Algo que me alegra sarcásticamente de salir de noche (y se ha vuelto ya un pasatiempo) es que la realidad desmiente cualquier falacia, que todos los discursos de moralina acaban siendo inocentes cuentos de hadas, que los buenos en el fondo son los que pierden, que muy a pesar de todo la falta de fines es el único medio....
domingo, 28 de junio de 2015
Sasha Grey
“Cuando el sexo ríe,
un terremoto sacude el mundo,
estremece el edificio de la Bolsa,
y derrumba sin remisión los templos”
Henry Miller.
Las figuras que gimen danzando,
los cimientos, los escombros de un placer soñado
un mundo eyaculado desde la abertura
todas, todas son metáforas del agujero perfecto
Figuraciones del insomnio de nuestras horas rabiosas
de nuestras soledades hechas a mano y a polvo
Sasha tendida como en una circunvalación
todo un cine secreto debajo de las sábanas
un filósofo quizá pensaba en ella,
cuando dijo que el cine nos decía cómo desear
Es la hora en que no cabe en la imaginación
la imagen de una virgen pariendo
Es la hora en que no cabe en la imaginación
pensar en santos ardiendo
Solo asoma su figura, la noche tan honda como sus curvas
en cada esquina creo encontrar a la próxima candidata
Es solo la verdad que se viste a la ocasión
y quiere encontrar su lugar en el bajo vientre
sonando bajo ritmos perversos, incluso inocentes
solo por no acabar de desearlos
¿Eres tú acaso, Sasha, cada vez que el silencio
se apodera de la noche?
¿Eres tú acaso, Sasha, cada vez que Dios nos da la espalda
y arroja en nuestras cabezas el miembro
de su desesperación?
Siento que aquellas pisadas remotas en la calle
de aquellos amores fugitivos, por demasiado cínicos
no acabaron en el polvo
solo por ser la sombra de aquello que haces
en cada esquina, sin otra curva que el miedo
de los mojigatos de siempre
que juegan a masturbar el mundo
mientras llegan a su casa
masticando la basura que ganan
sin otro apetito
que su vacío sin estilo
Liberalos de su miseria
permite que imaginen al menos
un agujero negro
en el cual perderse
mientras el resto de los mortales
consigan acabar, liberar
al animal entre sus manos
así como al pan,
así como el polvo, lo constitucional
que se haga la leche
que cada quien tenga su banquete
mientras la belleza sea triturada
mientras los mercados se desbanquen
mientras estos versos giman
y las flores sean arrancadas de raíz
y por fin durante esta noche acaben
de una sola vez y encuentren
el orificio venéreo
de Dios.
sábado, 27 de junio de 2015
La mirada clínica, siempre moralista, reformista, calculadora, queriendo forzar algo a seguir determinado orden o regla.... En cambio la mirada poética, siempre única, diversa, propiciando la existencia de la excepción, siguiendo un orden particular, abrazando la nota discordante, el desvío del temperamento general.
miércoles, 24 de junio de 2015
Entrevista a Jorge Teillier por Vicente Parrini
"¿Por qué escribes poesía?
Te podría contestar como el poeta “silbo porque tengo miedo de entrar al cementerio”... Sé que escribo versos nada más. Pero lo malo es que a veces no trabajo en la poesía. Según la gente yo no quiero a nadie y eso es malo también... me quiero demasiado a mí mismo. No me quiero porque me autodestruyo, pero autodestruirse es quererse tanto que no soportas al prójimo... Acá en Chile toda la gente anda con cara de puñete, como decía mi amigo el “chico” Molina...
¿Estás dispuesto a dar algún consejo?
Yo no soy del Ejército de Salvación y no tengo ningún mensaje que darle a nadie, ni consejos. No me interesa ni la religión, ni la política, salvo como referencias culturales... (Silencio), pero rezo de vez en cuando... Es como recordar un poema hermoso, es tener fe en los antepasados, en el mensaje de 2000 años.
Cuándo rezas, ¿pides algo para ti o para los demás?
Rezo sin pedir nada para mí ni para nadie... Los dictadores quieren que todos sean como ellos, que todos sean buenos alumnos, son como los rectores de liceo, pero con más poder, por supuesto. Tienen poder de vida o de muerte. En el fondo toda persona que quiere tener poder está perdida... El poder llega solo, sin que tú lo pidas, porque es una gracia.
¿Y los poetas aspiran al poder?
Por supuesto... la mayor parte. Neruda, De Rokha, Huidobro, nuestros maestros, aspiraban al poder. Todos querían ser profetas y no se daban cuenta que hay que estar solitarios... Como decía Baudelaire, “le tengo un miedo de perro a todo aquel que me imite o me lea”. A él le interesaban las putas y las adolescentes, nada más.
Y si no el poder, ¿cuál es el principal anhelo de Jorge Teillier?
Jorge Teillier aspira al anonimato más absoluto. Lo único que quiere es tener casa y dinero y publicar cien ejemplares para regalar a los amigos. No me interesa hablar de poesía, prefiero conversar con Marchant -rondín del fundo El Ingenio- o el jardinero... Aprendo más y me aburro menos...
Me da la impresión que tú quieres desaparecer detrás de tu obra poética...
Claro. No me interesa ser personaje, porque cuando te ven así, tu poesía pasa a segundo plano. Por eso me agrada ir al bar de “Don Rocha” en La Ligua. No me interesa si escribes o no escribes. En cambio ser poeta en serio es una responsabilidad.
¿Cuál sería entonces la responsabilidad de un poeta?
Desarrollarse como persona y ser testigo de algo, dar un testimonio que alguien en el mundo pueda recibirlo. Pero tú no escribes para ellos... sino para los que se te parecen y no sabes quienes son. Yo soy un solitario como Rilke. Estar con gente, ser un personaje público me da asco.
Algunos críticos te han llamado “el último de los románticos” y otros “el último de los malditos”.
Lo de maldito es un slogan que me han puesto. Soy un tipo tranquilo de casa, no tengo nada en contra... de casi nadie. Tal vez me relacionan por el trago y porque soy un marginal en el sentido de que no me interesa que me vaya bien con la poesía. Poesía es espíritu. Los poetas verdaderos, entre comillas, escriben para tener figuración y eso a mi no me interesa en absoluto, si me llega me llega. La poesía no es una carrera: eso queda para la hípica...
En revista Kritica, octubre de 1987.
Sin duda, un grande entre los grandes.
lunes, 22 de junio de 2015
9:35. Por más que lo neguemos, la realidad siempre se encarga de superar cualquier expectativa, ya sea en el amor o en el trabajo, las canciones de moda de los veintitantos, creo que lo que gana es siempre lo imprevisible, lo que no estaba contemplado en las boletas ni en la agenda mental. En ambos casos se trata de sobrevivir al costo que sea. Y quizá el único heroísmo después de todo consista en saber cuándo retirarse y vivir para contarlo, pero consciente de que se puede regresar en cualquier momento sin previo aviso, y volver por mucho más.
¿Qué será de aquella chica seguidora de Heidegger que de un momento a otro desapareció de la faz de la red sin otro rastro que el recuerdo de esas intensas conversaciones? Quizás su ser ahí era precisamente arrojar nuestra comunicación a otra parte o a otro tiempo. Arrojado así sin más, como habiendo llegado recién a algún lado, llámalo destino o cita, pero inexorablemente arrojado. Parece esta una fabula repetida. Quizá sea como ella dijo alguna vez, que la rosa es sin por qué, que la belleza como decía Rilke es terrible porque no se sabe qué es lo que la provoca ni tampoco lo que la hace desaparecer. Y no resta otra cosa que las palabras, las palabras en la mensajería, dibujando un abismo, esperando ilusamente la próxima leída. Se sentía formando parte de algo grande, aunque fuera vacío, un agujero negro o quizá un remoto encuentro en Andalucía, Turín o el mismísimo Valparaíso. Ese rostro y esa figura en la silueta genérica del perfil. Parece que aún siguiera allí, una entre miles. Es la magia de la mirada, un poco la proyección de lo que ya se incubaba en nosotros. Lo nuestro fue algo así como una confidencia, un secreto que no desciframos, quizá por inexplicable, quizá por ilusorio. Fue una especie de lazo creado solo para ocupar el lugar de nuestras desapariciones. En fin, sea como sea, simplemente nos debemos la verdad, la existencia, un polvo… y algo más.
domingo, 21 de junio de 2015
Sobre el padre
En su día, y en algún momento de la vida, el padre que nos vio nacer es una especie de Ulises al cual se espera fielmente para que vuelva triunfante a su patria con su familia. El relato que hacemos entonces no es otro que el de la épica del retorno, del gobernador que vuelve a recuperar lo suyo.
En otra ocasión, se vive una época medieval, en la cual, como Jorge Manrique, le rendimos cuentas a esa figura perdida en el tiempo, si no es a su muerte, a lo que alguna vez fue y significó para nosotros. Hacemos de su eventual muerte o ausencia motivo de una lírica fúnebre, motivo para que la tierra y nuestro mundo conocido comiencen a cantar su delirio del origen, y todos los hechos de ahí en adelante se sucederán de acuerdo a ese luto.
Más tarde, como en Hamlet, tratamos de reivindicar su figura, indagar en la verdad sobre quién fue y lo que quiso para nosotros, entonces su fantasma se nos aparece, y nos acompaña para seguir nuestros pasos, y vengarse contra aquellos que tramaron algo a sus espaldas. Nos volvemos sin quererlo el hijo vengador que todavía se debate entre el pensamiento de la duda y la acción apasionada, en honor a su memoria.
Mucho después, viene una sospecha. Como en los Karamazov del viejo Dostoievski, comienza a sembrarse cierta discordia, cuáles fueron los motivos para que nuestro padre llegase a hacer lo que hizo y si no hubo algún motivo subrepticio, siempre cruel, para llegar a odiarlo y conspirar en su contra. Motivos siempre difusos, pero llenos de un impulso por crecer, no se sabe hacia dónde ni cómo, pero llenos de una vida oscura, secreta.
Ya en una etapa más actual, nuestros relatos sobre el padre distan mucho de ser solo una alegoría. Ya sea por su ausencia o por su categórica presencia, hay muchos que, como Kafka, enterraron su recuerdo en la tinta que atestigua su vida junto a él. Se llega a pensar en el padre como Pedro Páramo, aquel a quien buscamos exiliándonos de nuestra vida y descubriendo poco a poco que nos unimos a él hasta el fondo del infierno.
Pero, pese a estas palabras, quizá no sea tiempo de hacerse el duro ni de saldar cuentas todavía. El padre está ahí, siempre lo estuvo, innegable, anunciando el instante en que la vida continuaría su carrera tragicómica, su dilema de auto superación y de reconciliación. “A veces no puedes hacerlo por ti mismo” reza una letra. Siempre estará ahí, ya sea por ausencia o presencia, haciéndonos ver que el tiempo obra de formas misteriosas.
Quizá sea ese un comienzo, una forma de saber que no siempre se puede juzgar, que, por más que estemos lejos, siempre se vuelve al origen, que depende de nosotros si hacemos de su figura una estrella moribunda que tarda en iluminar o nada más y nada menos que la sombra de nuestros pasos.
viernes, 19 de junio de 2015
Cada vez que ocurre un vacío entre la planificación y la clase que tienes pensada hacer, solo piensa en John Cage con su pieza musical 4`33, en la que lo único que hacía eran tres movimientos de manos, mientras el público impertérrito comenzaba a agitarse por el silencio incómodo. En efecto, dentro de ese vacío los alumnos se agitarán y comenzarán a moverse y a la vez preguntarse qué diablos pasa. La pieza musical, la clase se hará sola. Ese silencio puede que traiga más de una sorpresa.
TICs
Descargando videos y ppts para las clases de mañana, recuerdo que la tecnología es un arma de doble filo, que no se puede confiar del todo en que funcionará siempre. Más de alguna clase, de hecho, ha sido saboteada por su ausencia o deficiencia, oportunamente para los estudiantes, cuando amerita y, desgraciadamente, para sus maestros, cuando no les queda otra.
Sin embargo, Nikola Tesla decía que era un comienzo. No por nada le confiamos nuestro tiempo y nuestro espacio a la red. La clase, como cualquier otra realidad, está supeditada a las fuerzas del exterior. Fuerzas, por supuesto, extrañas. La clase no es una burbuja, nunca lo fue, y precisamente el trabajo consiste en que no llegue a serlo, a pesar de que muchos se empeñen en eso.
Por otra parte, no se puede confiar del todo en que la tecnología sea poco menos que "la herramienta del futuro". Dicen que las TICs han llegado a ser incluso imprescindibles, pero es el mismo discurso de novedad sobre necesidad. Casi todos los ramos de metodología de la universidad se encargaban de inculcarnos esa premisa como si fuese un nuevo evangelio, dando casi por hecho que un aumento de estas TICs redundará en un mayor acceso y una experticia casi mágica de esos recursos. Es el doble sentido de la tecnología en general: mayor acceso no implica mayor utilidad. Incluso, en casos extremos, han llegado a ser inversamente proporcionales.
Recuerdo que un profesor mentor decía, de manera un tanto rústica, pero práctica, que cuando todo falle siempre hay que contar con un plan b, c, d y, si se puede, un plan z. En el fondo, pensaba que el profesor, como un pequeño sofista, como un flaneur de la información, se pasea entre los diferentes métodos, no importando si sea todavía la rudimentaria hoja o la futurista aula virtual.
La premisa real es: no confíes la clase al método. La clase es una realidad por hacer, una potencia. Ni las hojas en que se ha escrito la literatura del mundo ni la imagen virtual deudora de lo eléctrico te aseguran que la clase sea, de hecho, una realidad. Los alumnos serán, en el fondo, sus únicos y mejores hacedores cómplices.
Otra anécdota pedagógica sentimental: al leer los mensajes que se enviaban algunos chicos entre parejas, no podía dejar de pensar en la ortografía y la redacción, obviando el contenido pragmático: la expresión del sentimiento, sincero o no, hacia otro. Será por estar demasiado metido en el trabajo o porque sencillamente ya he olvidado a quien escribirle y cómo hacerlo. Incluso el lenguaje académico, tan poco romántico, se ha introducido en los poros. Su sequedad llega a dar asco. Llega un punto en que el académico se come al poeta. Entonces, aparece el cínico. Sinceramente, se extrañan esas cartas. No importaba si se escribía mal o no, el puro gesto daba a entender que había algo. Esas cartas mal escritas, románticas no por la gramática, sino que por tener agallas.
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