miércoles, 21 de octubre de 2026

Apuntes sobre narrativa brasilera

Escritos en el contexto del curso de Narrativa Brasilera, ramo optativo. Mayo 2012.


El narrador en Machado de Assís desestabiliza, desequilibra, fragmenta, relativiza los supuestos y verdades establecidas por la Modernidad instalada subrepticiamente a partir de 1880 en Latinoamérica a partir de la apertura al mercado capitalista mundial. Este gran proyecto de modernización tuvo importantes efectos en el continente, que en primera instancia padeció sus consecuencias con el riesgo de incorporarse exitosamente o de ceder y sucumbir ante la presión ejercida sobre su entidad. En segunda instancia, el proyecto más bien provoca el fenómeno del Modernismo que involucra respuestas manifestadas, en este caso, mediante corrientes u obras literarias particulares. Resulta que los latinoamericanos se han ido apropiando de los elementos de la modernización provenientes del extranjero para reincorporarlos a sus diversas idiosincrasias, por lo cual es preciso hablar de una “sucesión de modernidades” o de “modernidades sui generis”, que en todo caso, no resultan miméticas, sino que por el contrario, reconstruyen el panorama de la Modernidad, adaptándolo a las particularidades del heterogéneo universo latinoamericano, por lo cual mediante este proceso, el proyecto ideal de Modernidad acaba por ser filtrado, fragmentado, reinterpretado y re-significado, justamente mediante el fenómeno literario, que de acuerdo a lo postulado por Antonio Cándido (1991) proyecta una conciencia crítica con cualidades visionarias respecto a las crisis ocurridas a nivel social en la historia. Por lo tanto, el narrador machadiano deja entrever, mediante una manipulación diegética, ficcional y textual expresada a través de la ironía, la fragmentación de la memoria, la ambigüedad discursiva y la contradicción, aquella terrible conciencia de las crisis verdaderas que son representadas en este “juego de roles y de máscaras” que el narrador formula en sus textos narrativos, siendo él mismo nada más que un juego de máscaras, al igual que los diversos relatos que se sumergen y salen a flote, dialécticamente. Al igual que los relatos del Brasil y de Latinoamérica. Más allá de esas máscaras, quizá solo se vea el transparente rostro de la vergüenza, la vergüenza por una verdad que mata por los ojos.

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El lenguaje en la narrativa de Guimaraes Rosa se manifiesta de tal forma que sospecha de si mismo y rompe con las concepciones narrativas más tradicionales, como la inaugurada por Edgar Allan Poe y su teoría del cuento y la unidad de efecto, según la cual para el autor todo cuento debiese poseer una estructura esférica, es decir, todo en el cuento debiese apuntar a un sentido unitario que se resuelve de manera definida. En cambio, en Guimaraes Rosa, como quedó señalado, se trata más bien del relato narrativo como infinito, es decir, la propia recursividad que implica una indeterminación, un pasar, un llegar a ser y un dejar de ser perpetuos, siguiendo en cierta medida la veta explorada por autores latinoamericanos contemporáneos que profundizan dicha problemática, como Borges, por ejemplo, en Las ruinas circulares. Quizá para Guimaraes Rosa, no se trate tanto de la imposibilidad de contar algo, de una fatalidad de lo indecible, sino que de la ilusión de contar algo definitivo. Precisamente lo infinito es proliferación de relatos y de lecturas. Son jardines de senderos que se bifurcan, borgianamente hablando. Y es una tentativa de ir más allá de las palabras: las palabras como laberintos que es preciso resolver. Entre sus pasillos y paredes serán posibles las fisuras: otras imágenes, otros mundos.