En el nuevo colegio, encontré a otra alumna que escribe. La de mi anterior pega, aquella chica de gran talento, ya egresó, pero me recordó a ella, inevitablemente. Cuando me acerqué a ayudarla con una actividad, estaba leyendo “Alas de sangre” de Rebecca Yarros, una saga de fantasía juvenil de la cual no tenía idea. La alumna leía de manera atenta, profunda, incluso manifestó sentirse enojada, por la sencilla razón de que moría uno de los personajes más queridos. En ese momento, me importaba más la afición literaria de la alumna que el libro que leía en medio de la clase. Le pregunté si acaso, aparte de leer novelas de fantasía, le gustaba escribir. Dijo que sí, que de hecho había traído consigo unos cuantos textos. Me los mostró casi de inmediato. Los había escrito en una libreta de Banco Estado, convertida en diario de vida. En la portada, aparece en grande la palabra Poeta, pegada con scotch sobre un pequeño pedazo de cartulina y de hoja de bloc. Abajo, la palabra diary y la siguiente leyenda, recortada y sacada de otra parte: “¡Escriban! No queremos ser un monólogo, sino que un diálogo”. Más abajo, escrita con lápiz pasta, la frase: “welcome to my lyteraturi world”. Y en la parte superior, un extracto de versículos bíblicos que francamente me sorprendieron: “Dios Le Ama, Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. Unos versículos que reflejan una temprana devoción, comparable a la literaria, o quizá un simple experimento de collage dadaísta. Antes de terminar la clase, la alumna escritora me prestó el diario con la condición de que lo leyera y pudiera darle mi opinión. “Su opinión de verdad, no como profe, sino que como lector”, repitió ella, muy incisiva en ese sentido. Parecía tomárselo en serio. Y yo así también lo hice. Me puse a leer algunos pasajes de su diario, obra en borrador en la que predomina el sentimentalismo y la añoranza del amor en clave romántica, algo muy propio de su edad, aunque también incluye algunos pasajes con mayor capacidad de reflexión, como cuando señala que: “el secreto está en crear historias hasta que el mundo se llene de color (…) pero no sé si eso pueda pasar todavía porque hay mucha gente con mucha maldad y perversidad”. Esas puras líneas me hablan de una lucidez precoz, la lucidez de quien intuye que algo está pasando, la sensibilidad de una chica que tantea unas cuantas palabras sobre el papel y se da cuenta que, frente al caos vigente, sus deseos más íntimos y sus anhelos de un mundo “sin crueldad ni anti-valores” siguen siendo demasiado frágiles. Procuraré conservar la belleza espontánea y orgánica de sus confesiones, porque la conciencia es una presencia inexorable, y la candidez de esta alumna escritora, su tesoro único, solo puede permanecer sellado en ese diario hecho a mano, antes que la vida haga lo suyo y comience su faena de crecimiento y desilusión.