sábado, 17 de mayo de 2025

"Todo escritor es un Dios avergonzado. Todos terminamos escupiendo el barro de Adán y llorando a Eva en la página que quemamos"


"El infierno de lo visible es peor que el purgatorio de lo oculto. En las sombras, todos los textos son perfectos"
— adaptado de Edmond Jabès.

Reflexión crítica sobre el Estado Leviatán y la Noción de Estado

La metáfora del Estado como un Leviatán, para el pensamiento de Thomas Hobbes, representa un poder absoluto que se impone sobre el conjunto de la sociedad con el fin de mantener un determinado orden político. El hombre en su estado natural sería, bajo esta visión, nada más que “un lobo para el hombre”. Ahora bien, la metáfora original tiene un marcado carácter monstruoso. El Leviatán bíblico era, de hecho, una fuerza de la naturaleza, poderosa e indomable. El alcance del Leviatán, hoy por hoy, podría extenderse no solo al Estado, sino que a grupos criminales como las mafias y a corporaciones transnacionales que, de hecho, arrasan con las soberanías de las naciones e influyen poderosamente en las condiciones de vida de los ciudadanos, sin un contrapeso real. ¿Es posible pensar todavía en un Estado absoluto frente a entidades que ejercen un poder más influyente? Esta idea tampoco contempla la posibilidad de que, en muchos contextos, el Estado mismo sea corruptible. La historia tiene ejemplos de sobra, al respecto. El gran problema con ese pensamiento del Estado, desde la mirada de Hobbes, sigue siendo el de la legitimidad popular y la falta de pluralismo social, en el contexto de un mundo cada vez más globalizado.

Por otra parte, en el texto de Lesly Llatas Ramírez, “Noción de Estado y los Derechos Fundamentales en los tipos de Estado”, se realiza una definición de Estado según los parámetros contemporáneos. Se puede destacar la idea de Estado como una sociedad política autónoma organizada para estructurar la convivencia de las personas, de acuerdo a ciertas normas constitucionales. Además, para la autora, el Estado siempre posee una concepción ideológica que lo respalda. Este es el punto que resulta problemático, ya que esa concepción, muchas veces, no responde a los intereses de la ciudadanía. Estas desavenencias entre el Estado y la ciudadanía son las que provocan, luego, la falta de representatividad del sistema político de la nación. La falta de respuesta estatal frente a situaciones que ponen en peligro a la sociedad, es entendida como ineficiencia y, en el peor de los casos, complicidad y corrupción. Hay casos vigentes en los que el Estado soberano choca con el derecho internacional, al cual debiera estar subordinado. Es cosa de remitirse a ciertos regímenes autoritarios y al intervencionismo extranjero de algunas potencias mundiales.

Frente a un escenario sociopolítico tan complejo como el del mundo actual, las nociones de Estado, de Estado de derecho y de Estado nación entran en un conflicto importante, desdibujando sus principios elementales. Entonces, es cuando conviene examinar la realidad circundante, realizar un diagnóstico profundo de la situación país, repasar aquellos conceptos políticos que se daban por hechos y proponer una nueva manera de articularlos. El gran desafío que afronta nuestra nación, en particular, sigue siendo el de la crisis del Estado chileno, como hubiera pensado el historiador Mario Góngora, en circunstancias de que nuestra propia nación fue “pensada y creada por el Estado”. La autora Lesly Llatas habla desde la realidad peruana, y señala que es necesario “imaginar el país que queremos” y que se precisa “discutir ideas para avanzar y dejar atrás la desesperanza que parece dominarnos”. Surgen así un par de preguntas que pueden servir de punto de partida para repensar nuestra propia realidad: ¿Cuál es el modelo de sociedad que queremos construir, de cara al futuro, en pleno siglo XXI? ¿Y qué clase de Estado es el que de verdad necesitamos para garantizar la realización de un proyecto país, que no sea solo un montón de promesas sobre una hoja en blanco ni otra tentativa populista más, condenada al olvido de la historia?

El descenso enfermizo a la tumba

“El punk no está muerto, pero huele raro” Jello Biafra

Se quedó mirando los barrotes. Lucían tan herméticos como el féretro de aquel cementerio. Pensó en el motivo que lo había llevado a aquel velorio, el siempre estridente motivo de la muerte. Mientras más pensaba en ella, sentía que algo en su mente no terminaba de rimar. Sentía que su cerebro se descomponía en cuanto recordó un cúmulo de osamentas perdidas, una Báltica tibia, a medio tomar, un montón de orina y de mierda arriba de un escenario maltrecho, con parlantes saturados de rabia. Ya no sabía distinguir si la calavera que aparecía en sus sueños era la de Misfits o la del monólogo de Hamlet.

De pronto, todo el calabozo se vino a negro. Reinó el silencio. Ante su conciencia, emergió la figura de GG Allin. Lo quedó mirando estupefacto, acaso sin comprender lo que estaba ocurriendo. –Te falta mucho, cabrito. ¡Con el punk no se juega!”-, exclamó, en buen chileno, la voz de GG Allin, con una mirada amenazante y un rostro carcomido por los gusanos. Cuando intentó acercarse a la figura de su ídolo, una bruma cubrió sus ojos. Volvieron los pasos y los sonidos de fierro. La imagen de la muerte se le hizo más parecida a un punketa en pelota invocando la distorsión que a un esqueleto sepultado con flores y abono para el camposanto.

Había algo en la idea de la pudrición que lo empujó, aquella vez, fuera de la misa solemne, rumbo al patio de los mausoleos y los sepulcros. Quería creer que en ese reinado de silencio su ruido interno podría salir explotado y reventar los tímpanos de sus enemigos. Imaginó una tocata noise en medio de los espíritus. Una tocata distorsionada como las de antaño. Imaginó que los muertos en su mente lo harían pedazos en un mosh brutal, así que se apresuró a agarrar ese skate, acompañado de su testigo fantasma, y dio un salto que cruzó por completo la lápida de un antiguo presidente socialista. Su salto fue tan intrépido que dibujó en el aire mortuorio una estela de fuego. Tomó su skate y corrió luego hacia una tumba abierta que había allí, como esperándole ser enterrado. Se arrojó en ella de manera furtiva, como si se hubiese arrojado al público en medio de una noche hardcore. Allí se quedó tendido hasta que, para sorpresa de todos los presentes, agarró un cráneo, lo miró fijo y se grabó cantando una extraña canción visceral, una canción disonante, nauseabunda, solo reproducible más allá de la materia.

viernes, 16 de mayo de 2025

Dos contrapuntos a la idea transhumanista de la inmortalidad

En respuesta al escritor Rodrigo Juri, quien apoya de manera ferviente el transhumanismo:

-Así como yo lo veo a futuro, y dadas las condiciones geopolíticas actuales, la sociedad transhumanista será más bien como una proyección Cyberpunk más que una utopía cibernética en donde todos tendrán acceso a las bondades del sistema. Dicho sea de paso, se perpetuarán las mismas reglas del juego, los mismos mecanismos de control, la misma mentalidad depredadora del poder, solo que mucho más sofisticada a un nivel cuántico. Y lo más seguro es que China, en muy poco tiempo, se apuntale como modelo social a seguir, los líderes tecnócratas sigan alucinados con su carrera espacial y las cosas en Sudamérica y el resto del orbe sigan supeditadas a los movimientos de las potencias. No veo mucha evolución humana interior, así como van las cosas, para serte franco (y aquí es donde cobra relevancia la cuestión axiológica y filosófica), solo una profundización de la mentalidad moderna, ahora en una etapa de "Cuarta Revolución Industrial" (como pensase Klaus Schwab) el mismo ánimo materialista desmedido y la misma atávica ambición de poder. Dudo mucho que el grueso de la población, que vive en condiciones de sobrevivencia, acceda a volverse Homo Deus, como pretenden los tecnócratas. Será una cuestión elitista. Es mi diagnóstico basado en las condiciones actuales del sistema. ¿Cómo será de aquí a doscientos años? No lo sabremos y no nos incumbe. Pero para eso está la especulación científica, la literatura de ciencia ficción e incluso la propia concepción tradicional sobre ciclos cósmicos, que puedan anticipar posibilidades o escenarios hipotéticos frente a los cambios de paradigma.

-¿Aceptaría meterse nanobots en el cuerpo con tal de lograr la inmortalidad?

En respuesta al escritor Jorge Collao, quien cuestiona la idea de la inmortalidad:

-He ahí el punto estimado: vivir mejor, no más. Calidad de vida, que no cantidad artificial. A mí me gustaría por supuesto vivir muchos años, pero hasta donde me dure el organismo, sin pretender subvertir el orden natural.

-Es como en el cuento El inmortal de Borges, al final te condenas a vivir innumerables vidas, pero también sufres innumerables muertes, las de los otros y la de todo a tu alrededor. Lo veo más como una maldición que como una bendición: una muy tortuosa forma de infierno, en la que, tarde o temprano, se anula la memoria, el tiempo y la propia identidad. Creo en otra forma de inmortalidad, no fisiológica tecnócrata, sino que simbólica, perdurable en un legado cultural. Sin ir más lejos, el mismo Borges está, a mi juicio, inmortalizado en sus obras y en su imaginario, aunque todo apunte a la pronta desaparición cósmica. Pretender un legado perdurable en vida, lograr la realización en vida (sea en forma de acciones concretas o de obras) es quizá insignificante comparado con la duración del universo, pero es, a mi juicio, el último gesto digno, pese a nuestra limitada comprensión de la propia existencia.

jueves, 15 de mayo de 2025

Comentario a inicio de “Hijo de ladrón” de Manuel Rojas

El narrador protagonista de Hijo de ladrón parte su relato con dos preguntas en una: “¿Cómo y por qué llegué hasta allí?”. Desde ahí, trata de recapitular lo que fue su experiencia en la cárcel, lugar que no es detallado al principio, pero que cobra entidad conforme avanza el relato. El sujeto reconstruido por la voz narrativa se trata de un sujeto desorientado y vacilante. Su voz comienza tratando de buscar alguna mínima certeza que le permita seguir con la narración, y para eso se va interrogando a sí mismo y se cuestiona sobre su propia memoria, sobre sus recuerdos más inmediatos y luego, sobre su experiencia del todo traumática producto de su encarcelamiento. No indaga en los hechos vividos en la cárcel, no tiene tiempo, está demasiado embotado o atravesado por el cansancio o el sufrimiento, de modo que el tiempo para la voz narrativa es un factor indeterminado, algo que vuelve aún más dubitativo al protagonista. Tiempo que, sin embargo, se volverá determinante para su vida, una vez liberado. A propósito, Tiempo irremediable era el título original de la novela, antes de llamarse Hijo de ladrón.

Conforme avanza, la voz del protagonista se limita a mencionar episodios que lo marcaron física y anímicamente, para recobrar algo de fuerza y prepararse para lo que viene. De esa manera, detalla su salida de la cárcel. Acá la voz narrativa expresa una incertidumbre evidente. Señala que para el protagonista nada es fácil, ni siquiera el propio hecho de morir, se manifiesta además una desazón y una impotencia: “¿Qué hacer? No era mucho lo que podía hacer; a lo sumo, morir; pero no es fácil morir”. Lo que debiera ser una situación catártica, al protagonista lo encontró perplejo. Una paradoja vital se produce en ese momento. La voz narrativa delimita, en este punto, la vacilación existencial que envolvió a Aniceto Hevia y que condicionó el rumbo de sus pasos de ahí en adelante.

Recién en la parte dos del inicio, la voz narrativa recobra, poco a poco, los puntos de referencia que constituían la vida pasada de Aniceto. Lo marcó la pérdida de un amigo, primera persona íntima a la que menciona; luego, su arribo al puerto de Valparaíso y su atropellado zarpe al norte por culpa de una serie de personas con cargos de poder, a las cuales Aniceto desprecia. Es en este punto del relato que se dejan entrever visos a una mirada anarquista, la cual resuena con la propia biografía de Manuel Rojas y el recuerdo de sus años de persecución política en la década del 20. La voz narrativa de Aniceto deja patente su desprecio contra lo establecido, y es en ese mismo momento en el que comienza a reconfigurarse su identidad, difuminada durante su tiempo de encierro, sobre todo cuando se asume como un sujeto inmigrante, desahuciado, abandonado por el Estado, literalmente “sin Dios ni ley”, expuesto a la intemperie y al desarraigo. Uno como lector no puede imaginarse a Aniceto Hevia sin esas variables, sin esa voz que surge del encierro, sin esa zozobra humana, sin esa memoria que pugna por ser reconstituida, y sin esa tan marcada conciencia social que emana desde la propia subjetividad golpeada del protagonista, una conciencia real, orgánica, nunca impostada.

Durante el episodio del tren y del extravío en la frontera chilena, se recuerdan con mayor claridad y nitidez los eventos. Será por su calidad de dolorosos e injustos. Y esto, de alguna manera, permite anticiparnos al tenor de la narración a lo largo de toda la novela. El carácter introspectivo y reflexivo se hace más patente, a medida que la voz articula la memoria de manera progresiva y se asienta sobre los hechos que marcan el derrotero de Aniceto y sus andanzas dignas de un personaje de teatro picaresco a la chilena, claro está, sin ascenso ni redención posible. Es ahí en donde se anticipa, luego, la clásica reflexión sobre la “herida” que el mismo protagonista se hace, con el procedimiento del monólogo interior, propio de la narrativa contemporánea de corte existencialista, que yo llamaría “diálogo con la propia conciencia”. La herida existencial ya estaba contenida desde el inicio, ya estaba supurante, solo que no estaba expresada abiertamente, producto de la vacilación del protagonista, por lo que la voz narrativa se limitó a expresar la desorientación y a tratar de reconfigurar el centro psicológico del personaje.

Las preguntas al principio abren una brecha e invitan a conocer el motivo de la caída del protagonista y la razón de su (mala) suerte. Incluso, podrían leerse como versión chilenísima, porteñísima, de las viejas preguntas filosóficas “¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?”. Podría decirse que Aniceto hizo suyas esas preguntas porque reflejaron su propio estado del ser en ese instante. Esas preguntas invitan a viajar al infierno del protagonista, su propio tormento interior y sus circunstancias avasallantes. Pero, lejos de ofrecer salidas lógicas o razonamientos, pueblan de mayor incertidumbre la conciencia del propio lector, interpelado por la indignidad en la que vivían Aniceto y sus propios compañeros, sus “camaradas de ruta”. Al identificarse con el protagonista, sin embargo, se logra ese pacto de verosimilitud que permite, en cierta forma, reflejarse en la humanidad rota de Aniceto, la cual, a su vez, se proyecta en la situación de todos los hombres desposeídos en su condición de paria social.

El comienzo de Hijo de ladrón, al estar narrado en primera persona, en calidad de rememoración, consigue ese carácter íntimo, descarnado y confesional propio de la escritura de diarios de vida o del testimonio autobiográfico, otro signo de la narrativa contemporánea, que hace de la psicología del individuo el centro de gravedad. Y he aquí que la narración ofrece más preguntas que respuestas. ¿Cómo saber en qué punto lo que estamos leyendo es enteramente ficticio o tuvo un eco en la realidad fáctica del escritor? ¿Cuánto de ficticio y cuánto de fáctico hay en tal o cual parte de la novela? Preguntas que uno como lector puede hacerse, si tiene el afán de buscar los nexos posibles entre vida y literatura.

Es evidente que hay elementos de la vida del propio autor en la narración del protagonista, pero tampoco podemos reducir su riqueza narrativa a esa búsqueda entre ficción y realidad, sobre todo cuando la voz narrativa configura, a partir del relato del protagonista, un mundo ficcional posible, con ciertas referencias a una época y a un contexto determinado: el Valparaíso de principios de siglo, visto desde la mirada del abandono social y la precariedad. La resonancia con el presente es inevitable. El contexto de recepción de la obra se vuelve punto focal de reverberación, sobre todo cuando se lee en la misma ciudad representada en la novela, bajo otras circunstancias históricas. Pero ¿será el Valparaíso de Hijo de ladrón el mismo que el vivido por Manuel Rojas? Es más ¿habrá alguna relación remota entre el Valparaíso imaginado y vivido por el autor, y el Valparaíso del tiempo presente? ¿Cuánto del Valparaíso (Chile) de Hijo de ladrón hay todavía en el Valparaíso (Chile) de hoy? Son preguntas que surgieron producto de la lectura y que permiten problematizar la mirada sobre el espacio vital y el imaginario de la ciudad, hasta nuestros días. De partida, la cárcel sigue estando arriba en el cerro, y los reos que salen en libertad continúan bajando hacia el “plan”. El mar de Valparaíso sigue siendo el horizonte abierto en el que se funden los marginados.

El punki profanador de tumbas y “el descenso enfermizo a la ruina”

"El punk no está muerto, pero huele raro". Jello Biafra 

Dicen que un punki de nombre Diego Soto, alias Madame Castel Nebrada, fue visto rayando el mausoleo de Salvador Allende y profanando el de Ernestina Pérez Barahona, en el Cementerio General de la comuna de Recoleta. También se le vio saliendo de una tumba, agarrando un cráneo –a lo Hamlet- y saltando en skate, en los alrededores del cementerio. Según consta, el punki habría asistido a un velorio con sus amistades, para luego hacer lo que hizo, con total libertinaje, acaso al límite de la locura y la estupidez.

¿Quién es realmente Diego Soto? ¿De quién se trata este personaje? No hay mucho que decir sobre él, pero sí sobre su presunta obra. Lo que se sabe es que realizó, hace años, una exposición artística organizada por la propia Municipalidad de Recoleta, llamada “El descenso enfermizo a la ruina”. Además, era el vocalista de una banda punk llamada “Sukeban”, activa en la escena under del punk en Santiago, cuya leyenda en su página de instagram reza: “nos gustan los problemas, grindnoise/powerviolence. Ruido de mierda”.

Tras un operativo policial, la PDI logró dar con la casa de Castel Nebrada. Allí encontraron restos de osamentas junto al cráneo sustraído. Diego Soto había sido llevado al psiquiátrico por una vecina, lugar en el que se concretó su detención. Mostró indicios de haberse cortado los brazos. El bizarro episodio impactó a medio Chile, y claro que tuvo una repercusión política. Desde el PS condenaron los hechos y reivindicaron la figura de Allende. Desde la oposición, aún no se pronuncian. Eso sí, hay constantes comentarios que aluden a la supuesta ideología derechista de Castel Nebrada, cuestión inviable, sencillamente por la falta de antecedentes que den cuenta de su ideario. Lo más probable es que se trate de un tipo desequilibrado que busca llamar la atención, un sujeto que se creyó el cuento de “cagarse en todo”, acaso sin una noción real de lo que significa la anarquía, en su sentido filosófico, o acaso sin una noción real siquiera de lo que significa realmente el punk, en términos vitales de rebelión y no de mero nihilismo autodestructivo.

Algunos se preguntarán si en el vasto mundo del punk realmente tienen, entre los suyos, sujetos capaces de hacer cuestiones reñidas con la ley, la moral y las buenas costumbres. Y la verdad es que sí. Basta con mencionar a los Misfits, la mítica banda yanqui de horror punk, liderada por Glenn Danzig, cuya leyenda cuenta que fueron detenidos por profanar tumbas en el cementerio de Crescent City de St. Louis, en Nueva Orleans. Fue en el año 82, pleno apogeo del punk y de sus variantes más extremas, como el hardcore y el noise, estilo ruidoso que el propio Castel Nebrada decía practicar con su banda.

Por otro lado, a Diego Soto se le vio con una polera de GG Allin, uno de los cantantes punks más salvajes de la historia, y puede que esa haya sido su inspiración real: desafiar directamente las normas y las leyes, cagarse hasta en sí mismo, luego de haberse cagado hasta en la muerte y en el descanso eterno del prójimo. La única gran diferencia es que GG Allin llevó su performance hasta las últimas consecuencias, muriendo en su ley y haciendo de su propia figura corrompida y corruptora una leyenda entre los fans del punk más visceral, cosa que Castel Nebrada difícilmente pueda lograr, considerando su falta de consistencia, en su visión y en su conducta, aun en medio de la parada caótica, y teniendo en cuenta, sobre todo, un contexto cultural y sociopolítico que no le favorece. Los efectos saltan a la vista: repudio transversal de todo el espectro político y carne de cañón para “tirarle el muerto” al adversario. Incluso en la propia comunidad punk se han mostrado reacios con el “show”. Hay quienes lo acusan de ser un perkin que distorsiona la causa y que le hace el juego a los enemigos del punk, ridiculizando el estilo y haciendo aparecer a sus seguidores como unos verdaderos energúmenos. Otros, mientras tanto, prefieren guardar silencio, un silencio de ultratumba, antes de meter más ruido y distorsión de la que ya existe en todos lados.

¿Qué más se sabe de Castel Nebrada? ¿Cuál será su destino final? Solo se sabe que sigue detenido a la espera del proceso en su contra; que su madre y su hermana acudieron ante la policía en calidad de testigos; que el propio Municipio que alguna vez presentó su obra ahora realizará acciones legales; que hasta una mentalista televisiva llamada Latife Soto ha salido en pantalla, y ha dicho que el punki profanador “perderá la cordura y sufrirá consecuencias terribles” y ojo, no solo de tipo judicial. ¿Será la ruina del miserable?

Hay una canción de la banda mexicana Garrobos que sirve de contrapunto sarcástico para este caso, digno de un Chile hardcore, rayano entre lo peligroso y lo delirante: “Deambulando en cementerios/¿Cuántos vivos mueren parados?/Deambulando en cementerios/¿Cuántos muertos viven hincados?/No estamos muertos/Somos las calaveras que esperan su momento/Que esperan su final, el final del sufrimiento”.

miércoles, 14 de mayo de 2025

Gueorgui Gospodínov, escritor: "Nuestro superpoder es que la IA jamás tendrá una infancia que contar"

P. ¿El escritor es más necesario que nunca hoy?

R. Sin duda. Aunque lo humano no ha llegado a desmoronarse del todo, ahora, con la inteligencia artificial, las cosas se han complicado mucho más. Pero la inteligencia artificial jamás tendrá una infancia o historias personales que contar, así que todavía le llevamos un paso por delante, aún tenemos ese súperpoder, el relato personal.

La sombra de la desgracia y el Anti Tour Patrimonial

La sombra de la desgracia vuelve a arremeter en Valparaíso. El miércoles pasado ocurrió un siniestro en una casona frente a la Iglesia La Matriz, que alcanzó a casi a toda la cuadra alrededor. La más afectada fue la clásica tienda de cecinas Sethmacher, fiambrería artesanal que data del año 1944. Se quemó un lugar muy concurrido por los porteños. La firma familiar, a cargo de la charcutera alemana, Birgit Raupp, afirmó que, ante los hechos, se verán obligados a cerrar hasta nuevo aviso.

Días después, la fachada del Bar Inglés amaneció vandalizada con rayados. El Bar estaba pronto a abrir sus puertas, luego de ser restaurada a causa de un derrumbe. Otro clásico de Valparaíso sufre las consecuencias de la anomia, el abandono sistemático y el embate del tiempo. Pese a todo, su dueño ha dicho que seguirá adelante con el bar. De forma estoica, el inmueble del Bar inglés resiste, exactamente, desde el año 1861. Se trata de uno de los locales más antiguos, sin duda, vestigio vivo de una ciudad que ha atravesado los avatares de tres siglos.

Tras ese infame vandalismo, se supo que el Bar El Irlandés cerrará sus puertas para siempre. Hace veintiún años se había instalado el local en el sector de Bellavista, volviéndose una alternativa pintoresca dentro de la bohemia del puerto. Su fundador, Nigel Gallagher, apuntó directamente a la indolencia de las autoridades frente al deterioro progresivo de la ciudad en materia de seguridad y de vida urbana. En este caso, fue categórico al momento de establecer el cierre del bar, sin posibilidad de reapertura.

De cara al mes del patrimonio, Valparaíso vuelve a debatirse entre incendios, vandalismos y cierres abruptos de locales. Bajo este escenario complicado, se convocó a una actividad irónica: el Anti Tour Patrimonial, organizado para el sábado 24 de mayo, día en el que se celebrará el famoso Día de los patrimonios. La idea de este anti tour es que se realice un recorrido no por los sitios “más bonitos” de la ciudad, sino que, justamente, por los sectores destruidos, descuidados, abandonados, echados a su suerte, como una forma de visibilizar la herida supurante del puerto, más allá de su imagen aséptica y decorativa. Crear conciencia sobre la ruina, desde las ruinas, una suerte de “meta conciencia” del desastre.

Lo bueno es que el recorrido tendrá lugar, mayormente, en el sector de la Plaza Echaurren y alrededores, zona afectada por la delincuencia, la vulnerabilidad y la decadencia urbana en lo social, lo cultural y lo estético. Es cosa de remitirse al sitio eriazo dejado por aquel incendio del 2007 provocado por una explosión de gas, sitio que aún persiste a casi veinte años de la tragedia. Las cenizas aún pueblan los recuerdos de los vecinos. Y también basta con señalar el estado lamentable en el que se encuentra el Teatro Pacífico, el legendario “teatro de los pescadores” en el que se proyectaban películas de romanos, los recordados “western” y filmes de serie b. Fue, en su momento, centro neurálgico de la cultura en el barrio puerto. Hoy por hoy, enfrenta su destrucción, luego de estar siendo desmantelado.

Si disuelven para siempre la estructura del viejo teatro, correrá la misma suerte que tantos otros espacios afines: el olvido y el destierro de una sombra epocal que, en virtud de un progreso materialista y carente de arraigo, arrasa con todo lo tradicional, castrando de plano la memoria arquitectónica de Valparaíso, lo que tiene de humano, lo que tiene de histórico. Esperemos que el Anti Tour haga efecto y haga ver en los residentes y en los visitantes el rostro de la pérdida, ante la cual no caben medias tintas: o se recupera lo perdido o se lo destina a la obsolescencia. Cada espacio desafortunado se ha vuelto una metonimia de Valparaíso, las partes han invocado el malestar general. El todo de la ciudad se resiente en cada uno de sus rincones. Cada paso en falso resuena, con dolor, en su centro y en todos sus márgenes.

Pepe Mujica cruzó el "Rubicón" de Rockefeller

“Venir a verlo a usted es para nosotros como cruzar el Rubicón”, ironizó Mujica al encontrarse con el multimillonario norteamericano, y uno de los fundadores del Grupo Bilderberg, una especie de club de las personas más influyentes del mundo. La expresión “cruzar el Rubicón” significa dar un paso decisivo a pesar de sus riesgos. Dicha alocución recuerda la decisión de Julio César de regresar a Italia, cruzando el río Rubicón, sin permiso del Senado. Mujica reconoció que Rockefeller es “símbolo de una realidad”, y remarcó que reconoce “las realidades”.


Mujica reconoce que reunirse con Rockefeller es como cruzar el Rubicón

Y dicho por un medio de izquierda:

Marihuana libre en Uruguay: Mujica, el amigo progre de Soros y Rockefeller

lunes, 12 de mayo de 2025

"La inquisición líquida: feminismo, poder y la herejía de Javier Rebolledo", Claudia Molina B.

"Lo que Falsas Denuncias plantea no es una negación del fenómeno de la violencia machista. Eso lo saben incluso quienes, con ira preformateada, hoy lo acusan de “revictimizar” y de “atacar al movimiento”. Lo que expone el libro, en cambio, es un fenómeno real y documentado: que también existen denuncias falsas. Que también hay hombres injustamente acusados. Que también hay mujeres que instrumentalizan la ley. Y que la justicia, lenta, clasista y muchas veces sexista en todos los sentidos, no está preparada para lidiar con estos matices.

¿Y qué hizo el sector más institucionalizado del feminismo chileno? En lugar de leer, debatir o incluso refutar con argumentos, reaccionó con lo de siempre: silenciamiento, cancelación y ataques ad hominem. Porque este no es el feminismo de las sufragistas, ni el de las obreras del salitre, ni el de las compañeras que pelearon contra la dictadura. Este es otro: uno capturado por la burocracia, por el mundo académico corporativo, por las ONGs financiadas desde arriba, y por la comodidad del discurso monocorde. Un feminismo líquido, hueco, cómodo para el poder porque ya no incomoda a nadie —salvo cuando alguien les muestra el espejo."