jueves, 1 de octubre de 2026

"Tres cuartas partes del universo son oscuridad. Hay mucha más oscuridad que luz”, dijo Mariana Enríquez. Se trata de una afirmación poética y literaria basada en una formulación planteada por la moderna astrofísica. No es cien por ciento precisa en términos científicos, pero su potencia radica en las implicancias de su significado, y en su resonancia con el espíritu de los tiempos, digamos, con el clima humano que se experimenta a nivel global, pandemia y belicismo mediante. En su novela “Nuestra parte de la noche”, Enríquez usa como trasfondo el trauma de la dictadura argentina y la conspiración del poder secreto para articular un relato de suspenso y de misterio en donde el horror cósmico vuelve a cobrar su porción de realidad en la ficción. La Orden –secta de familias ricas- puede representar la crueldad de la elite política argentina e hispanoamericana, pero también puede ser una metáfora de otras sectas más temibles operando en otros terrenos y en otras lides. Se me ocurre Bohemian Grove, Club Bildeberg, Skull and Bones, entre tantas otras. En el fondo, la narrativa de Enríquez es profundamente política y acorde a nuestra época convulsa, atravesada por coordenadas incomprensibles, porque entiende que el mal no es solo un desvío moral: es una estructura completa. Tiene su engranaje en los propios mecanismos de un sistema enrevesado y deshumanizante, y cual egregor perverso, se alimenta de bajas energías y vibraciones operando en cada devenir histórico, como si se tratara de materia oscura abriéndose paso de manera implacable a través de las conciencias. Entiende que esa “parte de la noche” está ahí afuera, con su lógica demoniaca, aunque también está ahí adentro, sirviendo de sombra aún no reconocida ni asimilada por el ego herido.

No hay comentarios.: