"¿Qué harían los activistas de la “batalla cultural” con sus enemigos si tuvieran todo el poder?
La virulencia de estos artilugios podría formularse en los siguientes términos:
“Si no te encasillamos, no podremos controlarte. Si no ganamos la batalla cultural; esto es, si no logramos convencerte de que te sometas a nuestra ideología, nuestros principios, nuestras instituciones, nuestros proyectos, nuestra ideologización del arte y la filosofía, ni por la seducción, ni por la persuasión, ni por la fuerza, entonces te destruiremos”.
La búsqueda de una captación de la verdad exige la misma condición señalada por Leonardo Sciascia en Negro sobre negro (1979): “la independencia, el aislamiento, la falta de todo vínculo con cualquier forma de poder constituido, la indiferencia a todo tipo de chantaje económico, ideológico, cultural, incluso sentimental. (…) Una condición muy difícil de conseguir, pero a la que nos podemos aproximar o, al menos, intentar aproximarnos”.
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