lunes, 1 de junio de 2026

El amigo de la Media con el que fuimos a Slayer hace veinte años, me comentó por interno sobre un video de más de una hora que se viralizó por todo internet a propósito de la reunión del grupo. Se trata de una grabación de la banda que data del año 86, en la que aparecen ensayando en una especie de garage desordenado en California, para luego dirigirse a un cementerio llamado Calvary Cemetery, lugar donde fueron entrevistados durante 45 minutos. Al amigo le dio risa el video porque los chicos de Slayer aparecían jóvenes "en una casa qla", y parecía que era "la casa de los Araya en Viña, casa con palos qlos y un auto tapado en el patio al igual que una casa en Chile, típico de un patio donde acumulan weas". Sin duda, para el compadre, y esto es algo que reafirmo: los wnes eran como unos wnes cualquiera. Yo le agregué que, por eso mismo, tenían "toda la esencia under". Y el video viralizado se muestra como una evidencia de eso.

Otra cosa que le dio risa al amigo es que, según él, si uno se detuviera en el año 2005 y viera ese video antiguo se nota que es ochentero, pero si en vez de un video de esa época, uno viera ahora mismo un video del 2005, notaría que esa diferencia de dos décadas ya no se percibe tan distante en el tiempo. Este es un fenómeno más común de lo que se cree, e incluso ha sido estudiado desde la neurociencia y la psicología. Existe una amplia percepción colectiva de que el paso del tiempo, desde los años dos mil en adelante, se ha ido acelerando de manera progresiva. Unos lo asocian a la llamada teoría proporcional; otros, a la sobreestimulación digital y a la consecuente aceleración del ritmo de la vida de la mano de un mundo cada vez más hiperconectado y vertiginoso en su sobrecarga. La cuestión es que la intuición del amigo ya ha sido estudiada ampliamente, y confirma algo que yo también comparto, por eso mismo le comenté que de los noventa para abajo, la cosa era así, el tiempo, o su percepción, parecía tener otra sustancia, digamos, más orgánica, relacionada además con la familiaridad de un mundo y una vida más analógica. "Pareciera que fuera ayer cuando estábamos todavía en el colegio y nos pasábamos los cds pirateados en mp3", le dije al amigo, sumándole nostalgia al asunto. "Sí, cuando empezaron los dos mil como que quedó todo estancado, ya no se distingue cómo pasa el tiempo", agregó el compa, con un dejo reflexivo.

Vuelvo sobre el video de ensayo de Slayer como quien vuelve a sus años más inexpertos, aunque más expectantes y entusiastas. En dicho video, ninguno en la banda sabía lo que estarían a punto de lograr con su "Reino de Sangre". Y nosotros mismos, cuando fuimos a verlos en aquel concierto legendario hace veinte años, no teníamos ni idea que estaríamos ahora, más viejos y distantes, hablando sobre aquel registro inédito ni cuestionándonos el tiempo mismo al ritmo del thrash metal. A todo esto, el amigo dijo que se restaría del próximo concierto de diciembre, porque su estilo de vida como padre de familia hogareño ya era incompatible con esas lides. A él, la nostalgia le pegó de otra forma. Aun así, seguimos rumiando ciertas glorias del pasado, cual retrómanos, y persistimos en rebobinar el tiempo para volver a escuchar aquella adolescencia análoga, como si se tratara de un cassette regrabado encima en algún programa de radio, pero allí ya no hay equipo de música stereo con sistema de grabación, solo una aplicación aséptica e invisible susurrándonos una próxima recomendación algorítmica.