martes, 30 de junio de 2026

En la fiesta de San Pedro en Valparaíso, se da un sincretismo único: el símbolo del pez, tan caro a Simón Pedro, apóstol de Jesús, resuena con el de las distintas especies de pescado que cazan los pescadores porteños de Caleta El Membrillo y Caleta Portales. La comunidad realiza una procesión y honra al Santo Pescador por la abundancia en las costas. Esa ha sido la tónica durante más de ciento veinte años en la ciudad. Hay una imagen en el Antiguo Testamento en la que la figura del pez está anclada a la incertidumbre. Dice, en el Eclesiastés: “el hombre ignora su momento: como peces apresados en la red, como pájaros presos en el cepo, así son tratados los humanos por el infortunio cuando les cae encima de improviso”. En esos versículos hay una zozobra y una vacilación, la misma del porteño que no sabe todavía qué esperar del mar que le circunda. Por unos cuantos días, los mismos en que Simón Pedro fue crucificado por Nerón, acusándole de haber quemado Roma, los porteños olvidan aquel infortunio bíblico y lo subliman por medio de un rito, mientras avanzan con el santo a cuestas a través de la Avenida Altamirano. Entonces, el pez adquiere una connotación crística. Se vuelve la criatura que permanece viva en las profundidades de las aguas. Se vuelve aquel que nada contracorriente y se sacrifica. No se puede separar el elemento santo del oficio del pescador en los mares del puerto. Sería desconocer su propia tradición y su historia recóndita. Por eso, si va a algún restorán de Valpo y se sirve una pescá o una merluza frita por estas fechas, recuerde y tenga en cuenta que su carne y hasta sus escamas están benditas con la plegaria sagrada del trabajador del mar.