Rebeca Droguett: “Frente a la inmediatez de la era digital, los manuscritos conservan un valor y patrimonial insustituible. Tener acceso al papel original permite visualizar la vida de la escritura: ver los tachones, las anotaciones al margen, la evolución de las ideas y la caligrafía de mi abuelo es una experiencia reveladora e insustituible para comprender su proceso creativo. Por supuesto, no vemos la tecnología como una rival: el formato digital es un aliado extraordinario para la democratización y difusión masiva de su obra, pero el documento físico sigue siendo la huella viva e irremplazable de la historia”.
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