La noche de todos los muertos es mañana, pero también puede ser ahora, y siempre tuvo la cualidad del umbral. Ahí está, para quienes no quieren advertir su significado y se escudan en su interpretación más bien moralista, ligando lo oscuro a lo malo, o lo ominoso a lo destructivo. Nada de eso. El día en que se marcaba el fin de la cosecha, para los celtas, presagiaba la visita de los espíritus al mundo de los mortales. Se encendía el fuego para espantar a las "almas negras", devolverlas de regreso de donde vinieron y también alumbrar el camino de aquellas que buscan la luz. Cuando llega la víspera de todos los santos, ocurre la apertura del portal, y con ella, la reaparición de los viejos simbolismos: las brujas, con su control sobre la fortuna, vuelven a los aquelarres donde el ingreso de los hombres está vetado; los murciélagos se convierten en guardianes nocturnos de aquellos perdidos en medio de la oscuridad; los gatos negros, más allá de su mala fama, adquieren una dimensión espiritual y protegen contra los malos espíritus, incluso rebelándose a su representación trágica en cuentos con el mismo misterio de Poe; los búhos, aves sabias y profundas, presagian la muerte y el desastre, con un vaticinio protector; los fantasmas y esqueletos comienzan a vagar por la tierra, invocando el carácter transitorio de las cosas de este mundo y la cualidad inexorable de aquella otra vida; las arañas y las telarañas reaparecen en todos los rincones y esquinas oscurecidas de todos los espacios como evidencia del olvido y del embrujo del tiempo; y la luna, imponente en las negras alturas, traza un intersticio entre el nicho de la materia y el reino de las almas, todavía tenue ante el arribo del ocaso.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario