Hay un libro que salió como el más leído en las cárceles de Chile, durante el 2025: “Las once mil vergas” de Guillaume Apollinaire. Para el año 2020, se hizo un ranking similar y lo más curioso es que la obra del italiano también quedó en el mismo puesto. Un clásico predilecto entre los reclusos. Algo libidinoso para tiempos duros. Otro libro que se repitió fue “El jardín de secreto” de Chesterton. Habría que indagar en la psicología profunda de esas elecciones literarias. ¿Cuál es el canon de los encerrados?
sábado, 7 de marzo de 2026
Según la IA, un ejemplo del “arte del chamullo”, bajo la anatomía de la sala de clases, sería algo como la siguiente respuesta a una pregunta de desarrollo: “la existencia se teje entre las sombras del desconocimiento como un pájaro que huye del invierno en busca de un sol imaginario… la retórica es el último refugio del náufrago. El caperío criónigo”.
"Historias desequilibradas por la altura y otros desalientos", indicó mi tío que podría ser un buen título para un próximo hipotético libro. Desequilibrio. Desaliento. "Sobre todo y considerando que tu prosa es energía en colisión, genera partículas de antimateria literaria. Estoy de acuerdo con Zavala en aquello de que un buen ajedrecista se reconoce por sus finales".
“La literatura no es algo soluble en religiones, en filosofías y en ideologías políticas. Siempre han tratado naturalmente de encapsular a la literatura en nombre de una religión, de una filosofía y de una ideología política. Ahí tenemos a Platón, a Calderón de la Barca, a Bertol Brecht, la llamada “literatura feminista”, etc. Siempre se trata de etiquetar a la literatura para llevarla a un determinado corral, a un determinado corralito filosófico, ideológico, religioso, pero la literatura se escapa, huye de las celdas y de las cárceles. La literatura siempre ha huido de los conventos, de las universidades y de los parlamentos políticos. Siempre ha huido de todos esos sectores, sin embargo, todos quieren meterla en su cama. La literatura no es la puta de las ideologías, en absoluto”. Jesús G. Maestro.
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