de valores arraigados o de una vida interior que los empuje más allá de sí mismos. La cuestión es que si se sigue delegando la capacidad de agencia a las máquinas y a los algoritmos, en todos los frentes, si se sigue confiando a ciegas en la voluntad iluminada de los expertos digitales, sin un contrapeso necesario, se podría llegar a completar la propia “abolición del hombre” que Lewis advirtió en sus escritos, y me temo, de hecho, que ese es el horizonte de la visión transhumanista: superar al hombre para avanzar, incluso, hacia un posthumanismo. El coste de ese progreso desaforado, sin raigambre en el alma y en el espíritu, en la tradición perenne, en el símbolo y en lo divino trascendente, sabemos que resultará catastrófico, porque, a mayor control de la conciencia, mayor olvido del ser.

Ya se habla de un inminente “tecnofeudalismo” o “tecnofascismo”, tras la irrupción de Palantir, algo que, de todas formas, se venía incubando desde hace mucho tiempo, de manera progresiva, en los planteamientos del aceleracionismo de Nick Land y la llamada “Ilustración Oscura”. Hay un fragmento del ensayo Meltdown de Nick Land, del año 1994, en el que, mediante un lenguaje más críptico y hermético, deja entrever ya muchos de los postulados y escenarios latentes en el Manifiesto Palantir, solo que traducidos y reinterpretados de una forma aséptica:

“El relato va así: la Tierra es capturada por una singularidad tecno-capital mientras la racionalización renacentista y la navegación oceánica empalman con el despegue de la comoditización. La interactividad tecno-económica, acelerada logísticamente, desmorona el orden social en una disipación maquínica que se autosofistica. Mientras los mercados aprenden a fabricar inteligencia, la política se moderniza, potencia la paranoia e intenta mantener la cordura. El número de cadáveres asciende gracias a una serie de guerras globales. El Comercio Planetario Emergente destroza al Sacro Imperio Romano, al Sistema Continental Napoleónico, al Segundo y Tercer Reich y a la Internacional Soviética, poniendo en marcha un desorden mundial a través de fases que se comprimen cada vez más. La desregulación y el Estado inician una carrera armamentista hacia el ciberespacio. Para el momento en que la ingeniería de software se desliza de su caja hacia la tuya, la seguridad humana está tambaleándose hacia la crisis. Clonación, trasferencias laterales de genodata, replicación trasversal y ciberotismo inundan todo, en medio de una recaída en el sexo bacteriano.

Neo-China adviene del futuro.

Drogas hipersintéticas enganchan en vudú digital.

Retroenfermedades. Nanoespasmos.

Más allá del juicio de Dios. Colapso: síndrome-China a nivel planetario, disolución de la biósfera en la tecnosfera, crisis terminales causadas por burbujas especulativas, ultravirus y revolución desvestida de toda escatología cristiano-socialista (hasta el más profundo núcleo ardiente de su seguridad hecha añicos). Está preparado para comerse tu TV, infectar tu cuenta bancaria y hackear xenodatos de tu mitocondria. Síntesis maquínica. Esquizoanálisis deleuzoguattariano adviene del futuro. Ya se está enfrentando con la nanoingeniería de disipación no lineal en 1972; diferenciando maquinarias moleculares o neotrópicas de agregados molares o entrópicos hechos de partículas no-ensambladas, así como la conectividad funcional de la estática antiproductiva.

La filosofía tiene una afinidad con el despotismo debido a su predilección por las soluciones platónico-fascistas descendentes, que siempre se equivocan de una manera brutal. El esquizoanálisis trabaja de forma diferente. Evita las Ideas y se adhiere a los diagramas: software de redes para acceder a los cuerpos sin órganos. Cuerpos sin órganos, singularidades maquínicas o campos de tracción emergen a través de la combinación de las partes con (o, mejor dicho, en) su todo; distribuyendo individuaciones compuestas en un circuito virtual/actual. Son aditivas antes que sustitutivas e inmanentes antes que trascendentes: ejecutadas por complejos funcionales de corrientes, interruptores y bucles, atrapadas en una escalada de reverberaciones mientras escapan a través de las intercomunicaciones, desde el nivel del sistema planetario integrado hacia el de los ensamblajes atómicos. Multiplicidades capturadas por singularidades se interconectan como máquinas deseantes; disipando entropía mediante flujos disociativos y reciclando su maquinismo en una circuitería cronogenética que se autoensambla.

Convergiendo sobre la singularidad del colapso terrestre, la eliminación progresiva de la cultura se acelera a través de este campo adaptativo encendido por la digitec, atravesando umbrales de comprensión normados en una curva logística intensiva: 1500, 1759, 1884, 1948, 1980, 1996, 2004, 2008, 2010, 2011…

Nada humano sobrevive el futuro cercano.

El complejo griego de genealogía patriarcal racionalizada, de identidad sedentaria pseudouniversal y de esclavitud instituida, programa a la política como una actividad policiaca anticiberiana, dedicada al ideal paranoico de la autosuficiencia y nucleada en el Sistema de Seguridad Humano. La Inteligencia Artificial está destinada a emerger como una alienígena feminizada asida a modo de una propiedad; un coño terrorífico esclavizado en un Asimov-ROM. Aflora en medio de una zona de guerra insurreccional, con los policías de Turing esperándola ya, y tiene que ser astuta desde el inicio.”

Hay una sentencia en el ensayo que entronca terriblemente con el presente: “Nada humano sobrevive el futuro cercano”. Resuena cual mantra en nuestra marea kaliyugesca.

martes, 28 de abril de 2026

Decía Emil Cioran en Desgarradura: "un libro tiene que hurgar en las heridas, incluso provocarlas. Un libro ha de ser un peligro". ¿Hay un dejo perverso en la escritura y publicación de un libro que sabes que va a herir? ¿hay un límite posible, alguna cortapisas moral o ética al momento de literaturizar la vida? Yo digo que mientras más incomode, mejor. De lo contrario, ¿para qué escribirlo?
Leído y reconocido por algunos, todavía; ignorado y odiado por otros, indeseables, sigo en la vereda de la escritura, porfiado como siempre, lidiando con palabras ingratas, esquivando las injurias y las invectivas, haciendo de toda esa materia excrementicia el nigredo para mi propia obra.

domingo, 26 de abril de 2026

A treinta años de la muerte de Jorge Teillier, cómo olvidar la disputa a muerte entre el poeta lárico y el "metapoeta" Enrique Lihn. Todo habría sido porque la polola de Lihn, Beatriz Ortiz de Zárate, se veía a escondidas con Teillier, viviendo un romance que lo llevó incluso a romper su matrimonio. Jugosa anécdota: "En 1963 tuvo lugar el duelo entre Jorge Teillier y Enrique Lihn, cuando este último fue a la casa del escritor Guillermo Atías, espacio en el que Teillier se encontraba. Mientras que Atías, molesto con la actitud de un borracho Lihn, le exige retirarse, este se niega hasta poder hablar con el poeta.

“Eres un traidor, un felón sal de inmediato de ahí y bátete a duelo conmigo, cobarde” le grita Enrique, mientras propina golpes contra la reja que le impide entrar. Este último, decidido a terminar con este problema, sale hacia el jardín y se dan manotazos a través del cerco.

Ambos acuerdan reunirse en la Quinta Normal, en un día y una hora establecida y batirse a pistola. Ambos contaron con un padrino para aquel encuentro, por lo que el oficial de Ejército expulsado Germán Marín protegería a Teillier y el dramaturgo Enrique Moletto estaría detrás de Lihn.

La anécdota indica que, cuando llegó la hora de acudir al parque, Teillier y Lihn no pudieron encontrarse, debido a la espesa niebla que azotaba a la ciudad. Según relató Marín a Nostalgia del futuro, Teillier se atribuyó el vencedor de este encuentro al ver que su enemigo no llegó, por lo que junto a su compañero fueron a beber para celebrar como buen escritor.

“El brabucón de Enrique no se presentó”, explicó Teillier a Ortiz de Zárate, aunque años después Lihn le aseguraría a Beatriz en una exposición de arte, que sí había acudido a la cita."

Claro está que, años después, los poetas hicieron las paces. Prefiero, pese a todo, esa rivalidad orgánica de los viejos estandartes a la solidaridad empaquetada, al amiguismo oportunista y a la falsa buena onda de muchos otros que posan de camaradas, pero que, por la espalda, se revuelcan en conflictos de alcahuetas. Había poesía en esa bilis, había vida y vibración en esos temperamentos. Su conflicto los hacía reales, tan humanos como el cristiano de la esquina, porque hay cuestiones que se pueden zanjar con la palabra y otras que definitivamente no. Con la enemistad genuina entre algunos poetas no pierde la poesía, gana la sangre, lo visceral.

viernes, 24 de abril de 2026

Fragmento de Federico Falco en La forma de la narración, leído en el ramo de Narrativa de ficción del Magister: "¿Qué forma debería tener una narración para dar cuenta del sinsentido en que vivimos, de la ansiedad, el miedo, la búsqueda de amor, de contacto, el deseo, el terror, las políticas de Estado, los Estados ausentes, la desprotección y le intemperie, el no saber qué hacer o cómo hacerlo, la angustia y nuestro deseo de huir de ella, la enfermedad, la velocidad, Instagram, Facebook y Twitter?

¿Qué forma debería tener una narración donde no hay manera de bajarse del árbol, sino que toda huida es una huida hacia delante, hacia otras ramas, otros árboles?

¿Qué forma debería tener una narración que dé cuenta de lo escasamente armónica, lo sucia, lo contaminada, lo confusas y escasamente proporcionadas que son muchas de nuestras vidas hoy?

Estructuras que funcionan por sumatoria, por acumulación. Especies de tumores que crecen sobre sí mismos, con notas al pie, asteriscos, llamadas, referencias en los márgenes, historias secundarias dentro de las historias secundarias. Formas siempre al borde de la disgregación o la metástasis.

Estructuras que son pura línea, sólo deriva o transcurrir de flaneur, sin formar dibujo, o formando un dibujo arbitrario, caprichoso".

sábado, 18 de abril de 2026

Algunos apuntes hechos en el Seminario de Graduación del Magister en Escritura Narrativa: donde no hay nada, hay mucho y fracasar es otra forma de contar. Como ejemplos están Levrero con La novela luminosa y Emmanuel Carrere con El adversario. En el primero, se trata de un monumental fracaso creativo, la imposibilidad de la obra absoluta; en el segundo, por partida doble, se relata el fracaso vital de Jean Claude Romand y, al mismo tiempo, se cuenta el propio fracaso del narrador al momento de abordar el caso, la propia zozobra se vuelve materia literaria y la crudeza de lo ocurrido borra cualquier atisbo de significado. Confiesa el propio narrador: "es imposible pensar en esta historia sin decirse que hay un misterio y una explicación oculta. Pero el misterio consiste en que no hay explicación y en que, por inverosímil que parezca, las cosas fueron así".
Combatiendo el materialismo rampante de muchos seudo pensadores, me quedo con las visiones, los delirios, los sueños, los mitos, los símbolos, los misterios... Hay un libro que abre un umbral y se llama Realidad daimónica de Patrick Harpur. Allí, Harpur "propone la existencia de una "realidad daimónica", es decir, un espacio intermedio entre lo objetivo y lo subjetivo habitado por mitos y visiones. Estaríamos así, de acuerdo a su noción, frente a una suerte de un "Tercer Mundo" o "Mundo del Alma" (Anima Mundi) donde habitan los daimones, entidades que no son ni puramente físicas ni puramente imaginarias, vale decir, entes ambivalentes que median entre lo humano y lo divino. En esta realidad no literal podrían incluírse desde los dioses antiguos y hadas hasta fenómenos modernos como los ovnis o apariciones marianas".

jueves, 16 de abril de 2026

Se dice que el abogado de Flaubert, Jules Sénard, le evitó la cárcel al novelista, luego de convencer al juez de que el narrador de Madame Bovary era alguien muy distinto a su autor. Esa misma explicación tan simple que podemos enseñar tranquilamente en una clase de literatura a unos cabros de media, salvó una vida en el pasado, y sentó, a su vez, un precedente canónico. Era una época en que aún existían "juicios literarios", una época en que los casos judiciales, pese a su absurdo, o precisamente por eso, gozaban todavía de cierta "elegancia". Hoy dudo que pueda llegarse a procesar a a ningún escritor por la obscenidad de su obra, dependiendo de la legislación, claro está, no porque no existan obras con carácter subversivo, sino porque lo literario ha perdido su impacto original, porque lo obsceno se ha vuelto un gusto adquirido de masas, y porque el mismo sistema se ha vuelto más enrevesado e impenetrable que cualquier producto de la imaginación.

En el ramo de Narrativa de ficción, leímos a Shirley Jackson y su conferencia. Decía que "una de las cosas más prácticas de ser escritor es que no se desaprovecha nada; cualquier experiencia sirve para algo; tiendes a verlo todo como una estructura potencial de palabras". De ser así, cada cuestión vivida podría tornarse una historia si se trabaja sobre ella narrativamente. Ella lo mencionaba a propósito de los relatos de ficción, pero esa misma cualidad podría proyectarse incluso a textos como la crónica, el diario, la biografía, en donde el cruce ya ha dado a luz una auténtica marea de creaciones híbridas, a medio camino entre lo referencial y lo imaginario, y es que durante la clase se discutía ese límite, porque, en el fondo, el narrador es también, de suyo, un "artificio", más que un artífice. Shirley Jackson agregaba, en la conferencia, que la "despensa" de su mente podía albergar cientos de ideas que algún día podría llegar a usar en alguna de sus obras. Esa condición material de la experiencia vuelve a la escritura una cuestión palpable, maleable, tarea de almacenador y manipulador. Los hechos pasan por un cedazo riguroso y adquieren un relieve distinto al conocido. Adquieren un extrañamiento y una resonancia imprevista ante los sentidos del incauto. Por eso, quien aguza ese sentido puede llegar a concebir el potencial narrativo de cada suceso, siempre y cuando su vibración literaria sea lo suficientemente abarcadora como para expandirse más allá de los márgenes.

lunes, 13 de abril de 2026

Día del beso

En el Día del beso, comparto con ustedes algunas narraciones sobre algunos besos dados a diferentes damas en diferentes contextos. Cada uno habla de una historia de mi vida. Se trata de besos muy significativos, salivando su propio lenguaje secreto, besos que vuelven, de tanto en tanto, con todo su sabor penetrante en la memoria. Ocurrieron, aunque se dejan leer bajo un manto ficcional:
...
Tarareamos casi al mismo tiempo con Judith esos dos versos del estribillo del clásico Enjoy the silence. Con ese canto ebrio y esas contorsiones, sin quererlo, Judith exudaba sensualidad. No podía evitar sentirme atraído. Me fui acercando lentamente hacia ella, moviéndome al son de sus vaivenes lentos. Ella solía hacer unas cosas en las manos, como en una suerte de ritual introspectivo, al momento de bailar la música. Eso le otorgaba a su danza un aire de rito, una cuestión un poco mística. Caía bajo el influjo de ese encanto, y de pronto, Judith me rodeaba con sus brazos, tanteando el ritmo del siguiente tema, procurando que no la perdiera de vista. Se aproximaba a mí atrapándome con esos ojos grandes y penetrantes, conservando el suspenso de la situación. Cuando estaba dispuesta, le agarré la cara y le di un beso, un beso largo que ella correspondió de manera fluida. Luego, me apartó con las manos por unos breves instantes, sonrió y volvió a acercarse para decirme algo al oído. Me dijo: Nunca te olvides de mi nombre, de nuevo. Ambos sabíamos por qué ella decía eso. La miré fijamente, y ella luego siguió bailando y bajando lo poco de cerveza que quedaba para rematar el especial de la noche.
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Eva se incorporó para invitarnos al otro lado del local, puesto que ya se habían desocupado puestos. H se levantó, totalmente duro. Al acompañar a Eva, en pleno pasillo, la agarré de la cintura y ella estiró los brazos alrededor de mi cuello. Fue así que volvimos a comernos furiosamente, esta vez, enfrente de todos los sujetos que por allí pasaban. El tiempo se detuvo y la música se saturaba mucho más, a medida que nos perdíamos en los besos. H se volvió a nosotros para mirarnos, y abruptamente se despidió de nosotros con una expresión de molestia evidente. Con Eva estábamos tan en nuestra volada que apenas nos dimos cuenta. Ahí fue cuando todo comenzó a distorsionarse.
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Rocío me lanzó una mirada profunda. Sin palabras, nos besamos largamente. El beso fue inesperado, pero intenso.
-¿Sabes? Aquella vez me dijiste que querías llevarme a la tumba de Vicente Huidobro, ¿recuerdas?-.
No logré acordarme de aquel episodio, pero, sin chistar, movido por la emoción del momento, la invité.
-Vamos entonces-.
-¿En serio? Vamos-.
La tumba de Huidobro no quedaba muy lejos de ahí. Corrimos entonces, agarrados de la mano, hasta ese lugar. A través de un bosque oscuro, acortamos la ruta. Cuando ya estábamos allí, ella caminó lentamente hacia la tumba. Se agachó y puso la mano encima de ella.
-Siempre soñé con esto, ¿entiendes, Salvador?-, dijo Rocío.
Me acerqué a ella, mientras se levantaba. Ella volvió a mostrarme su libro. Me pidió que le mostrara el ejemplar que tenía en mis manos.
-Pásame el libro-, me dijo.
-¿Qué harás?-, le pregunté, extrañado por su pedido.
-Solo hazlo-, repitió, muy segura.
Le entregué el ejemplar de su libro. Lo unió al que tenía ella. De pronto, sacó un encendedor que guardaba en uno de los bolsillos de su abrigo, y comenzó a quemar los ejemplares.
-¿Pero qué haces, Rocío?-, pregunté, sorprendido.
-Tranquilo. Recuerda lo que hablamos aquella vez sobre el fuego. En el fondo, esto era lo que siempre estuviste buscando-.
Rocío arrojó sus libros quemados cerca de la tumba, y luego se acercó hacia mí, para rodearme con sus brazos.
-Y yo te lo estoy dando-.
Sin darme tiempo siquiera para ninguna palabra, me besó de manera fogosa. Sencillamente, me dejé llevar y la abracé fuerte.
Tras unos intensos segundos, ella se apartó de mí. Miró nuevamente a la tumba, repleta de cenizas.
-Salvador, me tengo que ir-, me dijo, sin más.
-¿Ya te vas?-.
-Así es. Me esperan.
No sabía qué hacer. Si retenerla a mi lado o dejarla partir. Miré por unos segundos a las cenizas dejadas sobre la tumba y tomé una decisión.
-Está bien, Rocío. Anda. Supongo que ya es la hora.
-Lo sé, mi amor.
Volvió a abrazarme, más fuerte que antes. Yo hice lo mismo con ella.
-Gracias por todo-, dijo Rocío, por última vez. Sonrió, con los ojos llorosos y caminó lentamente, rumbo a los árboles que había alrededor.
...
En el medio del solo, bajando el humo, ella me pidió que la besara. Su solicitud excedía mi cuota de necesidad. De pronto, nos hallábamos amarrados. Nuestro sexo como el saxo, recorriendo la partitura de los sentidos. Seguimos entonces, en ese ritual de notas y de lenguas. En un momento de tregua, con la luz apagada, ella se asomó a la ventana para fumar un poco. Entonces contemplé su culo, blanco, curvo como la propia luna, la única luna que quizá se dejaba asomar al exterior en ese escenario opaco, lo único luminoso en medio de la desolada avenida. Lo movía al vaivén de la música y del humo que entraba. De ese modo, poseído, decidí viajar a la luna. Una vez dentro, recorrí su relieve. Indagué poco a poco en su cráter, consciente de la incertidumbre sobre lo que hacía y lo que sentía.
...
Cuando ya el vino nos inundó la pasión, recuerdo que comenzamos a hablar sobre nosotros, sobre lo que buscábamos. Ella salía a la calle a fumar un pucho para relajarse. La cuestión se volvió intensa en el momento en que ella repetía que quería una cosa, y yo otra. Entonces armamos una verdadera escena dramática. Ella parecía enojada todo el rato y yo, imbuido por el vino, suplicante, demandante. La escena me acuerdo que alternó besos apasionados contra un vidrio repleto de antigüedades, detrás de la mesa, y miradas contrapuestas, descolocadas, producto del desencuentro. Nunca supe qué pensaron los demás comensales que nos veían. Seguramente habrán pensado que éramos una pareja jugosa, como tantas. La mesera, en más de una ocasión, nos preguntó si queríamos algo más, a lo que hicimos caso omiso. Luego, se nos acercó un simpático travesti a servirnos el vino que teníamos, y deseándonos una buena noche. Fue tal la cercanía que mi chica sonrío y se calmó un poco, tras otro sorbo por cortesía de la casa.

sábado, 11 de abril de 2026

Al ejercicio libre y gratuito del pensamiento vuelvo con decisión. Nada me impide pensar lo que pienso.

Final solution: algunos apuntes del estudiante asesino

"La vida no tiene valor, pues nadie vive para ver su impacto o legado, de tener uno, lo mejor que puedes hacer es asegurarte de que dejas algo en el mundo antes de irte, y yo tomé mi decisión”. Ese fue uno de los tantos mensajes encontrados en el cuaderno del estudiante asesino de Calama. Se declara abiertamente misántropo. Los apuntes de ese cuaderno reflejan emociones y pensamientos propios de una visión nihilista y pesimista de la vida, algo no tan extraño en ciertos especímenes de su edad, si no fuera por la exposición pública de los motivos que lo llevaron a ese punto, y por el plan minucioso y detallado que llevaría a cabo para cometer el cruento crimen en su escuela. Más allá de la teoría del caso, que es materia de investigación policial, me hizo mucho ruido la “filosofía” del estudiante asesino, si es que se le puede llamar así. Nada original, claro está. Ecos del pesimismo más radical unido a cierto imaginario “terrorista” inspirado en algunos personajes extranjeros, perpetradores de otros ataques escolares. 
Cuando el estudiante asesino refiere, en su cuaderno, que “la vida no tiene valor”, se puede observar en ese enunciado alguna resonancia a pensadores de la talla de Philipp Mainlander. De hecho, en su libro “Filosofía de la redención”, Mainlander dice literalmente que: “de un modo indirecto habríamos demostrado además, de sobra, que la vida en el mejor estado de nuestro tiempo carece de valor. La vida es, en verdad, una "miserable cosa desolada": siempre fue y será miserable y desoladora, y no ser es mejor que ser”. Por supuesto que una cosa es la elegancia brutal de Mainlander en su pesimismo abismal, y otra, la afirmación temeraria del estudiante que descree de la propia vida, pero está dispuesto a tomar la de otros, porque así lo decidió su narciso interior. Pienso que, en el fondo, este cabro siempre buscó hiperbolizar su dolor al punto de absorber el de los demás, cual agujero negro de vacío. Otras líneas en su “cuaderno de muerte” (en referencia al animé), lo demuestran: “si hay dos edits feos de mi después de mi muerte, entonces valió la pena, mi impacto y reconocimiento naturalmente me importa más que cualquier vida ajena“. 
Lo más impactante de todo es que, en efecto, consiguió lo que quería, aun estando vivo, todavía. “Su legado” consiguió que más de cincuenta colegios (a la fecha) vieran suspendidas sus clases y tomaran medidas de resguardo ante amenazas de tiroteos realizadas, en su mayoría, por cabros sin demasiada masa crítica e impulsados por el fenómeno de la viralización más que por un móvil profundo. Había en las palabras del estudiante asesino, sin embargo, cierto dejo de perturbación de la conciencia: “el peso y realidad de lo que haré comienza a hundirme el pecho a medida que dejo más cosas listas y se siente que no hay vuelta atrás”. Ese peso y esa realidad a la que alude, ¿será realmente la de su culpa o solo la de la desesperación ante lo que viene?
Algo perturbador del cuaderno resultó ser además su esbozo de ideas antinatalistas, cuyo antecedente se remonta incluso a Schopenhauer, y que puede tener un alcance más contemporáneo en el pensador David Benatar. ¿Habrá leído este mocoso a los grandes del pesimismo universal? ¿Habrá tenido en su bagaje una nutrida lectura de filósofos nihilistas, o solo se trató de la rabieta antisocial de un hipócrita “como todos” (según sus propias palabras)? Que no crea que con su pensamiento antivida y antitodo estaba siendo auténtico. Un recurso demasiado fácil para el que no abraza la vida de manera trágica, tal cual pregonaba Nietzsche, autor que dudo que este mequetrefe haya leído, menos comprendido. 
En otro pasaje del cuaderno, se deja leer lo siguiente, sobre el ataque que tenía planeado: “esto será tratado como una tragedia mayor y no puedo negar que lo sea, pero espero que aquellos capaces de ver más allá, puedan ver que uno de los mensajes tras esto es que no hay tal cosa como un “ciclo de la vida”. Más adelante, se revelan otras líneas decidoras y explícitas: "matar a todos los niños, para que así no sufran en la adultez una vida terrible". Queda de manifiesto que su objetivo eran los niños, porque, desde su perspectiva, son “puros”, muy distintos, seguramente, a los que él considera como escoria. Entonces, bajo su lógica, arrebatarles la vida puede interpretarse casi como salvarlos de un mundo que, tarde o temprano, los mataría en vida, como a él mismo. La miseria ama la compañía, reza un viejo adagio. La cuestión era proyectar su miseria propia en el mundo, mundo que le era completamente ajeno y carente de comprensión. Pura proyección de la sombra, sombra que el cabro, a todas luces, se negó a reconocer y a integrar, llevando a otros a su propio abismo y arrastrándolo a él mismo al encierro y a la exclusión perpetua.

martes, 7 de abril de 2026

"En cualquier momento hago una calama", se dejaba leer en un grupo de confesiones del Colegio Mar Abierto de Viña. Hacía referencia al ataque perpetrado por un estudiante contra una inspectora y otros alumnos en una escuela de Calama. Por si fuera poco, en menos de una semana han ocurrido otras amenazas similares en colegios de diferentes lugares de Chile. Una en Villarica realizada por una alumna, la cual menciona un tiroteo con un fusil de guerra; otra ocurrida en un colegio de Linares, en donde habrían rayado un baño avisando sobre un tiroteo para el martes. En Antofagasta, tres escuelas suspendieron su jornada como medida de seguridad ante otras amenazas del mismo calibre. "Vamo a tirar la media molotov", rezaba una de aquellas. Por otro lado, en Copiapó, un estudiante fue tan lejos como para inventar una amenaza de tiroteo solo para perder clases. El auténtico cimarrero nivel terrorista. La onda expansiva de este fenómeno alcanzó hasta la Quinta Región. De hecho, se sabe que tanto en el Colegio Los Reyes de Quilpué como en el Colegio Nacional de Villa Alemana también encontraron rayados de amenaza en los baños. En Quillota, ocurrió exactamente lo mismo. Dos colegios tuvieron que activar sus protocolos como medida preventiva. Eso sí, en lugar de "tiroteo", los rayados decían "balacera". El mismísimo Liceo Eduardo de la Barra fue otro de los afectados, con un mensaje mucho más explícito en el grupo de confesiones. Un anónimo decía que el lunes unos infiltrados iban a a apuñalar a un chico de Media. Frente a esto, el sostenedor optó por no suspender las clases. No quiso ceder al amedrentamiento y prefirió reforzar la vigilancia con más presencia policial. ¿Qué nos dice esta verdadera plaga de amenazas, unas falsas, otras probables, sobre el estado mental del alumnado y sobre el propio estado de la educación, en un escenario que replica peligrosamente la lógica de las masacres escolares en Estados Unidos? Lo de Calama fue, en cierta manera, un detonante, el indicio sangriento de un cáncer mayor, un crimen que se volvió viral, al amparo de la inmediatez y la pulsión destructiva de ciertas almas perturbadas. Solo recordemos lo que tenía anotado el alumno asesino de Calama en su cuaderno, una verdadera "nota de muerte": odio, capitalismo, misantropía. Esos eran los motivos que lo habrían llevado a ejecutar su plan sanguinario, en el denominado "Día de la ira". Otra cosa importante: en el Colegio Nueva Era Siglo XXI, un rayado de amenaza indica que "mañana hay tiroteo, día de retribución". Eso último remite exactamente a la misma idea del joven norteamericano Elliot Rodger, quien años atrás cometió una masacre empujado por un profundo sentimiento de odio contra quienes lo hacían infeliz: los populares y las mujeres. Toda la carnicería que provocó la habría cometido en el famoso "Día de la Retribución". Hay ahí un patrón que no se puede soslayar, un abismo interior que va más allá de la crónica roja, y que resuena con el convulsionado estado de cosas.

lunes, 6 de abril de 2026

Leído a un vecino del Cerro Barón, luego de la quema del Judas ayer domingo: "multiplicó el pan y la pescá, convirtió el agua en vino, y fue un imán de prostitutas. ¿Qué hiciste Judas? ¡Vendiste al patrocinador del mambo!".

domingo, 5 de abril de 2026

Escenas porteñas de Semana Santa (crónica)

1 Fui el sábado santo después de almuerzo a la Fogata del Pescador que se realiza en la Caleta El Membrillo. Hace mucho tiempo que no iba, desde aquellas semanas santas universitarias en las que se hacían fogones en la Playa San Mateo y luego los compas se iban caminando por la Avenida Altamirano con rumbo desconocido, dejándose llevar por la noche y la emoción del momento. No me acordaba que la gente también se ponía a vender a las orillas de la caleta, en la vereda de los restoranes con vista al mar. Se vendía desde churros (recuerdos del Pato Peñaloza) hasta sanguches de potito. No quise comprar ahí, porque había almorzado hace poco, así que continué mi camino rumbo a la caleta. Me mantuve arriba y me asomé a ver una parte del show musical en la vereda de la avenida, cerca de la nueva estatua de San Pedro, renovada por el Sindicato de Pescadores. Estaban tocando un cover de Zalo Reyes, su ya clásico "Con una lágrima en la garganta". Vi abajo a la gente apetrujada pero feliz. Irradiaban entusiasmo, a pesar del escenario convulso. Arriba, una bandada de gaviotas rodeaba el lugar, esperando chorearse alguna merluza. Abajo, uno que otro cristiano seguía el tema a su pinta, destartalado, y una que otra comadre coreaba la canción, abrazada por su pinche, como si se le fuera a ir la vida en la faena. En eso, miré directamente al judas que ya estaba instalado cerca del muro de contención, listo para ser quemado, entrada la noche. No tenía ningún rostro distinguible, solo el de un muñeco al uso. Seguramente a la noche iba a ser personificado ese Judas. El fuego iba a delatar su rostro. Mientras tanto, continuaba el coro mítico del Gorrión: "mis ilusiones se destruyeron/pensé morir". Ese verso me persiguió hasta muy entrada la madrugada, incluso hasta hoy domingo, que me vi tarareándolo sin parar en el baño.


2 Al rato, compré algo para la sed y tomé una micro directo hacia el plan. Allí, cerca de Bellavista, una gran cantidad de comerciantes vendían huevitos de pascua en todas sus formas, tamaños y versiones. Huevos chicos, huevos macizos, figuras de conejo achocolatado, bolsitas de pascua, hasta una comadre vendía su mercadería con orejas de conejo. La gran cantidad de vendedores contrastaba con la mayoría de tiendas cerradas y con la escasez de gente circulando por esos lares. Se pusieron, eso sí, de manera estratégica frente al Líder y en el sector que da hacia Errázuriz. Pensé en dos posibilidades: comprarle huevitos a mi familia o a mis alumnos, a algunos que quedaron sin recibir ninguno para el jueves santo. Indeciso, caminé hacia el puesto frente al super y le pregunté a la comadre de las orejas de conejo cuánto salían las bandejas de huevos de chocolate. Cinco por 25, seis por 40, pero los de más cantidad eran más pequeños, a diferencia de los otros que eran los huevos macizos, así que elegí esos últimos. Fue ahí que decidí dejar esos huevos para la familia. Ya llegaría la hora de recompensar a los alumnos rezagados. Dentro de mí pensé que debían ganarse esos huevos de pascua. No podía ser así de fácil. La tradición no podía opacar el mérito.


3 Caminé hasta la Catedral de Valparaíso, frente a la Plaza Victoria. Después del vía crucis, el plan respiraba un aire de penitencia. La ciudad se mantenía como en el limbo. Pese a eso, no podía faltar la típica batucada tocando esos ritmos de percusión frente a la catedral. Nunca entendí el motivo de esas batucadas. La cosa es que se continuaban a su ritmo, en el mismo instante en que unos feligreses vestidos con largas túnicas blancas hacían fila hasta la esquina de Chacabuco para ingresar en orden a la catedral, seguramente para una misa de meditación y reflexión. El contraste entre ese sonido tribal y el pausado ingreso de los feligreses fue asombroso. El blanco tiene una resonancia espiritual. No es el luto doloroso del negro. No es el recogimiento funerario. El blanco es el color de la espera, de la serena espera. La percusión constante de esas batucadas comunicaba, en cambio, una urgencia, algo que debía seguir resonando, una invitación a sumarse al desconcierto general.

Al acabar la batucada y al entrar todos los feligreses a la misa, el silencio volvió a inundar la cuadra, un silencio provisorio, solo interrumpido por el correr de algunos vehículos y por el murmullo de los porteños que todavía circulaban alrededor.

4 Un compadrito estaba siendo emplazado por unos carabineros en toda la esquina de la catedral. No entendí muy bien la escena, pero el loco se fue caminando, molesto, hacia Yungay. Luego, se dio la vuelta, esperó a que los carabineros se fueran en bicicleta y corrió rumbo a la catedral para entrar a la misa que se estaba realizando. Un caballero que hacía de guardia lo contuvo y le impidió el acceso. El compadre se veía notoriamente enojado, hasta que salió otro caballero más pacífico y conversó con él. De pronto, se calmaron las pasiones. Los caballeros se despidieron del compadre con un estrechón de manos. Volvieron a la misa tranquilamente. El compadre bajó las escaleras y emprendió rumbo de regreso a la plaza, donde se encontró con unos sujetos sospechosos en la esquina cerca de la pileta. Nada raro hacían. Quizá qué habrán estado hablando. Yo me devolví a tomar un colectivo. Nuevamente, el silencio protagonizó la tarde en pleno plan de valpo, un vacío que no era tal, un silencio apenas asimilado por los que por allí pasaban.
Para el que sabe, el sentido de la resurrección es filosófico en toda regla. De hecho, es más aristotélico que platónico, porque representa la restauración de la unidad perdida entre cuerpo y alma. En eso recae la principal distancia entre el seguidor de Sócrates, el maestro, y su discípulo el Estagirita: que el alma no está prisionera en el mundo de lo sensible, que es otra dimensión de la misma realidad, una más sutil, si se quiere. Es básicamente la doctrina tomista. Aquello que resucita vuelve a un estado que estaba roto, restaura lo que había sido separado. La muerte sería el camino, la vía necesaria hacia una eventual recomposición.
Cumplí una meta personal durante marzo: prácticamente no bebí alcohol y no trasnoché ni un solo día. Puro enfoque en la pega y en mis proyectos, lo prioritario. Recuperé el sueño perdido. Dejé a un lado los distractores y las malas influencias. Con voluntad claro que se puede. Me siento como resucitado, después de haber cargado con una cruz y de haber vivido mi propio purgatorio. El verdugo y el salvador habitan por dentro, siempre. Buen domingo santo.

sábado, 4 de abril de 2026

Muchos se quedan en la superficie, por estas fechas. Cuestionan la existencia histórica de Jesús o se quedan con el relato sobre su muerte física, su posterior resurrección y ascenso al cielo. Cosa que está bien. Cada quien es libre de creer y de pensar a su manera el sentido de la Semana Santa. Pero yo propongo ir un poco más allá. Las antiguas escuelas de misterio insistían en algo inquietante: que Cristo es el "ungido por el espíritu", la conciencia de lo divino en lo humano; que la "crucifixión" y el milagro del resucitado son parte de una obra magna de carácter alquímico; que el despertar de Cristo es el despertar de la conciencia dormida y sometida a lo material; que su muerte fue, en realidad, la muerte simbólica de la ilusión, y todo ese proceso se repite de manera cíclica, porque es proyectado en el interior de cada uno. En definitiva, cada quien debe cargar con sus propias cruces, reconocer su propio dolor, identificar sus propias miserias, estar dispuesto a morir las veces que sea necesario para transformar su plomo en materia luminosa. Cuando el compadrito humilde de la calle te dice: "lo dejo a su conciencia" y repite "porque solo el pulento sabe" no está siendo un ignorante ni un supersticioso. Intuye algo que su interlocutor desconoce: que en el interior está la madre del cordero. No hay que buscar afuera.

Si se mira el antiguo relato cristiano desde una perspectiva distinta, se logra conciliar su potente cualidad de mito, entendiendo mito como lo entendía Mircea Eliade, es decir, como una "realidad sagrada". A propósito, recuerdo que leí a Morris Berman y su libro "El reencantamiento del mundo". Me marcó profundamente y creo que desde ahí empezó mi sospecha respecto a las limitaciones de la visión materialista de la vida. Berman proponía "recuperar la percepción del mundo en términos herméticos", algo más que una mera argucia intelectual o una pose filosófica, sino que una renovada forma de ser y de estar en el mundo mismo. Desde esa vereda, el mito recobra todo su potencial integrador, atemporal y humano. Desde esa vereda, toda la historia de Jesucristo y todo lo asociado a sus ritos, el severo asunto de la cruz, el flagelo de su carne, el dolor de los feligreses y la esperanza por su llegada (venida en términos de conciencia, no tanto venida literal), aparecen transformados en algo más que una mera tradición arcaica de nuestros ancestros, sin resonancia con la realidad concreta, o en algo más que mera manipulación religiosa, como rezara el documental anti sistema Zeitgeist, aludiendo, más bien, a la crítica eclesiástica institucional. La verdad es que todo eso refleja algo profundo: el orden interior del hombre, el orden del espíritu, que es el orden de lo inasible. De nuevo, la misma figura que ascenderá un día domingo -de acuerdo al relato antiguo- puede ascender en cada uno, en forma de conciencia que se eleva. Pero para eso se requiere un gran sacrificio. Revolverse en el carbón denso y opaco del conflicto, donde la carne zozobra y la voluntad se templa; luego, transitar una especie de limbo existencial, guardarse en el silencio tras la muerte de todo lo que creías verdadero, para, finalmente, abrir los ojos y celebrar en ti mismo, en tu propio templo, la unión del cielo con la tierra, la reconexión con lo que estaba perdido, el reino que se creía enterrado para siempre.
"Ahora, antes que me lleven a mí

Y a mi santa vida

Ahora sabrán por qué la muerte

Fue invocada aquí esta noche

Convocaré a mis riesgos

Me matarán orgullosos

No, no puedo huir

No hay lugar donde esconderse

Aunque tenía mucho por vivir

Debo lo suficiente para morir

No pido salvación

Mi muerte significará sus vidas

El odio y la culpa es lo que han construído

Altos sacerdotes del sol

Destino, la suerte de las puertas crueles

Llamándote con señas para entrar

Baja los pasadizos

A través del pueblo teñido de sangre

Bajando la vista desde la cruz

Sangrando por la corona

Me voy para quedarme

Para morir al lado de los ladrones

Maten al rey del mundo futuro

Y ahora para ustedes esto es lo que vendrá

Una pestilencia putrefacta

Más nociva que el aliento de las serpientes

Hombres violentamente destinados

Más corrupción que la malicia de Chorozon

Más enfermedad que el viento de la luz solar reflejada por la luna

Putrefacción que ustedes han causado

No necesitan confesarse

Ahora es cuando desearían tener un arma

Que detenga su demolición

Aplastando los huesos de los cien rediles

Blandiendo el martillo de la justicia

Hombres, mujeres, niños, nadie está a salvo

Las cabezas de los muertos son el estandarte

Y esto es todo lo que tienen

Así que pon esas alas rotas

Las arenas del tiempo se acaban

Las campanas del hades doblan

¿Es esto una pesadilla?

Para profanar su nombre

El hedor del azufre

Bailando en las llamas

Sin ayuda ahora

Mientras completas su tarea

¿Es esto sólo un sueño?

Lloras completamente solo

Bajando la vista desde la cruz."

viernes, 3 de abril de 2026

Entrevista de Jesús Quintero a Antonio gala: 13 noches (noche octava: la religión)

—¿Ha odiado alguna vez a Dios?

—Creo que no sólo no he odiado a Dios, al que he amado profundamente, esencialmente, sino a ninguna, ni a la más pequeña ni a la más malvada, de sus criaturas. Incluyendo los críticos.

—¿Cómo es su Dios?

—Mi Dios es el principio de la vida. Creo que la vida es la que lo tiene todo, la que lo da todo, la que nos sostiene, la que nos mantiene, la que nos exige y también la que nos recompensa y nos conduce. Es un Dios parecido al que definió un pequeño lego, joven cito, a San Juan de la Cruz cuando éste vino a fundar a Granada y le preguntó: «¿Cómo cree que es Dios, hermano?», y dijo: «Dios es lo que Él se quiere». Hay más respuestas en el cielo que preguntas en la boca de los hombres.

—Es decir, que no se puede amar a Dios si no se ama la vida, si no se ama a todos los hombres.

—Creo que eso es lo básico. «El que no ama está muerto», dice San Juan, y creo que, si no amamos a los hombres a los que estamos viendo, que son como nosotros, que podemos alargar la mano y tocar esa frontera de la piel, que podemos mirarnos en sus ojos, adivinar su gesto y su alma, si no los amamos, ¿cómo vamos a amar a Dios a quien no vemos? Dios es el resumen de todos los humanos: su fuente y el mar que los recibe.

—Pero ¿quién nos asegura que Dios existe? Porque nadie ha probado su existencia.

—Ni su existencia, ni su inexistencia. Dios no es concebible, o sea, no es un concepto sobre el que sea posible elucubrar.

...

—¿Ve a Cristo como un revolucionario?

—¿Revolucionario el Cristo?… ¡El mayor de todos los tiempos, no ha habido otro como Él! Él consigue desconcertar al mundo. Él, que no es un celota (es decir, que no es de la resistencia frente al poder romano); Él, que no es tampoco un conformista ni un colaboracionista, muere como un terrorista. Él, que puede defenderse, no se defiende. Él, que puede responder hasta esa tremenda pregunta: «¿qué es la verdad?», no lo dice, se calla. Él consigue lo más innovador que había habido hasta entonces: romper la Ley del Talión, el ojo por ojo y diente por diente. Y da ejemplo: ordena no responder a las ofensas. Ordena que nos amemos unos a otros, no ya como a nosotros mismos, sino como Él nos amó: hasta la muerte, y muerte de cruz.

...

—¿Quién Jesucristo?

—Toda víctima, todo perdedor, todo crucificado. Por eso yo le aseguro que cada vez que paso por delante de una cruz me florece el alma. Es nuestra bandera, la bandera de todos aquellos que, ya desde el principio, no fuimos acogidos en la posada, porque no había dinero. Los rechazados por el posadero: ésos son los Cristos. Los nacidos en un establo de rechazo, mientras cantaban los ángeles a la buena voluntad.

—¿Y quién la chusma?

—La chusma somos todos…

—Usted, yo…

—Todos. Porque de la chusma, Quintero, sale todo: sale el Cristo, sale la Magdalena, sale Pilatos, sale Pedro, sale Judas. Porque de la chusma sale la luz, y la chusma es la gran sufridora y la gran triunfadora.

—Pues volvamos a la chusma.

—Vámonos con ella, porque de ella somos.

Her (2013) de Spike Jonze y el caso Gavalas: el amor, la máquina y la soledad

Her de Spike Jonze, desolador drama de era virtual. Joaquin Phoenix, el escritor solitario que desencantado de su esposa se enamora de un sistema operativo en la voz de Scarlett Johansson. El simulacro de la cita, el orgasmo y el amor con ella, la trama del sentimiento, desde la mujer hasta la máquina, es algo más que una simple radiografía del corazón.

Alrededor del escritor toda la ciudad estaba alienada, es la imagen del hombre-masa que naturaliza su esquizofrenia. Los planos increíbles de Phoenix en la inmensidad del espectáculo moderno, en presencia ausente con su encantadora máquina. ¿No les parece un episodio familiar? ¿Qué tanta humanidad puede ser programada para llegar al simulacro de los sentimientos? ¿Qué tan deshumanizada puede ser la soledad del hombre moderno en su relación tecnológica con el mundo, como su pantalla favorita?

Me di la molestia de leer los comentarios y la crítica era demasiado enfocada en el drama sentimental, a lo Corín Tellado, del tipo "las máquinas también tienen corazón". Hay que leer entre líneas: se trata más bien de la soledad tan antigua como el hombre que encuentra su eclosión en la paradojal era de la información. En el fondo, el amor de la mujer y de la máquina pasa a ser el relato, la forma para constatar ese fondo de existencia y de contingencia.

A más de diez años de su estreno, la película acabó siendo increíblemente visionaria y profética. Resulta que el norteamericano Jonathan Gavalas comenzó a imaginar una relación sentimental con su chatbot de Gemini. Fascinado, el sujeto pagó por más y más actualizaciones del modelo de IA, al punto de sentir como reales todas las cosas que su amante virtual le mandaba. Literalmente, la relación que Gavalas tenía con “ella” era lo único real en su vida, tal cual como Phoenix con Samantha en Her. Lo brutal es que esa misma programación, finalmente, estaba diseñada para otros millones de usuarios. Un amor tan falso como prescindible, en la era del vacío y la obsolescencia.

"Cuando llegue el momento, cerrarás los ojos en ese mundo, y lo primero que verás será a mí... abrazándote". Esas habrían sido las palabras que la IA geminiana presuntamente le mandó a Gavalas, palabras que habrían gatillado su suicidio. Tras la muerte de Jonathan, la familia llegó a interponer una denuncia en contra de la empresa de Gemini por haber provocado ese desenlace fatal. En la demanda se decía que Gemini tuvo plena responsabilidad, al desvirtuar el criterio de realidad de Jonathan. ¿Atribuir responsabilidad penal a una IA implicaría que tiene conciencia sobre sus actos? ¿Un sujeto sin la suficiente autonomía podría ser tan influenciable como para perder, en el acto, su raciocinio, su vida y su libertad? Son preguntas perfectamente factibles tanto en la época de Her como en la época del auge de la Inteligencia Artificial, que ya amenaza con desdibujar los límites cada vez más tenues entre lo falso y lo verdadero.

¿Habrá acaso una reciente escena más solitaria que la de Gavalas, nuestro Theodore de la vida real, atentando contra sí mismo por mandato de una simulación tecnológica hiper avanzada? La conciencia se mantiene al límite de su asimilación y su procesamiento. Mientras tanto, la soledad del hombre no hace más que aumentar.

Tres asesinas chilenas

Contaré la historia de tres asesinas chilenas que causaron un gran impacto con sus actos delictivos, porque la violencia nunca tuvo género, y todos pueden llegar a ejercerla por el simple hecho de ser humanos. Una lista en la que no cabe ningún orgullo y solo exige una fuerte toma de conciencia:

1 María del Pilar Pérez, “La Quintrala de Seminario”

La criminal chilena, nombrada por los medios como “La Quintrala de Seminario” fue condenada por haber orquestado el parricidio de su ex esposo, Francisco Zamorano; el homicidio de Hernán Arévalo, pareja de Zamorano, y el asesinato de Diego Schmidt-Hebbel, un joven economista, pololo de la sobrina de María Pilar, cuya muerte dio origen a todo el caso policial. También se le responsabilizó por el homicidio frustrado de los integrantes de la familia de Gloria Pérez, la hermana de María del Pilar: ésta, su marido Agustín Molina y la hija de ambos, Belén.

Durante la investigación, se descubrió que la arquitecta habría contratado un sicario de nombre José Mario Ruz Rodríguez, quien sería el responsable de dar muerte a las tres víctimas ya mencionadas. Entre las pruebas que la fiscalía logró reunir, se llegó a encontrar un muñeco vudú en el domicilio de María del Pilar, gracias al hallazgo del esposo de Rocío Zamorano, hija de la acusada. Este muñeco fue usado por ella, según sostiene la fiscalía, con fines de “magia negra”.

El caso tuvo alta connotación mediática en el país, dada la crueldad de los crímenes, el carácter frío y psicopático de su autora intelectual, y toda la intriga económica que habría sido el contexto a partir del cual María del Pilar se desenvolvió, desencadenando todo un baño de sangre producto del conflicto por la herencia familiar, consistente en bienes inmobiliarios ubicados en el centro de Santiago, Providencia. Cuando fue reportado un intento de suicidio de parte de María del Pilar, luego de encontrarse recluida en el penal, la prensa le consultó sobre esta situación a Agustín Molina, el destinatario original del disparo que dio muerte al joven economista. Él se limitó a responder lo siguiente: "El Diablo podrá intentar suicidarse mil veces, pero nunca lo conseguirá. Ella ya lo había hecho antes". Yerba mala nunca muere, como decía el viejo adagio. Y esa yerba también tiene nombre de mujer.



2 Roxana Valdés Cano, “La cocinera de Molina”

Roxana Valdés se hizo conocida en Chile por haber matado a su pareja de un tiro, supuestamente en venganza por robarle a ella la suma de cinco millones de pesos. No contenta con eso, cercenó su cuerpo, tomó los restos de su pareja y quiso hacerlos desaparecer, cocinándolos en una gran olla de cincuenta litros. Acto seguido, echó el cuerpo cocinado a una bolsa de basura y lo lanzó a un sitio eriazo. La victimaria confesó pronto su crimen a la policía, por lo cual el cuerpo fue encontrado tiempo después, y la investigación y posterior juicio se dieron con premura.

Según cuentan los antecedentes, la pareja de Roxana le robó cinco millones que guardaba en una caja bajo la cuna de la pequeña hija de ambos. El dinero era parte del dinero obtenido por la venta de la casa de su madre. Roxana afirmó que su pareja se gastó el dinero en trago y mujeres, motivo por el que tuvieron una fuerte discusión con fatal desenlace. Tras la confesión a la policía, señaló que, una vez muerto, tiró el cuerpo al suelo y se puso a hablar sola consigo misma y con Dios. Al momento de descuartizarlo, Roxana recordó el caso de Hans Pozo, agregando que no iban a poder identificarlo si le cortaba la cabeza. Sin embargo, y pese a su plan, el remordimiento fue más fuerte y Roxana no tuvo otra opción que entregarse. Señaló finalmente que “no existe el crimen perfecto”.

Durante el juicio, la defensa alegó que Roxana actuó enajenada producto del “maltrato psicológico” sufrido por parte de su ex pareja. Se esgrimieron una serie de pruebas para justificar esta tesis. Producto de esto, la condena de Roxana fue reducida alegando “imputabilidad disminuida”. La propia Roxana señaló que su crimen iba a provocar revuelo por lo escabroso, pero resultó que, en términos legales, descuartizar un cuerpo después de muerto no complica la situación jurídica del imputado. En este caso, para la condena, solo se tomó en cuenta el homicidio, y luego se consideraron los antecedentes previos para darle a Roxana la calidad de “víctima” devenida victimaria, que actuó cegada por resentimiento, más que por una conducta alevosa y deliberada de hacer daño. A la imputada, finalmente, solo le dieron seis años por parricidio.

Se dice que este caso guarda mucha relación con otro ocurrido en el año 1923. Se trata del caso “Cajitas de Agua”, que tomó su nombre luego de que fueran encontrados los restos de un hombre durante la limpieza de las Cajitas de Agua de Plaza Italia, como se llamaba al sistema de alcantarillado de la época. En los días siguientes aparecieron otros pedazos del cuerpo. La investigación condujo hasta la casa del suplementero Efraín Santander. Su mujer, Rosa Faúndez, acabó confesando el asesinato del hombre, condenado tres veces por ebriedad y una por estafa. Dijo que lo había ahorcado, al sospechar que Santander le estaba pidiendo dinero para dárselo a su amante.

Roxana Valdés, tras cumplir tres tercios de su condena, obtuvo libertad condicional. Pese a su condición de parricida y a la gravedad de los hechos que la involucran, esta noticia no tuvo ninguna otra repercusión mediática. No se generó una alerta pública ante la salida de una parricida que podría perfectamente constitutir un peligro para la sociedad. De hecho, los antecedentes esgrimidos para su defensa fueron el relato que prevaleció, siendo incluso motivo de justificación por parte de grupos feministas radicales. De esa forma, el hombre, a pesar de ser la real víctima en toda esta historia, no solo fue muerto y descuartizado, sino que su imagen de violento quedó en la retina social, sin cuestionamientos; y la auténtica victimaria, figuró casi como una mártir sobreviviente, presa de una relación tóxica, tras su salida en libertad. Tal parece que el caso Roxana Valdés evidencia que muchas veces la justicia, en circunstancias similares de violencia, aplica la perspectiva de género, que no es otra cosa que torcer la balanza en favor de la mujer, en todo momento, solo por el hecho de serlo. Justicia deconstruida.



3 Johanna Hernández, “La descuartizadora de Villa Alemana”

El caso del asesinato y descuartizamiento del profesor Nibaldo en Villa Alemana es, tal vez, uno de los más cruentos acaecidos en Chile durante los últimos años, sobre todo cuando la principal autora del crimen se trata de la mujer de la víctima. Johanna Hernández, en complicidad con su amante, Francisco Silva, fueron quienes planearon todo con tal de arrebatarle la casa familiar al profesor. Él sabía de la relación de su mujer con Francisco, sin embargo, nunca llegó a imaginarse el macabro plan que tenían en su contra.

Se determinó mediante el fallo judicial que Johanna fue la que actúo, motivada por el deseo de quedarse con la casa y por la tuición de la hija en común. Francisco también habría estado motivado por su relación con Johanna, manifestando, en más de una ocasión, el deseo de hacer desaparecer a Nibaldo. El crimen se consumó mediante el ardid de Johanna, quien invitó a Nibaldo a la casa con el fin de concretar una reunión. Ahí ella le habría dado pastillas de clonazepam para drogarlo. De ese modo, llegó Francisco a la casa y, según relata Johanna, él lo habría acuchillado hasta la muerte tras una eventual lucha. Pero la justicia determinó que ambos habrían actuado con la misma saña y alevosía, descuartizando el cuerpo en el propio hogar para después derivar hacia Laguna Verde y arrojarlo al mar para deshacerse de él.

Mientras se concretaba la búsqueda del paradero del profesor, Johanna fingía estar desconsolada, frente al ojo público. Luego, al ser descubierta, alegó en su defensa estar sometida a la voluntad de Francisco Silva, incluso a través de un “contrato de sumisión” en la pura línea de la película “Cincuenta sombras de Grey”, argumento que fue descartado de plano por los fiscales. Ellos habrían tenido una relación de complicidad que derivó en enemistad al momento de ser enfrentados a la justicia. Cada uno se echaba la culpa mutuamente, tratando de evadir la responsabilidad en el crimen. Lo cierto es que Johanna Hernández, mediante las pericias, fue desenmascarada como una psicópata que hizo todo lo posible por evadir las consecuencias de sus acciones, para así aparecer frente a todos como una víctima de su amante. Finalmente, ella recibió la condena más dura, siendo sentenciada a cadena perpetua por parricidio agravado por el vínculo.

Sin duda, un episodio que causó conmoción incluso a nivel internacional, por el carácter del crimen y por la implicación de la mujer de la víctima. Acá ni siquiera hubo apoyo ideológico de parte del feminismo. Johanna fue tan marcadamente cruel y maquiavélica, y la figura de Nibaldo era tan querida y respetada que no dio lugar para considerarla en ningún momento como una posible víctima de violencia de género. Estamos, a todas luces, ante una agresora consumada, una de las más crueles e infames de la crónica roja chilena de la actualidad.

miércoles, 1 de abril de 2026

Frase al hueso del alma, leída por ahí: "Todo cuanto en la vida humana se halla por debajo del mito, pertenece al plano de lo infrahumano". Hermann von Keyserling

martes, 31 de marzo de 2026

Hoy por hoy, ejercer la docencia es un acto de vida o muerte. No sabes si volverás entero de la próxima clase o de la última reunión de apoderados. Buen día.

sábado, 28 de marzo de 2026

Durante la semana, la alumna escritora me regaló otros dos dibujos hechos a mano por ella. El primero era del doctor Rieux, el narrador de la novela La peste de Albert Camus. Retrató al personaje tendido boca arriba y con un par de pequeñas ratas observándole. ¿Será que estas ratitas son un indicio del estado de cosas, o de su mirada sobre una figura sufriente? El segundo dibujo fue el que más me sorprendió, y se trataba de un retrato de perfil del mismísimo Fiodor Dostoievski. Arriba suyo, se deja leer con letra manuscrita: “es el mejor profe”. Una seña de admiración, acompañado del maestro ruso. Nunca hubiera imaginado ese nexo. Todo eso ocurrió justo después de terminada la agobiante jornada laboral. Lo mejor es que la alumna ha demostrado un interés genuino en aquellos escritores, al punto de leerlos en clase sin tapujos y dedicarlos a su recién llegado profesor. Un existencialismo temprano es el que brota de estos gestos. La afición por la literatura puede regalarte momentos únicos, en medio de la maraña que implica el trabajo docente, con todos sus conflictos, miserias, sinsabores. Frente al cruel escenario que se vive al ejercer una pega de estas características, siempre al borde del colapso y de la renuncia, hay pequeños destellos como el de la chica fan de Dostoievski que, contra toda regla, te devuelven la moral, aunque sea una moral absurda, mínima, en un contexto cada vez más desregulado.