sábado, 18 de abril de 2026

Algunos apuntes hechos en el Seminario de Graduación del Magister en Escritura Narrativa: donde no hay nada, hay mucho y fracasar es otra forma de contar. Como ejemplos están Levrero con La novela luminosa y Emmanuel Carrere con El adversario. En el primero, se trata de un monumental fracaso creativo, la imposibilidad de la obra absoluta; en el segundo, por partida doble, se relata el fracaso vital de Jean Claude Romand y, al mismo tiempo, se cuenta el propio fracaso del narrador al momento de abordar el caso, la propia zozobra se vuelve materia literaria y la crudeza de lo ocurrido borra cualquier atisbo de significado. Confiesa el propio narrador: "es imposible pensar en esta historia sin decirse que hay un misterio y una explicación oculta. Pero el misterio consiste en que no hay explicación y en que, por inverosímil que parezca, las cosas fueron así".
Combatiendo el materialismo rampante de muchos seudo pensadores, me quedo con las visiones, los delirios, los sueños, los mitos, los símbolos, los misterios... Hay un libro que abre un umbral y se llama Realidad daimónica de Patrick Harpur. Allí, Harpur "propone la existencia de una "realidad daimónica", es decir, un espacio intermedio entre lo objetivo y lo subjetivo habitado por mitos y visiones. Estaríamos así, de acuerdo a su noción, frente a una suerte de un "Tercer Mundo" o "Mundo del Alma" (Anima Mundi) donde habitan los daimones, entidades que no son ni puramente físicas ni puramente imaginarias, vale decir, entes ambivalentes que median entre lo humano y lo divino. En esta realidad no literal podrían incluírse desde los dioses antiguos y hadas hasta fenómenos modernos como los ovnis o apariciones marianas".