miércoles, 9 de mayo de 2018

Ricardo Palma Salamanca, escritor

Ricardo Palma Salamanca, el autor confeso de los disparos contra Jaime Guzmán, y el también autor de un par de libros, El gran rescate y Una larga cola de acero, ha sido incorporado por unanimidad en el directorio de la Sech. Su presidente, Roberto Ribera, hizo énfasis en la separación entre obra y autor. Guillermo Martinez, secretario, por su parte, dijo que Salamanca ya cumplió con el primer estatuto para ingresar: el haber publicado una obra inscrita en el ISBN. y eso sería suficiente.

Queda así demostrado que la separación obra autor, más que una cuestión, digamos, estética diegética, resulta una cuestión ética política.
Pensaba en un nombre para el grupo que estaban conformando las chicas que se sientan adelante. Me decidí finalmente por The 21 Century Girls (parafraseando el tema de King Crimson). Risas de súbito. Otro par de cabros me pedía que le ayudara a entrar un lienzo rojo a la sala. Venía desde atrás un compañero suyo y repetía que se trataba de una bandera con sangre. Cuando les pedía que escribiesen la actividad de hoy, resultó que se armaron en diferentes grupos, y uno comenzó a manipular las hojas cuadriculadas, haciendo origamis y aviones de papel; otro, de un grupo más al fondo, armaba lo que sería una especie de "juego imposible", dibujándolo en un bloc. Las 21 Century Girls, por su parte, seguían escribiendo el repertorio musical para el día viernes, el número que cantarían. Hasta que, llegado el fin de la hora, se levantaban para comenzar a ordenarse, no sin antes tomar algunos plumones y escribir a la mala sobre la pizarra, una serie de cuestiones ilegibles, dibujos aleatorios, siglas desconocidas, también una que otra broma en la que se molestaba a compañeros emparejados, la típica del alumno x y alumna x encerrados en un corazón. Dos cabros del fondo sacaban el lienzo rojo, la bandera de sangre, para afuera, en el momento en que el curso y su atención se iban diluyendo cada vez más al son del timbre y de la algarabía general. Era todo desorden. Pero, a su vez, era todo diversión. Porque para ellos, más que el día, era la semana del alumno. Si fuera por ellos, sería así todo el año. Toda la vida.

domingo, 6 de mayo de 2018

Ayer tuve una visión en la esquina de Cumming con Almirante Montt, justo después de que un auto bajara a toda raja sin encender las correspondientes luces intermitentes: un perro perseguía a un Toyota ladrándole a las ruedas. Lo hacía de una manera tan sincronizada que casi iba a la par con el vehículo en el momento en que este toma la curva para virar rumbo a Bellavista. De pronto, ambos, perro y auto, desaparecen del mapa. Se esfuman entre la niebla de la noche. Solo se oyen los ladridos confundidos con la marea acústica de la ciudad. Esa pura imagen se me revelaba como si se tratase de una epifanía. Una epifanía fuera de serie. Y a tal punto que, durante el trayecto a la casa, intentaba rematar la asociación en la cabeza, declarando: "Las ruedas de los vehículos son a los perros lo que los molinos de viento al Quijote de la Mancha". Entonces ¿Era el ladrido del perro únicamente una imprecación escandalosa contra una amenaza ilusoria, o solo un mero reflejo ante la máquina producto de su instinto de supervivencia? Durante la noche, finalmente ¿Puede más la ilusión o puede más el instinto?

sábado, 5 de mayo de 2018

La soledad sonora

Encontré en la librería Dante de Viña (como el infierno, a los libros) La soledad sonora, de Antonio Gala. Su contraportada decía más o menos así: 

“¿Desdeña el solitario a aquellos de quienes se separa? ¿Busca aquí sólo su propia explicación, su paz propia, el retorcido placer del que no arriesga nada y nada pierde? Exactamente para lo contrario ha subido hasta aquí. Para olvidarse de la parte de sí mismo que lo distrajo a menudo entre los otros. No volverá a mezclarse. Antes procuraba el querido aislamiento; ahora, con los ojos de par en par y el paso firme, avanza por una ancha avenida vacía. ¿Por generosidad, por solidaridad? No, no sólo por eso. El solitario cree cumplir su destino de este modo: con los alegres, con los tristes, con la queja de los decepcionados. Pero desde aquí ya, desde sí mismo ya. Sin aguardar la compensación —tan frágil— de las manos extrañas, de los aplausos, del agradecimiento. Porque no lo merece. Nadie merece nada por cumplir su destino”. 

Al revisar ese fragmento, no había nadie a la vista atendiendo en el mostrador. Solo una vez que dejaba el libro de La soledad sonora entre medio de los otros tantos libros que conjuraban apilados a un costado de la entrada, apareció de súbito el dueño del boliche preguntando por si tenía alguna consulta, y planteando la posibilidad de regatear cualquier título sin compromiso. La tentación persistía pero la inseguridad pudo más. Eché un último vistazo merodeando el espacio que seguía por contigüidad a La soledad sonora, y di la media vuelta. Existen por lo menos otros tres libros titulados La soledad sonora. Uno de Emily Dickinson y otro de Juan Ramón Jiménez. Solo el de Gala, en aquella librería, hacía eco de su propio ostracismo involuntario. 

jueves, 3 de mayo de 2018

"Lo que no te mata te hace más real", frase de Javiera Suárez leída en un trabajo escrito de chicas de Enfermería del Instituto. Según colocaban, Javiera Suárez habría publicado esa frase en su twitter un jueves 29 de Marzo en el contexto de su lucha contra el cáncer. "Lo que no te mata, te hace más real", una variación bastante particular de la ya relamida "lo que no te mata te hace más fuerte" originaria de Nietzsche. Cabe precisar que de hecho la versión original de El crepúsculo de los ídolos no dice así, sino que versa: “Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo que eso te fortalece”. Por razones editoriales, por supuesto, la versión primera cambió para pasar a convertirse en la que todos conocen y reversionan a su manera en momentos de crisis o de superación personal. La nueva frase, la más popular, como se puede ver, guarda incluso un significado radicalmente distinto al pasaje de El crepúsculo de los ídolos. En este, es clave el elemento de auto engaño relacionado con el dolor y la debilidad. Se aceptaría con tal de usarlo como pretexto para fingir fortaleza, aun cuando nuestra condición sea crítica. La frase nueva sugiere, en cambio, el ser resiliente, que cualquier daño que no sea irreversible ni mortal puede conllevar potencialmente a un aprendizaje, y por consiguiente, a una fortaleza. Una concepción mucho más entusiasta, y si se quiere, más ingenua. Lo dicho por Javiera Suárez, sin conocer el trasfondo nietzscheano del asunto, resultaba, a fin de cuentas, una paráfrasis de la última versión de la frase. Y una paráfrasis que agrega un elemento intrigante: la realidad. Lo que no mata hace más real. En lugar de la fuerza, la fuerza de la vida, que, a ratos, se agota, la presencia de lo real frente a lo que no consigue matar del todo. Solo sería real -para nuestra sufriente conductora- aquello que aún no muere, aquello que prolonga su agonía y que, en medio de la enfermedad, proclama su desesperado aliento de fe y de esperanza, puesto en la salud, en la proyección de un futuro saludable, solo visible desde la convalecencia.
Vi el video de la parada en seco de Vargas Llosa a Axel Kaiser por lo menos unas tres veces. La respuesta de Vargas Llosa era predecible. No es otra cosa que la fórmula del liberal moderno. Abomina de cualquier clase de dictadura, pero defiende una suerte de democracia liberal, cortina de fondo del capitalismo renovado, luego de vivir años en el marxismo de "se jodió el Perú". Por su parte, Kaiser queda como la caricatura de una derecha pinochetista. Su réplica, si se fijan, intentaba salvar torpemente el desliz, al indicar que esa era la respuesta que él esperaba: el puro hecho de que Vargas Llosa rehusara simpatizar con la Dictadura chilena, pero cualquiera con dos dedos de frente pudo darse cuenta que esa réplica no fue sino un recurso desesperado que lo descolocó al último minuto, luego de la afirmación categórica del novelista. A una existencia de grados de dictaduras que devela, por parte de Kaiser, una inclinación hacia el modelo neoliberal en su faceta conservadora, Vargas Llosa opuso, en cambio, una negación rotunda de los viejos regímenes en pos de su ya consabida concepción liberal de la sociedad. Aquí, por lo tanto, no hubo dos polos irreconciliables, sino que una astuta diferencia de enfoques.
Terminé de ver La casa de papel. Curioso que el líder, el autor intelectual, el cerebro del atraco tenga el apelativo de profesor. Suena a palo sutil. Demuestra que al gremio docente no le queda otra que asaltar fábricas de monedas, entregar mensajitos idealistas y enseñar a la sociedad cuánto nos está cagando el sistema (para de paso irse forrado y convertir a la policía en una manga de inoperantes).
Todos hablan de la ruptura del corazón en términos simbólicos, como la enfermedad de los sensibles, la ruptura del corazón a causa del mal del desamor, pero pocos hablan de ese pequeño tánatos silencioso del organismo: el hígado, que muchos y muchas, merced a los placeres del exceso, descuidan e incluso olvidan por completo en su pose bohemia a boca de jarro. El hígado, el auténtico órgano de la herida literaria, en lugar del ya viejo corazón. Sin ir más lejos, la frase de Parra sobre Bolaño: "Aún le debemos un hígado". El detective salvaje habría muerto de un fallo hepático, precisamente en espera de un transplante que nunca ocurrió, y pospuso la que sería su novela total, 2666, en una edición dividida por cinco libros que nunca fue tal. El hígado como el órgano que resiente una vida licenciosa, pero a la vez como la materia que en su ausencia o corrosión interna conduce derecho a la muerte. Así lo puede atestiguar ahora el propio Álvaro Henríquez, postrado en el hospital luego de una cirugía que lo mantiene aún en vilo, producto de la cirrosis irremediable. Entonces ¿Quién se dignará a escribir o a cantar alguna vez en nombre del pobre hígado, la más resiliente de las entrañas, secreto doloroso de poetitas y hedonistas?, claro está, después del maltrecho corazón, y del sobrevalorado cerebro, casi siempre en cuarentena.

martes, 1 de mayo de 2018

"La pereza es casi tan fuerte como la vida", declaraba Céline en el Viaje al fin de la noche.

domingo, 29 de abril de 2018

Nic Pizzolatto, creador de True detective, afirmaba que las acusaciones de plagio en su contra por las reflexiones del personaje Rust Cohle son inconsistentes, porque sus diálogos no eran tanto un popurrí de Thomas Ligotti, Cioran y Nietzsche, como planteamientos inspirados en la filosofía pesimista que bebe de las fuentes de aquellos autores. «Cohle, como cualquier pesimista, tendía hacía esta filosofía y la expresaba en sus propias palabras. Las ideas filosóficas no son exclusivas de ningún escritor», añadía Pizzolatto. De esta pura idea de defensa del parafraseo se deriva otra idea subyacente: el pensamiento, el verdadero, no reclama derechos de autor. Toma para sí algo que lo enraíza con un espíritu en común. El pensamiento no tiene copyright, por ende, el pesimismo tampoco lo tendría. Las ideas o son de todos o son de nadie. Todos tienen derecho al pensamiento, por ende, al pesimismo. Saber expresarlo con un estilo particular vendría siendo el quid del asunto. El quid de su desenfado, de su desarraigo,