En Chile y, en particular, en Valparaíso, he vivido hartas pellejerías, cuestiones que me harían renunciar ahora mismo, pero también he pasado momentos increíbles, rozando el éxtasis. Son esas pocas cosas satisfactorias y luminosas las que me tienen acá todavía, pese a todo. No puedo renegar de su historia, la historia de Chile, la propia historia de Valpo, sin antes morderme la lengua.
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